2/2 Ciclos de Miércoles Música española del siglo XX para orquesta de cámara

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  1. Este acto tuvo lugar el
Orquesta de Cámara "Solistas de Madrid"


    La segunda cita de este ciclo está marcada por dos estrenos absolutos. Junto a ellos, tres obras que han conocido ya reconocimiento del público y de los intérpretes, y que atestiguan además la madurez compositiva alcanzada hace ya tiempo por sus respectivos autores.
    El madrileño Carlos Cruz de Castro (1941) pertenece a una generación sucesora, por edad y postulados estéticos, a la -acaso mal- llamada "Generación del 51", a la cual ha correspondido el papel rupturista con respecto a un pasado tardo-nacionalista y la apertura española a las nuevas corrientes de la música europea de los años 50 y 60. Llega aquí Cruz de Castro representado por una obra que, vista desde lo que ha escrito con posterioridad para solista y orquesta, atestigua una continuidad en un estilo de fácil comunicatividad sustentado en una claridad expositiva y una pulsión muy personal. Este su Concierto en B para flauta y orquesta de cuerda recibe su denominación de la inicial del nombre de la solista que lo estrenó -Bárbara Held, a quien está dedicado- en el Festival de Cambrils de 1979, año de composición de la obra. Pero también del hecho de que la nota Si -la B de la terminología musical anglosajona- es la que abre y cierra la pieza. En tres movimientos que se suceden sin interrupción se presenta un material diferente destinado a la flauta: en el Allegro inicial cada una de las cuatro secciones se abren con una articulación de la flauta en semicorcheas, respectivamente en los registros medio, agudo, sobreagudo y grave. El segundo movimiento, Lento espressivo, es de estructura tripartita A-B-A, mientras que el último, Cadenza, está abierto a las posibilidades que la técnica de la flauta proporciona con respecto al timbre, conjuntándose a veces con la propia voz de la instrumentista. Muy en el estilo de su autor, hay elementos que funcionan como signos unificadores entre flauta y conjunto: un grupo de veintiocho repeticiones de la misma nota en la flauta y un grupo breve y muy rápido de toda la cuerda.
    El primer estreno de este concierto nos remite a la figura del desaparecido músico granadino Antonio Ruiz-Pipó (1934-1997). Formó parte en 1948 del "Círculo Manuel de Falla" de Barcelona, uno de los "caldos de cultivo" de la renovación de lenguaje musical que surgieron en la España de aquel tiempo. Pronto marchó a París, donde fijó su residencia, alternando su actividad pianística, la docencia en L'École Normale de Musique y la composición. Su Concierto para violín y cuerdas fue terminado en 1990, año en que Ruiz-Pipó concluyó el primer movimiento, Andante, de su obra. El segundo -Lento a piacere, molto espressivo- es de 1985 y el tercero -Vivo e molto ritmico-  está fechado en 1987. Un planteamiento tripartito clásico de sólida factura arropa un desarrollo concertante de discurso-oposición entre el solista y el conjunto, que se esponja en el breve movimiento lento y se tensa con dos movimientos extremos ricos en cambios expresivos. Cada uno de esos movimientos alberga una cadencia para el solista, lo que viene a confirmar el modelo clasicista seguido por el músico granadino en esta partitura.
    El segundo estreno de esta sesión viene firmado por la compositora madrileña Consuelo Díez (1958) quien, por cierto, acaba de recibir el DMA (Doctor of Musical Arts) de la Universidad estadounidense de Hartford, donde se especializó en Composición e Informática Musical. En los últimos años ha venido compaginando su actividad compositiva con la dirección del CDMC (Centro para la Difusión de la Música Contemporánea) del INAEM. Su Verde y negro existe en realidad desde 1988 como obra para flauta y piano, y fue estrenada en Diciembre de ese año en Bolonia dentro de la Bienal Europea de Artistas Jóvenes. Se nos presenta aquí en una orquestación reciente para cuerdas que en realidad rodean la base instrumental de la pieza de partida, ésto es, flauta en Do -que alterna con píccolo- y piano, con el uso en lo que a éste respecta del arpa, lo que es casi como añadir un cuarto instrumento que aporta variedad tímbrica a la pieza. Se basa en un texto de Antonio Martín-Carrillo en el cual la soledad y la monotonía son acaso los sentimientos dominantes, lo que confiere a la obra un marcado carácter dramático.  Consecuente con ese paisaje espiritual y sensorial descrito por el texto, la flauta divaga en notas extremas, casi gemidos, en tanto el piano ataca acordes obsesivos, pesantes, fatigados, con el Si bemol como nota de encuentro, como ese "cuerpo que gravita" en "soledad absoluta", tal como el poema refiere.  
    Ya hemos señalado en la introducción a este ciclo de conciertos que no es reciente ni exclusivo de una sola obra el interés de Tomás Marco (1942) por la orquesta de cámara. La novedad en su Bastilles de 1988 es que empleaba esa agrupación en referencia al conjunto instrumental dieciochesco, pues el encargo, como refiere el autor, "tenía una plantilla obligada y llevaba lógicamente a la analogía entre el paso del antiguo régimen a la Revolución." Obvio es decir que la obra estaba destinada a los actos conmemorativos del Bicentenario de la Revolución Francesa, aunque su estreno no tuvo lugar en 1989 sino el 15 de Noviembre de 1988, coincidiendo con la inauguración de una gran exposición del pintor Lucio Muñoz en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. El título alude al acontecimiento crucial que tuvo la toma de la Bastilla, pero el plural del título se refiere más bien a la permanente actitud del creador: "continuamente nos vemos obligados a tomar bastillas de todo tipo, técnicas, estéticas y sociales, e incluso las propias bastillas que nuestra propia obra anterior construye...", escribe Marco. Obra descarnada y sin concesiones, que incorpora el clavecín como parte sustancial del conjunto, otorgándole, como ha señalado agudamente el crítico José Luís García del Busto, "su faz sonora más acre (...) un protagonismo que se subraya con la prevista amplificación de su volumen sonoro y condiciona la escritura perfilada, aristada, de las cuerdas."
    Nacido en Alsasua (Navarra) en 1929, Agustín González Acilu ha venido compaginando su dedicación creativa con la docencia. Su tarea musical fue reconocida en 1998 con la concesión, por parte del Ministerio de Educación y Cultura, del Premio Nacional de Música. Su Pezzo per archi fue compuesta en 1995 y, según su autor, "pertenece a un amplio grupo de obras especialmente monotímbricas, escritas con el exclusivo deseo de manifestarme mediante diversas entidades armónicas, las cuales habrán de configurar el discurso temporal según sus distintas gradaciones efectivas y afectivas." Obra intensa que, como siempre en el autor de partituras como Arrano Beltza o el Triple Concierto, manifiesta la imperiosa ansia comunicativa de González Acilu. El desarrollo de lo que éste denomina aquí "afectivo" se plasma en la dualidad "tonalidad-atonalidad", que ya forma parte de nuestra conciencia cultural.

  1. I
      1. Carlos Cruz de Castro (1941)
      1. Concierto en B, para flauta y cuerdas
      1. Antonio Ruiz-Pipó (1934-1997)
      1. Concierto para violín y cuerdas *
  2. II
      1. Consuelo Díez (1958)
      1. Verde y negro, para flauta, piano y cuerdas *
      1. Tomás Marco (1942)
      1. Bastilles
      1. Agustín González Acilu (1929)
      1. Pezzo per archi
  1. * Estreno absoluto