3/4 Ciclos de Miércoles Nacionalismo musical del siglo XX

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  1. Este acto tuvo lugar el
Manuel Guillén, violín. María Jesús García, piano

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TERCER CONCIERTO
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Un paseo por la Europa nacionalista del siglo XX

El tercero de los cuatro programas que conforman este ciclo está compuesto por dos partes diferenciadas, que quieren ser también complementarias. La primera, consagrada a tres compositores españoles, recoge obras de distinta adscripción nacionalista. Así, el españolismo pre-manuelino de Granados, la "mestiza" música de Nin y el pintoresquismo de Joaquín Turina confluyen en un todo que, repasado de un tirón, nos ofrece más de una clave acerca de la música pre-vanguardista española de nuestro siglo. La segunda parte del recital, por otro lado, incluye cuatro ejemplos de nacionalismos europeos más o menos cercanos. De Sibelius y Szymanowski podremos escuchar dos trabajos de gran singularidad y, después, observar la línea Kodaly-Bartók, crucial punto final de un camino que comenzó a transitar un tal Franz Liszt. Estamos, pues, ante una sesión reveladora, amén de francamente entretenida.
Si la obra de Granados -con la obvia excepción de su piano- es relativamente poco conocida, de injusticia se puede calificar la ignorancia que rodea a su producción camerística, no demasiado abundante pero más que significativa. La Sonata para violín y piano se encuentra en el centro de ella, que incluye un trío (también con piano), la Romanza, Tres Preludios (ambas para violín y piano) y Madrigal, para violonchelo y piano. La Sonata, una revisión del muy llorado Luis Antón, tantos años concertino de la Orquesta Nacional de España, está escrita en un solo tiempo, pero indica más de diez cambios de agógica. Es una música muy típica de Granados, que combina el sabor melódico popular con el sicologismo romántico en la gran línea pianística chopiniana, aunque no por ello deba subestimarse la escritura de la parte de violín, de un gran detalle y elaboración.
La Sonata núm. 1 op.51 en Re mayor de Joaquín Turina es en realidad la segunda obra de ese género que salió de su pluma. Fue escrita en 1929, veinte años después de la conocida como Sonata española, que al no ser catalogada por el autor en su momento se ordena hoy como la tercera, tras la Op.81, de 1934. La pieza que escucharemos hoy, pues, pertenece ya al Turina de la Sonata para piano núm.1, es decir, a un  Turina totalmente embarcado en la que acabaría siendo una de las carreras pianísticas más prolíficas de compositor español alguno.  
Estrenada en Madrid (aunque parece ser que antes se había podido escuchar en la Sociedad Filarmónica de Palencia) el 25 de noviembre de 1929 por Albina Madinabeitia y Pilar Cavero ("dos lindas muchachas", según palabras del maestro publicadas a propósito del concierto), la pieza estaba dedicada a la violinista Jeanne Gautier, que a la postre no pudo dar su primera audición de la obra en Francia, pues otro avispado paisano, un tal Levandier, según el propio Turina, se le adelantó en un recital en Lyon. La Sonata, de algo menos de un cuarto de hora de duración, consta de tres tiempos, un Allegro en forma sonata de largos temas; un Lento calificado como Aria, de fuerte sabor folclórico, y un Rondó en ritmo de farruca. Como el todo Turina, es una música de gran poder comunicativo y encendida expresividad.
La obra para violín y piano de Joaquín Nin (por cierto recogida en un disco compacto por los mismos intérpretes que hoy nos visitan) es breve pero sustanciosa. Seis piezas de los años 20 y 30 con un contenido que no sobrepasa la hora. Este cubano-español (nace en una La Habana española y muere allí en la misma pero ya "distinta" ciudad) que se paseó por medio mundo y fue padre ilustre (lo fue de Anaïs Nin y Joaquín Nin-Culmell), lega una obra musical vocal de sumo interés, siempre teñida de un seductor popularismo. Los títulos mismos de las obras revelan las intenciones : de las seis mencionadas, al menos en cuatro aparece el nombre de España y sus tierras; específicamente en dos, Cantos de España, de 1926, y en la Suite Española, de dos años más tarde, y en la que Nin escribe cuatro movimientos dedicados a Castilla, Murcia, Cataluña y Andalucía. Es innegable la influencia de Albéniz y Falla en esta pieza, lo que a esas alturas de siglo más que un reproche debe convertirse en piropo. Efectivamente, los aproximadamente nueve minutos de música de esta Suite Española transcurren sin el menor desmayo, de forma fluida y natural; constituyen un placer tranquilo.
Jean Sibelius, un nacionalista de tormentosa música cuyo "naturalismo" ha sido puesto en solfa desde hace tiempo, fue violinista, lo que no obsta para que, como compositor, llegara tarde al instrumento. El mismo año de la composición de la pieza que escucharemos hoy afirmaba: "He soñado que tenía 12 años y era un virtuoso del violín". Su obra para violín más conocida, el Concierto, es de 1903 y para 1915, año de composición de las presentes Cinco Piezas op.81 ya habían salido de su pluma las cuatro primeras sinfonías y la quinta estaba "a punto de caramelo". La obra escogida para hoy es, pues, un trabajo de madurez que, incomprensiblemente apenas tiene difusión.
Se puede decir que la Obra para violín de Sibelius pasa por dos etapas bien distintas, cuyo punto de inflexión casi coincide con la aparición de este Op.81. La primera de las piezas, una mazurka, es un tanto de bravura. La segunda, un estudio en forma de pequeño rondó. La tercera, un amabilísimo vals que queda lejos del brumoso Vals triste. La siguiente, "Aubade" tiene más interés: desarrolla una estupenda melodía adornada por nada fáciles pasajes en dobles cuerdas. Y la quinta, por último, vuelve a ser una pequeña pieza de bravura, escrita con gran sentido del humor. En conjunto se trata de una música amable pero, como suele suceder hasta con las obras menores de Sibelius, de personalísimo sello.
"La Fontaine d'Arethuse" un pieza de entre cuatro y cinco minutos de duración, es la primera de las tres que conforman el ciclo Mitos, para violín y piano, de Karol Szymanowski. Pertenece a la misma época que la precedente de Sibelius y fue escrita por el compositor polaco en especiales condiciones. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Szymanowsky hizo mutis y se retiró a su pueblo, el pequeño Tymoszówka, muy polaco pero tan vecino de Rusia que eran las autoridades de ese país quienes lo administraban. Durante la guerra, él, que era empedernido viajero, no pudo moverse de allí, con lo que tuvo bastante tiempo para escribir. Mitos, compuesta en la primavera de 1915, fue dedicada a Pawel Kochanski (también dedicatario de la última de las piezas de la Suite Española de Nin), aunque Szymanowski pensó al componerla más en la esposa del violinista, de quien estaba perdidamente enamorado. "La Fontaine d'Arethuse", de las tres piezas del ciclo la que más se suele interpretar desgajada de la totalidad, es una forma sonata de fuerte contenido romántico en el aspecto expresivo. Lo que se dice una música muy bonita.
Zoltán Kodály constituye junto a Ernst Dohnányi y Béla Bartók la trilogía visible del nacionalismo musical húngaro del siglo XX. Pero sólo visible: al indudable atractivo pedagógico de la música del primero y el fuerte color de la del segundo, Bartók suma uno de los talentos musicales más grandes de todos los tiempos. Trae este concierto la primera de las tres versiones que preparó el autor de Háry János para su Adagio, la de violín y piano, pues estos aproximadamente siete minutos de música también puede interpretarse con viola o violonchelo. Pero si nos va a ser fácil disfrutar de la obra de un Kodály que, a la fecha de su  composición, ni siquiera había finalizado sus estudios universitarios, quedaremos totalmente enganchados ante la avalancha musical que precipita la Primera Rapsodia bartokiana. Y ello sin poder afirmar que está entre lo mejor de su producción.
Las 2 Rapsodias para violín y orquesta de Bartók (compuestas en 1928), cuya reducción para violín y piano de la Primera cierra este recital (existe también una versión para violonchelo y piano), conllevan un impresionante estudio del folclore de la zona. La primera en concreto incluye abundantes materiales tomados de canciones rumanas y húngaras, que Bartók asume tal cual las ha podido escuchar en sus investigaciones, es decir sometidas a un fuerte grado de vulgarización. El efecto y la autenticidad son tremendos, lo que al parecer en los dedos de su dedicatario, Joseph Szigeti, resultó espectacular. Bartók le ofreció la posibilidad de convertirla en dos obras al separar las dos secciones de que consta. La versión que escucharemos hoy es la que estrenó Szigeti en noviembre de 1929.

  1. I
      1. Enrique Granados (1867-1916)
      1. Sonata para violín y piano
      1. Joaquín Turina (1882-1949)
      1. Sonata en Re nº 1 para violín y piano Op. 51
      1. Joaquín Nin (1879-1949)
      1. Suite española (versión para violín y piano)
  2. II
      1. Jean Sibelius (1865-1957)
      1. Cinco Piezas, Op. 81
      1. Karol Szymanowski (1882-1937)
      1. La Fontaine d'Aréthuse, de "Myths", Op. 30
      1. Zoltán Kodály (1882-1967)
      1. Adagio (versión para violín y piano)
      1. Béla Bartók (1881-1945)
      1. Primera rapsodia para violín y piano