4/4 Ciclos de Miércoles Nacionalismo musical del siglo XX

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  1. Este acto tuvo lugar el
Sophia Hase y Eduardo Ponce, piano

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CUARTO CONCIERTO
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Violencia urbana y rituales paganos

Bartók escribió tres obras para la escena, las tres giran alrededor de la misma cuestión -las relaciones entre sexos- y las tres fracasaron en su día ante un público que no entendió nada de lo que su autor pretendía transmitir. Quedan como un islote en la obra de Bartók, como un intento fallido para explicar qué camino había escogido el autor húngaro para desarrollar su línea nacional-musical. Y seguramente no es casualidad el orden en que fueron compuestas: primero una ópera, El castillo de Barba Azul, es decir, una música para el género con el que, en teoría al menos, mejor se puede acceder al lenguaje nacional porque todo se mueve alrededor de la palabra. Después, un ballet, El príncipe de madera, o sea, un medio musical más abstracto que la ópera, pero con todavía un importante poder de expresión extramusical, y, por último, una pantomima, El mandarín maravilloso, en definitiva la misma búsqueda, pero a partir de una categoría de abstracción superior a aquella en la que se basa la danza. Resumiendo: Bartók es Bartók desde el op.1; la historia de la gestación de estas obras revela una vez más cómo cada nueva creación le suponía un reto más elevado; diríase que, a medida que las dificultades para hacer comprender su música crecían, complicaba más los caminos elegidos para ello , a modo de un más difícil todavía... En fin, así le fue.
El mandarín maravilloso, compuesta a partir de un texto del dramaturgo húngaro Menihért Lengyel, que más tarde probaría suerte en Estados Unidos como guionista cinematográfico, fue estrenada en Colonia, en 1926; no hubo escándalos a modo  de los acontecidos en el estreno de la "Consagración" stravinskyana,pero hubo de ser retirada del cartel al día siguiente: sencillamente, la música, o más propiamente, la terrible historia que se estaba relatando ¡con una música no menos terrible! resultó insoportable al público. La obra, cuya orquestación magnifica su brutal planificación dramática, comienza con un aparentemente embarullado diseño de cuerdas y maderas que sugiere el bullicio de una ciudad, en la que se ve un prostíbulo donde tres ladrones  están utilizando a una muchacha como señuelo para atraer a hombres a quien atracar (pasaje del clarinete). Unos glissandi de los trombones acompañan la entrada de un viejo ávido de sexo, que expresa sus deseos en un pasaje orquestal protagonizado por violas, violonchelo y corno inglés. Como el viejo es pobre de solemnidad, la chica lo desprecia y continúa su provocación a otros hombres (arabescos del clarinete) hasta encontrar a un joven de buen aspecto. Éste, menos dispuesto que el viejo, mucho más apocado, es rechazado de forma violenta. En ese momento, aparece un mandarín vestido elegantemente (tema pentatónico armonizado en tritonos presentado por los trombones con sordina sobre la cuerda y el resto del viento), que hace reaccionar a la chica de inmediato, bailando un lascivo y provocador vals. El resultado es contrario al propósito: el mandarín permanece impasible y es la propia muchacha la que se enardece: la celesta, el piano, el triángulo y el arpa  entremezclan sus sonidos en un arrebato que desemboca en una fuga que describe la persecución del mandarín a la chica para poseerla. Salen a escena los malhechores, que quieren robar y matar al mandarín. Hay entonces un coro sin palabras fuera de escena que emite una queja (terceras menores)  sobre una melodía agudísima de la cuerda . Entonces, el mandarín expira.


Un viaje al corazón de la música

Como en el caso de la versión de La consagración de la primavera que escucharemos en el concierto de hoy, es decir, las respectivas reducciones para piano a cuatro manos de Bartók y Stravinsky, lo que en ambas se pierde en colorido y presencia con respecto al original orquestal, se gana en detallismo estructural, en los dos casos un verdadero prodigio, pero sobre todo en "Le Sacre", una obra plagada de secciones sincopadas, ostinati, crescendi, etc.; de medidas rítmicas asimétricas, tales como 2/16, 5/10, 11/4, etc., o de bruscos cambios de ritmo. Por ejemplo, sólo en la Danza Sagrada, un pasaje de 275 compases, hay 154 cambios de compás.
Stravinsky comenzó a pensar en su "Consagración" cuando todavía trabajaba en la partitura de El pájaro de fuego : "Vi en mi imaginación un rito pagano lleno de solemnidad: los ancianos de la localidad, sentados en círculo, contemplaban  a una muchacha que danzaba hasta morir. La estaban ofreciendo en sacrificio al día de la Primavera". Desde ese momento al día del estreno, en el Teatro de los Campos Elíseos, de París, el 29 de mayo de 1913, la historia es conocida: al poco tiempo la obra estaba escrita, Nicolás Roerich diseña trajes y escenografía; Vaslav Nijinsky, la coreografía, y los parisinos ballets rusos de Diaghilev ofrecían la pieza al público, que reaccionó con un mayúsculo escándalo. ¿Obra escandalosa? Por muchas razones se trata de una pieza que si bien musicalmente no tuvo en su tiempo parangón, sus intenciones morales parecen bastante más políticamente correctas que las desprendidas del "Mandarín" bartokiano. Stravinsky se refiere a un sacrificio de carácter ancestral y religioso ligado a la Naturaleza:  "En un país de hielo que estalla cada año con la llegada de la primavera..." (a Robert Craft, en una entrevista) , la celebración de un rito pagano como el que se plantea en su argumento parece bastante alejado de la pegajosa y casi orgánica violencia que caracteriza a los personajes de la pantomima de Bartók. Se trata probablemente de un nacionalismo (o post-nacionalismo, si se quiere) más suave, que no llega a las negras reflexiones acerca de la condición humana que se plantea el húngaro. La partitura causó sorpresa e hilaridad entre un público que, por otro lado, tampoco tardó tanto en aceptarla como una obra maestra. Y al fiasco del estreno tampoco fue ajeno el desastre en que se vio sumida la versión musical, que, por añadidura, fue absolutamente ajena a las necesidades de los bailarines. O dicho de otra forma: un escándalo que muy a corto plazo favoreció la difusión de la obra; Bartók, como todo el mundo sabe, murió de hambre en el país más rico del mundo, en el que por cierto a Stravinsky sí le fue muy bien.
Por lo demás, con La consagración de la primavera estamos ante una de las composiciones más populares de nuestro tiempo, mil veces llevada al disco, pero muy pocas veces coreografiada con propiedad, si exceptuamos el trabajo de Maurice Béjart. Se ha convertido, pues, en una música de sala de conciertos y, sobre todo, de estudio de grabación. Por eso, el escucharla en versión de piano a cuatro manos, cuya partitura, por cierto, fue publicada en 1913, ¡ocho años antes que la orquestal!, constituye un interesante estímulo para descubrir otros valores en ella, desde luego más alejados de su programa y más cerca ¡todavía! de sus valores musicales más puros.
Argumento de la pantomima
EL MANDARÍN MARAVILLOSO

En una humilde vivienda de arrabal, tres pillos obligan a una chica a engatusar a los hombres que pasan por la calle, con el propósito de asaltarlos. Un caballero venido a menos y un tímido jovenzuelo, que han picado en el anzuelo, son arrojados fuera después de comprobar que son unos pobres diablos. El tercer invitado es el misterioso  mandarín. La chica intenta sacarlo de su angustiosa rigidez con una danza, pero como él la abraza de forma inquietante, ella escapa temblando de miedo. Después de perseguirla fuera de sí, la alcanza. Entonces los pillos salen de su escondite, lo desvalijan e intentan asfixiarlo con un cojín. Sin embargo, él se levanta y busca ansioso a la chica. Pero los pillos lo atraviesan con una espada; se tambalea, su anhelo es más fuerte que las heridas, aunque termina por caer sobre la chica. Le ahorcan, pero no se muere. Sólo cuando bajan el cuerpo y la chica lo toma en sus brazos, las heridas comienzan a sangrar y muere.
Telón.

Unos pillos registran sus bolsillos en busca de dinero, pero es en vano.

Un pillo busca en el cajón de la mesa y tampoco encuentra dinero.

Otro pillo se levanta de la cama, va hacia la chica, le ordena con energía que se coloque junto a la ventana y atraiga a los hombres que pasan por la calle para que entren y así poder asaltarlos.

La chica se resiste.

Los tres pillos repiten la orden. La chica cede a su pesar y avanza titubeante hacia la ventana.

Juego provocador.

Ella ve cómo un hombre sube ya las escaleras.

Los pillos se esconden.

Un anciano caballero venido a menos entra y hace unos raros gestos de amor.


La chica: "¿Tienes dinero?". El anciano caballero: "¡El dinero no tiene importancia, lo que importa es el amor!"

El hombre se torna cada vez más impertinente.

Por último, los tres pillos salen de su escondite, agarran al anciano caballero y lo echan fuera. Se dirigen enojados hacia la chica y le exigen que vuelva otra vez a la ventana.

Juego provocador.

La chica ve de nuevo a otro (Los pillos se esconden.).

Un tímido jovenzuelo aparece en la puerta. Apenas puede contenerse debido a su turbación. La chica le acaricia para animarle, mientras va tocando sus bolsillos ("No tiene dinero."). Le atrae hacia ella e inicia con él una danza bastante pudorosa al principio.

La danza se torna cada vez más fogosa y apasionada, pero los tres pillos salen, agarran al joven y lo echan fuera.

Se vuelven hacia la chica: "¡A ver si eres más lista, consíguenos un hombre como corresponde!".

Juego provocador.

Con temor, divisa una figura misteriosa en la calle; enseguida se escucha cómo sube las escaleras.

Los pillos se esconden.

Entra el mandarín, se detiene en el umbral de la puerta; la chica huye despavorida al otro extremo de la habitación.

Perplejidad absoluta.

Los pillos hacen señas a la chica desde su escondite. Tiene que hacer algo para atraer más cerca al mandarín, enlazarlo con sus brazos... La chica supera su aversión y pide al mandarín: "¡Acércate! ¿Por qué estás ahí inmóvil, mirándome tan fijamente?" El mandarín da dos pasos.

La chica: "¡Más cerca! ¡Siéntate en la silla!"

El mandarín se sienta.

La chica está indecisa. De nuevo, siente rechazo.

Por último, supera su repugnancia e inicia, vacilante, una danza. El baile se hace cada vez más animoso y culmina con una danza erótica salvaje. El mandarín observa detenidamente a la chica durante todo el baile, con una mirada fija, en la que apenas se percibe el despertar de su pasión.


La chica cae en las rodillas del mandarín y éste comienza a temblar con una excitación febril.

Sin embargo, la chica rechaza su abrazo, quiere soltarse y, al final, lo consigue. Comienza una persecución cada vez más salvaje del mandarín tras la chica, que consigue escapar una y otra vez.

El mandarín tropieza, pero se levanta enseguida y prosigue su persecución cada vez más apasionadamente.

Alcanza a la chica. Luchan entre sí.

Los pillos salen, agarran al mandarín y le arrancan la chica de los brazos. Le roban las joyas y el dinero.

Una vez que lo han desvalijado, se preguntan: "¿Y ahora qué hacemos con él?"

"Tenemos que matarlo, le ahogaremos con los cojines de la cama."

Le arrastran hasta la cama, le tienden allí, echan cojines, mantas y hasta varios objetos pesados sobre él (incluso uno de los pillos se sienta al final sobre todo el montón).

Esperan un poco.

Entonces el pillo se baja de la cama y los tres se alejan un tanto: "Ya tiene que haberse asfixiado."

De repente, aparece la cabeza del mandarín entre los cojines. Mira anhelante a la chica. Los cuatro se aterrorizan y se quedan pasmados.

Los pillos superan finalmente su miedo. Sacan al mandarín de debajo de los cojines y le retienen.

Discuten sobre cómo podrían matarlo. Uno de los pillos saca una vieja espada oxidada... y la clava tres veces en el mandarín.

Le sueltan y le dejan tambalearse..., tropieza..., parece que se va a desplomar.

De repente, se yergue y se abalanza sobre la chica.

Los tres pillos se lo impiden y le sujetan de nuevo.

El mandarín, atrapado, mira con deseo a la chica. Los pillos, asustados, discuten sobre cómo deshacerse definitivamente del mandarín.

Arrastran al mandarín, que se resiste, hasta el centro de la habitación y le cuelgan desde el gancho de la lámpara.


La lámpara cae al suelo y se apaga. El cuerpo del mandarín se ilumina con una tonalidad azul verdosa, sus ojos siguen fijos en la chica.
Los cuatro dirigen sus miradas de terror hacia el mandarín.

Por último, a la chica se le ocurre una idea salvadora. Hace una seña a los pillos: "¡Bajadme al mandarín!"

La chica ya no se resiste más; los dos se abrazan.

Así se calma el deseo del mandarín, sus heridas comienzan a sangrar, se debilita cada vez más... y muere tras una breve agonía.

Telón.

  1. I
      1. Béla Bartók (1881-1945)
      1. El mandarín maravilloso (arreglo del autor para piano a 4 manos)
  2. II
      1. Igor Stravinsky (1882-1971)
      1. La consagración de la primavera. Cuadros de la Rusia pagana en dos partes (versión 1947): I. Adoración de la tierra (arreglo del autor para piano a 4 manos)
      2. La consagración de la primavera. Cuadros de la Rusia pagana en dos partes (versión 1947): II. El Sacrificio (arreglo del autor para piano a 4 manos)