La canción francesa del siglo XX Ciclos de Miércoles La voz en el siglo XX

La canción francesa del siglo XX

  1. Este acto tuvo lugar el
Iñaki Fresán, barítono. Xavier Parés, piano

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NOTAS AL PROGRAMA
CUARTO CONCIERTO
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Una sesión muy enjundiosa en la que se da un pequeño repaso a la mélodie a través de algunos de sus autores mayores. Realmente están los más importantes a excepción de Debussy, aunque quepa hacer distingos y situar en primer lugar a Duparc, Fauré, Hahn y Ravel por encima de Roussel o sobre todo Ibert, el menos significativo. Es en todo caso un panorama bastante completo y revelador de los logros de un estilo, de un género específicamente francés, plenamente granado a finales del XIX y principios del XX tras una lenta evolución desde la romanza -que llegó a cultivar el joven Fauré- pasando por su pariente, la melodía burguesa de Gounod o Massenet. Examinaremos las canciones según el orden establecido por los intérpretes.

Reynaldo Hahn
    No es muy conocido entre nosotros este venezolano naturalizado francés. Sin embargo entre sus 125 canciones hay numerosos ejemplos de sensibilidad e inspiración lírica a raudales. La peculiaridad de este autor es que, ademas de escribir música y de dirigirla, cantaba, y muy bien, aunque su voz, de un barítono muy lírico y claro, lindando con la de tenor -de un tipo muy francés-, no fuera precisamente de gran calidad. Lo que no era óbice para que sobre ella y sobre el arte con la que su dueño la empleaba recayeran repetidas alabanzas. Ahí tenemos la de J. M. Nectoux: "El canto (de Hahn), a la vez refinado, intenso y puro, anunciaba las realizaciones frecuentemente ejemplares de Camille Maurane, Gérard Souzay o Bernard Kruysen, grandes intérpretes de los años de posguerra." Incluso Marcel Proust, que se econtraba entre sus amigos, reconocía esa virtud: "... la voz más bella, la más triste y la más cálida que ha habido nunca (...) Hahn abraza todos los corazones, humedece todos los ojos, en el escalofrío de admiración que él propaga a lo lejos y que nos hace temblar, en una silenciosa y solemne ondulación de las espigas bajo el viento." No es raro que un compositor -creador asimismo de música de cámara y de alguna ópera- capaz de sentir con esa emoción y arrebato tuviera facilidad para acercarse a la poesía cantada y que pudiera extraer de ella efectos sonoros apasionados, de directa comunicatividad. Ese toque emocional, ese sentimentalismo a flor de piel nacido del contacto de la palabra con la voz humana, era de lo que el mismo Hahn quería servirse. Estas líneas dirigidas a su maestro Massenet nos informan de ello: "En definitiva, es la pintura sentimental a lo que yo aspiro, es decir, fijar, mediante las notas, las inflexiones características de todos los sentimientos."
    Las tres piezas que hoy se cantan aparecen recogidas en sendos cuadernos de 20 melodías cada uno que contienen obras escritas entre 1888 y 1900, por un lado, y 1900 y 1921, por otro. Hay en estos libros una extraordinaria mezcolanza de estilos y de autores, en donde se combinan cantos patrióticos con cantos amorosos, poemas importantes con poemas muy flojos. À Chloris pertenece al segundo y parte de un poema de Théophile de Viau. Es una canción de carácter dieciochesco, con graciosa introducción pianística, en mi bemol mayor y 4/2, lenta y sostenida. Posee una escritura muy adornada, que aparece ya en el tercer verso, tras el ápice dinámico de je ne crois pas, en la palabra memes. Nos trae evidentemente el recuerdo de una música plácida y elegante, a modo de una actualización de una página de Gluck o Mozart.
    Tanto Offrande como Fetes Galantes, con poemas de Verlaine, fueron puestas antes en música, por Fauré ( con el título de Green) la primera y por éste y Debussy la segunda (con el título de Mandoline), en versiones que son más conocidas que la de Hahn. Offrande es el nº 8 del libro I -editado, como el segundo, por Heugel- y se nos ofrece en un sólido do mayor "no demasiado lento" y en 4/4. De esquema ABC, exige un aliento sostenido, arte para el tono declamatorio y para la media voz, pues pide frecuentes pianísimos. Los leves acordes del piano unifican, con ligeros contornos melódicos, la línea vocal. Fetes galantes es un allegretto en sol mayor y asimismo 4/4. "Muy arrogante y con elegancia", solicita la partitura, que se abre con una atmósfera de fiesta veneciana, según Marie-Claire Beltrando-Patier, con los arpegios staccato a imitación de las mandolinas. Cada una de las cuatro estrofas posee su propio aire dentro de una temática similar gracias a las graciosas e inteligentes modulaciones. El final, tras un sol agudo en falsete -efecto muy propio del compositor-, aparece presidido por la misma introducción veneciana.

Henri Duparc
    Caso también curioso el de este compositor de escasa obra y larga fama. Decía Gavoty al referirse a él: "Brutal oposición entre una música lujuriante y una vida desolada, entre una obra corta y una vida interminable." En efecto, Duparc, que vivió 85 años, pasó la mayor parte de ellos prácticamente imposibilitado, atenazado por una misteriosa enfermedad que le impedía trabajar: agorafobia, pérdidas de equlibrio, sonambulismo, falta de oído, ceguera casi total... Eran algunos de los males que le aquejaban. No más de dieciséis años de trabajo real y, para la posteridad -salvados de las exigencias del propio artista-, solamente dieciséis canciones y un dúo. Resulta sorprendente que con tan poca producción el músico haya pasado a la historia. Pero, en verdad, esta corta obra tiene rasgos próximos a la genialidad. Decía Ravel que Duparc tenía una rara cualidad del alma que irradiaba a todas sus mélodies, "imperfectas pero geniales". Es curioso asimismo que un creador tan reaccionario, que no admitía la obra de Debussy, de Mahler o de Strauss, tan apegado a la tradición, haya podido calar tan hondo en la palabra y practicar un estilo, heredado en parte de Franck, su maestro, tan cercano al lied alemán. Dice Brigitte François-Sappey que, en contra del de Fauré o Debussy, el suyo no es un arte hedonista, donde lo sensorial se enfrenta a lo intelectual, sino sentimental -en ciertos aspectos similar al de Hahn- y fantástico, lleno de emotividad: "la verdadera música, la única, es la música del alma y de la emcoción. El arte puramente cerebral no existe", manifestaba el propio compositor. En él se daba una extraña confluencia entre romanticismo y simbolismo, germanismo y afrancesamiento. Es este un momento de fusión imperfecto y palpitante. Triste y generalmente abatido, sombrío y trágico, Duparc, sabía penetrar las palabras antes de pensar en la música y recomendaba en este sentido a Chausson que no escribiera la música de un verso "sin antes declamarlo en alto con acentos y gestos".
    Fresán canta en primer lugar Serénade florentine, según poema incluido en L'Illusison de Jean Lahor, en un tranquilo fa mayor y un metro sincopado de 9/8. La pieza está llena de inciertas armonías y es como una misteriosa canción de cuna bajo las estrellas, envuelta en acordes evanescentes y sometida a una línea pianística prácticamente inmutable, que soporta un canto tendido y sereno, que se cierra en la primera de las dos estrofas con una voluta melódica. En la segunda se detectan dos puntos de clímax, en los que la música crece: al comienzo -Elle s'endort...- y en el penúltimo verso -Et que sa pensée, alors, reve-. Es una canción nada fácil.
   Extase, sobre un poema de la misma obra de Lahor, está en re mayor y sigue el compás de 3/4. Es también una suerte de berceuse escrita, voluntariamente, para dar la razón a los que criticaban el wagnerismo del autor, a la manera de Tristán, como si de un lied Wessendonck se tratara. Es una melodía "lenta y calma", envuelta en cromatismos, apoyaturas y novenas. La única estrofa está muy trabajada y viene precedida de una extensa introducción. El tercer verso acaba en un tenue pianísimo -mort parfumée- y marca un contraste con el cuarto cerrado por un mi agudo que da paso a un breve interludio. Es una pieza nocturna y trascendente, hipnótica, que nos anuncia una muerte dulce y casi deseada -evocación schubertiana- y que aparece estructurada en dos partes de tres períodos. Convendría mejor a una voz aguda, lo que no indica que no pueda ser cantada perfectamente por una baritonal.
    Más ambiciosa aún y bastante más larga es Phidylé, nacida de un poema de Lecomte de Lisle (de sus Poemas antiguos), que se nos presenta, sobre 4/4, en la bemol mayor. Dedicada a Chausson, es un canto a la naturaleza y tiene una estructura libre de rondó con tres couplets seguidos del típico refrán. Duparc unifica hábilmente distintas células melódicas y origina incesantes modulaciones. Hay algo de pendular, de actuación de un mecanismo de relojería en el acompañamiento -que, entre paréntesis, requiere un experto pianista- y que deja importante silencios para la expresión meramente vocal. La frase obsesiva Repose,  o Phidylé, enunciada estratégicamente tras cada una de las dos primeras estrofas, da mucho juego y se repite de manera anhelante, en pianísimo, hasta por tres veces, en cada una más aguda. La última estrofa posee un dramatismo muy emotivo y juega con los matices dinámicos. El verso postrero es declamado a los cuatro vientos. El posludio es recapitulador y da paso a retazos temáticos de lo escuchado. "Phydilé es mi vaso roto", decía Duparc.

Albert Roussel
    Con este autor nos econtramos en un mundo bien distinto, el del raciocinio, la elegancia, la depuración, la desnudez y el tiralíneas. El sentimiento amoroso y el contacto con la naturaleza siempre fueron en él refinados y minuciosos, cristalinos. Es una música que busca alejarse de todo elemento pintoresco en palabras de Gilles Cantagrel. Arte del sobreentendido y de la economía de medios que en su aparente simplicidad sitúa a la línea melódica a medio camino "del lirismo faureano y el parlando debussysta". Con el transcurso del tiempo, este viajero tan poco amigo de lo exótico y sensual, de lo hedonista en música, fue haciendo a su música más y más depurada, lo que no impedía la inclusión en ella de originales armonías ni de juegos politonales o modales que dotaban a sus canciones en este caso de un colorido especialmente exquisito.
    René Chalupt fue sin duda uno de los poetas preferidos de esta antiguo alumno de la Schola Cantorum de d'Indy. Dos de las canciones de hoy están basadas en su obra, la primera y la tercera. Coeur en péril, 3/4, la bemol mayor, de 1933, es una pieza ligera, fuertemente ritmada, que tiene algo de andaluz y que pronto asciende al fa agudo, cambia de tono y de clima para, poco después, ensimismarse y alcanzar un final embargado por una extraña languidez. ¿Qué importan las más bellas mujeres del mundo cuando uno sólo quiere a la que en verdad ama? Este tema es cantado a lo largo de las cuatro estrofas -las mélodies de Roussel rara vez no son estróficas regulares-, las tres primeras, conforme a lo dicho, no exentas de humor; la tercera, dirigida a la amada.
    Muy anterior, de 1903, es Le Départ, sobre poema de Henri de Régnier, que canta las lamentaciones del marino que ha dejado a su novia y que tienen traducción en las ondulaciones que parecen mecerlo sobre una pulsación de 6/8. El movimiento sincopado introduce un flujo y reflujo -todo muy marino, una evocación de la profesión del compositor- de sentimientos amorosos.
    Se cierra la primera mitad del recital con una pieza muy graciosa, Le Bachelier de Salamanque, compuesta en 1919, realmente animada y llena de sabor, perteneciente al cuaderno de Dos Mélodies de la op. 20. Evoca una serenata repetidamente intrrumpida por el ritmo inmutable de un piano que se convierte en guitarra, representado desde la apertura por una figura de cuatro semicorcheas seguidas de una serie de corcheas staccato. Tras la segunda de las cuatro estrofas, la música se hace más rápida para tornar a una mayor lentitud hacia el final, en el que el intérprete ha de mantener un canto más sereno y declamado. Pieza difícil que exige además un pianista dotado.

Gabriel Fauré
    Nunca grandiosa, raras veces apasionada, ausente de ella el drama, la música de Fauré nos capta, tras una primera y quizá algo soprendida audición, por su originalidad armónica, su personalidad melódica y su textura sonora. Poco coloristas pero llenas de delicados matices, sus canciones constituyen un mundo pleno de íntima poesía. Revestidas a veces de la seriedad que proporciona la utilización de antiguas escalas eclesiásticas (fruto de su aprendizaje con Niedermeyer y de su actividad como organista), hay en ellas, no obstante, un permanente encanto y múltiples riquezas emanados de un concienzudo trabajo modulatorio y del uso continuo de largas y envolventes melodías, que discurren en ocasiones por parajes en los que asoma la disonancia, merced a un bien ideado juego pianístico, y que, por último, recalan en el confortable puerto tonal. Heredero de la melodía de salón a lo Gounod, en paralelo con la de Massenet o Saint-Saëns, Fauré no busca, como señala Rebatet, la ilustración musical de las palabras, sino el arabesco que responda a la idea o a la sensación poéticas. Es ejemplar la evolución sufrida por el músico, desde sus primeros tiempos conectados con la romanza hasta los últimos, en los que solamente escribía ciclos de canciones; es su denominada tercera manera, marcada por la desnudez y el idealismo, por la falta de contacto con el exterior. Sus ciclos postreros están edificados como por movimientos de música de cámara y casi hacen abstracción de las palabras, tienen un trazado y un contenido que se aproxima al de lo instrumental.
    Hoy escuchamos L'Horizon chimérique, justamente su última composición melódica, redactada en 1921 y dedicada al por aquella época joven barítono Charles Panzéra, uno de los grandes especialistas del género. La letra es del poeta Jean de la Ville de Mitmont, muerto tempranemente en la guerra, y que para Fauré representaba el ideal de los valores humanos. Cada una de las cuatro melodías del ciclo procede libremente por expansión, como apunta Marie-Claire-Beltrando-Patier, cada frase genera la siguiente por amplificación interválica. La maestría de la escritura es total. La primera pieza, La mer est infinie, en re mayor y 3/4, andante quasi allegretto -como el primer movimiento de una obra de cámara-, se abre con un piano arpegiado, de ligera e indirecta referencia acuática, en un continuo balanceo, que inaugura una canción nada retórica y llena de simplicidad expresiva. También en 3/4, Je me suis embarqué, en re bemol mayor, es un andante moderato que evoca imprecisamente una habanera y que viene constituido por tres estrofas irregulares.
   Diane, Séléné, mi bemol mayor, lento ma non troppo, circula por el compás de compasillo y presenta una notable delicadeza con sus acordes rotos y el lento ascenso en pianísimo de la voz. Jankelevich, como siempre, da con la entraña de la canción al hablar de "lenta procesión de acordes que desfila soñadoramente entre cielo y tierra a un paso se diría que inexpresivo". Canción de la noche, triste y meditativa, con la luna como protagonista y una interrogación final sobre la dominante. Las tres estrofas de Vaisseaux, nous vous aurons aimés -re mayor, andante quasi allegretto, 12/8- van creciendo lentamente en intensidad partiendo de la tonalidad de las dos primeras piezas del ciclo y retomando también el aire balanceante de la segunda de ellas. Para Beltrando-Patier el intervalo de octava, utilizado en la caída expresiva del cierre, simboliza lo que no se ha podido realizar.

Maurice Ravel
    Aunque para Ravel, lo mismo que para Debussy, la mélodie no es una parcela dominante en su producción, no cabe negar su contribución a la renovación del género. Al igual que su mencionado colega y que Fauré, prefería el canto medido, bien diseñado, límpido, al canto apasionado a la italiana o a la alemana. El valor dado en sus canciones a la palabra cantada, a la prosodia era muy alto. Amigo de ilustrar a a veces textos agresivos, subidos de tono, sarcásticos, como los de sus extraordinarias y originales Historias naturales, el músico de Ciboure, sabía siempre destilar un elegante sentido del humor a lo largo de una vocalidad exquisita, trazada, como todos sus pentagramas, con tiralíneas. La postura del compositor al respecto quedaba bien expuesta en esta aseveración contenida en carta a Jules Renard y recogida por Beltrando-Patier: "No tengo la intención de añadir con mi música nada al valor de las palabras; quiero solamente interpretarlas. Siento y pienso en música y querría pensar las mismas cosas que usted. Hay música intelectual: d'Indy; y hay música sentimental, instintiva: la mía." Una declaración de intenciones demostrativa de un estilo, pero que es una parte del mismo: el raciocinio, el pensamiento, el trabajo y la inspiración forman las demás.
    No es el Ravel más quintaesenciado el que escuchamos en esta ocasión. Las canciones de Don Quijote a Dulcinea son su última creación, fechada en 1932-33 y se basan en textos de Paul Morand. En principio iban a formar parte de la banda sonora de la película de G. W. Pabst protagonizada por el bajo-cantante ruso Fiodor Chaliapin, pero el compositor al parecer se retrasó y finalmente el productor confió el trabajo a Jacques Ibert, que escribió las piezas que van a cerrar el concierto de hoy. Las de Ravel revelan el oficio inmenso del músico aunque se encuentran a menor nivel que el que ocupan sus mejores piezas vocales. No se puede negar, sin embargo, la gran habilidad raveliana para vestir de aire y talante español a las canciones, merced a los ritmos que ya había hecho suyos en tantas obras de su catálogo. Existe también una versión con orquesta.
   Chanson romanesque emplea los compases de 6/8 y 3/4 frecuentemente truncados e imita al principio, en un tempo moderato, el toque de la guitarra que aparece trufado de alegres disonancias. Es una pieza llena de guiños y de imitaciones de la realidad (figuralismos), como se puede comprobar en el mismo final, ese Oh Dulcinée!, sobre una apoyatura de una sexta agregada. La segunda pieza, Épique, molto moderato en fa mayor y 5/4, no tiene en realidad nada de épico, ya que su estilo es casi litúrgico gracias al manejo de la modalidad y el contrapunto, que intentan describir la comparación que hace el texto entre la Virgen y la amada. Tras un pasaje fuertemente declamado, la voz se pliega a la divinidad y entona dulcemente Ma Dame. Es difícil de afinar. Aunque es más compleja la que cierra el breve ciclo, una característica Canción báquica, allegro en 3/4, una pieza que canta la vulgaridad y el derecho a gozar del vino. Contrasta en sus cuatro estrofas dos couplets con dos refranes agresivos en los que la voz ha de circular ágilmente. No faltan las vocalizaciones, los acentos, los ataques súbitos, los portamentos, los melismas. Es una pieza realmente física, llena de plasticidad diríase que cinematográfica; lo que no sería raro teniendo en cuenta su primitivo destino.

Jacques Ibert
    Tampoco es la música vocal lo que más celebridad y crédito dio a este compositor, que se desenvolvió bastante bien en todos los géneros, especialmente en la ópera, la música incidental -mucha de ella para el cine- y la orquestal. No pueden desecharse, sin embargo, sus estimulantes y minuciosas creaciones camerísticas ni sus contadas aproximaciones al mundo de la canción, en el que se movió siempre dentro de un conservadurismo de buena factura. Hoy escuchamos una muestra de este último apartado, pero en su conexión con el séptimo arte, con el que el autor parisino había estado en contacto desde la época muda, improvisando ante una pantalla de proyección. Por eso cuando Ravel, enfermo y cansado, no pudo terminar a tiempo sus canciones para el filme de Pabst, Ibert ocupó rápidamente su lugar. Conocía muy bien el Quijote y escribió enseguida cuatro piezas para que las entonara Chaliapin en el transcurso de la película.
    La Chanson du départ, moderato senza rigore, fue compuesta sobre una poesía de Ronsard, tiene dos estrofas y posee un fuerte sabor pintoresco gracias a los ritmos y ornamentos, a la expresiva interválica y a las numerosas alteraciones, aunque hay que estar con Gérard Michel en que Ibert crea de nuevo cuño toda la música. La Chanson à Dulcinée, allegro assai -que en la versión con orquesta emplea un clave-, como las restantes, sobre poema de Alexander Arnoux, está, por el contrario, llena de ternura y nostalgia subrayadas por la hábil fluctuación del tempo en compás ternario. Sigue el allegro energico de la Chanson du duc, que cambia continuamente de tempo (nueve veces en 29 compases) en su discurso breve y apasionado. Por fin, la Chanson  de la mort de Don Quichotte, andante molto, tiene un discurso accidentado y cambiante. Es a la vez celebración y consolación de Sancho Panza. Concluye con un largo suspiro.
    Conviene escuchar la voz de Ibert en relación con esta última pieza y con la cuestión de si la música de una película debe entenderse como un simple entretenimiento: "Divertir no es un juego. Para mí es convertir un sueño en una realidad y, recíprocamente, hacer de una realidad un sueño; pero entre estos dos pasos existe el conflicto de una conciencia que no quiere aceptar la ralidad ni la ilusión. En este sentido la Canción de la muerte de don Quijote es bastante característica."

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TEXTOS DE LAS OBRAS CANTADAS
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R. HAHN

A Chloris (T. Viau)
    S'il est vraie, Chloris, que tu m'aimes,
(Mais j'entends, que tu m'aimes bien,)
Je ne crois pas que les rois mêmes
Aient un bonheur pareil au mien.
    Que la mort serait importune
A venir changer ma fortune
Pour la felicité des cieux!
Tout ce qu'on dit de l'ambroisie
Ne touche point ma fantaisie
Au prix des grâces de tes yeux!

A Chloris (T. Viau)
Si es cierto, Chloris, que me amas,
que me amas de verdad)
Creo que ni los reyes
Puedan sentir felicidad como la mía.
¡Que inoportuna sería la muerte
Si viniese a cambiar mi fortuna
Por la felicidad de los cielos!
Todo lo que se dice de la ambrosía
No afecta a mi fantasía
Al precio de las gracias de tus ojos.

Offrande (P. Verlaine)
    Voici des fruits, des fleurs, des feuilles et des branches,
et puis voici mon coeur, qui ne bat que pour vous;
Ne le déchirez pas avec vos deux mains blanches
Et qu'a vos yeux si beaux l'humble présent soit doux.
    J'arrive tout couvert encore de ros'ee
Que le vent du matin vient glacer à mon front.
Souffrez que ma fatigue, à vos pieds reposée,
Rêve des chers instants qui la délasseront.
    Sur votre jeune sein laissez rouler ma tête
Toute sonore encore de vos derniers baisers;
Laissez-la s'apaiser de la bonne tempête,
Et que je dorme un peu puisque vous reposez.

Ofrenda (P. Verlaine)
He aquí frutas, flores, hojas y ramas,
Y éste es mi corazón, que sólo late por vos;
Que no lo rompa sus dos manos blancas,
Y que a tan bellos ojos, este humilde presente sea dulce.
Vengo cubierto de rocío
Que el viento de la mañana ha helado en mi frente,
Sufra que mi fatiga, que a sus pies reposa,
Sueñe con entrañables instantes que la solazarán.
Deje que mi cabeza repose en su joven seno
Cuando todavía resuenan sus últimos besos;
Deje que se apacigüe tras la buena tempestad,
Y que duerma un poco, puesto que ahora reposáis.

Fêtes galantes (P. Verlaine)
    Les donneurs de sérénades
Et les belles écouteuses
Échangent des propos fades
Sous les ramures chanteuses.
    C'est Tircis et c'est Aminte,
Et c'est l'éternel Clitandre,
Et cést Damis qui pour mainte
Cruelle fait main vers tendre.
    Leurs courtes vestes de soie,
Leurs longues robes a queues,
Leur élégance, leur joie
Et leurs molles ombres bleues.
    Tourbillonent dans l'extase
D'une lune rose et grise,
Et la mandoline jase
Parmi les frissons de brise.

Fiestas galantes (P. Verlaine)
Los que cantan serenatas
Y las bellas que escuchan
Intercambian propósitos insípidos
Bajo los ramajes cantarines.
Es Tirsis y es Aminta,
Es el eterno Clitandro,
Es Damis que, cruel para alguno,
Se muestra tierna.
Sus cortas chaquetillas de seda,
Sus largos vestidos de cola,
Su elegancia, su alegría
Y sus lánguidas sombras azules,
Revolotean en el éxtasis
De una luna rosa y gris,
Y la mandolina parlotea
Entre estremecimientos de brisa.


H. DUPARC

Sérénade florentine (J. Lahor)
   Êtoile dont la beauté luit,
Comme un diamant dans la nuit,
Regarde devers ma bien aimée
Dont la paupière s'est fermée.
Et fais descendre sur ses yeux
La bénédiction des cieux.
Elle s'endort...
Par la fenêtre
    En sa chambre hereuse pénètre;
Sur sa blancheur comme un baiser,
Viens jusqu'à l'aube te poser
Et que sa pensée, alors, rêve
D'un astre d'amour qui s'eleve!

Serenata florentina (J. Lahor)
Estrella cuya belleza luce
Como un diamante en la noche,
Mira hacia mi amada
Cuyos párpados se han cerrado.
Y haz que baje hacia sus ojos
La bendición de los cielos.
Se duerme...
Por la ventana
En su dormitorio afortunado penetra;
Sobre su blancura como un beso
Ven a posarte hasta el alba
Y, entonces, que su pensamiento sueñe
Con un astro de amor que se eleva.

Extase (J. Lahor)
    Sur un lys pâle mon coeur dort
D'un sommeil doux comme la mort...
Mort exquise, mort parfumée
Du souffle de la bien-aimée...
Sur ton sein pâle mon coeur dort
D'un sommeil doux comme la mort...

Éxtasis (J. Lahor)
Sobre un pálido lis duerme mi corazón
Un sueño dulce como la muerte...
Muerte exquisita, muerte perfumada
Por el soplo de la amada...
En tu pálido seno duerme mi corazón
Un sueño dulce como la muerte...

Phydilé (L. de Lisle)
    L'herbe est molle au sommeil sous les frais peupliers,
Aux pentes des sources moussues,
Qui dans les prés en fleur germant par mille issues,
Se perdent sous les noirs halliers.
Repose, o Phidylé.
    Midi sur les feuillages
Rayonne et t'invite au sommeil!
Par le trèfle et le thym, seules, en plein soleil,
Chantent les abeilles volages;
Un chaud parfum circule au détour des sentiers,
La rouge fleur des blés s'incline,
Et les oiseaux, rasant de l'aile la coline,
Cherchent l'ombre des 'eglantiers.
Repose, o Phidylé.
    Mais, quand l'astre incliné sur sa courbe éclatante,
Verra ses ardeurs s'apaiser.
Que ton plus beau sourire et ton meilleur baiser
Me récompensent de l'attente!

Fidilé
La hierba es blanda en el sueño bajo los frescos álamos,
a la orilla de musgosos arroyos
que en los prados en flor, discurriendo por mil vericuetos
se pierden bajo las negras breñas.
Descansa, oh Fidilé.
    Mediodía sobre las hojas
ya se extiende, invitándote al sueño!
Por el trébol y el tomillo, solas y a pleno sol
cantan las abejas volanderas.
Un cálido perfume se expande por los tortuosos senderos;
la roja flor de los campos se inclina
y los pájaros, con sus alas rozando la colina,
buscan la sombra del rosal silvestre.
Descansa, oh Fidilé.
    Pero cuando el astro, inclinado en su curva esplendente,
vea apaciguarse su ardor,
¡que tu más bella sonrisa y tu beso mejor
me compensen por la espera!


A. ROUSSEL

Coeur en péril (R. Chalupt)
Que m'importe que l'Infante de Portugal
Ait le visage rond ou bien ovale
Et une cicatrice sous le sein droit,
Qu'elle ait l'air d'une fille de roi ou d'une gardeuse d'oies,
Que m'importe?
Peu me chaut que la Princesse de Trébizonde
Soit rousse, châtaine ou blonde,
Qu'elle ait l'humeur prompte et le verbe haut
Peu me chaut.
Point n'a souci que la marquise de Carabas
Soit veuve et veuille reprende mari
Pour faire ici-bas son paradis!
Point n'aï souci!
Mais il suffit, jeune étourdie,
Du seul clin d'un de vos yeux moqueurs
Aux reflets irisés
Pour que mon pauvre coeur
Batte à se briser.

Corazón en peligro (R. Chalupt)
¿Qué me importa que la Infanta de Portugal
Tenga el rostro redondo u oval
Y tenga una cicatriz bajo el seno derecho,
Que parezca hija de reyes o cuidadora de ocas?
¿Qué me importa?
¿Y qué si la Princesa de Trebilubia
es pelirroja, castaña o rubia,
Es de genio pronto y de verbo alto?
¿Y qué?
Poco me afecta que la marquesa de Carabás
Sea viuda y quiera casarse de nuevo
Para hallar aquí abajo su paraíso.
Poco me afecta.
Pero basta, joven atolondrada,
Un solo guiño de tus ojos burlones
De reflejos irisados
Para que mi pobre corazón
Se ponga a latir locamente.


Le Départ (H. de Régnier)
    Je n'emporte avec moi sur la mer sans retour
Qu'une rose cueillie à notre long amour.
J'ai tout quitté; mon pas laisse encore sur la grève
Empreinte au sable insoucieux sa trace brève
Et la mer en montant aura vite effacé
Ce vestige incertain qu'y laissa mon passé.
Partons! que l'âpre vent en mes voiles tendues
Souffle et m'entraîne loin de la terre perdue
Là bas.
    Qu'un autre pleure en fuite à l'horizon
La tuile rouge encore au toit de sa maison,
Là bas, diminuée et dejà si lointaine!
Qu'il regrette le clos, le champ et la fontaine!
Moi je ferme la porte et je ne pleure pas.
Et puissent, si les dieux me mènent au trépas,
Les flots m'ensevelir en la tombe que creuse
Au voyageur la mer perfide et dangereuse!
    Car je mourrai debout comme tu m'auras vu
Sur la proue, au départ, hereux et gai pourvu
Que la rose à jamais de mon amour vivant
Embaume la tempête et parfume le vent.

La partida (H. de Régnier)
Sólo llevo conmigo en el mar sin retorno
La rosa cogida por nuestro amor eterno.
Lo dejo todo; mi paso aún deja en la arena
Su huella despreocupada, su traza fugaz,
Y la marea al subir pronto borrará
El vestigio incierto que deja mi pasado.
¡Partamos¡ que el recio viento en mis velas tensas
Sople y me lleve lejos de la tierra perdida
Allá.
¡Qué otro llore, huyendo en el horizonte,
La teja todavía roja de su casa,
Allá, empequeñecida y ya tan lejana!
¡Qué añore el prado, el campo y la fuente!
Yo cierro la puerta y no lloro.
Y, si los dioses me llevan al óbito,
Que las ondas me amortajen en la tumba que cava
Al viajero la mar pérfida y peligrosa.
Porque moriré de pie, como me habrás visto,
En la proa, al partir, feliz y alegre, mientras
La rosa de nuestro amor vivo para siempre
Embalseme la tempestad y perfume el viento.

Le Bachelier de Salamanque (R. Chalupt)
    Où vas-tu, toi que passes si tard
Dans les rues désertes de Salamanque
Avec la toque noire et la guitare
Que tu disimules sous ta mante?
Le couvrefeu est déjà sonné
Et depuis longtemps dans leurs paisibles maisons
Les bourgeois dorment a poings fermés.
Ne sais-tu pas qu'un édit de l'Alcade
Ordonne se jeter en prison tous les donneurs de serenade,
Que les malandrins couperont ta chaîne d'or
Et que la fille de l'Almirante
Pour qui vainement tu te tourmentes
Se moque de toi derrière son mirador.

El Bachiller de Salamanca (R. Chalupt)
¿Dónde vas tú que tan tarde andas
Por las calles desiertas de Salamanca,
Con tu toca negra y tu guitarra
Disimulada bajo el manto?
Ya han tocado a queda
Y hace mucho que en sus casas tranquilas
Duermen los burgueses a pierna suelta.
¿No sabes que un edicto del Alcalde
Ordena encarcelar a los cantantes de serenatas,
Que los salteadores cortarán tu cadena de oro
Y que la hija del Almirante,
Por quien vanamente te atormentas,
Se burla de ti tras su mirador?


G. FAURÉ

L'Horizon Chimérique (J. de la Ville)

La mer est infinie
    La mer est infinie et mes rêves sont fous.
La mer chante au soleil en battant les falaises
Et mes rêves légers ne se sentent plus d'aise
De danser sur la mer comme des oiseaux soûls.
    Le vaste mouvement des vagues les emporte,
La brise les agite et les roule en ses plis;
Jouant dans le sillage, ils feront une escorte
Aux vaisseaux que mon coeur dans leur fuite a suivis.
    Ivres d'air et de sel et brûlés par l'écume
De la mer qui console et qui lave des pleurs,
Ils connaîtront le large et sa bonne amertume;
Les goêlands perdus les prendont pour des leurs.

El horizonte quimérico (J. de la Ville)
La mar es infinita y mis sueños locos.
La mar canta al sol mientras bate los acantilados.
Y mis sueños ligeros ya no se sienten cómodos
Bailando sobre la mar como pájaros ebrios.
El vasto movimiento de las olas los arrastran,
La brisa los agita y los enrolla en sus pliegues;
Jugando en la estela, formarán una escolta
Para los barcos que mi corazón en su huida ha seguido.
Ebrios de aire y sal, quemados por la espuma
De la mar que consuela y lava los llantos,
Mar adentro descubrirán su buena amargura;
Las gaviotas perdidas los tomarán por una de ellas.
Je me suis embarqué
    Je me suis embarqué sur un vaisseau qui danse
Et roule bord sur bord et tangue et se balance.
Mes pieds ont oublié la terre et ses chemins;
Les vagues souples m'ont appris d'autres cadences
Plus belles que le rythme las des chants humains.
    A vivre parmi vous, hélas! avais-je une âme?
Mes frères, j'ai souffert sur tous vos continents.
Je ne veux que la mer, je ne veux que le vent
Pour me bercer, comme un enfant, au creux des lames.
    Hors du port qui n'est plus qu'une image effacée,
Les larmes du départ ne brûlent plus mes yeux.
Je ne me souviens pas de mes derniers adieux...
O ma peine, ma peine, où vous ai-je laissée?

El horizonte quimérico (J. de la Ville)
La mar es infinita y mis sueños locos.
La mar canta al sol mientras bate los acantilados.
Y mis sueños ligeros ya no se sienten cómodos
Bailando sobre la mar como pájaros ebrios.
El vasto movimiento de las olas los arrastran,
La brisa los agita y los enrolla en sus pliegues;
Jugando en la estela, formarán una escolta
Para los barcos que mi corazón en su huida ha seguido.
Ebrios de aire y sal, quemados por la espuma
De la mar que consuela y lava los llantos,
Mar adentro descubrirán su buena amargura;
Las gaviotas perdidas los tomarán por una de ellas.

Diane, Séléné
    Diane, Séléné, lune de beau métal,
Qui reflètes vers nous, par ta face déserte,
Dans l'immortel ennui du calme sidéral,
Le regret d'un soleil dont nous pleurons la perte.
    O lune, je t'en veux de ta limpidité
Injurieuse au trouble vain des pauvres âmes,
Et mon coeur, toujours las et toujours agité,
Aspire vers la paix de ta nocturne flamme.

Diana, Selene
Diana, Selene, luna de hermoso metal,
Que reflejas hacia nosotros, por tu faz desierta,
En el inmortal tedio de la tranquilidad sideral,
La añoranza de un sol cuya pérdida lloramos.
Oh luna, me ofende tu limpidez
Injuriosa para la turbación de las pobres almas,
Y mi corazón, siempre cansado y siempre agitado,
Aspira a la paz de tu nocturna llama.

Vaisseaux, nous vous aurons aimés
    Vaisseaux, nour vous aurons aimés en pure perte;
Le dernier de vous tous est parti sur la mer.
Le couchant emporta tant de voiles ouvertes
Que ce port et mon coeur sont à jamais déserts.
    La mer vous a rendus à votre destinée,
Au delà du rivage où s'arrêtent nos pas.
Nous ne pouvions garder vos âmes enchainées;
Il vous faut des lointains que je ne connais pas.
    Je suis de ceux dont les désirs sont sur la terre.
La souffle qui vous grise emplit mon coeur d'effroi,
Mais votre appel, au fond des soirs, me désespère,
Car j'ai de grands départs inassouvis en moi.

Naves, os habremos amado
Naves, os habremos amado baldíamente;
La última de vosotras se hizo a la mar.
El poniente se llevó tantas velas desplegadas
Que este puerto y mi corazón han quedado desiertos para siempre.
La mar os ha devuelto a vuestro destino
Más allá de la orilla donde se detienen nuestros pasos.
No podíamos mantener encadenadas vuestras almas;
Necesitáis lejanías que yo no conozco.
Soy de aquellos cuyos deseos están en tierra.
El soplo que os embriaga me llena el corazón de espanto,
Más vuestra llamada, al anochecer, me desespera,
Pues en mi tengo grandes partidas insatisfechas.


M. RAVEL

Don Quichotte à Dulcinèe (P. Morand):
Chanson romanesque
Si vous me disiez que la terre
à tant tourner vous offensa,
je lui dépêcherais Pança:
vous le verriez fixe et se taire.
Si vous me disiez que l'ennui
vous vient du ciel trop fleuri d'astres,
déchirant les divins cadastres,
je faucherais d'un coup la nuit.
    Si vous me disiez que l'espace
ainsi vidé ne vous plaît point,
chevalier dieu, la lance au poing,
j'étoilerais le vent qui passe.
    Mais si vous disiez que mon sang
est plus à moi qu'à vous, ma Dame,
je blêmirais dessous la blâme
et je mourrais, vous bénissant.
    O Dulcinée.

Canción caballeresca
Si me dijérais que la tierra
de tanto girar os ha ofendido,
al punto enviaría a Sancho:
y la veríais quieta y callada.
    Si me dijérais que os entristece
el cielo henchido de estrellas,
desgarrando el censo divino,
de un golpe destruiría la noche.
    Si me dijérais que el espacio
no os complace así desnudo,
dios de los caballeros, lanza en ristre,
llenaría el viento de estrellas.
    Pero si dijérais que mi sangre
me pertenece más que a vos, Señora,
pálido por este reproche
moriría bendiciéndoos.
   ¡Oh! Dulcinea.

Chanson épique
Bon Saint Michel que me donnez loisir
de voir ma Dame et de l'entendre,
bon Saint Michel qui me daignez choisir
pour lui complaire et la défendre,
bon Saint Michel veuillez descendre
avec Saint Georges sur l'autel
de la Madone au bleu mantel.
    D'un rayon du ciel bénissez ma lame
et son égale en pureté
et son égale en pieté
comme en pudeur et chasteté: ma Dame.
    O grands Saint Georges et Saint Michel,
l'ange qui veille sur ma veille,
ma douce Dame si pareille
à vous, Madone au bleu mantel! Amen.

Canción épica
Buen San Miguel que me concedéis el placer
de ver y oir a mi Señora,
buen San Miguel que os dignais elegirme
para complacerla y defenderla,
buen San Miguel descended, os lo ruego,
con San Jorge al altar
de la Virgen del manto azul.
    Con un rayo del cielo bendecid mi espada
y a su igual en pureza
y a su igual en piedad
en pudor y en castidad: a mi Señora.
   ¡Gran San Jorge y San Miguel
el ángel que vela mi vigilia,
mi dulce Dama tan parecida
a vos, Virgen del manto azul! Amen.

Chanson à boire
Foin du bâtard, ilustre Dame,
qui pour me perdre à vous doux yeux,
dit que l'amour et le vin vieux
mettent en dueil mon coeur, mon âme!
    Je bois à la joie!
La joie est le seul but
où je vais droit
lorsque j'ai bu!
    Foin du jaloux, brune maîtresse,
qui geint, qui pleure et fait serment
d'être toujours ce pâle amant
qui met de l'eau dans son ivresse!

Canción báquica
¡Mal haya el bastardo, ilustre dama,
que por perderme a vuestros dulces ojos,
dice que el amor y el vino añejo
traen duelo a mi corazón, a mi alma!
   ¡Brindo por la alegría!
¡La alegría es la única meta
a la que me encamino
cuando he bebido!
   ¡Mal haya el celoso, mi amada morena,
que gime, llora y os jura
ser siempre el pálido amante
que agua el vino de su embriaguez!


J. IBERT

Quatre chansons de Don Quichotte:
Chanson du départ
(Ronsard)
    Ce château neuf, ce nouvel édifice
Tou enrichi de marbre et de porphyre
Qu'amour bâtit château de son empire
Où tout le ciel a mis son artifice,
Est un rempart, un fort contre le vice,
Où la vertueuse maîtresse se retire,
Que l'oeil regarde et que l'esprit admire
Forçant les coeurs à lui faire service.
    C'est un château, fait de telle sorte
Que nul ne peut approcher de la porte
Si des grands rois il n'a sauvé sa race
Victorieux, vaillant et amoureux.
Nul chevalier tant soit aventureux
Sans être tel ne peut gagner la place.

Cuatro canciones de Don Quijote:

Canción de partida (Ronsard)
Este castillo nuevo, este nuevo edificio
Enriquecido de mármol y pórfido
Que amor construyó castillo de su imperio
Donde todo el cielo ha puesto su artificio,
Es una muralla, un fuerte contra el vicio,
En el que la virtuosa dueña se retira,
Que el ojo mira y el espíritu admira
Forzando los corazones a servirle.
Es un castillo hecho de tal forma que
Nadie puede acercarse a la puerta,
Si de grandes reyes la raza no ha salvado,
Victorioso, valiente y enamorado.
Ningún caballero, por muy aventurero
Sin ser tal puede ganar la plaza.

Chanson à Dulcinée (A. Arnoux)
    Un an, me dure la journée
Si je ne vois ma Dulcinée.
    Mais, amour a peint son visage,
Afin d'adoucir ma langueur,
Dans la fontaine et le nuage,
Dans chaque aurore et chaque fleur.
       Un an, me dure la journée
Si je ne vois ma Dulcinée.
    Toujours proche et toujours lointaine,
Etoile de mes loins chemins.
Le vent m'apporte son haleine
quand il passe sur les jasmins.
    Un an, me dure la journée
Si je ne vois ma Dulcinée.

Canción a Dulcinea (A. Arnoux)
Un año me dura el día
Si no veo a mi Dulcinea.
Pero el amor ha dibujado su cara,
Para dulcificar mi languidez,
En la fuente y la nube,
En cada aurora y cada flor.
Un año me dura el día
Si no veo a mi Dulcinea.
Siempre próxima y siempre lejana,
Estrella de mis lejanos caminos.
El viento me trae tu aliento
Cuando pasa sobre jazmines.
Un año me dura el día
Si no veo a mi Dulcinea.

Chanson du Duc (A. Arnoux)
    Je veux chanter ici la dame de mes songes
Qui m'exalte au-dessus de ce siècle de boue.
Son coeur de diamant est vierge de mensonges.
    La rose s'obscurcit au regard de sa joue.
Pour elle j'ai tenté les hautes aventures:
Mon bras a délibré la princesse en servage,
J'ai vencu l'enchanteur, confondu les parjures.
    Et ployé l'univers à luis rendre l'hommage,
Dame par qui je vais, seul dessus cette terre,
Qui ne soit prisonnier de la fausse apparence.
    Je soutiens contre tout chevalier téméraire
Votre éclat mon pareil et votre précellence.

Canción del Duque (A. Arnoux)
Quiero cantar aquí a la dama de mis sueños
Que me exalta por encima de este siglo de barro.
Su corazón de diamante está virgen de mentiras.
Comparada a su mejilla, la rosa oscurece.
Por ella he intentado altas aventuras:
Mi brazo ha liberado a la princesa esclavizada,
He vencido al mago, confundido a los perjuros.
Y doblegado al universo para que le rinda homenaje,
Dama por la que voy solo sobre la tierra,
No sea prisionero de la falsa apariencia.
Sostengo contra todo caballero temerario
Vuestro resplandor sin igual y vuestra preeminencia.

Chanson de la mort de Don Quichotte (A. Arnoux)
    Ne pleure pas Sancho, ne pleure pas mon bon
Ton maître n'est pas mort, il n'est pas loin de toi
Il vit dans une île heureuse où tout est pur et sans mensonges
Dans l'île enfin trouvée où tu viendras un jour.
Dans l'île dédirée, O mon ami Sancho!
Les libres sont brûlés et font un tas de cendres.
Si tous les livres m'ont tué
Il suffit d'un pour que je vive
Fantôme dans la vie, et réel dans la mort
Tel est l'étrange sort du pauvre Don Quichotte.

Canción de la muerte de Don Quijote (A. Arnoux)
No llores Sancho, no llores mi buen amigo
Tu dueño no ha muerto, ni está lejos de ti
Vive en una isla dichosa donde todo es puro y sin mentira
En la isla por fin hallada a la que vendrás un día.
En la isla deseada, ¡oh, amigo Sancho!
Se queman los libros y se transforman en ceniza.
Si todos los libros me han matado
Me basta uno para vivir
Fantasma en la vida y real en la muerte,
Tal es el extraño destino de Don Quijote.

  1. I
      1. Reynaldo Hahn (1874-1947)
      1. A Chloris
      2. Offrande (P. Verlaine)
      3. Fêtes galantes (P. Verlaine)
      1. Henri Duparc (1848-1933)
      1. Sérénade florentine (J. Lahor)
      2. Extase (J. Lahor)
      3. Phidylé
      1. Albert Roussel (1869-1937)
      1. Coeur en péril (R. Chalupt)
      2. Le Départ (H. de Régnier)
      3. Le Bachelier de Salamanque (R. Chalupt)
  2. II
      1. Gabriel Fauré (1845-1924)
      1. L'Horizon Chimérique (J. de la Ville de Mirmont)
      1. Maurice Ravel (1875-1937)
      1. Don Quichotte à Dulcinèe (P. Morand)
      1. Jacques Ibert (1890-1962)
      1. Quatre chansons de Don Quichotte