1/3 Ciclos de Miércoles El órgano del siglo XX

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  1. Este acto tuvo lugar el
Ramón González de Amezua, órgano

PRIMER CONCIERTO                                                                                                            

    Comienza este concierto dedicado al órgano del siglo XX con una obra del compositor y organista Eduardo Torres, del que también se escuchará otra pieza en el tercer concierto de este ciclo. Valenciano de nacimiento, pero vinculado a la escuela sevillana, fue maestro de capilla de la Catedral de Sevilla durante veinticinco años, Torres realizó una enorme labor en favor de la música en la Sevilla que le acogió. Durante la Semana Santa de 1921 comenzó su relación con Manuel de Falla, con quien mantendría un estrecho contacto. Colaboró en el estreno del Retablo de Maese Pedro, dirigió, junto a Ernesto Halffter, la Orquesta Bética de Cámara fundada por Falla y realizó varios arreglos de obras del maestro gaditano para esta orquesta.
    Torres compuso un muy apreciado ramillete de piezas breves que solía agrupar en un libro bajo un título genérico. Este es el caso de Nostalgia, página que pertenece a los Cantos Íntimos I para órgano o armonio, colección de veinte piezas de las cuales esta obra es la número quince. Sobre Nostalgia escribió un famoso crítico español: "El llorado maestro de capilla de la Catedral sevillana nos deja en "Nostalgia" una de sus más cortas pero mejores obras. La influencia andaluza que aparece en su obra, destaca visiblemente en esta página deliciosa y delicada, de un ritmo y una armonía tan evocador que sin duda bastarían para colocar a Torres, si no lo estuviera ya, en uno de los primeros lugares de la música orgánica española contemporánea". Miembro de la llamada  Generación del Motu Proprio, en su música se pueden escuchar ecos de César Frank y de los impresionistas franceses, pero también un aroma andalucista que recuerda a Turina.
     De la misma generación que Eduardo Torres y compartiendo en cierta medida estilo con este maestro español, el siguiente autor que encontramos en este concierto es Louis Vierne, organista ciego, nacido en Poitiers el 8 de octubre de 1870 y fallecido en París el 2 de junio de 1937, el mismo año en el que la música francesa veía desaparecer también a Ravel, Pierné y Roussel. Vierne fue discípulo de César Franck y Charles-Marie Widor, a quienes en la niñez escuchaba en Sainte Clothilde.
    En el año 1900 ganó por unanimidad el concurso para el puesto de organista de Notre Dame, cargo que conservaría hasta su muerte.
    Vierne compuso gran número de obras brillantes para órgano que reflejan la majestuosa arquitectura de la catedral parisina y la sonoridad de su órgano. Destacan las seis Sinfonías, las cuatro suites de Piezas de Fantasía y las 24 Piezas en estilo libre que datan de 1913, el mismo año del escandaloso estreno en París de la Consagración de la Primavera. A estas 24 Piezas en estilo libre, una colección de pequeñas piezas de carácter con ecos de la música de Franck y recopiladas en dos volúmenes, pertenece la obra que hoy se escuchará: Reverie, una ensoñación que es la décima de la serie.
    Organista suplente en Notre Dame durante las ausencias de Vierne y sucesor de Widor en el órgano de Saint-Sulpice, Marcel Dupré pertenece a la siguiente generación de organistas parisinos y tiene el mérito de haber sido maestro de dos grandes genios que le sucedieron, Jehan Alain y Olivier Messiaen.
    La pieza que hoy sonará, Estación IV: Jesús encuentra a su madre pertenece a la  colección denominada Via crucis  op. 29, una serie de 14 piezas que nacieron primero como improvisaciones que Dupré realizó en el Conservatorio de Bruselas el 13 de febrero de 1931 en un memorable concierto en el que cada pieza iba precedida por el recitado de los poemas del Via crucis de Claudel. Un año más tarde, la serie completa, ya transcrita al pentagrama en su forma definitiva, fue estrenada con una dedicatoria al pianista y compositor ruso Nicolás Medtner. El propio Dupré definía la serie como "un gran poema sinfónico en el que van reapareciendo varios temas principales" y justificaba la necesidad de fijar las improvisaciones en partitura para satisfacer los deseos del público que escuchó esta música tan espontánea en el concierto de Bruselas.
    Contemporáneo de Marcel Dupré fue el compositor español Federico Moreno Torroba. Hijo del organista José Moreno Ballesteros, toda su creación musical quedó prácticamente eclipsada por los éxitos que alcanzó con sus zarzuelas, sobre todo con la famosísima Luisa Fernanda. Presidente de la Sociedad General de Autores y Editores y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, su música dió la vuelta al mundo, siendo uno de los compositores españoles de la primera mitad del siglo XX más conocidos internacionalmente. Además de sus óperas y zarzuelas, también salieron de su pluma obras para otros géneros, siendo la guitarra el instrumento al que prestó una especial atención. Las 3 piezas para San Antonio de la Florida las compuso Moreno Torroba para la celebración que los académicos solían realizar el día de San Fernando. De corte clásico y en la línea de Vierne e incluso de Torres, esta obra, de unos cinco minutos de duración, está compuesta por tres pequeñas piezas. La primera es un allegretto moderato a modo de introducción; la segunda, andante, es una barcarola; y finalmente la tercera, andantino, es una marcha de salida. La obra está dedicada a Ramón González de Amezua que la estrenó el día 30 de mayo de 1982 en el Panteón de Goya de la Ermita de San Antonio de la Florida en presencia del compositor. Hoy es la primera vez que vuelve a ser interpretada esta obra desde su estreno.
    Termina esta primera parte del concierto con dos representantes de la escuela húngara. En primer lugar escucharemos una obra de Béla Bartók, nacido el mismo año que Picasso, cuya obra, como la del pintor malagueño de extraordinaria belleza y originalidad, se ha hecho universal y ha ejercido una notable influencia en todo el siglo XX. Al igual que Kodály, Bartók dedicó una especial atención a la pedagogía musical durante toda su vida. El más importante ejemplo lo encontramos en su Mikrokosmos, 153 piezas para piano de dificultad progresiva, recogidas en seis volúmenes y dedicadas a su hijo. La ductilidad y belleza de estas páginas supera la intencionalidad didáctica, lo que ha producido que numerosos intérpretes hayan realizado transcripciones para sus propios instrumentos. Este es el caso de Ramón González de Amezua que ha adaptado para órgano seis piezas. Las tres primeras pertenecen al cuarto volumen y las tres siguientes al tercero.
    Al igual que Béla Bartók, del que fue estrecho colaborador, Zoltán Kodály dedicó gran parte de su tiempo al folklore y la pedagogía, además de a la composición. Pero su música no llegó a transcender con la misma fuerza que lo hizo la de su compatriota, probablemente debido a sus gustos más conservadores en el ámbito compositivo, además de cultivar un estilo menos radical y más ligado a la tradición musical húngara. En su catálogo encontramos obras sacras como la Missa brevis, el Te Deum, el Psalmus hungaricus  y la que hoy nos ocupa: Organoedia. Escrita entre 1940 y 1942, fue estrenada dos años después en la Basílica de Budapest cuando los alemanes ya habían ocupado la capital húngara. De esta misa, de cerca de treinta minutos de duración, podremos escuchar hoy sus dos últimos tiempos: el Agnus Dei y la oración de despedida Ite Misa est. Sobre esta obra nos dejó dicho Kodály: "la misa no tiene elementos del folklore o del Canto Gregoriano". Esta obra es rica y sugestiva, de cierta evocación visual, pero sin llegar a ser programática. Basada en el mundo tonal, Kodály enriquece su lenguaje con aportaciones modales que descubrió hacia 1907 en su encuentro con Debussy en París. Esta obra, tal como se conoce hoy, es producto de la revisión de 1966 de la misa Csendes misa.
    La segunda parte de este concierto, dedicada íntegramente a la escuela española al igual que la del tercer concierto de este ciclo, comienza con una obra de Jesús Guridi, nacido en el seno de una familia de músicos entre los que se encontraba un organista: su abuelo Luis Bidaola. En 1948, año en que compuso el maestro alavés sus Variaciones sobre un tema vasco, ya era catedrático de órgano del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Poseedor de una enorme personalidad y de un carácter inquieto, traspasó las fronteras de la especialización e investigó en otros campos relacionados con la música. Tanto fue así que además de organista y compositor, director del Conservatorio de Madrid, Académico y autor de bandas cinematográficas, por citar algunas de sus más relevantes actividades, aún le quedó tiempo para desarrollar una modesta pero importante labor de folklorista, recogiendo canciones populares españolas. No es por tanto extraño que se sirviera de alguno de estos temas populares para dar rienda suelta a su imaginación creadora. La obra que hoy escucharemos tiene como tema la canción amorosa Itxasoan laño dago (Hay niebla en el mar), tomada del cancionero vasco de Azkue. Dice así la letra:

El mar está nublado
hasta la barrera de Bayona
Te amo,
más que el pájaro a sus pequeñuelos

Esta obra está dedicada a Gloria López Salaberri de Viañi.
    Casi coetáneo de Jesús Guridi fue el madrileño Ernesto Halffter, discípulo de Falla, al que estuvo ligado como director de la Orquesta Bética de Cámara y después en la titánica tarea de concluir la Atlántida. Es autor de obras significativas como la célebre Sinfonietta (con la que obtuvo el Premio Nacional de Música en 1925), el Canticum in memorian P.P. Johannem XXIII, el Stabat Mater, la cantata Los Gozos de Nuestra Señora y los conciertos de violín y de guitarra. La obra que hoy nos ocupa es Tiento para órgano,encargo de la entonces llamada Comisaría General de la Música para celebrar la restauración del órgano del Palau de la Música de Barcelona. Fue publicada en 1973 por la misma entidad, junto con las demás obras que se encargaron para este evento a los compositores Balada, Bernaola, Castillo, Escudero, Esplá, Guinovart, Marco, Mompou, Montsalvatge, Pueyo y Soler. El tiento es una forma musical de carácter imitativo que cultivaron autores como Cabezón, Correa de Arauxo o Cabanilles entre otros. Nos dejó escrito el propio Halffter este comentario sobre su obra: "El Tiento fue muy cultivado por nuestros grandes maestros organistas de los siglos XVI y XVII, que nos dejaron ejemplos admirables. Estos fueron el punto de partida para componer el mío. En lo que se refiere a la armonización, sistema modulatorio y forma, he seguido el camino de mis trabajos anteriores, intentando siempre descubrir algo más que pudiera despertar interés, pero manteniéndose fiel, por su puesto, a la ley inmutable y eterna de la música: el principio tonal".
    Con el alicantino Óscar Esplá nos situamos ante un compositor rigurosamente coetáneo de Jesús Guridi, sin embargo representa al grupo de compositores que se exiliaron tras la Guerra Civil, como Manuel de Falla, Jaume Pahissa, Roberto Gerhard o el también alicantino Carlos Palacios.   Miembro de la Junta Nacional de Música de la II República y catedrático del  Conservatorio Superior de Música de Madrid, volvió de Bruselas en 1950 para residir en Madrid donde fue elegido académico de Bellas Artes. Autor de un amplio catálogo de obras, abordó todos los géneros, siendo su Sinfonía Aitana  y la cantata La Nochebuena del diablo  dos de sus mayores logros. El Pequeño impromptu-rondino para órgano forma parte, como la obra de Halffter, del Libro de Órgano del Palau de 1973. Comenta el propio autor sobre esta obra: "Se trata de un rondó minimizado, con dos temas que alternan en su función estructural, siendo una vez motivo de repetición, luego entremotivo o divertimento. Tiene cada uno un carácter propio de contraste con respecto al otro para darle variedad a la composición, que así lo exige cada tema en su pequeña extensión. El determinativo "Impromptu" no se refiere a la forma conocida con ese nombre en la música clásica o romántica, sino a una real circunstancia de ser una composición improvisada". Esplá, basándose en formas preestablecidas, las reelabora hasta adaptarlas a sus necesidades estéticas, llegando incluso a reducir el contenido estructural al puro concepto etimológico de la palabra.
    El compositor más joven -y no por ello menos importante- presente en este ciclo es Tomás Marco (Madrid, 1942), con quien termina este concierto. Licenciado en Derecho y de formación musical autodidacta, amplió estudios con Maderna, Ligeti, Boulez y Stockhausen. Absolutamente comprometido con las estéticas más avanzadas de nuestro siglo, es poseedor de un lenguaje fluido y brillante dentro de un contexto absolutamente atonal y abstracto. A partir de obras como la Sinfonía núm. 5 (Modelos de universo) o Campo de Estrellas, Marco da muestras de encontrarse en un  estado de madurez y equilibro donde se deja traslucir una cierta atmósfera de lucidez poético-musical. De su producción para órgano destacan Astrolabio, Aria de la batalla, Ecos de Antonio Machado y los conciertos para órgano Vitral y Autodafe (Concierto barroco núm. 1). Itinerario del éxtasis surgió, junto a las obras de Joaquín Rodrigo, Cristóbal Halffter, Antón García Abril, Luis de Pablo y Carmelo Bernaola, por encargo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con objeto de celebrar un concierto conmemorativo del 250 aniversario de la creación de la Academia. Todas ellas fueron estrenadas y publicadas por esta institución en 1996 en un libro titulado Libro de Música. Sobre el título de la obra explica el propio autor: "Este título está tomado de una obra del polifacético tratadista barroco Athanasius Kircher y me parece que es una buena imagen de la actitud interpretativa e incluso de escucha que la obra pide". La estructura de la obra la describe así Marco: " [...] una construcción musical basada en la percepción de las fluctuaciones del tiempo y la psicología auditiva de una aplicación predominantemente tímbrica de los agregados armónicos". En lo que se refiere al aspecto armónico dice el compositor: "Toda la obra se basa en un único acorde, y sus más variadas transposiciones, que van siendo coloreadas en el tiempo y por el tiempo. El acorde básico tiene siete notas y es así una variente de una escala diatónica, pero los cinco sonidos restantes juegan un papel complementario de tal manera que juntamente crearían una escala dodecafónica. El juego refinado de los dos tipos de escala sirve en muchas ocasiones para reforzar ese mundo de colores, densidades y percepciones que se pretende obtener".  Sobre su dificultad interpretativa señala el propio Marco: "La obra no es fácil y exige un organista de gran capacidad técnica y también musical pues la registración es completamente libre y el organista deberá ingeniárselas en cada órgano para obtener aquella que mejor sirva a la intención de la música". Esta obra está dedicada a Ramón González de Amezua.

      1. Eduardo Torres (1872-1934)
      1. Cantos íntimos I para órgano o armonio: Nostalgia
      1. Federico Moreno Torroba (1891-1982)
      1. Tres Piezas para San Antonio de la Florida
      1. Jesús Guridi (1886-1961)
      1. Variaciones sobre un tema vasco
      1. Ernesto Halffter (1905-1989)
      1. Tiento para órgano
      1. Oscar Esplá (1886-1976)
      1. Pequeño impromtu rondino
      1. Tomás Marco (1942)
      1. Itinerario del éxtasis