2/3 Ciclos de Miércoles El órgano del siglo XX

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  1. Este acto tuvo lugar el
Miguel Bernal Ripoll y Miguel Bernal

SEGUNDO CONCIERTO                                                                                                      


   Olivier Messiaen escribió la Misa de Pentecostés en 1950, tras más de una década alejado de la composición para órgano. Atrás quedaban La Natividad del Señor  (1935) que escucharemos en la segunda parte de este concierto y Los Cuerpos Gloriosos, siete visiones breves sobre la vida de los resucitados  (1939). En la década de los cuarenta, durante este amplio arco de relativo silencio creativo en casi todos los géneros y que estuvo teñido por los horrores de la guerra y de su reclusión en el Campo de Concentración de Görlitz, en Silesia, apenas destacan un puñado de obras, aunque eso sí, de enorme trascendencia: El Cuarteto para el fin de los tiempos compuesto y estrenado ante 5000 prisioneros en plena guerra: diversas piezas para piano; Harawi, canto de amor y de muerte y la Sinfonía Turangalila.
    Así pues, con esta Misa de Pentecostés, Messiaen retorna con fervor a su querido órgano Cavaillé-Coll de la iglesia de la Sainte-Trinité de París, donde habitualmente en la misa dominical matutina se centraba en clásicas piezas del repertorio organístico, para improvisar y experimentar durante los oficios vespertinos. A esta Misa, considerada una de las obras maestras del autor, le seguirán otras tres grandes series: El Libro de órgano, (7 movimientos), las nueve Meditaciones sobre el misterio de la Santísima Trinidad y el Libro del Santo Sacramento  conformado por 18 piezas.
    Casi toda la producción de Messiaen está imbuida de la religiosidad que siempre profesó el maestro, sin embargo la Misa de Pentecostés es la única obra organística nacida específicamente para la liturgia. Sus cinco movimientos se corresponden con los cinco momentos de la ceremonia en los que el Concilio Vaticano II admite la intervención de la música.
    El primer movimiento Entrada: Las lenguas de fuego lleva la siguiente  acotación extraída de Los Hechos de los Apóstoles: 2,3 "Lenguas de fuego se pusieron sobre cada uno de ellos". La música, de exóticas sonoridades y rico colorido se combina con casi todos los esquemas rítmicos griegos tan caros a Messiaen. De este modo se describe fielmente la escena, con las flameantes lenguas de fuego descendiendo sobre las cabezas de los apóstoles. La pieza termina con una larga nota tenida que nos devuelve a la realidad. Esta es la escena más propia de la festividad de Pentecostés.
    El segundo movimiento Ofertorio: Todo lo visible y lo invisible es el más extenso -casi la duración de los otros cuatro juntos- y es sin duda la pieza de mayor complejidad de la obra así como una de las páginas más geniales de toda la producción de Messiaen. El subtítulo hace referencia a la idea teológica de que Dios creó todas las cosas, las visibles y las invisibles, concepto metafísico que el propio Messiaen describe de este modo: "¡Las cosas visibles e invisibles! ¡Todo está contenido en estas palabras! Las dimensiones conocidas y desconocidas, desde el posible diámetro del universo  al de un protón...el mundo espiritual y el mundo de la materia, la gracia y el pecado, ángeles y hombres, las fuerzas de la luz y las de las tinieblas, las vibraciones de la atmósfera, la canción de la lluvia, el canto de los pájaros, la melodía de las gotas de agua y el rugido de la monstruosa Bestia del Apocalipsis...todo lo que resulta claro y tangible y todo lo que es oscuro, misterioso y sobrenatural, todo lo que va más allá de la ciencia y de la razón, todo lo que no podemos explicar, todo lo que nunca llegaremos a comprender..."
    Messiaen medita musicalmente sobre esta idea a través de una música estructurada matemáticamente en la que ninguna permutación de los valores rítmicos utilizados, de origen indio, aparece repetida, expresión de la multiplicidad de la creación. Una música de contrastes que juega con elementos opuestos y reflejos, abundando en esta misma idea. Las escalas ascendentes y descendentes ilustran el movimiento de la tierra hacia el cielo y desde las alturas hasta lo más profundo de la tierra. El terrible rugido de la Bestia del Apocalipsis mencionado por el autor se hace  patente en un poderoso registro profundo y grave, un Do, que emerge entre los elementos de la creación, con el canto de las aves en una atmósfera de ensoñación irreal.
    El breve tercer movimiento Consagración: El Don de la Sabiduría  lleva la siguiente nota "El Espíritu Santo os recordará lo que os he dicho", del evangelio según San Juan: 14,26. Messiaen explica que el Espíritu Santo revela el significado escondido de las palabras de Cristo para poder penetrar en los misterios que nos enseñó. "¡Este es el Don de la Sabiduría!"  se nos dice. Messiaen alterna dos melodías basadas en dos ritmos de la India -El poder del león y La mezcla de colores- con una línea de canto llano del segundo Aleluya propio de esta misa. La extraña complejidad de la música refleja los misterios de lo inexplicable.
    En el cuarto movimiento hallamos otro de los elementos predilectos del autor, el canto de las aves. Comunión: Los pájaros y las fuentes  es su título y va acompañado por la siguiente cita: "Fuentes de agua, bendecid al Señor; pájaros del cielo, bendecid al Señor". La tradición de la Iglesia de Roma recomienda para la meditación en la misa de Pentecostés el texto del Libro de Daniel: 3 "Cántico de los tres jóvenes" en el que se cuenta cómo tres jóvenes fueron arrojados a la llamas, pero indemnes, en medio del fuego comenzaron a bendecir al Señor con las palabras antes mencionadas. Messiaen se vale del canto de las aves -la clásica tercera descendente del Cuco es claramente audible- combinado con melodías de gotas de agua que caen desde diferentes alturas y el murmullo del agua de los arroyos y de las fuentes. El  movimiento concluye con la unión de los extremos, la nota más grave posible en el órgano y la más aguda, Alfa y Omega, simbolizando la naturaleza de Dios que todo lo abarca.
    El único movimiento de toda la obra de tempo agitado es el quinto y último, como no podía ser menos a la hora de describir el fiero viento del Espíritu Santo. El título reza así: Salida: El viento del Espíritu y el subtítulo de Los Hechos de los Apóstoles: 2,2 "Un soplo impetuoso llenó toda la casa". El autor explica cómo la primera parte de la pieza es una imagen física y directa de la furiosa tormenta. "Un violento, colosal y súbito viento, una tempestad que nos habla del irresistible poder de la vida espiritual y que representa simbólicamente cómo las poderosas fuerzas del cielo penetran en la vida". En la sección central se combina un material rítmico estrictamente tratado con rigor matemático, mientras por encima se escucha el líquido canto de la alondra, libre y gozoso, a modo de una ofrenda al Espíritu Santo.
    Con La Natividad del Señor hemos de retornar a los primeros años de fervor religioso y compositivo de Messiaen, anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Tras algunas obras de juventud, entre 1932 y 1939 nacieron tres grandes ciclos de órgano: La Ascensión (4 movimientos), Los Cuerpos Gloriosos (7 piezas) y La Natividad del Señor compuesta en Grenoble en 1935. "Las majestuosas montañas de Grenoble sirvieron de inspiración, sin duda, al menos en el cuarto y en el quinto movimiento. Los otros movimientos son multicolores, como vidrieras de catedrales medievales". La obra consta de nueve meditaciones musicales sobre cinco ideas teológicas que una vez más, el propio autor explica con detalle en el prefacio de la obra. "1ª, Nuestra  predestinación, comprendida por la encarnación del Verbo (Designios eternos). 2ª, Dios que vive entre nosotros (Dios entre nosotros) y sufre entre nosotros (Jesús acepta el sufrimiento). 3ª, El triple nacimiento-El nacimiento eterno de la palabra (El Verbo), el nacimiento temporal de Cristo (La Virgen y el Niño), el nacimiento espiritual de los cristianos (Los Hijos de Dios). 4ª, Presentación de ciertas figuras de la Navidad y la Epifanía: Angeles (6º movimiento), pastores (2º movimiento) y los magos (8º movimiento). 5ª, Los nueve movimientos tienen la intención de ser un homenaje a la maternidad de María".
    Como en otras ocasiones, también aquí encontramos citas extraídas de las Sagradas Escrituras acompañando el encabezamiento de cada una de las nueve secciones de la obra.
   La Natividad fue publicada en 1936 en cuatro volúmenes. El primero de ellos contiene las tres secciones iniciales: La Virgen y el Niño, inspirada en la melodía gregoriana del "Puer natus est", para la festividad del día de Navidad. Los pastores, con una introducción que representa las flautas y caramillos de los pastores para adentrarse después en un fantasmagórico villancico de elevada complejidad rítmica; y Los Designios Eternos, un simple y lento movimiento basado en los mismos modos utilizados en el primero.
    Los movimientos cuarto y quinto fueron publicados en el segundo volumen de la obra. El cuarto El Verbo, el más extenso de la serie, está dividido en dos secciones. La primera representa la eterna generación del Verbo, simbolizado por un fortissimo en el pedalier como expresión de este terrible trabajo. Un recuerdo de las trompetas del Juicio Final de Miguel Angel. Tras ello escuchamos la descripción del Verbo, del Hijo de Dios, nacido del Padre, en forma de un extenso solo del registro de corneta con reminiscencias de melodía gregorianas, ragas de la India y corales de Bach. La siguiente pieza Los Hijos de Dios comienza con una alegre y potente fanfarria que representa el nacimiento espiritual, seguido de una triste pero íntima sección que simboliza las tiernas palabras invocadas por los hijos a su Padre Celestial.
    En el tercer volumen vieron la luz los movimientos sexto, séptimo y octavo. Los ángeles  son representados por una alegre y paradisíaca danza en los registros más agudos, mientras que la siguiente sección Jesús acepta el sufrimiento discurre por los sonidos graves como imagen de los sufrimientos en la cruz. "El sacrificio único, anunciado por los dos acordes del comienzo es pronto respondido y reafirmado en el registro grave, fagot  16" . Las  tensiones de la crucifixión  y la exclamación de Jesús "¡Aquí estoy!" son dibujadas por los grandes saltos e intervalos de la música. El octavo movimiento Los magos  es un paisaje nocturno evocador de una serena y solemne caravana dirigiéndose hacia Belén. Al final la música se va ralentizando y cobra mayor misticismo. Son los tres Reyes Magos que se arrodillan ante el Niño Jesús.
    El noveno y último movimiento Dios entre nosotros ocupa por sí mismo el cuarto volumen con el que se cerró la edición de la obra. Se trata de una jubilosa y vigorosa toccata precedida por una breve introducción que presenta tres temas. El primero, una formidable escala descendente que nos traslada desde el cielo hasta la tierra; el segundo una amable expresión de unión espiritual con Cristo y el tercero -inspirado en el canto de las aves- representa el júbilo del alma en forma de un canto de alabanza a María
    Con ello Messiaen completa esta extensa composición cuyo estreno en la iglesia de la Trinité de París en 1935 causó cierto estupor, llevándole al maestro a comentar más tarde: "La Natividad, con sus ritmos indios, constituyó una tentativa de cambio en la música para órgano, en un periodo en el que César Franck era todavía considerado la máxima expresión de la modernidad".

      1. Olivier Messiaen (1908-1992)
      1. Misa de Pentecostés
      2. La Natividad del Señor