3/3 Ciclos de Miércoles El órgano del siglo XX

3/3

  1. Este acto tuvo lugar el
Felipe López, órgano

TERCER CONCIERTO                                                                                                                  

    Este tercer concierto del presente ciclo se abre con la música de Jehan Alain, el malogrado compositor y organista francés cuya brillante carrera quedó truncada por su prematura muerte defendiendo la libertad desde las filas de la Resistencia frente a los ejércitos de Hitler.
    La extensa obra que Alain dedicó al órgano y que fue recopilada y publicada póstumamente por su hermana Marie-Claire Alain, concertista de fama internacional, está recogida en tres volúmenes publicados en París en 1943. En el tercero de ellos se encuentran las dos Fantasías con las que se abre el concierto de hoy. La Fantasía nº 1 fechada en 1934 y dedicada a su hermano menor Olivier Alain (pianista, organista y musicólogo) contiene lo que Marie-Claire ha denominado "la paradoja de Alain", esto es, "una muy real, casi instintiva sensación de desesperación templada por un feroz sentido del humor capaz de reirse de sí mismo". También se encuentra el gusto descriptivo de Alain al reproducir el sonido de una gran locomotora, si bien "con un chiquitito corazón". El mundo oriental que tanto atrajo a Alain queda de manifiesto, no sólo en esta Fantasía nº 1 cuya partitura va encabezada por un poema de las Rubáiyat  de Omar Khayàm, sino también en la  Fantasía nº 2 escrita en 1936 e inspirada en una melodía que escuchó en Marruecos. Su complejidad rítmica y los registros coloristas nos ofrecen una de las más interesantes facetas de la música de Jehan Alain.
    Compuesta entre 1934 y 1936, es decir, al mismo tiempo que las dos Fantasías, la Suite para órgano que se escuchará a continuación es quizá la obra más conocida e interpretada internacionalmente de Jehan Alain. Con esta suite en tres movimientos Alain obtuvo el premio concedido por la Sociedad de Amigos del Órgano y es hoy en día, debido a su gran complejidad técnica, una de las obras predilectas en los concursos internacionales de órgano. La Introducción , que fue añadida posteriormente al primer movimiento para conformar la Introducción y Variaciones  lleva la anotación de "dulce y fluido" y presenta algunos de los elementos melódicos desarrollados en las variaciones. El Scherzo que le sigue, de gran audacia, va precedido por una breve introducción en tempo andante. El Coral final engloba una sección apacible central entre dos inquietantes y sonoras secciones externas.
    La obra fue dedicada a Madeleine Payán. Existe una transcripción para quinteto de cuerda de las Variaciones y del Scherzo.
    Rigurosamente contemporáneo de Jean Alain -ambos nacieron en 1911- es el compositor y organista Edgar Arro, punto de referencia indiscutible dentro del panorama musical de la República de Estonia. Aunque es un autor  poco conocido del público español, sin embargo su obra ha alcanzado un puesto destacado dentro del repertorio internacional para órgano del siglo XX. La partitura seleccionada para este concierto, Cinco Contrastes (Fünf Kontrasten), está estructurada en cinco partes o movimientos. El primero es Largo recitado, basado en acordes libres, de armonía clara, que soportan un recitativo en la voz solista. El segundo tiempo es Allegro assai, en el que emplea una armonía basada en intervalos de 4ª y 5ª. El tercero es Lento, de carácter contemplativo, donde se dejan sentir ciertas influencias del jazz. El cuarto movimiento, Presto, es una toccata  en compás de 7/8 y marcados acentos, que enlaza directamente con el quinto y último tiempo, un Allegro de estilo fugado con abundantes disonancias.
    Comienza la segunda parte de este tercer y último concierto dedicado al órgano del siglo XX con una obra de Eduardo Torres, gran maestro de la música religiosa y del cual ya pudimos escuchar Nostalgia en el primer concierto ofrecido por Ramón González de Amezua. Incansable animador de la vida musical sevillana, Torres llegó a censurar desde la tribuna de El Noticiero Sevillano los gustos conservadores del público y de los programadores de conciertos con estas palabras: "Somos creyentes fervorosos de Bach, Beethoven y Mozart, y es para nosotros un dogma que las formas musicales por ellos creadas son cosa definitiva e inconmovible, pero creemos que a estas formas, inimitables en el fondo, pueden añadirse modalidades nuevas, nuevos aspectos de belleza, facetas inesperadas, que produzcan la sensación de algo nuevo y desconocido. Por eso reclamamos de la Sevillana de Conciertos que en la primera ocasión incluya en sus programas el Cuarteto de Franck, el de Debussy, y el de Ravel, y otros modernos autores". Fiel reflejo de sus ideas innovadoras son sus obras para órgano, donde Torres trata de sintetizar una lenguaje que participa del impresionismo francés y de la escuela nacionalista. Las Dos Meditaciones forman parte de una amplia obra titulada El organista español I que agrupa veinte piezas de las cuales las tres últimas llevan el subtítulo de Tres Meditaciones. La Meditación I (núm. 18 de El organista español I) es un adagio que deja traslucir el resabio de la escuela andaluza; la Meditación III (núm. 20 de El organista español I) es un allegro que adopta la forma rondó. Estas Tres Meditaciones  están dedicadas a Sidney C. Durst.
    Eduardo Torres compartió con Valentín Ruiz Aznar el oficio de maestro de capilla, aquél en Sevilla y éste en Granada, y ambos pertenecieron a la llamada "Generación del Motu Proprio". El compositor y organista Juan Alfonso García, extremeño de nacimiento pero con residencia en Granada desde muy temprana edad, fue discípulo de Valentín Ruiz Aznar y es organista titular de la Catedral de Granada desde 1958. Autor de importantes obras sacras, las directrices del Concilio Vaticano II de Juan XXIII no le impidieron desarrollar un lenguaje de alto interés musical. Miembro numerario de la Academia de Bellas Artes de Granada y ex-Comisario del Festival Internacional de Granada, ha sido maestro de importantes compositores como José García Román, el ya tristemente fallecido Francisco Guerrero y Manuel Hidalgo. De su producción para órgano destacan el ciclo de obras titulado Epiclesis, la Partita para órgano barroco español y la Suite Ave spes nostra, que podremos escuchar hoy. Escrita en 1966 y publicada dos años más tarde en la revista Tesoro Sacro-Musical, está dedicada a la Virgen en homenaje a su maestro Valentín Ruiz. Las cuatro partes en que está dividida esta suite (1. Preludio, 2. Impromptu, 3. Meditación-Plegaria y 4. Toccata), tienen una forma cerrada, volviendo en todas ellas al tema y tono principal. El leitmotiv  de esta obra es el tema gregoriano de la Salve tonus solemnis
    La otra escuela española representada en este concierto es la catalana, con dos obras de Xavier Montsalvatge y Josep Soler que surgieron, junto a las de Balada, Bernaola, Castillo, Escudero, Guinovart, Marco, Mompou y Pueyo -además de las de Ernesto Halffter y Esplá que ya escuchamos en el primer concierto de este ciclo-, por encargo de la entonces llamada Comisaría General de la Música, para el concierto de inauguración del órgano del Palau de la Música de Barcelona, recién restaurado. Todas ellas fueron estrenadas por Montserrat Torrent el 21 de febrero de 1973 en el mencionado auditorio y publicadas ese mismo año por la propia institución que las encargó, en una edición en facsímil de 100 ejemplares.
    Con Xavier Montsalvatge, perteneciente a la generación de compositores catalanes como Homs, Comellas, Oltra, Cirlot, Valls y Cercós, entre otros, nos encontramos ante una de las mayores personalidades musicales de la España del siglo XX. Crítico musical de la revista Destino, de la que llegó a ser director, y del diario La Vanguardia, Montsalvatge es una persona de enorme cultura que ha formado a varias generaciones de compositores. Alumno de Pahissa, fue como él un navegante inquieto por las aguas de las estéticas predominantes en el momento. Investigador infatigable desde sus inicios, supo encontrar un lenguaje propio entre el espacio que dejaban la personalidad arrolladora de Mompou y la escuela nacionalista catalana. Si en los albores de su labor creativa tuvo a Stravinsky y al llamado Grupo de los Seis como puntos de referencia, más adelante alcanzó un notable éxito con las Cinco canciones negras o el Cuerteto Indiano, donde incorpora un tejido sonoro de enorme riqueza y originalidad extraídas del folklore cubano. Más adelante, cuando las nuevas ideas provenientes del círculo de Darmstadt se asientan en España, Montsalvatge recoge ciertos aspectos de estas nuevas estéticas, sin llegar a perder su propia y rica personalidad, componiendo obras de gran altura como Cinco invocaciones al crucificado o la Sinfonía de Requiem.  Aureola para una imagen de Ramón Amadeu es una obra íntima, serena en algunos momentos, pero de enorme expresividad en otros. Esta obra está inspirada en las imágenes del escultor catalán del siglo XVIII Ramón Amadeu, tal como señala el propio autor: "Ramón Amadeu, nacido en Olot como el Padre Soler, de quien es aproximadamente contemporáneo, era un imaginero notabilísimo que pasó su vida en su ciudad natal, donde se conservan bellos ejemplares de su obra.". Y continúa Montsalvatge explicando la intencionalidad musical de su creación: "Para algunos de estos santos que tanto valora la iglesia de El Tura de Olot, que se veneran en otras capillas, o para cualquiera de sus encantadoras y humildes figurillas de pesebre, he querido sugerir una aureola sonora imaginándola como una equivalencia musical del halo que la fe puede hacer presentir nimbando las figuras místicas y humanas de Ramón Amadeu. Para ello me he servido del órgano y de un lenguaje armónico sencillo y sereno, el que más podría aproximarse a la idea que un místico del siglo XX tiene de un escultor, entrañable para él, del siglo XVIII.".
    El otro compositor catalán con el que concluye este ciclo dedicado al órgano del siglo XX es Josep Soler, una de las figuras más importantes, junto a Joan Guinjoan, del panorama musical catalán de la segunda mitad de nuestro siglo. En sus comienzos estuvo influenciado por Bartók y Messiaen, para más tarde evolucionar hacia un lenguaje basado en las técnicas compositivas derivadas de la Segunda Escuela de Viena. Autor de obras de marcado carácter expresionista, con cierta frecuencia se inspira como punto de partida en procedimientos empleados en la música medieval, renacentista o barroca,  a través de los cuales edifica un universo sonoro propio y riguroso. Dentro del amplio abanico de géneros que ha cultivado, su producción organística ocupa un lugar destacado con obras como Harmonices mundi II  y III, Missa in tempore belli, Clara melodía d'estiu, Toccata i fuga  y el Libro para órgano. La obra que hoy tendremos la oportunidad de escuchar es Grave, que como ya hemos dicho más arriba, la compuso Soler para el concierto de inauguración del órgano del Palau que se celebró en 1973. Escrita durante el año 1972, dice el propio autor de esta obra: " [...] es una breve obra de carácter absolutamente abstracto. El tempo de la obra lo da el nombre y condiciona el aspecto austero de la misma. En ella se ha evitado cuidadosamente emplear las grandes sonoridades del órgano para mostrar al instrumento es sus aspectos cantable o íntimo. A diferencia de otras obras, en la que se emplea sistemáticamente la técnica serial, aquí se usa una libre atonalidad" . En esta obra, un joven Soler de treinta y siete años parece sentir la necesidad de flexibilizar su técnica compositiva, de experimentar dentro de un mundo sonoro abstracto pero liberado de series preestablecidas.

      1. Jehan Alain (1911-1940)
      1. Primera Fantasía
      2. Segunda Fantasía
      3. Suite
      1. Edgar Arro (1911-1978)
      1. Cinco contrastes
      1. Eduardo Torres (1872-1934)
      1. El organista español I: Meditación I. nº 18
      2. El organista español I: Meditación III. nº 20
      1. Juan Alfonso García (1935)
      1. Suite Ave spes nostra
      1. Xavier Montsalvatge (1912-2002)
      1. Aureola para una imagen de Ramón Amadeu
      1. Josep Soler Sardá (1935)
      1. Grave