(y III) Ciclos de Miércoles El violín del siglo XX

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Dúo de Violines de Munich . Luis Michal y Martha Carfi, violín

TERCER CONCIERTO                                                                                                                

Los dos primeros conciertos de este ciclo ofrecían una selección de la música violinística reciente con una densidad determinada y constante: un solo violín sin acompañamiento, o bien dos violines. En este último concierto, sin embargo, encontramos música de densidad variable: hay dos piezas para violín solo, una para dos violines y dos para el trío formado por dos violines y una viola. El dúo de violines de Max Reger abre la segunda parte y sirve de vínculo con las partituras interpretadas hace una semana por el dúo Kotliarskaya-Comesaña. Los tríos son de Kodaly y de Martinu y las dos piezas para violín solo, de muy diferente peso, son obra de Martinon y de Bartók.


En el terreno de la música para violín sin acompañamiento, Max Reger es un compositor de importantísima talla. Su obra, situada en el pórtico del siglo XX, abre la puerta de la cuerda sola a muchos otros autores que habrán de venir después pero, al mismo tiempo, lanza un recuerdo al gran Bach, cuyas "partitas" dieron en su día carta de naturaleza al violín en cuanto instrumento autónomo. Agotada, al parecer, la época del violín cantante, Reger vuelve a Bach y rescata para el nuevo siglo la técnica del violín polifónico. De ahí que sus cuatro sonatas opus 42 (1899), y las siete sonatas opus 91 (1905) abunden en fugas y en monumentales chaconas. En las ocho piezas de la opus 117 (1912) y en las seis de la opus 131 a (1914), Reger se se entrega definitivamente al "Preludio y fuga". El regreso a Bach no consiste solo en retomar formas musicales de tradición bachiana, sino que afecta igualmente a la sustancia misma de la expresión musical. La riquísima opus 131 de Reger contiene otros tres grupos de tres obras cada uno: la serie "b", con tres dúos para dos violines, la serie "c" con tres suites para violonchelo solo y la serie d" con tres suites para viola sola. Los dúos de la serie "b", de los que hoy escucharemos el primero, están formados por cánones y fugas que, en palabras del propio compositor suenan "al estilo antiguo".


Los dos tríos que abren y cierran el concierto de hoy son serenatas para dos violines y viola. La de Bohuslav Martinu forma parte de una serie de cuatro obras del mismo género escritas en 1932 para variadas formaciones instrumentales. La "Serenata número 2" lleva el número 216 en el catálogo de Martinu elaborado por Harry Halbreich y reúne dos características de estilo muy diferentes: el impulso neoclásico y la atención al folclore. La mirada neoclásica se lanza, en este caso, a Mozart y la inspiración folclórica se concreta en las tradiciones musicales populares del pueblo checo.


Por su parte, la "Serenata opus 12" de Zoltan Kodaly está compuesta entre 1919 y 1920 e hizo que su autor recibiera cálidos elogios de su compatriota Béla Bartók: "La obra es exclusivamente tonal", dice Bartók, "pese a la insólita  estructura de los acordes y a pesar de su sorprendente originalidad... Es digna de ser destacada la riqueza poco común de sus efectos, sobre todo teniendo en cuenta la austeridad de la selección de instrumentos. El contenido es digno de la forma. Estamos en presencia de una personalidad que porta un mensaje nuevo y que sabe transmitírnoslo mediante un lenguaje magistral y conciso." La sonata, danzante y rítmica, se debate entre dos tendencias que la tensan con fuerza igual y con dirección opuesta: el clasicismo formal, cuadrado y equilibrado, o bien la estructura rapsódica, abierta y libre. A propósito del endiablado "finale" de esta serenata, Bartók dejó dicho lo siguiente: "Las frases melódicas de la viola, apasionadas y singularmente aéreas, se alternan con las apariciones bruscas y fantasmagóricas de las estrofas impuestas por el primer violín. El oyente se ve así catapultado a un mundo fantástico habitado por sonoridades hasta ahora desconocidas."


Las dos obras para violín solo de la tarde de hoy tienen muy distinto peso, decíamos, y distinto tipo de interés para el oyente. La "Sonatina nº 5" de Jean Martinon es una atractiva muestra de la actividad compositiva de su autor, mucho más conocido por su carrera con la batuta que por su catálogo de compositor. El Martinon director se formó con Charles Munch y con Desormières y logró triunfar en Alemania (gran hazaña para un francés) y en Estados Unidos, concretamente en Düsseldorf y en Chicago. En cuanto autor, Martinon es hijo espiritual de Albert Roussel y de Vincent d'Indy. La emotividad de su "Salmo 136", también llamado "Canto de los cautivos", escrito durante la II Guerra Mundial en pleno campo de concentración, le dio fama a su autor, que también logró difundir su "Música del exilio", sus sonatinas número 3 (para piano), y número 4 (para trío de arcos), junto a cuatro grandes sinfonías y una sinfonieta. La "Sonatina número 5" para violín solo es de 1951, cuando Martinon era director de los conciertos Lamoureux en París y acababa de ser nombrado director asociado de la Filarmónica de Londres.


La "Sonata para violín solo" de Béla Bartók es una obra maestra del género y un hito en la escritura violinística del siglo XX. Está compuesta en 1944, en Asheville, en Estados Unidos, por encargo del entonces joven virtuoso Yehudi Menuhin. El exilio americano no fue feliz para Bartók que vivió sus últimos años entre quebrantos de salud y dificultades económicas. Menuhin quiso ayudarle material y anímicamente, no solo con el encargo, sino con la promoción y la interpretación de su música para violín. Una vez terminada la partitura, el propio Bartók quedó impresionado por el grado de virtuosismo que su interpretación habría de requerir. No es ya la dificultad propia del violín contrapuntístico que domina los dos primeros movimientos, es que el resto de la obra está llena de pasajes que bordean lo técnicamente imposible: la mano izquierda pellizca una cuerda a la vez que trina en otra, o ejecuta pizzicatos dobles, o pisa acordes de tres y cuatro sonidos, algunos de ellos armónicos, y otros muchos desafíos. Naturalmente, la profundidad musical de la pieza invita a los violinistas a afrontar estos desafíos y les permite superarlos con gran beneficio expresivo. La sonata, última obra maestra de Bartók y cumbre del género, se inspira en Bach. Su primer movimiento, "Tempo di ciaccona", evoca inevitablemente la gran chacona de la "Partita número 2" del alemán, por mucho que el movimiento de Bartók esté más cerca de la forma sonata que de la variación tipo chacona. En todo caso, tanto este movimiento como el segundo -una tremenda fuga a cuatro voces- constituyen un triunfo del violín contrapuntístico y sirven para homenajear a Bach con una monumentalidad artística propia de la talla del homenajeado. Los dos últimos movimientos, aun estando cargados de virtuosismo técnico, como ya se ha dicho, están escritos en moldes formales más abiertos y flexibles, lo que contrasta y equilibra la extrema disciplina de los dos primeros.

      1. Bohuslav Martinů (1890-1959)
      1. Serenata nº 2 para dos violines y viola
      1. Béla Bartók (1881-1945)
      1. Sonata para violín solo Sz. 117
      1. Max Reger (1873-1916)
      1. Dúo Op. 131b nº 1 (Canon y Fuga) para dos violines
      1. Jean Martinon (1910-1976)
      1. Sonatina nº 5 Op. 32 para violín solo
      1. Zoltán Kodály (1882-1967)
      1. Serenata Op. 12 para dos violines y viola