(III) Ciclos de Miércoles Tradición y progreso: el pasado en la música del siglo XX

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Guillermo González, piano

TERCER CONCIERTO                                                                                                                          

En la obra no muy abundante de Ernesto Halffter ocupa el piano un lugar de privilegio, que nos permite seguir con claridad su evolución estilística. Una constante parece sobresalir, el esfuerzo por lograr la máxima precisión de escritura.
Es acostumbrado recordar su irrupción en el mundo de la música con Sinfonietta (1925), una fresca página neoclásica en la órbita del Concierto para clave de Falla, pero de la dimensión de su éxito bien puede hablar que en 1927 compusiera el ballet Sonatina -basado en Rubén Darío- para Antonia Mercé, "La Argentina", que lo estrenó con su compañía en el Teatro Fémina de París en el verano de 1928. Sonatina propone nuevamente un neoclasicismo singular, desnudo, que sin duda se orienta a Domenico Scarlatti, mas impregnándolo de un toque de casticismo. El scarlattismo es todavía más patente en la versión para piano de dos de los momentos más felices del ballet, la Danza de la pastora y la Danza de la gitana, que recrean las fórmulas rítmicas y los perfiles melódicos de las sonatas del músico napolitano afincado en Madrid. Scarlatti fue uno de los faros para la Generación musical del 27 o de la República, aunque en Halffter esa presencia aparece contrapesada por otros factores; así, en la Pastora por una ornamentación clásica y en la Gitana merced a una atmósfera entre impresionista y ligeramente insinuante del universo de Falla. Para Powell, en todo caso, son ambas ejemplos de escritura cristalina. La versión de piano de las Danzas se conoció antes que la orquestal, estrenándolas José Cubiles en el madrileño Teatro de la Comedia en 1927.
Varias obras del catálogo halffteriano se acogen al título -tan de su maestro Falla- "Homenaje", si bien desde el consagrado a Viñes (1940) se ha de esperar a mediados de los ochenta, en que se suceden los dedicados a Scarlatti (1985), Rubinstein (1987), Mompou (1988), Turina (1988) y Rodolfo Halffter (1988). El Homenaje a Scarlatti, con motivo del tricentenario del nacimiento del compositor, es nuevamente una especie de sonata de este maestro sujeta a una transfiguración idiomática personal. Más importante que el recuerdo a Turina, un punto circunstancial, es en verdad el Homenaje a Rodolfo Halffter, el más extenso de todos. Consiste en un emotivo recuerdo del hermano fallecido en 1987, al que retrata musicalmente en las tres etapas cruciales de su vida: juventud, exilio y regreso a España.
A la muerte del propio Ernesto Halffter, el 5 de julio de 1989, el Festival de Santander de ese año le rindió rápida ofrenda con el estreno de tres Homenajes póstumos, los dirigidos a Mompou, Turina y Rodolfo Halffter. El pianista de aquella sesión -10 de agosto de 1989- fue el mismo de hoy, Guillermo González. Leer en publicaciones especializadas, como se tiene ocasión, que las obras se estrenaron dos o tres años después es una prueba más de hasta qué punto se desconocen los datos más elementales de nuestra historia musical reciente.
La Sonata per pianoforte sobresale como la obra pianística de mayor empeño de Ernesto Halffter. Su elaboración fue larga, pues el autor la comenzó en Madrid en 1926 y no la acabó más que seis años después en París.
Como en las Danzas, el eco de Scarlatti es evidente, si bien entremezclado con resabios nacionalistas, que esta vez parecen apuntar a Granados más que a Falla. Tales elementos de estilo derivan incluso hacia exposiciones más abstractas. La tonalidad de re mayor se afianza en algunos pasajes, pero no faltan momentos bitonales. La reaparición al final del tema principal otorga notable unidad a la obra, que por momentos parece reclamar sonoridades orquestales, lo que ha provocado críticas injustificadas de falta de idiomatismo en la escritura. Leopoldo Querol estrenó la obra en Madrid en 1934.
Manuel Castillo ha desarrollado una larga carrera como pianista profesional; este estrecho contacto con el instrumento es perceptible en las numerosas obras que le ha dedicado a lo largo de medio siglo.
El Homenaje a Arthur Rubinstein -"Para Arthur" figura simplemente en el manuscrito original-, fue la contribución del compositor sevillano a la publicación colectiva de obras musicales que aparecieron junto a ensayos y otra documentación en el libro-catálogo de una exposición dedicada al pianista polaco en 1987, con motivo del centenario de su nacimiento, y que pudo verse en Londres y varias ciudades españolas. Se editaron entonces composiciones de veinte músicos españoles, entre ellos Ernesto y Cristóbal Halffter, Marco, de Pablo, Homs y Montsalvatge. La pieza de Castillo, acabada en Sevilla en marzo de ese mismo año, es una página breve que va más allá de lo meramente coyuntural, para brindar un poético retrato del homenajeado, sin que el compositor reniegue de las raíces de andalucismo trascendido de su lenguaje.
Preludio, diferencias y toccata fue una composición presentada por Castillo al Premio Nacional de Música de 1959, galardón que en efecto obtuvo. Ya que en 1959 se trataba de recordar a Albéniz en el centenario de su nacimiento, que de hecho se cumplía al año siguiente, Castillo se sirvió de un tema tomado de El Puerto del primer cuaderno la Suite Iberia, pero que en el primer movimiento no es totalmente aparente, sino más bien evocado. Es en el tiempo central de las variaciones -para el que el compositor recupera la vieja terminología renacentista española de diferencias-, el más importante de la página, donde el motivo es expuesto al comienzo con total nitidez, antes de someterlo a catorce ricas transformaciones rítmicas, melódicas o de registro. La toccata enfatiza el lado percusivo del teclado; la escritura es contrapuntística y surgen episodios fugados. No es extraño que Powell destaque esta obra como un logro extraordinario.
Según declaración propia, con el pensamiento puesto en su hija de cinco años escribió Montsalvatge la Sonatine pour Ivette en 1962. La obra no ingresa, sin embargo, en el mundo de la música infantil, sino que aporta un gesto fresco y juvenil a una composición por completo adulta. En sus Papeles autobiográficos, señala Montsalvatge que recurrió al concepto de sonatina, en el sentido de una cierta miniaturización, porque abordar una sonata le parecía un empeño desproporcionado.
La Sonatine es una obra con agridulces disonancias y enmascaramientos armónicos, pero que Taverna-Bech y colaboradores ven tonalmente situable en el eje de la mayor.
Se inicia el fluido Vivo e spiritoso con una alegre melodía diatónica, que al parecer cantaba la propia Ivette, pero pronto los cromatismos y los contrastes se apoderan de la música. El Moderato Molto es muy diferente en cuanto a clima del resto de la Sonatina, dada su seria expresividad. La sonoridad aparece unificada -de nuevo, en el análisis de Taverna-Bech y colaboradores- por acordes próximos a los clusters. El Allegretto es una incisiva y brillante toccata que utiliza como tema la canción infantil francesa Ah!, vous dirai-je, maman, que Mozart empleó en sus Variaciones para piano Kv. 265. A pesar de tan sencillo punto de partida, el movimiento está repleto de efectos pianísticos. Dedicada a Gonzalo Soriano, éste la estrenó en Reus el 11 de mayo de 1962.

      1. Ernesto Halffter (1905-1989)
      1. Homenaje a Rodolfo Halffter
      2. Nocturno Otoñal. Recordando a Chopin
      3. Sonata Homenaje a Scarlatti
      4. Sonatina: Danza de la pastora
      5. Sonatina: Danza de la gitana
      6. Sonata per pianoforte
      1. Manuel Castillo (1930-2005)
      1. Para Arthur
      2. Preludio, Diferencias y Toccata (Sobre un tema de I. Albéniz)
      1. Xavier Montsalvatge (1912-2002)
      1. Sonatine pour Yvette