(II) Ciclos de Miércoles Remembranzas de España

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Ala Voronkova, violín. Dolores Cano, piano

SEGUNDO CONCIERTO                                                                                                    
El pequeño español, la fogosa húngara y sus amigos franceses
Eduard Lalo, dedicó a su amigo Pablo Sarasate tres obras concertantes: la Fantaisie norvégienne, la Fantaisie-ballet de Namouna y la Sinfonía Española, escrita en señal de gratitud por la extraordinaria interpretación que Sarasate había hecho en la prémiere del Concierto de violín de Lalo. La ambición de Lalo de incorporar a la música francesa las virtudes constructivas de la tradición germánica logra uno de sus mejores éxitos en la magnífica Fantasía española, una de las obras que abrió el camino triunfal del sinfonismo francés finisecular.
Camille Saint-Säens compuso también tres obras para Sarasate, el Concertück Op. 20, la Introduction et rondo capriccioso Op. 28 y el 3º Concierto para violín y orquesta en si menor Op. 61, sin embargo no le dedicó ninguna de sus piezas "españolas" para violín y piano: la Havanaise Op. 83 y el Caprice andalous Op. 122. De las nueve composiciones concertantes para violín del autor esta Habanera es, posiblemente la más interpretada en la actualidad.
Jelly d'Arányi (1895-1966) era sobrina-nieta de Joachim y, al igual que Szigeti, se formó en Budapest con Hubay, el editor de las obras póstumas de Vieuxtemps. Debutó en Londres en 1909 y en 1913 se instaló definitivamente en aquella ciudad. La consolidación de su prestigio se debió a sus interpretaciones del gran repertorio desde Bach a Brahms -cuyo concierto era terreno propicio para la expansión de su calor interpretativo y su libertad conceptual- pasando por la recuperación de obras como el Concierto de violín de Schumann.
De todos modos, antes que otra cosa, Arányi era una extraordinaria intérprete de la música de su época, a la que fueron dedicadas obras de la importancia del Concierto para trompa y violín de Ethel Smyth, el Concierto académico de R. Vaughan Williams o el Doble concierto de Holst. Pero los compositores que mejor comprendieron las posibilidades de su fogoso temperamento fueron Bartók -quien escribió para ella sus dos sonatas de violín y piano- y Ravel, quien respondió a su petición de un concierto de violín con Tziganne, rapsodie de concert, estrenada con gran éxito en el Aeolian Hall de Londres en abril de 1924.
Tziganne está dividida en dos secciones que se tocan sin interrupción, la primera es una larga cadencia que proporcionó a Arányi ocasión de lucir su refinada y amplísima técnica, después de un breve pasaje en trinos se inicia la caleidoscópica sección para violín y orquesta, en la que Ravel parece haber deseado contraponer su virtuosismo de orquestador al de la violinista a la que, cortésmente, cede nuevamente el protagonismo al final de la obra.
Paráfrasis anglosajonas de música española
Antonio Gallego (1993) escribe que «tal vez por las premuras con que debió abordar el encargo y con el antecedente de la "Montañesa", Falla tomó melodías folclóricas ya publicadas y hoy localizadas, conculcando así lo que más tarde fue su norma general: la de evitar la cita directa del folclore o, al menos, reelaborar minuciosamente lo tomado en préstamo. El trabajo al que el propio Falla se refiere lo realizó en la parte pianística, que puede calificarse de genial». Posiblemente las Siete canciones populares españolas se comprendan mejor si tenemos en cuenta las características que tuvo el encargo: unas canciones para una cantante malagueña de l'Opéra Comique pedidas al abrigo del éxito parisino de La vida breve, según cuenta J. Pahissa (1947). El pragmático Manuel de Falla sirvió a la cantante la parte vocal que, presumiblemente, esperaban la cantante y el público de l'Odeon y reservó para la parte pianística sus propias expectativas como compositor. La mejor prueba de la fe de Falla en el éxito comercial de sus canciones es que las envió inmediatamente al grabador; el estallido de la Guerra y las disidencias entre Falla y Max Eschig provocaron que la edición de las mismas y su difusión se retrasasen hasta 1922.
El estreno de las Siete canciones tuvo lugar, finalmente, en el homenaje que el Ateneo de Madrid dedicó a Falla y a Turina, huídos de París al estallar la guerra mundial. Los intérpretes fueron Luisa Vela y Falla. La primera grabación fonográfica se realizó mucho más tarde en el Studio Albert de París por la soprano María Barrientos y el propio Falla al piano. La grabación se hizo en tres sesiones muy distanciadas por la dificultad de reunir a los intérpretes: el 31-III-1928 se grabaron "El paño moruno", "Seguidilla murciana", "Asturiana" y "Jota", el 3-VI-1930, "Nana" y "Canción" y dos días después el "Polo". En las sesiones de 1930 se grabaron, además, la "Canción del fuego fatuo" de El amor brujo y el Soneto a Córdoba (con piano).
María Barrientos, una cantante adorada por el público neoyorquino, fue la primera gran intérprete de la música vocal de Falla y uno de los instrumentos del enorme éxito americano de la obra de Falla en los años treinta, fructificado en una tradición que ha dado algunas de las más grandes intérpretes de este repertorio: Grace Bumbry, Nan Merriman, Shirley Verret, Marilyn Horne o Jessye Norman. Pawel Kochansky, sucesor de Leopold Auer en la cátedra de violín del Conservatorio de San Petesburgo (1913-17), profesor de violín en la Juilliard School of Music (1924-34) y dedicatario de los conciertos de violín de Szymanowsky, arregló para violín y piano seis de las canciones de Falla que publicó como Suite populaire espagnole. La historia de la interpretación de la suite ha estado muy influenciada  por los modelos vocales de María Barrientos en USA y Victoria de los Ángeles en Europa, a este respecto es enormente ilustrativa la prodigiosa grabación de Jacqueline Dupré de la Spanish Popular Suite, en la transcripción para violonchelo de Marechal.
Entre el fin de la I Guerra Mundial y la Gran Depresión, la música de Falla fue publicada por Max Eschig y W. Chester -las dos editoriales más influyentes del período de entreguerras- y difundida por los intérpretes más prestigiosos del momento: especialmente A. Rubinstein, W. Landowska, E. Ansermet, A. Boult y P. Monteux. En la década de 1920 tiene lugar la gran difusión de su música en USA -posiblemente el país en el que existe la más sólida tradición interpretativa de la obra falliana- de la mano de las retransmisiones radiofónicas de los conciertos y de las grabaciones fonográficas de intérpretes míticos como M. Barrientos, J. Heifetz, F. Kreisler, A. Rubinstein, L. Stokowsky, D. Mitropoulos y A. Rodzinsky. La espléndida transcripción de Kreisler de la Danza española se hizo para las emisoras de radio norteamericanas, que habían popularizado las versiones de Rubinstein y Stokowsky de este brillante número del acto II de  La Vida Breve, que ha hecho afortunada carrera por su cuenta y riesgo.
Xavier Montsalvatge, posiblemente el compositor español más importante del tercer cuarto de siglo (incluyendo en el concepto "español" a los compositores exiliados) y autor de la mejor música orquestal que se ha compuesto en España en los 90, comenta en sus memorias que es curioso que siendo él mismo violinista, haya escrito tan poca música para el violín. Esta apreciación no es exacta al menos en un sentido, sus cinco obras para violín solista (dos concertantes y tres con piano) son de una enorme calidad.
El propio compositor nos cuenta cómo en la década de los cuarenta Barcelona era "un área de consignas oficiales deprimentes de las que intentábamos sustraernos aprovechando cualquier posibilidad de evasiva. Esta nos la proporcionó por un lado la publicación del semanario Destino, refractario a las consignas del régimen y en otro sentido la realidad que parecía semiclandestina de dos organismos particulamente activos a contracorriente como el Instituto Francés y el Instituto Británico. A este último acudíamos haciéndonos la ilusión de que pasábamos transitoriamente la frontera. La corporación británica reunía de vez en cuando a los que consideraba solidarios de la causa aliada, la mayoría artistas, escritores o intelectuales en general [...] A aquellas sesiones asistía muchas veces el director del ente que representaba precariamente el Reino Unido, el profesor Walter Starkie, rebosante de cordialidad que en su condición de violinista aficionado -un tanto pintoresco- se manifestaba particularmente allegado a nuestros músicos. [...] Los contactos con el Instituto francés fueron más constantes y diversos. Pierre Fontaine, su director, [proporcionó una hospitalidad a la cual] se acogieron los compositores para fundar, en 1946, el "Círculo Manuel de Falla" que les unió durante casi una década y que sobre todo significó un intercambio de ideas, proyectos y realizaciones dadas a conocer más de una vez en la sala de exposiciones-auditorio de la Entidad."
Las dos primeras composiciones violinísticas de Montsalvatge están relacionadas con sus experiencias en el British Council de Barcelona: Spanish sketch y las Variaciones sobre una Espagnoletta de Giles Farnaby, estrenadas por Rafael Ferrer años más tarde, cuando la obra ya había sido publicada por Peer Southern, la editorial neoyorquina de Montsalvatge desde finales de los cuarenta. Las Variaciones son un magnífico ejemplo del sentido lúdico del compositor: una parodia de una parodia y también una deconstrucción neoclásica de una fantasía para tecla sobre un standard "español" de origen italiano característica del estilo instrumental de la época isabelina.
La parodia rusa
Rodion Schedrin define su posición estética como post-vanguardista. "Los códigos de la vanguardia, con su asceticas represiones en los contenidos tonales, rítmicos y substantivos de la música, han agotado la doble asa del público y de los intérpretes, alienado el potencial entusiasmo por la música contemporánea y limitado el posible alcance de sus consecuencias. Esto es enormemente frustrante, especialmente si se compara con el libre interés del público hacia la literatura, teatro, pintura, cine y arquitectura contemporáneos. Para mí, la postvanguardia es el instrumento para levantar las murallas de la represión y las restricciones. Los pájaros han huido de su jaula. Es imprescindible escribir según uno lo siente ... y a pesar de todo, los modernos recursos de la composición han enriquecido y multiplicado los grandes descubrimientos de la vanguardia, dolorosamente experimentados y almacenados."
En los años sesenta, Schedrin mostró un especial interés por la parodia obteniendo un éxito espectacular con Carmen Suite (1967), música para un ballet de Alicia Alonso dedicado a la esposa de Schedrin, la bailarina Maya Plesetskaya. Alla Albéniz, es un ejercicio neoclásico de estilo en el que el compositor se apropia de los más evidentes estilemas idiomáticos del último Albéniz y los reintegra al piano en un lenguaje en el que la pasión expresiva sufre constantes cortes. La pieza ha sido objeto de diversos arreglos, entre ellos el que hoy disfrutaremos.

      1. Rodion Shchedrin (1932)
      1. Imitación de Albéniz
      1. Camille Saint-Saëns (1835-1921)
      1. Havanaise Op. 83
      1. Maurice Ravel (1875-1937)
      1. Tzigane
      1. Xavier Montsalvatge (1912-2002)
      1. Variaciones sobre La Spagnoletta de Giles Barnaby
      1. Edouard Lalo (1823-1892)
      1. Intermezzo de la Sinfonía Española Op. 21
      1. Manuel de Falla (1876-1946)
      1. Suite populaire espagnole: El paño moruno (versión de Paul Kochanski)
      2. Suite populaire espagnole: Jota ( versión de Paul Kochanski)
      3. La vida breve: (Primera) Danza española (arreglo para violín y piano de F. Kreisler)