(III) Ciclos de Miércoles Remembranzas de España

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Iñaki Saldaña y Chiky Martín, piano

TERCER CONCIERTO                                                                                                        
El judío que compuso la ópera Boabdil
El pianista germano-polaco Moritz Moskowski se formó en Dresde y Berlín asentándose luego en esta ciudad como profesor de la Neue Akademie der Tonkunts dirigida por su maestro Theodor Kullak al mismo tiempo que iniciaba su carrera de concertista internacional. Debutó en Londres en 1886 con enorme éxito y desde aquel momento se convirtió en una figura habitual de la vida musical inglesa en su doble actividad de pianista y director de orquesta. Retirado a París tras su jubilación como docente en 1897, fue nombrado miembro de la Academia de Berlín en 1899. Tras la I Guerra Mundial, se arruinó a causa de la quiebra de las empresas alemanas y austríacas de las que era accionista; se vio en graves apuros económicos justo cuando su salud declinaba. Sus amigos organizaron un recital de catorce grandes pianistas en el Carnegie Hall de Nueva York en su beneficio que luego se repitió en Filadelfia, la recaudación superó los 10.000 $
Afortunadamente poseemos mucha información, eso sí dispersa, acerca de Moszkowski, una persona culta y exquisita estimada y respetada por sus contemporáneos más variopintos, Liszt, su protegido Paderewski, su alumno de orquestación, y buen amigo, Thomas Beecham y von Büllow, quien protagonizó una divertida anécdota que nos informa de las respectivas personalidades de los dos colegas. Von Büllow había firmado un manifiesto escribiendo antes de su nombre: "Bach, Beethoven, Brahms! Tous les autres sont des crétins" [¡B., B., B.! Todos los demás son unos cretinos]; un poco más abajo Moszkowski escribió: "Mendelssohn, Meyerbeer, et son humile servant: Moritz Moszkowski.  Tous les autres ont des chrétiens."  [M., M. y su humilde siervo M.M. Todos los demás son unos cristianos.]
Sus obras pertenecieron al repertorio de los grandes pianistas de la época (Bauer, Gabrilowitsch, Godowsky, Grainger, Hoffman, ...) y son un interesante aspecto de la historia del piano en la era preeléctrica del fonógrafo.
Como señala Leonard Seeber, la apreciación crítica de la música de Moszkowski se ha visto afectada por la canonización del discurso teleológico sobre la historia de la música y una de sus más nefastas consecuencias, la limitación del repertorio de los intérpretes a las obras que, previamente, han sido etiquetadas de "obra maestra" (Las tres grandes "B", los grandes "Ricardos", etc.), "Moszkowski, que nunca pretendió competir con Brahms o igualarse con César Frank, compuso con el objetivo de ofrecer al público una música agradable dotada de líneas melódicas fluídas y ritmos estimulantes, y proveyó al pianista de unas composiciones tan perfectamente ajustadas a la técnica pianística como si de un guante se trataran, que cuando son tocadas correctamente producen un brillante efecto. Nunca pretendió otra cosas."
Tal sucede con su exquisito Concierto de piano en mi mayor, Op. 59 cuando es tocado por pianistas conocedores del correcto estilo y poseedores de técnica suficiente, como es el caso de la grabación de Michael Ponti con la Philharmonia Hungarica con Hans Richard Stracke en 1969 para el sello Vox Box.
España, como lugar exótico o como argumento literario, está presente en dos de sus tres obras escénicas: la música incidental para Don Juan und Faust de Grabbe y Boabdil, der letzle Maurenkönig (Berlín, 21-IV-1892), ópera en tres actos sobre libreto de C. Wottkowsky. El Caprice Espagnole Op. 37 para piano es un espléndido estudio para trabajar la velocidad en las notas repetidas y una brillante pieza de concierto. Guitarre Op. 45,2 es una joyita de delicadeza musical que requiere una perfecta precisión de ataque; posiblemente fue conocida por Albéniz a quien tuvo que atraer la elegancia de algunas ideas, singularmente los compases 85-88 (un delicado arpegiado ascendente-descendente de la mano derecha impulsado por un rasgueado de la izquierda que no es igual en las dos ocasiones).
Sus dos series de Danzas españolas para piano son dos composiciones que permanecen en el repertorio didáctico y concertístico. Escritas originalmente como piezas de para cuatro manos conocieron una enorme popularidad que ha garantizado su supervivencia y están sirviendo de referencia en la actual recuperación de la música instrumental de Moszkovski. La encantadora superficialidad de su exotismo encubre el perfecto idiomatismo de la escritura a cuatro manos. La primera serie se cierra con un bolero y la segunda con una habanera, que ejercen el papel tradicional del minuetto antes del finale rápido. La elección de estas dos danzas lentas testimonia los años transcurridos entre ambas series.
Un marinero en tierra
Entre el 2 de noviembre de 1862 y mayo de 1865, Rimsky-Korsakov, en su condición de guardadiamarina, hizo un largo crucero en el Almaz, un clipper de la Armada Imperial Rusa, que viajó desde el Báltico a Nueva York, Río de Janeiro y el Mediterráneo. Hasta ahora ha sido su diario la única fuente utilizada para conocer los datos de su estancia en España, otorgando un valor absoluto a algo que es, evidentemente, subjetivo. Mientras no dispongamos del estudio de los cuadernos de bitácora y de los resultados de la consulta en los libros de registro de los puertos españoles, poco podremos avanzar en este confuso episodio de la biografía del compositor y sus presuntas relaciones con el Capricho español, escrito veintidos años más tarde con la intención manifiesta de convertir la brillante instrumentación "en la auténtica esencia de la composición, no en un mero vestuario de escena".
Esta manifestación del compositor debiera bastar para relativizar la relevancia de lo "español" en la obra, así como su estrecha vinculación con la Fantasía sobre dos temas rusos para violín y orquesta, terminada poco antes del Capricho, proyectado como una fantasía sobre temas españoles para violín y orquesta. El arreglo para dúo de pianos sacrifica el carácter original de estudio de instrumentación en beneficio del dato etnográfico de la utilización de temas españoles extraídos de la primera colección de los Cantos y bailes de España (1874) de Inzenga y no de presuntas anotaciones en alguna ciudad costera española.
El paisano en el barco
La Rapsodie espagnole de Ravel es, asímismo, un estudio de orquesta cuyo proceso productivo tiene resonancias marineras. En esta ocasión porque Ravel escribió la versión definitiva a bordo del yate L'Aimée, aprovechando su Habanera (1895) como cuarto número de su nueva composición, destinada a los populares Concerts Colonne. Estrenada en el T. Chatelet el 28 de marzo de 1908, la anécdota provino de Florent Scmitt quien tras el bis de la "Malagueña" dejó oir su voz desde el gallinero: "¡Mr. Colonne, tóquela una vez más para que los de abajo la puedan comprender!"
No me resisto a reproducir un delicioso comentario de Roland-Manuel en 1914: "Es en la Rapsodia donde resuena por vez primera esa orquesta nerviosa, felina, cuya transparencia, nitidez y vigor son ejemplares, cuya sonoridad, sedosa y seca a la vez, es como la marca de Ravel. Ninguna otra instrumentación había obtenido hasta entonces tutti tan aplastantes ni piani tan leves. Geómetra del misterio, Ravel sabe dosificar ahora los imponderables de la substancia sonora en las balanzas más sensibles y exactas del mundo."

      1. Moritz Moszkowsky (1854-1925)
      1. Danzas españolas Op. 12
      2. Nuevas danzas españolas Op. 65
      1. Nikolái Rimski-Kórsakov (1844-1908)
      1. Capricho español Op. 34, arreglo del compositor para piano a cuatro manos
      1. Maurice Ravel (1875-1937)
      1. Rapsodia española