(II) Ciclos de Miércoles Felipe II y las artes

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
María Villa, soprano. Oliver Heath, vihuela

SEGUNDO CONCIERTO_________________________________________________

La edad de oro de la vihuela

En 1535, a punto de cumplir ocho años Felipe, se instaura en la corte española la Casa del Príncipe. El Emperador debe partir al día siguiente para guerrear en Túnez y quiere rodear a su hijo de las atenciones que requiere su educación. El modelo que se busca para la formación del niño es el que recibió el príncipe don Juan, hijo primogénito de los Reyes Católicos. Para seguirlo al dedillo, se encarga a Gonzalo Fernández de Oviedo -un cronista que había vivido intensamente aquella época como paje- que escriba el Libro de la cámara del príncipe don Juan, en el que entre otras noticias encontramos la siguiente: En su cámara había un claviórgano e órganos e clavecímbanos e clavicordio e vihuelas de mano e vihuelas de arco e flautas e en todos esos instrumentos sabía poner las manos. La cita es importante porque describe hechos ocurridos antes del 4 de octubre de 1497, fecha de la muerte de don Juan en Salamanca. Resulta ser así la primera mención documental segura a la vihuela de mano, que, además, parece ya por entonces ser un instrumento habitual y digno de figurar en los medios más refinados.
Ya quedó dicho más arriba que hay sólo indicios de que el príncipe Felipe aprendiera a tañer un poco la vihuela, pero lo que sí puede afirmarse es que todos los vasallos de los reinos peninsulares se dispusieron a ello con pasión. Sólo así se explica que en el plazo de cuarenta años (1536-1576) la imprenta española, tan cicatera en publicaciones musicales, diera a la luz nada menos que siete volúmenes dedicados a la vihuela, a los que hay que añadir otros tres para tecla, harpa o vihuela. Es significativo que éstos últimos estén destinados en realidad a los instrumentos de tecla y su sistema de cifra resulte adecuado a la tecla o el arpa, pero incómodo para la vihuela. La añadidura de la vihuela en el título de los impresos de Cabezón, Venegas y Santa María se justifica sobre todo por intenciones comerciales: atraer a un público comprador más numeroso que el de la tecla o el arpa.

La vihuela de mano de uso más normalizado en la época, para la que se imprimieron los siete libros conocidos, contaba con seis órdenes (= pares afinados al unísono) de cuerdas. Justo al año de nacer nuestro príncipe moría en una batalla junto a Nápoles entre la armada castellana y la veneciana Luis de Guzmán que fue el mayor músico de vihuela que hubo en su tiempo, según comentario del cronista fray Prudencio de Sandoval. Otro fraile, Juan Bermudo, elogia las virtudes del preclaro Guzmán y describe la vihuela que utilizaba, que constaba de siete órdenes, porque añadía otra cuerda más aguda que la prima, pero desgraciadamente no conocemos ninguna obra de Guzmán. En Europa -salvo en Italia, donde hay referencias a la viola overo lauto- se utilizaba el laúd, que tenía exactamente el mismo número de cuerdas y la misma afinación, aunque, evidentemente, distinta caja. En España el laúd no era desconocido, ni mucho menos, y de hecho hay más representaciones pictóricas y más menciones literarias de éste que de aquélla. En la propia casa real no escaseaban los laúdes según consta en los inventarios. Hasta ahora no se ha encontrado una razón convincente para explicar tal falta de sintonía de los documentos musicales con el resto de los datos.

El mismo año en que nos hemos situado para el comienzo de esta historia, 1535 -según la portada o al año siguiente, según el colofón- aparece en Valencia El Maestro, del caballero don Luis Milán, que se autoproclama segundo Orfeo. El autor no era músico profesional, sino un cortesano que ejercía de algo así como organizador de festejos en la bulliciosa corte del Duque de Calabria, Virrey de Valencia a la sazón junto a su mujer, la reina doña Germana de Foix, viuda del Rey Católico. La mejor descripción del ambiente en que sonaban estas músicas galanas se halla en otro libro del mismo autor, El Cortesano (Valencia, 1561) escrito a petición de las damas valencianas e imitando en parte al famoso Cortiggiano de Baldasare Castiglione, que había sido traducido al castellano por Juan Boscán. En él aparece el propio Luis Milán luciendo sus galas vihuelísticas ante las damas y los caballeros de la corte valenciana. El Maestro, no obstante, está dedicado al rey don Juan III de Portugal. El título demuestra la intención didáctica del autor, pero el contenido trasciende con mucho los límites de una simple colección de ejercicios. Lo sorprendente de este primer impreso es que no muestra balbuceos técnicos de ningún tipo, de donde deducimos que la tradición tañedora era ya larga. Es más, la dificultad técnica de algunas fantasías es notable, incluso, para tañedores actuales. Sin embargo, El Maestro comienza con las obras más sencillas, por el mesmo estilo y orden que un maestro traería con un discípulo principiante, mostrándole ordenadamente desde los principios toda cosa que podría ignorar para entender la presente obra. Se recogen en el volumen obras para vihuela sola (40 fantasías, 6 pavanas, 4 tientos) y en compañía de la voz (12 villancicos, 6 sonetos y 5 romances).

Dos años más tarde se imprimen en Valladolid Los seis Libros del Delphín, del granadino Luis de Narváez, músico profesional al servicio entonces del Comendador de León don Fernando de los Cobos, miembro del Consejo de Estado del Emperador. En 1548 Narváez entró a formar parte de la capilla del Príncipe como maestro de los mochachos cantorcicos. En calidad de tal acompañó a Felipe II en sus viajes por Europa. Para entonces Narváez ya había visto impresos en Francia algunos motetes de su invención. Su técnica instrumental no está ni un ápice por debajo de la de Milán, aunque los estilos son claramente distintos. Narváez ha pasado a la historia como el primero en publicar series de diferencias o variaciones, aunque quizá no sea del todo cierto, porque hay algún ejemplo anterior en libros para láud publicados en Italia. Otro estilo que se inaugura con el Delphín es el de la glosa o versión instrumental adornada de una canción, género en el cual fue un maestro excepcional según testimonia Luis Zapata en su Miscelánea (1593): Fue en Valladolid en mi mocedad un músico de vihuela llamado Narváez, de tan extraña habilidad en la música, que sobre cuatro voces de canto de órgano de un libro echaba en la vihuela de repente otras cuatro, cosa, a los que no entendían la música, milagrosa, y a los que la entendían, milagrosísima.
En Sevilla (1546) se publicaron los Tres libros de música en cifra para vihuela, de Alonso Mudarra, a la sazón canónigo de la catedral hispalense, aunque anteriormente había servido al Duque del Infantado en su palacio de Guadalajara. La obra rezuma aquel humanismo renacentista que imperaba en los círculos cultivados sevillanos, con versiones musicales de poemas de Virgilio, Ovidio, Petrarca (La vita fugge) , Garcilaso o Boscán (Claros y frescos ríos). No faltan, sin embargo, ejemplos de los romances y villancicos tradicionales. Tampoco las esperables fantasías y diferencias, algunas de las cuales no están escritas para la vihuela, sino para la guitarra de cuatro órdenes y son las primeras obras para un instrumento de este nombre. A la muerte de la primera mujer de Felipe II, María Manuela de Portugal, ocurrida tras dar a luz al príncipe Carlos, le dedica Mudarra un soneto en castellano, que escucharemos hoy, y unos hexámetros latinos, que sonarán en el próximo concierto.

Al año siguiente, 1547, imprime Enríquez de Valderrábano en Valladolid, donde residía la corte, un Libro de música de vihuela intitulado Silva de Sirenas, a cuya elaboración el autor confiesa haber dedicado doce años. Dividido en siete libros, hay en él abundantes fantasías, diferencias, danzas, canciones, romances, villancicos y adaptaciones de música vocal religiosa.
Diego Pisador editó en Salamanca (1552) su Libro de música de vihuela, dedicado, como ya se dijo más arriba, al rey Felipe II, de quien el autor se confiesa criado y vasallo, lo que ha dado pie para suponer sin más fundamento documental que Pisador estuvo al servicio real o, incluso, que fue su preceptor en la vihuela. Su nombre no aparece, sin embargo, por ningún lado en las nóminas de la casa real. Pisador pertenecía a una familia noble venida a menos y estuvo mucho tiempo empeñado en pleitos de herencias. Su obra está dividida en siete libros, algunos de los cuales se dedican por completo a transcribir ocho misas de Josquin Desprez. En el primero y el séptimo se guardan las obras menos ambiciosas y dificultosas pero dotadas de más gracia, como el villancico Dezilde al caballero. Las endechas de Canaria son un curioso género tradicional en tercetos de versos decasílabos, cuya música contiene una particular melancolía que en la época se atribuía a los habitantes de la isla del Hierro.
El 11 de agosto de 1553 Felipe II firma en Valladolid la licencia a Miguel de Fuenllana para publicar su Libro de música para vihuela intitulado Orphénica Lyra, que sería impreso en Sevilla y vería la luz al año siguiente. En la cédula de impresión y la dedicatoria que Fuenllana hace a Felipe II se especifica el continuo estudio de la música en el que el autor había consumido la mayor parte de su vida, las penosas fatigas para escribir y publicar su libro velando las noches y no descansando los días y la utilidad y provecho que de todo ello se seguirá. Fuenllana era ciego, por lo que tales fatigas no parecen mera retórica. La colección es, seguramente, la más completa de todas por la variedad de los géneros y la calidad general de las músicas recogidas: tientos, fabordones, sonetos, madrigales, villancicos, romances, glosas, etc., creaciones del propio vihuelista o adaptaciones de obras de músicos españoles -Cristóbal de Morales, Juan Vázquez o los hermanos Guerrero, entre otros- italianos o flamencos, algunos de ellos activos en el entorno real, como Mateo Flecha o Nicolás Gombert. Destaquemos una consideración de Fuenllana acerca de la bondad de la combinación del canto con la vihuela: Me parece que la letra es el ánima de cualquier compostura [= composición], pues aunque cualquier obra compuesta de música sea muy buena, faltándole la letra parece que carece de verdadero espíritu. Se diría que Cervantes había leído esto cuando en El celoso extremeño expresó la misma idea pero invirtiendo los términos: La mejor voz del mundo pierde de sus quilates cuando no se acompaña con el instrumento, ora sea de guitarra o de clavecímbano, de órgano o de arpa, pero el que más a vuestra voz le conviene es el instrumento de la guitarra. Para los años en que Cervantes escribe esto la guitarra había suplantado a todos los efectos a la vihuela, no sin notable rebaja en la calidad, según parecer de entendidos, como después se dirá.
El último impreso vihuelístico que vio la luz en aquellas décadas doradas se tituló El Parnaso y su autor, Esteban Daza, era vecino de Valladolid, según se afirma en la licencia firmada por Felipe II en San Lorenzo de El Escorial el 29 de junio de 1575. Consta de tres libros con un total de poco más de sesenta obras, lo que le convierte en la colección más pequeña de las siete. Entre los varios autores nacionales y extranjeros cuyas obras se cifran para vihuela señalemos a Thomas Crequillon, músico que había sido de la capilla del Emperador, y a Francisco Guerrero.
Seguramente por los años en que Daza publica su colección los ímpetus vihuelísticos habían cedido un tanto frente al impulso de la guitarra con su característico rasgado o música golpeada, como la calificó Juan Bermudo. Por eso es tanto más de agradecer que en 1593 una mano anónima recopilase entre poemas diversos una colección de diez piezas para vihuela a la que puso por título Ramillete de flores y que se conserva manuscrita en la Biblioteca Nacional de Madrid. Aparecen allí las Diferencias sobre Guárdame las vacas, publicadas medio siglo antes por Luis de Narváez, cuya fama y popularidad perduran en nuestros días, junto a obras de López, Páez, Mendoza y Fabricio. De López, cuya breve pero redonda Fantasía sonará en este concierto, desconocemos el nombre pero sabemos por Bermudo que trabajó al servicio del Duque de Arcos.
Después, efectivamente, llegará la guitarra, cuyo son ruidoso y bullanguero hará lamentarse a los que habían conocido los tiempos gloriosos de la vihuela. Sebastián de Covarubias, que vivió en ambas épocas, definió así al instrumento de moda en 1611: Guitarra. Instrumento bien conocido y ejercitado muy en perjuicio de la música que antes se tañía en la vihuela.Y al hablar de la vihuela remachará: Este instrumento ha sido hasta nuestros tiempos muy estimado y ha habido excelentísimos músicos; pero después que se inventaron las guitarras son muy pocos los que se dan al estudio de la vihuela. Ha sido una gran pérdida, porque en ella se ponía todo género de música puntada y ahora la guitarra no es más que un cencerro, tan fácil de tañer, especialmente en lo rasgado, que no hay mozo de caballos que no sea músico de guitarra. Habría que haber oído a don Sebastián, caso de haber llegado a escuchar algunas guitarras de nuestros días.

      1. Luis de Milán (1500-1561)
      1. El Maestro (Valencia 1535): Quien amores ten
      2. El Maestro (Valencia 1535): Fantasía XII
      3. El Maestro (Valencia 1535): Sospirastes, Baldovinos
      4. El Maestro (Valencia 1535): Fantasía I
      5. El Maestro (Valencia 1535): Al amor quiero vencer
      1. Luis de Narváez (1500-1555)
      1. Los seis libros del Delphín (Valladolid 1538): Arded, corazón, arded
      2. Los seis libros del Delphín (Valladolid 1538): Diferencias sobre "Guárdame las vacas"
      3. Los seis libros del Delphín (Valladolid 1538): Paseábase el rey moro
      1. Alonso Mudarra (1510-1580)
      1. Tres libros de música en cifra para vihuela (Sevilla 1546): ¿Qué llantos son aquestos?
      2. Tres libros de música en cifra para vihuela: Diferencias sobre "Conde Claros"
      3. Tres libros de música en cifra para vihuela (Sevilla 1546): La vita fugge
      4. Tres libros de música en cifra para vihuela (Sevilla 1546): Claros y frescos ríos
      1. Enríquez de Valderrábano (1500-1557)
      1. Libro de música de vihuela intitulado Silva de Sirenas (Valladolid 1547): Jamás cosa que quisiesse
      2. Libro de música de vihuela intitulado Silva de Sirenas (Valladolid 1547): Agnus Dei a tres, de Morales
      3. Libro de música de vihuela intitulado Silva de Sirenas (Valladolid 1547): Señora, si te olvidare
      1. López (c. XVI)
      1. Ramillete de flores, colección inédita de piezas para vihuela: Fantasía
      1. Diego Pisador (1509-1557)
      1. Libro de música de vihuela (Salamanca 1552): ¿Para qué es dama tanto quereros? (arreglo de Graciano Tarragó) (arreglo de Graciano Tarragó)
      2. Libro de música de vihuela (Salamanca 1552): Decidle al caballero
      3. Libro de música de vihuela (Salamanca 1552): La mañana de San Juan
      1. Miguel de Fuenllana (c. XVI-1579)
      1. Libro de música para vihuela intitulado Orphénica lyra (Sevilla 1554): ¿Con qué la lavaré? (Juan Vázquez)
      2. Libro de música para vihuela intitulado Orphénica lyra (Sevilla 1554): Tant que vivray
      3. Libro de música para vihuela intitulado Orphénica lyra (Sevilla 1554): Morenica, dame un beso
      1. Esteban Daza (1537-1591)
      1. El Parnaso (Valladolid 1576): Ay, mudo soy, hablar no puedo
      2. El Parnaso (Valladolid 1576): Dame acogida en tu hato
      3. El Parnaso (Valladolid 1576): A tierras ajenas
      4. El Parnaso (Valladolid 1576): Nunca más verán mis ojos