(II) Ciclos de Miércoles Cuartetos españoles del siglo XX

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Cassadó . Víctor Martín y Domingo Tomás Bayona, violín. Emilio Mateu, viola. Pedro Corostola, violonchelo

NOTAS AL PROGRAMA
SEGUNDO CONCIERTO
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HALFFTER, E.: Cuarteto de cuerda

    El único cuarteto de cuerda a la manera de la tradición clásico romántica que escribió Ernesto Halffter, terminado en marzo de 1923, fue estrenado en la Sala Aeolian de Madrid, el 23 de mayo del mismo año, por miembros del Quinteto Hispania. Hacía apenas medio año que Adolfo Salazar había dado a Falla, por carta, las primeras noticias acerca del talento fuera de serie de aquel "chico madrileño, hijo de alemán y española, que es una cosa extraordinaria como facultad de creación y asimilación, casi todo instintivamente"... No hace falta insistir en que aquel chico madrileño "conquistó" a don Manuel -nada proclive a establecer relaciones maestro/discípulo- y que, poco después, en 1924-25, a los veinte años, Ernesto escribió la magistral Sinfonietta con la que asombró a todos... excepto a Salazar y a Falla quienes, simplemente, se admiraron.
    El Cuarteto fue dedicado a su madre y revisado por el autor en 1935, momento en el que recolocó el Menuetto (nótese que es Menuetto, y no Scherzo) como tercer movimiento, después de haber sido situado originalmente como segundo; y momento en el que el inicial Lento sentimentale pasó a ser el Andante nobilmente espressivo. Pero la obra entró en el limbo del olvido hasta su reciente recuperación en concierto del Cuarteto Cassadó organizado por la Residencia de Estudiantes (1993). En enero de 1995 la obra se daba en el Auditorio Nacional, ocasión en la que Enrique Franco proyectaba el comentario que Ramón Barce hiciera en aquella otra, considerando la estética del Cuarteto de Halffter como "cruce de neoclasicismo, impresionismo y un popularismo que en el Cuarteto no pasa de ser airecillo intermitente".

MARTINEZ ARÉVALO: Mosaico para castillo: Homenaje al maestro

    Manuel Ignacio Martínez Arévalo (Sevilla, 1960) estudió muy diversas disciplinas en el Conservatorio Superior de Música "Manuel Castillo" de su ciudad natal, destacando las de percusión, piano, guitarra, dirección coral y composición.     Su actividad en el Conservatorio sevillano no se limitó a seguir las clases, sino que se proyectó "haciendo música" en conjuntos como el Coro "Manuel de Falla" o el Grupo de Percusión. Su interés por cualquier manifestación musical le ha llevado a trabajar desde aspectos de la música medieval y renacentista, hasta la Informática aplicada a la música o los secuenciadores MIDI. Su inquietud artística le ha llevado tanto a interpretar piezas clásicas del repertorio como a colaborar con la coreógrafa Fabianne Larroque o en alguno de los montajes urbanos del compositor Llorenç Barber. Martínez Arévalo fue Premio Ateneo de Sevilla en 1994.
    A la petición -convencional y escueta- de un breve comentario sobre su obra, el compositor hispalense me contestó con una anticonvencional, larguísima y divertida carta que mucho le agradezco y de la que extraigo los párrafos que creo responden mejor a la información que el posible lector puede buscar aquí:
   "Hacía tiempo que (...) las obras más recientes venían produciéndome ciertos desórdenes gástricos y un sopor indescriptible.  Esto me llevó a la siguiente reflexión: a la música contemporánea le hacía falta acción y sentido del humor, y le sobraba trascendencia, dogmatismo estético y obligada intención innovadora"(...)"El Cuarteto tiene en determinados momentos ciertos tics, fácilmente reconocibles por un público con medianas referencias musicales: un travieso pajarillo, el Dies irae con ambiente circense, un desesperado S.O.S. y otro tipo de parabienes de esta naturaleza que sin duda procurarán momentos de distensión en una obra, por lo demás, con gran densidad de información -acción- que, aunque no adquiere el vértigo de un thriller, se desenvuelve en una estructura en constante evolución, sin solución de continuidad o, como yo prefiero precisar: con disolución continua"(...) "Morfológicamente, la obra habría que enfocarla desde un prisma cubista -no estética sino conceptualmente- que adquiriría su significado al ser observada simultáneamente desde distintas perspectivas, utilizando para ello cualquier procedimiento tradicional (...), desprovista de prejuicios y ajena a cualquier forma de afiliación doctrinal"(...)"La forma que el Cuarteto fue adquiriendo en la pantalla del ordenador (...) me reafirmó en la idea de titularla Mosaico, título que más tarde se vería completado con el añadido para castillo que, al mismo tiempo que servía para rendir un homenaje al maestro al que tanto debo, me procuraba un interesante grado de ambigüedad (...) Aunque el título final Mosaico para castillo -adviértase castillo en minúsculas, para mayor ambigüedad- pudiera sugerir un característico tipo de anuncios por palabras (Se vende mosaico para castillo en perfectas condiciones. Facilidades. Todas las tarjetas), me decidí a utilizarlo como título definitivo de la obra"(...)"Las expresiones de carácter -en trasnochado italiano, para mayor desconcierto- evolucionan rapidísimamente, tan dispares y fugaces que a veces ni siquiera tienen tiempo de establecerse. Además, algunos pasajes o temas idénticos aparecen con indicaciones diferentes en partes consecutivas, con pocas posibilidades reales de cambio, como aparentes contradicciones. Otras veces se utilizan referencias infrecuentes de difícil aplicación musical: Celeste, Ondulante, Bisbigliando (=cuchicheando), etc. Todo esto obliga al intérprete a liberarse progresivamente de sus esquemas preconcebidos y entregarse a la interpretación de la obra positivamente desarmado"(...)"Desde el punto de vista temático he de citar la utilización de algunos materiales prestados, entre los que cabe destacar: el tema Bach, el tema Shostakovich, el tema inicial de la Rapsodia española de Ravel, el inicia del Kyrie de la misa gregoriana IX Cum jubilo(...), el segundo modo sintético de Messiaen (escala tono-semitono), aparte de temas de elaboración propia que se comprimen o expanden cíclicamente y de un cierto sabor español (...) El final -una extraña doble fuga interrupta precedida de un preludio- adquiere aparentemente otro matiz, como si la razón al fin hubiera conseguido organizar y domar la anarquía caótica precedente. Idea que rápidamente se verá desvanecida, con las primeras interrupciones impertinentes que preceden a cada nueva presentación de la fuga"(...)"Resumiendo, podríamos decir que Mosaico para castillo es una obra sincera y directa, sin artilugios artificiales, de ambiente veraniego y grandes contrastes: voluptuosa y calma, como el día y la noche en el estío sevillano. Obra escrita, en definitiva, por un músico al que todavía sigue interesándole la música y en la que emplea elementos paralitúrgicos post-contemporáneos, una vez asumida la muerte de las vanguardias, desde una perspectiva desmitificadora".

TOLDRÁ: Vistas al mar
  

    Extraordinario violinista en sus años mozos, siendo todavía casi un adolescente (1911), Eduardo Toldrá formó -con Recasens, Sánchez y Planàs- el Quartet Renaixement que estaba llamado a cumplir un papel extraordinariamente importante en el ambiente concertístico barcelonés y catalán. Con una ayuda oficial, el Quartet de Toldrá realizó una gira europea entre 1913 y 1914, fecha ésta de su primer cuarteto de cuerda, el Cuarteto en Do menor que sólo recientemente hemos recuperado para los conciertos. Toldrá, muy autocrítico, después de haber ganado un concurso con aquel primer ensayo cuartetístico y de haberlo estrenado en Olot, lo retiró de la circulación. Hasta hace muy poco tiempo, por lo tanto, la producción cuartetística de Toldrá se limitaba a Vistas al mar.
    Vistes al mar, para cuarteto de cuerda, se estrenó en el Palau de la Música de Barcelona el 31 de mayo de 1921, en un concierto promovido por la Associació d'Amics de la Música, naturalmente con protagonismo del Quartet Renaixement que estaba próximo a disolverse. La obra está inspirada en tres poemas de Joan Maragall que llevan por título La ginesta altra vegada, Allà en les llunyanies y La mar estava alegre.
    Los respectivos tres movimientos de la composición de Toldrá llevan estos mismos títulos, así como las indicaciones de Allegro con brio, Lento y Molto vivace. Por si fuera poco, se les ha denominado también como Costa brava, Nocturno y Velas y reflejos, lo cual añade una sobrecarga descriptivista que en nada beneficia a la música: salvemos el caso del segundo movimiento, cuyo poético tema -la luna besa el mar- y cuya expresión musical -que busca la creación de un ambiente ensoñado, con tintes de nostalgia- casan muy bien con el concepto romántico de Nocturno. La expresividad del primer tiempo es de exaltación: el amor en relación con la naturaleza, siempre con el mar al fondo. Formalmente se estructura sobre dos temas bellísimos: de gran vigor ritmo el primero, más sereno y cantable el segundo. En cuanto al tercer movimiento, su expresión trata de mostrar el esplendor de la luz del mediodía, motivo de alegría para el mar... Se basa, muy libremente, en la forma rondó.
    La obra, en su conjunto, posee el sólido oficio, la sinceridad expresiva y el atractivo lírico que caracterizó a todo el vario y admirable quehacer musical de Eduardo Toldrá.

      1. Ernesto Halffter (1905-1989)
      1. Cuarteto de cuerda (1922-23)
      1. Manuel Ignacio Martínez Arévalo (1960)
      1. Mosaico para castillo: Homenaje al maestro
      1. Eduard Toldrà (1895-1962)
      1. Vistas al mar