(y IV) Ciclos de Miércoles Integral de canciones de Joaquín Rodrigo

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Atsuko Kudo, soprano. Alejandro Zabala, piano

NOTAS AL PROGRAMA
CUARTO CONCIERTO
_______________________________________________________________


Finaliza este interesantísimo ciclo dedicado a las canciones de concierto de Joaquín Rodrigo con un programa iniciado por su colección Con Antonio Machado, acaso la más ambiciosa y lograda de cuantas el maestro saguntino ha llevado a término a lo largo de su vida. Por lo que se refiere al número -diez- solo ha sido superada por las "Doce canciones populares españolas" del año 1950, pero la impronta creativa del autor es aquí absoluta, pues todas ellas, aun las de mayor aire popular, ("Fiesta en el prado", por ejemplo), son creación "ex novo", si es que esta expresión puede utilizarse en lo realizado por un ser humano.
La importancia y la belleza de la poesía de Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 - Cotlliure, 1939) ha sido reconocida desde el mismo momento en que fue publicada. y por voces tan autorizadas como las de Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Ortega y Gasset, Federico de Onís, Enrique Díez Canedo, Rafael Cansinos Assens, etc.
Rodrigo se acerca por vez primera -musicalmente, se entiende- a la poesía de A. Machado en 1972, es decir, en plena madurez, cuando la mayor parte de su obra está concluida. Lo hace al recibir un encargo de la Comisaría General de la Música del Ministerio de Educación y Ciencia en homenaje a Joaquín Turina. El propio compositor, a propósito de su trabajo. dice lo siguiente: "Solamente tres títulos, de los diez de esta colección, son del propio Machado: "Preludio", "Los sueños" y "Canción del Duero", ya que Machado, en general, se limita a numerar sus poemas. Por lo tanto, para titular las otras siete he recurrido al uso habitual de tomar las primeras palabras del poema o entresacar alguna que fuera significativa al sentido o concepto del verso. No forman un ciclo, como ocurre con "La bella molinera" de Schubert o "El amor del poeta" de Schumann, porque no he encontrado en las "Poesías Completas" de este autor un grupo de poesías que aludiera a una persona o a un continuado sentimiento".
Al margen de que estemos o no de acuerdo con esta última afirmación de Rodrigo, la elección de los poemas es realmente acertada si bien el maestro, o su esposa Victoria a quien está dedicada la colección, han espigado en diversos libros y épocas de la obra poética del gran escritor sevillano.
Rodrigo acierta, en cambio, al resumir los atractivos de la poesía del autor de "Soledades", así como sus virtudes para ser musicados: "Antonio Machado fue el cantor de Castilla o de su propio corazón. Cantó con predilección las sierras azul y nieve de Soria, los verdes pinos, las pardas encinas y el alto Duero. Cantó con reiteración las rosas y las dulces tardes de abril y la amada con voz de niña que le arrebató la muerte tan pronto y tan quedo. Los poemas de Antonio Machado son cortos y concentrados y porque dejan en la penumbra de sus sentimientos muchas cosas, convienen a la música. Sigo creyendo en la melodía, en la frase completa y medida cuando de canción se trata, y por ello esta colección responde a esta manera de hacer, de la que jamás me he apartado".
Suponemos que Rodrigo manejó el libro "Poesías completas" (Espasa-Calpe, Colección Austral), del que se hicieron repetidas ediciones, autorizadas por los herederos del autor, en 1940 (2), 42, 46, 49, 52, 56, etc.
La colección Con Antonio Machado se inicia con "Preludio" poema inaugural de la sección "Del camino", dentro del primer libro de Antonio Machado, "Soledades" (1903), comenzado en 1899 por su autor. En 1907 Machado publica un segundo libro de poesía, el cual es, a su vez, una ampliación (más del doble de poemas) de "Soledades" y lo titula "Soledades. Galerías. Otros poemas". Consta de seis secciones, una de las cuales. "Galerías" es completamente nueva. La canción va encadenando las tres estrofas de cuatro versos de arte mayor, apoyada por 105 acordes de un piano que solo muy levemente separa las estrofas, refuerza la tensión en el verso décimo yla relaja al fin de la palabra "paloma".
corazón te aguarda" está dentro de "Soledades" y es el poema XII en las citadas "Obras completas", aquel que comienza "Amada, el aura dice", de becquerianasresonancias. Es una cantinela sostenida por acordes que va ensombreciéndose al recuerdo de la amada muerta, para Machado su joven esposa Leonor Izquierdo Cuevas, fallecida el 1 de agosto de 1912 a los 18 años de edad.
voz ytu mano" es el poema "Soñé que tú me llevabas" incluido en "Campos de Castilla" (1912), dedicado también a Leonor, a un bello recuerdo que en el sueño parecía realidad. La música, alegre y apoética, refleja bien la esperanza del poeta en que no todo se acabe con la muerte.
ñana de abril" figura en la sección "Canciones" del libro "Soledades. Galerías. Otros poemas". La música, alegre ynostálgica al tiempo, refleja con maestría la estructura del poema, que empieza "Era una mañana y abril sonreía...."
sueños" se incluye en la sección "Galerías" del citado libro, la parte nueva que Machado añadió a la edición de 1907 de sus "Soledades". Poema bellísimo, cuyas primeras palabras son "El hada más hermosa", es una canción cuya alegre y saltarina introducción pianística nos dice ya mucho de su carácter. Rodrigo salva, con indudable talento, el inevitable recuerdo de "Margarita en la rueca" de Schubert.
Volvemos a "Soledades" en la canción "Cantaban los niños", sobre el poema "Yo escucho los cantos /de viejas cadencias". Rodrigo traza una hermosa melodía, sencilla y con deje infantil, que va como anillo al dedo al texto de Machado. La melodía se repite, pero hay modulaciones que le dan un sentido y una ternura muy especiales.
¿Recuerdas?" pertenece a la sección "Del camino (es el poema "¿Mi amor?... ¿Recuerdas, dime...?) y se basa en un texto muy triste y lleno de símbolos de desolación y muerte. Rodrigo no se muestra dramático en el sentido tradicional, pero, poco a poco, nos va llevando hacia ese vacío desesperanzado del poema.
Los tres últimos textos de la colección "Con Antonio Machado" proceden del libro "Nuevas canciones", publicado en 1924 (Ed. Mundo Latino). Es un libro comenzado en Baeza en 1917 y terminado en Segovia en 1920. Su contenido es muy variado, pues, junto a largos poemas de corte parnasiano, encontramos magníficos sonetos, como los que integran la sección "Los sueños dialogados" y los breves cantares que evocan el paisaje de Baeza y de Ubeda.
Rodrigo parece retornar al espíritu de sus "Doce canciones populares españolas" con la canción "Fiesta en el prado", sobre el poema "Hay fiesta en el prado verde", a cuyo término el poeta suspira por el regreso de la amada.
galán" se basa en "Mientras danzáis en corro" y canta ya la alegría de la primavera desde la introducción del piano.
Del poema titulado "Canciones del alto Duero" elige Rodrigo algunas estrofas para su "Canción del Duero", brillante clausura de la colección. El paso rápido del agua queda reflejado en el piano del primer cuarteto de cada estrofa. Los tres últimos versos se convierten en un estribillo de ritmo vivaz y agitado. La canción es sobria y vivaz al tiempo.
Con Antonio Machado se estrenó en Sevilla el 4 de octubre de 1972 por la soprano canaria María Orán y el pianista cordobés Rafael Gómez Senosiain. Poco después, los mismos intérpretes grababan por vez primera la obra para el sello Hispavox.
Los "Cantos de amor y de guerra" son un encargo de Radio nacional de España. Rodrigo elige una serie de textos anónimos de los siglos XV y XVI y la obra, para soprano y orquesta, se estrena el 15 de marzo de 1968. El estreno tiene lugar dentro de un concierto extraordinario organizado por las Promociones XVI y XVII del plan 1964 de Ingenieros Aeronáuticos, en el auditorio del Ministerio de Información y Turismo de Madrid. La Orquesta Sinfónica de RTVE fue dirigida por Odón Alonso y la solista fue Ana Higueras.
Vuelve el maestro mediterráneo a los orígenes del Renacimiento español y, como Monteverdi, canta las hazañas guerreras, en este caso de la Reconquista, y los amores del Renacimiento. Es un Rodrigo despojado de toda retórica, de vuelta de todo, que dedica la obra a su hija Cecilia.
ábase el rey moro" es un romance de la conquista de Alhama, la ciudad próxima a Granada, con la que se inició, en la noche del 23 de febrero de 1482, la guerra que llevaría a conquistar la capital del último reino árabe en la Península Ibérica. El padre Mariana gustaba mucho de este romance, muy glosado durante el siglo XVI, lo que indica su popularidad. Literatos célebres de toda Europa, Southey, Lord Byron, Geibel, Merimée y otros, lo tradujeron. En el siglo XVI, los vihuelistas Luis de Narvaez, Pisador y Fuenllana lo recogen en sus respectivos libros. También Venegas de Henestrosa y Fernández Palero se hacen eco de él en sus obras musicales. Hay una versión para voz y piano del musicólogo y folklorista asturiano Eduardo Martínez Torner (1888-1955).
Sigue otro romance morisco antiguo, "A las armas moriscotes" y la canción "Ay, luna que reluces", que puso en música el aragonés Pedro Rimonte (1565-1627) en su "Parnaso español de madrigales y villancicos a cuatro, cinco y seys" (Amberes, 1614). En Rimonte se trata de un villancico a seis voces. El "parnaso" está dedicado a Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma, valido de Felipe III. Rodrigo deja que a la entonación de la soprano repita la de un instrumento.
El romance "Sobre Baza estaba el rey" se refiere al cerco que Fernando el Católico puso a la ciudad de Baza en 1489, durante la Guerra de Granada. Debió ser escrito poco antes de la toma, ocurrida en diciembre de aquel año, un mes, más o menos, después de la llegada de la reina Isabel al campamento cristiano. La última canción es amorosa "Pastorcito tu que has vuelto / de lo alto de esa montaña / dime tú, buen pastorcito / si hallaste a mi enamorada".
La reducción para voz y piano de los Cantos de amor y de guerra ha sido llevada a cabo por el compositor valenciano Vicente Asencio (1908-1979), el llorado autor de la "Elegía a Manuel de Falla".
Las Dos canciones para cantar a los niños están dedicadas por Joaquín Rodrigo y por Victoria Kamhi, autora de la adaptación de la letra, a su nieta Pati, hija de Cecilia Rodrigo y de su esposo, el excelente violinista y profesor canario Agustín León Ara. La ternura del maestro se plasma como pocas veces en la canción "Corderito blanco que durmiendo está", una de las más bellas canciones de cuna de la música española. Un pequeño "scherzo" es la segunda canción "Quedito pasito, silencio, chitón", decididamente juguetona e infantil.
Líricas castellanas es una de las últimas aportaciones de Rodrigo a la canción de concierto. El estreno tuvo lugar en el Real Coliseo Carlos III de San Lorenzo de El Escorial el 17 de julio de 1990, en presencia de Su majestad la Reina, a quien están dedicadas. Son tres canciones basadas en tres villancicos tradicionales escritos en el siglo XV, mucho antes de que este nombre se aplicase a un tipo de canción que alude a la Natividad de Cristo. Rodrigo las escribe para soprano y un pequeño conjunto de cámara, que el día del estreno tuvo como intérpretes a Alvaro Marías, flauta de pico; Francisco Rubio, corneta de madera; y Juan Carlos Rivera, vihuela. Fue solista la soprano Ana Higueras.
La reducción para voz y piano ha sido realizada por Alexander Breit y los textos, adaptados por Victoria Kamhi. Provienen del "Romancero General" (Medina del Campo, 1602), que recoge villancicos y romances cuyo origen. a veces, está en los siglos XIV y XV, y aun antes, pero cuyo desarrollo tuvo lugar a lo largo del siglo XVI. "San Juan y Pascua" es el título del villancico iniciado por "Que no cogeré yo verbena / la mañana de San Juan". Pascual Aldave le ha puesto música modernamente. "Despedida y soledad" se refiere al segundo villancico incluido bajo ese título en el "Romancero", es decir, aquel cuyas primeras palabras son "Vanse mis amores, madre". El incluido en este recital con el título "Espera del amado", es el más veces puesto en música, desde el "Cancionero de Palacio" hasta Bacarisse. Su primer verso es "Al alba venid buen amigo", al cual sigue, también con el epígrafe "Espera del amado", el titulado "No tardes, que me muero, carcelero" glosado por Juan de la Enzina. Son piezas de absoluta desnudez, de un Rodrigo que apenas nos recuerda al de los años treinta y cuarenta.
Algo parecido ocurre en las Das canciones del año 1987, sobre textos de la poetisa y compositora Josefina Attard, conocida por Fina de Calderón tras su matrimonio con el marqués de Mozabamba del Pozo. Tanto "Arbol" como "¿Por qué te llamaré yo?" son ejemplos del estilo despojado, de máxima sobriedad, al que llega Joaquín Rodrigo en sus últimos años. "Arbol" deja libre la voz después de la introducción pianística. El piano solo va subrayando las intervenciones de la voz. En "Por qué te llamaré" son las notas Sol - Mi las que irán dando la respuesta a las pequeñas estrofas cantadas. Fina de Calderón dedicó esta canción a su nieto Antonio mientras estaba gravemente enfermo.


TEXTOS DE LAS OBRAS CANTADAS
_______________________________________________________________

Con Antonio Machado

Preludio

    Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy (quiero
Poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del órgano severo
Al suspirar fragante del pífano de abril).
    Madurarán su aroma las pomas otoñales
La mirra y el incienso salmodiarán su olor;
Exhalarán su fresco perfume los rosales,
Bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.
    Al grave acorde lento de música y aroma,
La sola y vieja y noble razón de mi rezar
Levantará su vuelo suave de paloma
Y la palabra blanca se elevará al altar.


Mi corazón te aguarda

    Amada, el aura dice
tu pura veste blanca
No te verán mis ojos:
¡Mi corazón te aguarda!
    El viento me ha traido
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña
No te verán mis ojos:
¡Mi corazón te aguarda!
    En las sombrías torres
repican las campanas
No te verán mis ojos:
¡Mi corazón te aguarda!
    Los golpes del martillo
dicen la negra caja;
y el sitio de la fosa
los golpes de la azada
No te verán mis ojos:
¡Mi corazón te aguarda!


Tu voz y tu mano

    Soñé que tú me llevabas
Por una blanca vereda,
En medio del campo verde,
Hacia el azul de los cielos,
Hacia los mundos azules,
Una mañana serena.
    Sentí tu mano en la mía,
Tu mano de compañera,
Tu voz de niña en mi oído
Como una campana nueva,
Como una campana virgen,
De un alba de primavera.
   ¡Eran tu voz y tu mano,
En sueños, tan verdaderos!
Vive, esperanza. ¡Quién sabe
Lo que traga la tierra!

Mañana de Abril

    Era una mañana y abril sonreía.
Frente al horizonte dorado moría
La luna, muy blanca y opaca; tras ella
Cual tenue ligera quimera, corría
La nube que apenas enturbia la estrella.
    Como sonreía la rosa mañana
Al sol del Oriente abrí mi ventana;
Y en mi triste alcoba penetró el Oriente
En canto de alondras, en risa de fuente
Y en suave perfume de flora temprana.
    Fue una tarde clara de melancolía.
Abril sonreía. Yo abrí las ventanas
De mi casa al viento. El viento traía
Perfumes de rosas, doblar de campanas.
    Doblar de campanas lejanas, llorosas,
Suave de rosas aromado aliento.
¿Dónde están los huertos floridos de rosas?
¿Qué dicen las dulces campanas al viento?
    Pregunté a la tarde en abril que moría:
¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?
La tarde de abril sonrió: la alegría
Pasó por tu puerta; y luego sombría;
Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.


Los sueños

    El hada más hermosa ha sonreido
Al ver la lumbre de una estrella pálida
Que en hilo suave, blanco y silencioso
Se enrosa la huso de su rubia hermana.
    Y vuelve a sonreir, porque en su rueca
El hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
Está el jardín envuelto en luz dorada.
    La cuna casi en sombra. El niño duerme,
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
Hilando de los sueños sutiles
Copos en ruecas de marfil y plata.

Cantaban los niños

    Yo escucho los cantos de viejas canciones,
Que cantan los niños cuando al corro juegan
Y vierten en corro sus almas que sueñan
Cual vierten sus aguas las fuentes de piedra.
    Con monotonías de risas internas,
Que no son alegres, con lágrimas viejas,
Que no son amargas y tienen tristezas
Tristeza de amores de antiguas leyendas.
    En los labios niños las canciones llevan
Confusa la historia y clara la pena,
Como clara el agua lleva su conseja
De viejos amores que nunca se cuentan.
    Jugando a la sombra de una plaza vieja.
Los niños cantaban. La fuente de piedra
Vertía su eterno cristal de leyenda.
    Cantaban los niños canciones ingenuas.
De un algo que pasa y que nunca llega
La historia confusa y clara la pena.
Sigue su cuento la fuente serena;
Borrada la historia, contaba la pena.

¿Recuerdas?

   ¿Mi amor? ¿Recuerdas, dime,
Aquellos juncos tiernos,
Lánguidos y amarillos
Que hay en el cauce seco?
   ¿Recuerdas la amapola
Que calcinó el verano,
La amapola marchita,
Negro crespón del campo?
   ¿Te acuerdas del sol yerto
Y humilde, en la mañana,
Que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?


Fiesta en el prado

    Hay fiesta en el prado verde
-Pífano y tambor-
Con su cayado florido
Y sus abarcas de oro vino un pastor.
    Del monte bajé,
Sólo por bailar con ella;
Al monte me tornaré.
    Entre los árboles del huerto
Hay un ruiseñor;
Canta de noche y de día,
Canta a la luna y al sol.
    Ronco de cantar;
Al huerto vendrá la niña
Y una rosa cortará.
    Entre las negras encinas
Hay una fuente de piedra,
Y un cantarillo de barro
Que nunca se llena.
    Por el encinar,
Con la blanca luna,
Ella volverá.

Abril galán

    Mientras danzais en corro,
Niñas, cantad:
   "Ya están los prados verdes,
Ya vino abril galán,
A la orilla del río,
Por el negro encinar
Sus abarcas de plata
Hemos visto brillar".
    Mientras danzais en corro,
Niñas, cantad:
   "Ya están los prados verdes,
Ya vino abril galán".


(Canciones del Alto Duero I, II, IV, VI)

    Canción de mozas

    Molinero es mi amante,
Tiene un molino
Bajo los pinos verdes,
Cerca del río.
    Niñas, cantad:
"Por la orilla del Duero
Yo quisiera pasar".
    En la sierras de Soria,
Azul y nieve,
Leñador es mi amante
De pinos verdes,
¡Quién fuera el águila
Para ver a mi dueño
Cortando ramas!
   ¡Ay, garabi!
Bailad, suene la flauta
Y el tamboril.

Cantos de amor y de guerra

1. Paseábase el rey moro

    Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
cartas de guerra venidas
cómo Alhama era ganada.
¡Ay, mi Alhama!


2. A las armas, moriscotes

    A las armas, moriscotes,
si lo has de voluntad,
que si te entran los franceses,
los que en romería van.


3. ¡Ay, luna que reluces!

   ¡Ay, luna que reluces,
toda la noche me alumbres!.
¡Ay, luna tan bella,
alúmbresme a la guerra,
por do vaya y venga
toda la noche me alumbres.

4. Romance del cerco del Baza

    Sobre Baza estaba el rey,
lunes, después de yantar;
miraba las ricas tiendas
que estaban en su real,
miraba las huertas grandes,
y miraba el arrabal,
miraba el adarve fuerte
que tenía la ciudad,
miraba las torres espesas
que no las puede contar.
Un moro, tras una almena,
comenzóle de hablar:
-Vete, el rey don Fernando,
non querrás aquí envernar,
que los fríos de esta tierra
no los podrás comportar;
pan tenemos por diez años,
mil vacas para salar;
veinte mil moros hay dentro,
todos de armas tomar,
ochocientos de caballo
para el escaramuzar,
siete caudillos tenemos
tan buenos como Roldán,
y juramento tienen fecho:
¡"antes morir que se dar"!


5. Pastorcico, tú que has vuelto

    Pastorcico, tú que has vuelto
de los alto de esa montaña,
dime, buen pastorcico,
si hallaste a mi enamorada.

Dos canciones para cantar a los niños

1. Corderito blanco (Anónimo, adap. Victoria Kamhi)

    Corderito blanco
Que duermiento estás
Déjate, bien mío,
Déjate arrullar.
Si te duermes, amor mío,
Yo te quiero despertar
Pues vinieron desde Oriente
Los tres Reyes a adorar.
    No te duermas, mi vida:
No te duermas, mi cielo:
Arroró, arroró...
Que te arrullo yo.

2. Quedito (Anónimo, adap. Victoria Kamhi)

    Quedito, pasito,
Silencio chitón,
Que duerme un infante,
Que tierno y constante,
Al más tibio amante
Derpierta al calor.
    Quedito, pasito,
Silencio chitón,
No le despierten, no:
A la e, a la o.
No le despierten, no.
   ¡Duerme, mi amado,
Descansa, mi amor!
A la e, a la o.

Líricas castellanas

    San Juan y Pascua

    Que no cogeré verbena
en la mañana de San Juan
pues mis amores se van.
Que no cogeré claveles,
madreselva, ni miraveles,
sólo penas tan crueles
cual jamás se cogerán
pues mi amores se van.


    Despedida y soledad

    Vanse mis amores, madre
luengas tierras van morao
yo no los puedo olvidar.
¿Quién me los hará tornar?
Yo soñara, madre, un sueño,
que me dix nel corazón
que se iban los mis amores
a las tierras de Aragón.
Allá se van a morar,
yo no los puedo olvidar.
¿Quién me los hará tornar?

    Espera del amado

    Al alba venís, buen amigo,
al alba venís.
Amigo el que yo más quería,
venid al alba del día
Amigo el que yo más amaba
venid a la luz del alba.
Venid a la luz del día,
  non trayais compañia.
  Venid a la luz del alba,
non trayais gran compañia.

Dos canciones (Fina de Calderón)

Arbol

    Arbol, floréceme otro sueño,
la tarde es grana,
y tu serás mi tronco
y yo tu rama acoralada.
    Arbol, floréceme otro sueño,
durante el alba,
y yo seré tu abrazo,
corteza blanca durante el alba,
blanca de fruto,
roja de llama.


Por qué te llamaré

   ¿Por qué te llamaré yo
mi granito de café, café,
si tienes el pelo rubio
y tienes blanca la piel, la piel?
   ¿Por qué te llamaré yo mi pedacito de pan, de pan,
si el hambre de tu cariño
no me la puedes quitar, no me la puedes quitar.
   ¿Por qué te llamaré yo
mi lucero o mi clavel, clavel,
si cuando estás frente a ellos
ni astros ni flores se ven, se ven?

      1. Joaquín Rodrigo (1901-1999)
      1. Con Antonio Machado
      2. Cantos de amor y de guerra (anónimos)
      3. Dos canciones para cantar a los niños (anónimo. Adap. Victoria Kamhi)
      4. Líricas castellanas (anónimos)
      5. Árbol (Fina de Calderón)
      6. ¿Por qué te llamaré? (Fina de Calderón)