(I) Ciclos de Miércoles Toldrá en su centenario

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
María José Montiel, soprano. Miguel Zanetti, piano

PRIMER CONCIERTO____________________________________________________

Las canciones

    Se puede afirmar que el glorioso nombre de Eduardo Toldrá, va indefectiblemente asociado al mundo del "lied", es decir, al de la canción de concierto acompañada por el piano; muchas de ellas figuran recogidas en distintos e importantes sellos discográficos, interpretadas por nombres preclaros y, las más de las veces, en los conciertos, desde los más sencillos a los de mayor brillantez, pudiendo así disfrutar de las excelencias de pentagramas tan hermosos, con tan emotiva comunicación afectiva, directísima, sin excesivas elucubraciones. La melodía que, repitámoslo, es lo más importante para Toldrá, halla merced a su talento y talante de compositor, su justo apoyo en el piano, de tal suerte, que diríase encontrado por el autor como el de mayor propiedad posible para que el texto poético quede debidamente puesto en relieve; que este es su principal mérito, el del bellísimo ámbito melódico que se sustenta en el apropiado ropaje armónico.

    Bajo el simple título de Seis canciones, Toldrá agrupa un igual número de páginas independientes, alrededor de otros tantos textos. La primera de ella, La zagala alegre (1940), sigue unos versos de Pablo de Jérica, está estructurada en tres secciones, cada una de ellas con dos contrastados segmentos, Allegretto grazioso y Mosso, en un total festivo y sencillo. Madre, unos ojuelos vi (1941), es un auténtico modelo de canción con piano, contenida en un Allegretto doloroso, hasta dramático, dividido en tres partes, con el doliente ritornello final que es hermosa rúbrica de ellas, en el seguimiento del texto de Lope de Vega.

    Un poema anónimo inspira la tercera de estas Seis canciones, de Eduardo Toldrá, Mañanita de San Juan (1940), breve momento que gira, ingeniosa y oportunamente, alrededor del contenido de la inicial sección, en un único Allegretto mosso de logrado desenfado. Sigue la cuarta canción, Nadie puede ser dichoso (1941), subrayando las palabras originales de Garcilaso de la Vega, atenida a la sencilla forma tripartita (la consabida A-B-A), cuyas secciones se determinan por la alternancia modal: menor-mayor-menor, en un Andantino quasi allegretto, apenas alterado.

    El Cantarcillo (1941), vuelve sobre Lope de Vega, inscribiéndolo el compositor en un Andante, ma non troppo lento, profundamente sentido entre el candor y el dolor de sus cuatro veces expuesta, "¡que se duerme mi Niño, tened los ramos!", determinante también de sus correspondientes secciones formativas. La última de las Seis canciones, de Toldrá, Después que te conocí (1941), suscribe un texto de Quevedo, conteniéndolo en Un poco mosso, ambiguo y no rígido, con alternada rítmica binario-ternaria; su estructura corresponde a los propios cuatro versos iniciales y finales de la canción, con un extenso período central, el primero de ellos actuando asimismo en función de delicada "coda".

    Entre los muchos méritos que adornan la personalidad de nuestro inolvidable amigo, Antonio Fernández-Cid, hay uno que suele olvidarse demasiado: el de haber sido promotor de suscitar el interés de la mayor parte de nuestros compositores más insignes, hacia la canción gallega de concierto. En consecuencia, no escapa Toldrá a tan interesante labor del crítico orensano, dedicándole su inefable As froliñas dos toxos (1951), de acuerdo con los versos de Antón Noriega Varela, inmersos en un Allegretto tranquillo, en el que se insiste con infinita nostalgia contenida en un giro similar, "dolce" siempre, agrandado aún en su ternura en el "morendo" en "pianissimo" final, alargado en los cuatro últimos compases del piano sólo, "dolcissimo" evanescente.

    L'ombra del lledoner (1924), sobre textos catalanes de Tomás Garcés, es un ciclo de cinco canciones, tituladas como sigue: A l'ombra del lledoner, Cançó de comiat, Cançó de grumet, Cançó de bressol, y La vida de la galera, de las cuales escucharemos en esta ocasión solamente las tres primeras en su escritura original para voz y piano. El ciclo se abre con A l'ombra del lledoner, en un aire "Moderato", correspondiendo al teclado un breve pórtico y el establecimiento de una base armónica elemental, con rítmica popular, sobre la que campea la voz en un discurso candoroso, diríase que flotando sobre la imperante formulación acompañante, a lo largo de tres manifiestas secciones, actuando aquel pórtico como puente de ligazón y también como "coda" final.

    Cançó de comiat, es la segunda de las cinco canciones del ciclo L'ombra del lledoner, contrastando con la primera por su reclamado "Un poco movido" y su apertura pianística en "forte", así como por un seguimiento del texto -la palabra "adeu" es básica-, que parece forzar al compositor al empleo de una combinación ternario-binaria apenas advertida en la inicial sección que, repetida, dará paso al final en consecuencia de ella, sobre el piano arpegiado y su precioso broche ratificador del principal elemento de la página. La Cançó de l'amor que passa (1925), asimismo sobre texto de Garcés y dedicada "A Mercé Plantada", posee un carácter independiente, siendo su aire "Leggero, mosso": El piano realiza con delicadeza un rápido y leve dibujo, en tanto la voz, "semplice", dice el texto a guisa de relato sin inflexiones, con el contraste final subrayando "Amor passava de llarg...", en cinco ocasiones determinantes de otras tantas secciones formativas, la última en brillante cierre.

    Asimismo es obra independiente la Cançó de vela (1926) siguiente, escrita por Toldrá sobre una letra de J.M. de Sagarra, con una evidente ambición pianística y dentro de la oposición de un aire principal "Vivace ed agitato" y los breves "Lento" separadores de sus diferentes partes estructurales de una forma dada; la partitura omite el compás de palpitación binaria sobre el ternario de su acompañamiento, que es una de sus principales características en la lograda inquietud de su general factura, en sucesivas y simétricas alternativas de sus cinco períodos, además del sexto final, "Libero, quasi como un recitativo", cuando se aumenta su arcaísmo dramático, con el broche brillantísimo de sus cuatro compases como "coda".

    Abril, es breve y sonriente, y en un aire "Bastante animado, siempre airosamente", subraya la letra de Trinitá Catasús, con factura "a lo Fauré" bien podría imaginarse, destacándose las notas repetidas, así como una cierta exaltación de su decurso plácido en general y la gustada alternativa entre los segmentos piano y voz; "A N'Andrena Fornells", es su dedicatoria. "La más bella y evocadora canción de Toldrá" es, según juicio de Xavier Montsalvatge, la titulada Maig, breve como la anterior, de lirismo calmo y nostálgica ternura en su estructura tripartita, inmersa en la expresión romántica del "rubato", con su inefable rúbrica del piano en su "perdendosi" y "ultrapianissimo"; es también de 1920 -como Abril-, lleva la dedicatoria "A En Emili Vendrell" y su texto es de la misma Catasús; el aire se reclama como "Tranquilo", siendo asimismo página independiente de cualquier serie.

    No lo es la Cançó de grumet que, como se recordará , es la tercera del ciclo titulado L'ombra del lledoner, según poemas de Garcés, abierto ya con A l'ombra del lledoner y la Cançó de comiat; es, por lo tanto, de 1924, poseyendo una enérgica determinación y desenfado en el subrayado textual, siempre valiente y decidido, con una firme rúbrica, dentro de su evidente luminosidad mediterránea, insistiendo en la elemental forma tan gustada por el autor para sus canciones.

    Canticel (1923), es muy breve -apenas una veintena de compases-, y su aire "Molto moderato" conviene perfectamente al contenido textual de Josep Carner; fragmento o canción independiente, está dedicado "A Joan Mirambell"; es un momento muy calmo, apenas perturbado por un anhelante, que va a extinguir su dulce curso en el "pianissimo" de su limpio "l'amor doní", y poner fin a su imperante balanceo.

    Uno de los ciclos más ambiciosos de las canciones de Eduardo Toldrá, es sin duda el titulado La rosa als llavis (1935), constituído por seis números y dedicado "A Concepció Badía d'Agustí", nuestra llorada Conchita Badía, quien las estrenó en su versión original con orquesta, el 14 de noviembre de 1947, en el Palau, con la Orquesta Municipal de Barcelona; las seis canciones se suceden así: Si anessis tan llung..., Mocador d'olor, I el seu esguard..., I el vent deixava dintre la rosella..., Seré a ta cambra amiga y Visca l'amor.

    Entonces, como tercero de los números de este nuevo ciclo, nos encontramos con I el seu esguard... que, curiosamente, lo escucharemos en esta serie de conciertos, en sus transcripciones para Violín y Piano y para Cuarteto de Cuerda; de brevísima extensión, la letra de J. Salvat-Papasseit, queda contenida dentro de un aire "Tranquillo, non troppo lento", que implica un cierto sentido declamatorio y una enorme sencillez en la expresión más limpia, animada en el momento "forte" y sumamente acariciante en el evocador final en "pianissimo" de la voz. Como ya quedó anotado, la Cançó de bressol, en el cuarto número del ciclo titulado L'ombra del lledoner, y su duración tampoco excede a la de las anteriores páginas; su aire, como no podía ser de otro modo, está indicado como "Movimiento de bressolada", aire de "berceuse", suave, calmo, "sempre piano" y con los "dos pedales", apoyada su tierna melodía en la máxima delicadeza; sus dos claras secciones -abiertas por los dos primeros compases-, repitiéndose en su mecido contorno, se finalizan por el piano en un "perdendosi".

     Floreix l'atmeller (1929), es una nueva canción independiente, sobre palabras de Ignacio Iglesias, subrayadas dentro de un aire "Animado", cuyo tema luminoso obtiene un sencillo dialogar con el piano, dentro del más natural discurrir en sus consecuencias más que lógicas; a detenerse en su cromatismo y en el anhelo de la sección central de la forma tripartita seguida, la última muy abreviada y con idéntica flexión modal que la primera. Sobre una poesía de Clementina Arderiu, fechada en "Cantallops, Agost de 1927", Anacreóntica, se halla sostenida sobre un ritmo de seguidillas, y torna a ser dialogante entre los dos elementos interpretativos; es a un tiempo lúdica y triste en sus tres partes diferenciadas y entrelazadas, hallándose dedicada "A Concepció Patxot"; en unión de la Cançó incerta, bajo la denominación de Garba, obtuvo el Premio Rabell de 1927 y alguien quiso ver en esta página un antecedente inmediato de El giravolt de maig.

    Como las dos anteriores, Vinyes verdes vora el mar (1924), es también obra aislada, independiente, y como la inmensa mayoría de las canciones de Toldrá, apunta y respira aromas populares de luminosidad mediterránea; se indica como aire un elocuente "Bastante animado", y el acompañamiento inicial se desea "suavísimo", para que la melodía triunfe con los versos de Josep María de Sagarra; es fundamental la palabra "Vinyes", no solamente en su valor fonemático, sino también para delimitar secciones y segmentos estructurales de la página que, dedicada "A Iu Pascual", se extingue con mayor calma en un bello recuerdo al tema principal.

    La quinta y penúltima canción del ciclo ya explicado, La rosa als llavis, se titula Seré a ta cambra amiga; su aire es un "Andante", resultando importante -dentro de sus dimensiones- el preámbulo que establece el piano sólo y se erigirá en elemento dialogante con la entonación arcaizante de la poesía, debida a Salvat-Papasseit; la canción es tan hermosa como corta en sus dimensiones, y su delicada factura culmina en el "sotto voce" del penúltimo de sus versos, el todo concluído con otro parlamento unificador del piano. I el vent deixava dintre la rosella...  , antecediendo a la anterior, es la cuarta página del mismo ciclo dedicado a Conchita Badía, inscrita dentro de un aire "Mosso, leggiero", breve asimismo en su duración total; resulta primordial la importancia que aquí concede Toldrá al piano, y la pregunta del por qué no escribió para este instrumento nos asalta en este instante; las tres acostumbradas secciones se delimitan fácilmente, con la segunda dialogante, y la tercera, inmediata a un compás en silencio, dicha ya en un instante "Meno mosso", recuperando el "tempo" inmediatamente y aún acelerado por el final del piano "molto leggiero".

    Con Mocador d'olor -segunda de las seis canciones que conforman el citado ciclo de La rosa als llavis, llegamos a la última de las comprendidas en estos tres conciertos; muy breve su duración -máxime si tenemos en cuenta su aire indicado como "Assai vivace"-, será el piano, "leggiero ma espressivo", el protagonista inicial de la página con su importante intervención a guisa de introducción, siguiéndole la voz, repitiendo a una quinta superior el mismo tema; volverá en una tercera parte de la canción a iniciarlo, aunque seguido por aumentación de valores, dejando al piano un protagonismo muy consecuente con todo lo anterior, extinguido por un regulador de la intensidad que, en solo tres compases, va del "forte" al "pianissimo".

    Un total de veintitrés canciones -no se incluyen en este número aquellas que se repiten en sus versiones violín-piano o cuarteto de cuerda-, quedan incluídas en estos tres conciertos dedicados a la figura de Eduardo Toldrá. Son, por supuesto, más que suficientes para mostrarnos su talento extraordinario, su fresca inspiración, su naturalidad de factura, lo que le ha valido la sincerísima estimación de autor escogido de entre los españoles, cultivadores del más amado "lied".

TEXTOS DE LAS OBRAS CANTADAS

La zagala alegre (Pablo de Jérica)

A una donosa zagala
su vieja madre reñía
cuando pasaba las horas
alegres, entretenidas;
y ella, su amor disculpando,
con elocuencia sencilla,
cantando al son del pandero,
así mil veces decía:

Ahora que soy niña, madre,
ahora que soy niña,
déjeme gozar ahora,
sin que así me riña.

¿Qué mal nos hace Salicio
si cuando pasa me mira,
y me tira de la saya
o en el brazo me pellizca?
No piense, madre, que busca
mi deshonra; no lo diga:
mi gusto sólo, y su gusto,
queriéndome así codicia.

Ahora que soy niña, madre, etc.

Cuando casada me vea,
hecha mujer de familia,
me sobrarán mil cuidados,
me faltará mi alegría.
Por eso quisiera, madre,
pasar alegres los días
que me restan de soltera
en bailes, juegos y risas.

Ahora que soy niña, madre, etc.

Madre, unos ojuelos vi (Lope de Vega)

Madre, unos ojuelos vi,
verdes, alegres y bellos.
¡Ay, que me muero por ellos,
y ellos se burlan de mí!

Las dos niñas de sus cielos
han hecho tanta mudanza,
que la color de esperanza
se me ha convertido en celos.
Yo pienso, madre, que vi
mi vida y mi muerte en vellos.
¡Ay, que me muero por ellos,
y ellos se burlan de mí!

¡Quién pensara que el color
de tal suerte me engañara!
Pero ¿quién no lo pensara,
como no tuviera amor?
Madre, en ellos me perdí,
y es fuerza buscarme en ellos.
¡Ay, que me muero por ellos,
y ellos se burlan de mí!

Mañanita de San Juan (Anónimo)

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor,
allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas,
bordada en el cabezón;
en la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca
un poquito de arrebol
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia
y los galanes de amor;
el que cantaba en el coro
en el credo se perdió;
el abad que dice misa
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, non:
por decir amén, amén,
decían amor, amor.

Nadie puede ser dichoso (Garcilaso de la Vega)

Nadie puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.

Porque la gloria de veros
en ese punto se quita
que se piensa mereceros.
Así que, sin conoceros,
nadie puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.

Cantarcillo (Lope de Vega)

Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

Palmas de Belén,
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto,
no le hagáis ruido,
corred más paso:
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

El Niño divino,
que está cansado
de llorar en la tierra,
por su descanso,
sosegar quiere un poco
del tierno llanto:
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

Rigurosos hielos
le están cercando,
ya veis que no tengo
con qué guardarlo;
ángeles divinos
que vais volando,
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

Después que te conocí (Quevedo)

Después que te conocí,
todas las cosas me sobran:
el sol para tener día,
abril para tener rosas.

Por mí, bien pueden tomar
otro oficio las auroras,
que yo conozco una luz
que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
quien sus estrellas conozca,
que para mi astrología
ya son oscuras y pocas.

Después que te conocí, etc.

Ya no importunan mis ruegos
a los cielos por la gloria,
que mi buenaventuranza
tiene jornada más corta.
Bien puede la margarita,
guardar sus perlas en conchas,
que búzano de una risa
las pesco yo en una boca.

Después que te conocí, etc.

As froliñas dos toxos (Noriega Varela)

¡Nin rosiñas brancas,
nin claveles roxos!
Eu venero as froliñas dos toxos!
Dos toxales as tenues froliñas,
que sorrien, a medo, entre espiñas.
Entre espiñas que o Ceyo agosalla
con diamantes, as noites qu'orballa.
¡Ou, d'o yermo preciado tesouro!
As froliñas d'os toxos son d'ouro.
D'ouro vello son, mai, as froliñas,
as froliñas dos bravos toxales,
¡das devociós miñas!

A l'ombra del lledoner (Tomás Garcés)

A l'ombra del lledoner
una fadrineta plora.
La tarda mor dalt del cim
y llisca per la rosola,
  l'esfilagarsem els brucs,
  la tenebra se l'emporta.
La noia plora d'enyor:
el lledoner no fa ombra.
Fadrina, l'amor es lluny;
enllà, la carena fosca.

Si passava un cavaller...
Du el cavall blanc de la brida.
L'arbre li dona el ropós,
l'oratge, manyac, arriba.
Ala cel la llum del estel
és la rosada del día.
Cavaller, l'amor es lluny;
amb l'ombra i el cant fugía.
Fadrina, l'amor es lluny;
per l'ampla plana camina.

La nit sospira: la nit,
el bosc, la riera clara.
Les branques del lledoner
  son fines i despullades,
fulla i ocell n'han fugit
  pero hi crema l'estelada.
Les branques del lledoner
son fines i despullades.
Fadrina, l'amor es lluny;
demana'l a punta d'alba
quan l'ombra del lledoner
s'allargui com un miracle.

Cançó de comiat  (T. Garcés)

Adéu, galant terra, adéu!
adeusiau, vinya verda,
flor seca del caminal
lledoner de bona ombreta.
Ja no m'assec al pedrís
ni me breça la riera.
Adéu, galant terra, adéu.

Las lloses d'aquell bancal
son ombrejades i fresques.
Els lledoners de la font
han tret una fulla tendra
i el ceps faran bon raim
quan els oregi el setembre.
Adéu, galant terra, adéu.

Els ceps faran bon raim
i llum viva les estrelles.
Vindran las nits de l'estiu,
la mar quieta i estesa
llambrant sota el cop dels rems,
tallada per la carena.
Adéu, galant terra, adéu.
Vindran las nits de l'estiu,
la tardo i la primavera,
les boires que baixa el cim,
el crit de la orenetes.
I sempre el respir del mar
i el batec de les estrelles.
Adéu, galant terra, adéu.

Adéu, muntanya, pedrís,
paret blanca de l'esglesia,
aigua clara de la font,
plata de les oliveres,
olor mullada del horts,
estrella, riera, vela.
Adéu, galant terra, adéu.

Cançó de l'amor que passa (T. Garcés)

A l'ombra d'un taronger
tres minyonetes cantaven.
L'una te la trena d'or,
l'altra és bruna i solellada,
la més xica duu la llum
dels estels a la mirada.
Amor passava de llarg,
  rialles i fressa d'ales.

  La primavera ha arribat
i el cel és color de plata.
  Els crits dels ocells són curts
  i espessos com la pinassa.
La veu de les noies és
ondulant com una flama.
Amor passava de llarg, amor,
  rialles i fressa d'ales.

  Si un sospir sembla l'oreig,
el cant fa remor d'onada
  i l'aire és més frec i fi
  que l'arena de la platja.
Rera el taronger hi ha el mar
i el cant fa remor d'onada.
Amor passava de llarg, amor,
  rialles i fressa d'ales.

  Les donzelles van cantant
amb una veu prima i clara.
la riera s'aturat
per escoltar la tonada.
Les noies criden l'amor
mentre la tarda s'escapa.
Amor passava de llarg, amor,
  rialles i fressa d'ales.

  La trena, el llavi, l'esguard,
s'encenen sota les branques.
Primavera va dictant
la música i les paraules.
A l'ombra d'un taronger
tres minyonetes cantaven.
Amor, no passis de llarg, amor,
possa un bes a cada galta.

Cançó de vela (Sagarra)

Avança el cep flexible del'onada,
canta la vela, xiula el bufarut,
ens esquitxa un ruixim d'aigua salada
i grinyolen els dintres del llagut.
Ai qui pensa en l'amor, o mar sonor?
Ai, qui pensa en l'amor?

Enllà tenim les costes oblidades,
Hi ha el poble blanquinós, suau.
I el llagut vinga salts i patacades
en mig del gran deliri verd i blau.
Ai qui pensa en l'amor, o mar sonor?
Ai qui pensa en l'amor?

A terra hi hem deixat coses malfides
dins nostres sentiments i voluntats,
i ara es van aclarint les nostres vides
com els serrells d'escuma platejats.
Ai qui pensa en l'amor, o mar sonor?
Ai qui pensa en l'amor?

Allà hi ha el neguiteig del nostre viure
les punxes a l'aguait de nostra pell
ara els neguits són coses de er riure
dintre el llagut que va tot de gairell.
Ai qui pensa en l'amor, o mar sonor?
Ai qui pensa en l'amor?

Au, canta mariner; xiscla, ventada;
no perdi força el teu delit valent,
infla't vela, remoute aigua salada,
sacseja'ns brutalment, o mar sonor.
Esmicola les penes de l'amor!

Abril (T. Catasús)

Trèmola rialla
de dia daurat;
ventijol qui calla
en la inmensitat.
  Palpitanta i jove
majestat d'Abril;
  vestidura nova
del arbres. Sotil
diafana i clara
delicia del vert,
amb que el món, suara,
de llum s'és covert
quan el fontinyó
tremolant, sentia
la seva frescor
tornada alegría-

Pluja lenta i blanca
de flors d'ametlle,
qui cau de la branca
  quan l'oratjol vè.
Noies oels portals;
  finestra enramada;
festes matinals
xopes de rosada.
I passa l'Abril
demunt de poncelles,
xamós i gentil
cantant caramelles.

Maig (T. Catasús)

Terra qui floreix,
mar qui s'hi encanta,
suavíssim bleix
de vida triomfanta.
Pluges critallines,
aigues reflexant
tendròs infantines
qui rieuen brillant.
Claretat sonora,
núvol qui s'hi pert,
aura que aixamora
la tendror del vert.

  Burdoneig suau
d'abelles.  Profunda
silenciosa pau
d'un hora fecunda.
Món rejovenit,
amor qui hi esclata,
deliciós oblit
de les nits de plata,
quan el pleniluni
de Maig, silenciós,
de qualque infortuni
sembla di a les flors.

Cançó de grumet (T. Garcés)

Adéu, turons de Marsella,
  ja s'en van els mariners.
Tot just hem hissant la vela
  es gira un oragte fresc.
Auell pinar de la costa
deu ser ple de cants d'ocell;
si no sentim l'ocellada
  du romaní l'oreig.
  Quin goig, de bon dematí,
seguir la darrera estrella:
no hi ha lliri sense flor
ni barco sense bandera.

Inflat vela, llisca vela!
Com s'allunya la ciutat!
Guaita l'or clar de la platja
i a dalt de tot el cel clar.
Timoner, potser sospires?
L'enyorança t'ha punxat?
El gallaret llenguteja
i enjoia tota la nau.
  Quin goig, cremant sobre els pals,
  el gallaret de la festa:
"no hi a lliri sense flor
ni barco sense bandera".

Adéu, turons de Marsella!
Adéu, la noia i el pi!
No ens espanten las ventades
ni la boira de la nit.
Si el vent xiula entre les cordes,
demà el mar serà ben llis.
A cada port ens espera,
amorós, un llavi fi.
Quin goig, tornant de la mar,
el petó d'una donzella:
"no hi ha lliri sense flor
ni barco sense bandera".

      1. Eduard Toldrà (1895-1962)
      1. Seis canciones
      2. As froliñas dos toxos (Noriega Varela)
      3. L'ombra del lledoner: A l'ombra del lledoner (Tomás Garcés)
      4. L'ombra del lledoner: Cançó de comiat (Tomás Garcés)
      5. Cançó de l'amor que passa (Tomás Garcés)
      6. Canço de vela (J.M. Sagarra)
      7. Abril (Trinitá Catasús)
      8. Maig (Trinitá Catasús) - Seis canciones sobre textos de clásicos castellanos
      9. L'ombra del lledoner: Cançó de grumet (Tomás Garcés)