(y IV) Ciclos de Miércoles Joaquín Turina (1994)

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Begoña Uriarte, piano

CUARTO CONCIERTO___________________________________________________

Sonata fantasía, Op. 59
    El título refleja perfectamente la combinación de estructura formal clásica y de libre invención que caracteriza a esta obra que Turina dedicó al musicólogo José Subirá y que escribió entre el 17 de julio y el 4 de octubre de 1930. En la mencionada obra de Morán no se registra ninguna referencia a la Sonata fantasía en los escritos del compositor, ni tampoco el dato de fecha e intérprete del estreno. Parece como si la obra hubiera arrancado ya como destinada a ocupar un lugar de segunda fila, discreto. Comparativamente, cabe decir que ello no es justo. Se trata de una obra en la que la falta de color local, pintoresquismo o referencias directas a la música popular, la convierten en un tanto atípica dentro del catálogo de don Joaquín, pero estas características no son ni buenas ni malas en sí mismas, solamente la calidad musical debería condicionar la carrera de una partitura y, de tal cosa, suele encargarse el tiempo: quizá no ha pasado suficiente. El caso es que, siendo la obra completamente turiniana y reconociblemente «española», acaso presenta un grado de abstracción mayor que el que se esperaba del compositor. Él fue el primero en advertirlo, a juzgar por el dato de que renunció a la primera idea de titularla Sonata andaluza... Por nuestra parte, coincidimos con el comentario de Antonio Iglesias en su estudio sobre la música pianística de Turina, cuando afirma, a propósito de esta Sonata fantasía, que estamos "tratando del piano grande de Joaquín Turina y de una de sus más afortunadas composiciones, por su factura instrumental, pero más todavía por toda una serie de ocurrencias (...) felicísimas, magistralmente unificadas con ingenio sumo. No es éste el único caso de obra turiniana que, por carecer de asideros anecdóticos o de elementos fácilmente descriptivos, queda extrañamente apartada del favor de los intérpretes y del público: lo mismo creo que ocurre con la Serenata para cuarteto de cuerda.

    La obra es en forma de díptico, frente al tríptico que Turina empleó con asiduidad y consideraba como formato natural. El primer tiempo es en forma sonata con introducción, dos temas, un desarrollo que pone en juego el Lento introductorio, reexposición ortodoxa y coda. El concepto de fantasía encuentra justificación en el segundo movimiento, también introducido mediante un Lento «con sonoridad de guitarra», y que propone un tema de coral, bello, recogido y sometido a tres variaciones muy libres, la primera de ellas decididamente españolista de expresión, que dan paso a la referencia cíclica a motivos del movimiento anterior. La página es ejemplo de pianismo hondo, sin excesivos alardes externos, y formalmente sobria y original, aun dentro de los caracteres que Turina siguió con fidelidad y constancia irrenunciables.

Danzas gitanas, Op. 55 y Op. 84
    José Cubiles (1894-1971), eminente pianista gaditano, el que estrenara las Noches de Falla, buen amigo y buen intérprete de la música de Turina, fue el destinatario de las dos series de 5 Danzas gitanas que el compositor sevillano escribió, entre 1929 y 1930 la primera, y en la primavera de 1934 la segunda. Cubiles estrenó las dos colecciones dedicadas, ambas en el Teatro de la Comedia de Madrid, respectivamente los días 15 de enero de 1932 y 8 de marzo de 1935. Cuando sonó por vez primera la primera serie, en su integridad y en la versión original pianística, buena parte de esta música podía ser conocida por los aficionados madrileños, puesto que el maestro Arturo Saco del Valle había pedido a don Joaquín una orquestación de las danzas para programarla en sus conciertos con la Orquesta Clásica y, en efecto, el estreno de la versión orquestal se adelantó (12 de noviembre de 1930), aunque a falta de la cuarta danza (Generalife).

    He aquí una muestra redonda, bella y concisa, en dos capítulos, de lo que podríamos llamar «el más puro Turina»; pianismo importante, expresión colorista, andalucismo a flor de piel -matizado por el toque «gitano», a veces «jondo»-, sencillez formal basada en la simetría, poder evocativo que motiva y justifica los títulos, gracia de inspiración... No busquemos un rigor o profundización en el uso del elemento folclórico que el propio Turina no se planteó; simplemente, disfrutemos de estas diez piezas deliciosas, en la línea del más amable nacionalismo musical. Deliberadamente hemos fundido el comentario de ambas series, como una manera de subrayar lo que nos parece claro, a saber, la absoluta homogeneidad que existe entre una y otra, no solo de planteamiento, sino también de calidad, por más que el favor de los intérpretes se haya decantado abiertamente hacia la Op. 55.

Sevilla, Op. 2
    Subtitulada «suite pintoresca», es la primera obra pianística que Turina juzgó catalogable. Sevilla, op. 2 vino, pues, a inaugurar una amplísima producción pianística, y lo hacía con atributos de obra «grande», de obra tempranamente madura. Tanto, que la obra sería -igual que muchas otras, y más que algunas- plenamente válida para representar el pianismo turiniano, si nos viéramos obligados a tomar una sola partitura para este fin. Porque aquí está ya su peculiar tratamiento del instrumento y sus recursos, porque Turina apenas se desvió durante su carrera de los criterios expresivos que rigen en Sevilla y porque este molde formal sirvió de esqueleto a una enorme proporción de sus composiciones posteriores.

    Compuesta entre la primavera y el verano de 1908, a caballo entre París y Sevilla, el propio compositor la estrenaría en su ciudad natal el 16 de octubre del mismo año. La partitura está dedicada a su mujer (Turina contrajo matrimonio aquel mismo año de 1908). En Bajo los naranjos, el compositor manifestó que había aromas de una copla de soleares escuchada y anotada en Chiclana cuando tenía quince años. Formalmente, consta de un tema principal, al que acompañan otros dos distinguibles, presentados otras dos veces con alguna variante y con el remate de una coda. El eje de la suite, por su ubicación y por su peso específico expresivo, reside en el segundo movimiento, el célebre Jueves Santo a medianoche, pieza de singular atractivo que ha circulado en otras versiones instrumentales. Para esta sentida evocación de la «madrugá» de la Semana Santa sevillana, opta Turina por la sencilla forma tripartita, alineándose con la tradición del piano nacionalista español (danza-copla-danza), pero sustituyendo el concepto danza por la concreta evocación de la marcha profesional, mientras que, como no podía ser de otro modo, la copla es aquí una cálida y fervorosa saeta. La página, por sencilla, sincera es la pieza que abrocha la suite Sevilla, titulada La feria. El autor no dejó de reconocerlo: ...no he sido jamás feriante y solo la fecha inexorable de un concierto me hizo salir de mi abstracción y zambullirme en el revuelto mar de seguidillas y zapateados, del repiqueteo de palillos y de todo ese ambiente artificial..., escribía Turina en 1913. Por la demás, la disciplina autoimpuesta de las referencias cíclicas, hace algo abigarrado el flujo temático. Coincido con el comentario de Antonio Iglesias en el sentido de que, al confesar Turina autocríticamente que veía en la obra «exceso de trabajo temático y armonías retorcidas», sin duda apuntaba hacia este último movimiento. Lo que es compatible con la constatación de que la página funciona adecuadamente como cierre colorista y vívido de la composición.

      1. Joaquín Turina (1882-1949)
      1. Sonata fantasía, Op. 59
      2. Danzas gitanas, Op. 55
      3. Danzas gitanas, Op. 84
      4. Sevilla Op. 2