(I) Ciclos de Miércoles La generación del 98 y la música

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto "ad hoc". Mariana Todorova y David Mata, violín. Jensen Horn-Sin Lam, viola. Suzana Stefanovic, violonchelo

PRIMER CONCIERTO                                                                                                            

José María Usandizaga

Cuarteto en Sol mayor, sobre temas populares vascos
Desde muy joven dió José María Usandizaga (1887-1915) muestras de un extraordinario talento musical. A pesar de su delicadísima salud y de la brevedad de su existencia, es uno de los mejores músicos de su generación y su nombre se inscribe entre los más altos de la música vasca.

d
A comienzos de nuestro siglo, con catorce años, el joven donostiarra se matriculó en la Schola Cantorum parisiense. Y allí pasó cinco años esenciales para su formación como pianista y compositor.

d
Aunque recibió clases de Gabriel Grovlez (1879-1944) y trabajó la armonía, el contrapunto y otras materias con ilustres profesores, algunos de ellos discípulos directos de César Franck, la personalidad más influyente de la Schola era Vicent d'Indy, fundador, junto a Charles Bordes, de la misma. La influencia de César Franck (1822-1890) era todavía enorme en aquel centro, pero d'Indy estaba también al tanto de las consecuciones de la vanguardia, incesantes en aquel París que pronto iba a conmocionar Diaghilev y su Compañía de Ballets Rusos.

d
Fruto de los severos estudios y del clima de la Schola Cantorumes el Cuarteto sobre temas populares vascos, compuesto en 1905.

Por entonces ya se habían manifestado con dolorosa evidencia en su cuerpo, los síntomas de una enfermedad que afectaba a los huesos, hasta el punto de impedirle tocar el piano, siendo como era un gran pianista.

El Cuarteto en Sol mayor es, en resumen, obra donde unas pocas melodías tradicionales vascas, realmente bellas, reciben un tratamiento imaginativo y atrayente. Se aprecia en él la calidad de página del compositor vasco, llamado a dar lustre y universalidad a la música española si la muerte no hubiese cortado tan pronto su carrera.

d
El Cuarteto gira en torno al tema principal Mariya nora zuaz (¿Dónde vas María?) utilizado ya por Dámaso Zabalza (1833-1894), el ilustre pianista navarro que fue profesor del Conservatorio de Madrid, y por el padre Donostia en 1908, para su preludio vasco Izketan (Diálogo). Usandizaga lo esboza ya en el lento pasaje introductorio nada más comenzar la obra, para darlo completo inmediatamente. Es un tema lírico, que transporta nuestra imaginación al paisaje norteño, con su cielo plomizo y las nieblas que suavizan el perfil de los montes. Los ritmos y la armonía del movimiento revelan su contacto con el impresionismo francés.

El "scherzo" tiene una vivacidad mendelssohniana. Los hallazgos rítmicos van parejos a los de la armonía. El empleo, como trío, de la melodía aldeana Iriyarena (de la ciudad), de soñadora simplicidad, es de gran efecto.

Dulzura y melancolía desprende el tercer movimiento, un "moderato" en sol menor, a modo de "lied". La armonía es clara y la emoción se alcanza a través de un limpio intimismo. La melodía, del cancionero de Iparralde (la parte francesa del país), es la de la canción Itxasoan (En el mar), con esa poesía contemplativa de tantas canciones vascas. Al final reaparece el tema Mariya nora zuaz.

El finale se inicia en un clima que continúa el del tercer movimiento. Usandizaga va dando los temas de los tiempos anteriores antes de ofrecer el del zorztziko, ritmo (5/8) inequívocamente vasco, aunque lo hayan empleado también autores como Chapí, Chueca, Turina o Francisco Alonso.

d
Después de desarrollar el nostálgico zortziko, Usandizaga presenta un final, muy vivo, en el cual, a la manera cíclica de César Franck reaparece, una vez más, el tema de Mariya nora zuaz. El propio Usandizaga indicó la posibilidad de añadir un contrabajo "ad libitum" para una versión con orquesta de cuerdas. El contrabajo se limitaría a doblar la parte correspondiente al violonchelo.
Tomás Bretón
Cuarteto en Re mayor

Un enorme paralelismo hallamos entre las figuras de Ruperto Chapí y Tomás Bretón (1850-1923). Ambos crecen en el seno de familias modestas y ambos toman conciencia muy pronto, durante un pensionado en Roma, de la necesidad de poner a la hora de Europa el sinfonismo y la música teatral españoles. Uno y otro, rigurosamente contemporáneos, se convierten en los maestros más representativos de su generación, coincidente ésta con la regeneradora que comenzó a darse a conocer poco antes del desastre del 98.

d
Tanto el villenense como el salmantino se instalan en Madrid y pronto destacan en el teatro lírico. Chapí, mejor aceptado por el público, llega casi a olvidar aquel afán juvenil de cambio, aquella lucha por imponer un sinfonismo europeo, acomodando su trabajo a la zarzuela en boga. Bretón, sin embargo, aunque no puede evitar el cultivo del género chico, se mantendrá siempre en la defensa firme de la otra música, bien de cámara o bien sinfónica. Luchará además con denuedo por la implantación de una ópera nacional que nunca pudo ser moneda corriente.

Su amistad con Espino, Albéniz, Sarasate, Arbós, Saint-Saens, nos orienta hacia los objetivos de Bretón, de orden más elevado que los de la mayoría de sus colegas. Bretón es un modelo perfecto del regeneracionismo, autoridad y honradez profesional, propugnado por la Institución Libre de Enseñanza para acabar con el atraso y la falta de curiosidad intelectual de los españoles.

d
En el campo de la ópera, Bretón padeció lo indecible. Ha pasado al anecdotario negativo del Teatro Real su pelea en esos años para lograr el estreno de su importante ópera Los amantes de Teruel. Recordemos entre sus diez grandes óperas, títulos tan significativos como Garín, La Dolores, Raquel, Tabaré y Don Gil.
Es notable también su producción orquestal, con varios poemas sinfónicos y cuatro sinfonías, dos de las cuales han sido grabadas recientemente (núm. 2 en Mi b. mayor y núm. 3 en Sol mayor), además de la serenata En la Alhambra y la suite titulada Escenas Andaluzas.
Sigue sin localizarse, y ello es muy Lamentable, el Concierto para violín y orquesta, estrenado por Sarasate en la St. Jame's Hall de Londres en 1892 y que al parecer, volvió a ofrecerse en la capital inglesa, con gran éxito, el 6 de agosto de 1923, repitiéndose en Bournemouth. Bretón es también autor de obras corales, entre ellas el oratorio El apocalipsis, estrenado en Madrid en 1890, y de música cívica y para ballet. Tienen también interés algunas piezas pianísticas y canciones, como las escritas sobre Rimas de Becquer.

d
Pero aún es superior la valía de su música de cámara, que ha atraído en los últimos años la atención de conjuntos españoles y extranjeros. Merece igualmente ser recordado Bretón como autor de dos tríos, uno de cuerda y otro con piano (este último en Mi mayor, es realmente una obra maestra, de tres cuartetos de cuerda, un Quinteto para piano y cuerda del cual él mismo hizo una versión orquestal, y de un Sexteto para piano, flauta, oboe, clarinete y

d trompa ( 1910), destinado a la Sociedad de Instrumentos de Aire.

El primer Cuarteto de cuerda, en Sol mayor, data de 1866. Es, por tanto, obra juvenil. Se tocan mucho más el Cuarteto núm. 2 en Re mayor, que figura en este programa, y el Cuarteto núm. 3, en Do menor, Dramático, una de sus obras más intensamente expresivas y complejas. Son partituras de la última etapa del maestro castellano-leonés, cuando estaba al frente del Real Conservatorio de Madrid.

d
Las compuso entre El certamen de Cremona y Tabaré, siendo por tanto, resultado maduro de una larga experiencia y, a la vez, de cierto desencanto y melancolía.

d
El Cuarteto en Re mayor es una partitura que rinde homenaje a los grandes modelos clásicos, en especial a Schubert y a Beethoven, maestros indiscutibles del género.

d
El primer movimiento es, sin duda, uno de los mayores logros de Bretón en la música de cámara. Percibiese en él un hondo lirismo y una magistral capacidad para conducir con fluidez y coherencia el discurso musical. En el mismo arranque y en otros motivos, nos parece escuchar ecos brahmsianos. Era Brahms uno de los compositores que, rechazado en un principio, llegó a convertirse en favorito del autor de La verbena de la Paloma, y en especial su música de cámara. Ya el 28 de enero de 1887, escribe Bretón en su Diario, a propósito del Cuarteto en Sol menor Op. 25, del músico alemán: "No he juzgado bien antes a este maestro. En esta obra se muestra un verdadero coloso ¡que obra tan notable, qué riqueza y qué novedad!

El andante es el momento más emotivo e intenso del Cuarteto. Se inicia con un diseño en la zona grave del violonchelo, sobre el que se alza un tema triste y desgarrado.

d
Cuanto sigue es la obra de un artista en plenitud de recursos armónicos y contrapuntísticos. En medio de los tintes sombríos y melancólicos, se producen ciertos instantes de claridad y esperanza. Este se desata en el "scherzo", cuyo refrán, saltarín y pegadizo, no deja, sin embargo, de tener toques melancólicos. El pasaje central o trío, presenta una sencilla y encantadora melodía, subrayada por los "pizzicati".

d
El finale se inicia con un grave introductorio, a modo de coral, que finaliza siempre con un pasaje virtuosístico para, por orden, cada uno de los cuatro instrumentos. Pronto llegamos a la presentación del pimpante sujeto de una amplia fuga que Bretón no introduce como mero ejercicio académico sino como afirmación de su armonía y serenidad interior. Viene a ser la despedida de un músico excepcional al que sus compatriotas debemos un reconocimiento, aún no manifestado, acorde con lo que su arte y él mismo se merecen.

d
Ruperto Chapí
Cuarteto núm. 3 en Re mayor

Todo el mundo reconoce a Ruperto Chapí (1851-1909) la primacía en el género lírico español durante la segunda mitad del siglo XIX. Su incesante aportación al llamado género chico le dio gran fama por toda España, Cuba incluida, mientras que sus grandes zarzuelas en tres actos -a recordar La Tempestad, El milagro de la Virgen, La bruja, El rey que rabió, El duque de Gandía, Curro Vargas o La cara de Dios- le otorgaron prestigio y muchas envidias entre la profesión. En el campo operístico, dejando a un lado las cinco óperas de juventud (de entre las cuáles podría exhumarse Roger de Flor), estamos convencidos de que algún día llegará al Teatro Real Circe y se repondrá Margarita la tornera, la ópera española más veces representada en el histórico coliseo madrileño.

d
El renombre alcanzado por el músico de Villena tuvo la contrapartida en las críticas constantes a su falta de ambición artística, a una presunta incapacidad para abordar la gran forma, o simplemente los géneros no teatrales. Para una parte de la crítica o de los colegas, a Chapí le perdía el medio cultural español, carente de vuelo y refinamiento, y para otros su carácter acomodaticio y apego al dinero. El padre Villalba llega a escribir: "Indudablemente, Chapí sabe y puede -dicen- pero se ha vendido"; para añadir poco después:..."Chapi es un artista y todo un músico, con acompañamiento de eso que se llama genio, sentir y ciencia..."

d
Sin duda, la necesidad de obtener recursos económicos en un medio como el madrileño, tan precario en lo sinfónico, y donde alcanzar la escena del Teatro Real suponía un calvario para el compositor español, limitó los poderes creadores del músico alicantino. Pero no por eso podemos dejar de lado sus poemas sinfónicos (en especial Los gnomos de la Alhambra), tantos magníficos preludios de sus zarzuelas -La revoltosa, La patria chica y El tambor de granaderos en cabeza-, su magnífica Sinfonía en re menor (1877), el oratorio Los Angeles (1880) y los cuatro cuartetos de cuerda, el tercero de los cuales escuchamos en este concierto.

d
Chapí era consciente del esfuerzo llevado a cabo por las generaciones de compositores españoles decimonónicos para el resurgir de la música en nuestro país. En un célebre artículo publicado en la importante revista "Alma Española" (núm. 3, 22 de noviembre de 1903), llega a citar a más de cincuenta compositores como "prueba evidente" de un florecimiento que se había producido -y esto es una queja muy noventayochocentista- pese "al desamparo y al descuido o a la indiferencia y desdén de nuestros gobernantes.

d
Los cuartetos siguen siendo objeto de los juicios adversos de la crítica moderna, que repite viejos dicterios nacidos del despecho o de la moda del momento. Así los de Pedrell o Adolfo Salazar, que tanto recuerdan a las absurdas acusaciones a Galdós a los jóvenes del noventayocho. y resulta curioso que aquello tantas veces alabado en la obra de Beethoven

d(de una célula temática sacar todo un movimiento) o en la de los actuales minimalistas (la incesante y abusiva repetición de motivos), haya permitido motejar a Chapí de vulgar y falto de imaginación.

Otra cosa pensaban de los Cuartetos de Chapí gente tan de fiar como Cecilio de Roda, o su querido discípulo, el excelente compositor Manuel Manrique de Lara, pero seguiremos leyendo y oyendo descalificaciones para quien llevó a cabo la mayor aportación española al género desde Juan Crisóstomo Arriaga.

d
El P. Luis Villalba, bien informado sobre la obra de Chapí, fechó los Cuartetos en 1893, 1894, 1895 y 1897, aunque su publicación por la Sociedad de Autores los haga datar, seguramente revisados, en 1903, 1904, 1905 y 1907.

d
El Cuarteto núm. I en Sol mayor, realmente espléndido, está dedicado al Cuarteto Francés, que integraban Julio Francés, Odón González Caro, Conrado del Campo y Luis Villa. El Cuarteto , núm. 2 en Fa mayor está dedicado al excelente Cuarteto Checo, que lo estrenó en Madrid en 1904. En el figuraban nada menos que Suk y Nedbal, dos excelentes compositores bohemios. Oscar Nedbal dirigiría veinte años después en el Teatro Real varias óperas checas, entre otras la famosa Rusalka de Dvorak.

d
El Cuarteto núm. 4 en si menor lo dedicaría Chapí a su discípulo Manuel Manrique de Lara, entusiasta incondicional de los cuartetos del maestro.

d
El Cuarteto núm. 3 en Re mayor está ,dedicado al periodista, diseñador y pintor madrileño Alejandro Saint- Aubin (1857-1916), figura pintoresca de la época, padrino del duelo entre Vicente Blasco Ibáñez y el periodista militar apodado Capitán Verdades, duelo del que el autor de Entre naranjos se salvó de chiripa al rebotar la bala letal en la hebilla de su cinturón. Saint-Aubin reunía en veladas literarias a los más notables comediógrafos del

d momento -Benavente, Dicenta, Vital Aza, Fernández Shaw, Linares Rivas, López Silva, Martínez Sierra- habiendo fundado además la Sociedad de Cuartetos, tan importantes para el desarrollo de la actividad camerística en Madrid. A la sazón Saint-Aubin era crítico musical en El Heraldo de Madrid, el periódico de Canalejas.

El Cuarteto en Re mayor se inicia con un breve "grave" de los cuatro instrumentos, el cual da paso a un "allegro assai" en forma sonata. La tensión se alcanza a partir de las síncopas del segundo tema.El intenso intervalo acendente de cuarta domina todo el movimiento, de gran interés rítmico. Un acierto pleno nos aparece el gracioso "intermezzo" que sigue, elegante y clásico en el trío y de matizado españolismo en su sección inicial. Triste e íntimo es el "larghetto", dispuesto en forma de un "lied" tripartito. Chapí se muestra aquí próximo al Tchaikovsky de los cuartetos, al igual que en el rapsódico finale, una especie de rondó conectado con el movimiento inicial.

d
El Cuarteto en Re mayor se estrenó en Madrid el 9 de marzo de 1905. Confiemos en que los cuatro cuartetos de Chapí puedan oírse con más frecuencia a partir de ahora, gracias a la reciente edición crítica de Luis G. Iberni en la colección del ICCMU.

      1. José María Usandizaga (1887-1915)
      1. Cuarteto en Sol mayor sobre temas populares vascos
      1. Tomás Bretón (1850-1923)
      1. Cuarteto en Re mayor
      1. Ruperto Chapí (1851-1909)
      1. Cuarteto nº 3 en Re mayor