(I) Ciclos de Miércoles El piano de Enrique Granados

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Miquel Farré, piano

PRIMER CONCIERTO ___________________________________________________
Escenas románticas
Es uno de los ciclos más bellos, representativos y personales de cuantos llevan la firma de Enrique Granados. Corresponde a comienzos del siglo XX, allá por 1901, cuando funda su Academia en la calle de Fontanella. Es el momento de más acusado romanticismo en el músico, influido por su amor hacia las obras de Chopin, Schumann, incluso Liszt y César Franck; lejos, en cambio, de impulsos creadores de signo españolista, del andalucismo imperante o el catalanismo que vive. La destinataria de esta colección es María Oliveró.

El primer número es una Mazurca melancólica, nostálgica. Su variedad afectiva, su elasticidad, el balanceo de la frase, la movilidad armónica, son cualidades características.

A continuación nos traslada Granados a un Recitativo que se podría imaginar para un triste instrumento pastoril -corno inglés, oboe- solitario y con único diseño vivo en clima danzado. La Berceuse con que enlaza tiene andadura tierna, que no infantil. En el período central se escucha una copla que puede hacernos pensar en cierto españolismo raveliano. El retorno al carácter inicial remansa las aguas.

En el número sucesivo no hay título sino unos asteriscos, aunque el propio Granados utilizaba como expresión para designarlo El poeta y el ruiseñor. No faltó quien, amigo íntimo, lo aceptó con un cierto matiz: «Bien. Pero un ruiseñor con faldas y nombre de mujer», porque hay mucho amor dentro. La frase es larga, apasionada, bellísima, anunciadora quizá de Goyescas, aunque sin carácter español. Si, en general, es Schumann el músico más afín a las Escenas románticas, aquí se piensa más en el Liszt de los Funerales. Trinos leves y escalas sutiles ponen la rúbrica. La indicación «apasionadamente» no hace sino confirmar el contenido.

Melancólico, de plácida sonrisa, es el brevísimo Allegretto con carácter de mazurca romántica. «Placidez entre volcanes», sugirió alguien.

La andadura del Allegro appassionato nos recuerda un Schumann con gotas de Franck. El romanticismo se desgrana y filtra nota a nota. A veces se piensa en la orquesta. El período exultante de pasión y virtuosismo desemboca en un dulce recitativo final que lo une al delicioso Epílogo. Esta página rezuma poesía e inspiración y es una de las primorosas muestras de la vena melódica de Granados. Sin duda es en este bloque donde nos hallamos con su número más representativo dentro del campo especialmente romántico: el mismo que poco más tarde ha de originar las Escenas poéticas y siempre tantas y tantas obras de un músico para quien esa cualidad fue consustancial.
Las Escenas románticas resultan de necesario conocimiento si queremos formar cumplida idea sobre el legado pianístico de Granados.

A la cubana
Es una breve pieza muy dentro del mundo galante de la música de salón. Recoge Antonio Iglesias la frase de don Manuel de Falla, que la calificó muy gráficamente como de «movimiento de hamaca», con ascendencia en la guajira. En realidad se trata de dos danzas, ritmo «allegretto»; la primera un poco más vivo que en el sucesivo periodo y que en la coda repite el diseño del inicial.

Las alternativas binario-ternario son peculiares. Y el interés mayor se da en el tacto armónico y el colorido.

A la cubana figura con el número 36 de Opus, su edición corresponde a 1914 y está dedicada a Mme. Silvia de Sa Valle.

Se trata de una obra menor entre las que llevan la firma del músico leridano.

Tres danzas españolas

El primer bloque de danzas que se brinda en el ciclo emplea las números seis, Rondalla aragonesa, once, Zambra, y nueve, Romántica.

La Rondalla aragonesa, orquestada, junto con la Oriental y la Andaluza, por el maestro Juan Lamote de Grignon, se dedicó a D. Murillo. La indicación «allegretto poco a poco acelerando» podría completarse con las demandas de un «crescendo» paulatino. Al tiempo que el ritmo se aviva, sube de punto la sonoridad. La obra consta de tres períodos: reiterados los extremos, en el central, «molto andante expresivo», se puede oír una doliente copla de jota de raro encanto y serena declamación.

La Zambra señala en el original la indicación «largo a placer». Impera el melodismo. Sobre ella abundan las glosas más o menos felices y literarias: «Toda la poesía del alma vagabunda, que vive como en su propia morada en los valles y las montañas...» Es indudable el sabor orientalista, el arabismo. El tema es susceptible de convertirse en fuga. Para contraste de un contrapuntismo picado, un período central doliente se hermana con frases amplias y características de Goyescas. El autor pide «con sentimiento». Para coda vuelve el tema del arranque diluido con dulzura sobre contornos de la mano izquierda.

«Molto allegro brillante», reclama Granados para su novena danza Romántica. Peculiaridad: cómo se juega dentro del ritmo ternario con un diseño melódico de espíritu binario. Hay cierto clima tonadillero, castizo, y se apunta el zapateado. Una primera nota suspendida se desata en las dos sucesivas. El motivo del arranque, con arpegios y dos acordes de fuerza indudable, pone la adecuada rúbrica.

Paisaje
Nunca se escucha en los recitales pianísticos esta pequeña obra de un Granados lejos de sus etapas de madurez, pero ya con indudable calidad, un poco en línea del clima que respira la Montañesa de las Piezas sobre cantos españoles, de don Manuel de Falla.

Con el número 35 de Opus, también atribuido al Vals de concert, en confirmación de esa anarquía que al efecto se padece en la ordenación de la obra de nuestro compositor, Paisaje está dedicado a Ernest Schelling y su medido curso se estructura en la fórmula A-B-A-B-A.

Granados, como tantas veces, multiplica las indicaciones de carácter expresivo. Cabría decir que ésta es una de sus obras no trascendentes con mayor encanto y calidad muy peculiar.

Goyescas (II Cuaderno)
El ciclo invierte el orden de los cuadernos y presenta en este concierto las dos páginas que integran el segundo. Quien se acerque a estos comentarios habrá de buscar los generales sobre Goyescas ya formulados al hablar de la obra, por lo que nos ceñimos aquí a los fragmentos ahora elegidos.

No parece justo el desequilibrio selectivo que se advierte por parte de los pianistas, mucho más orientados al primer cuaderno cuando tantas calidades y bellezas se encierran en este segundo.

Lo más característico de El amor y la muerte es que la escritura no resulta recargada. Son muy hermosos los efectos y de una gran belleza el empleo y recopilación de temas sucesivos arrancados del Coloquio, la Maja, el Fandango y los Requiebros, que modifican el carácter original. El momento cumbre es aquel en que la maja cobra acento doloroso al ampliar su queja. La indicación es muy esclarecedora: «muy expresivo y como en felicidad en el dolor».

El Epílogo encierra la Serenata del espectro. Es un «allegretto» misterioso de intención fantasmagórica en la copla. Un espectro castizo, tonadillesco, esquelético, desaparece templando las cuerdas de su guitarra...

De todo ello puede ser lo más impresionante el empleo de esos acordes severos, el general clima desolado de El amor y la muerte.

Rapsodia aragonesa
Es obra de 1901. Sin dedicatoria ni número de catálogo. Página influida por Franz Liszt. Es grande la unidad temática, para la que sirve de justa base una jota popular.

La atmósfera es romántica, de salón. La distribución de la partitura muestra una introducción que ha de recobrarse en pleno curso, atenido a la fórmula ABA.

Aunque, según se dijo, no hay dedicatoria impresa, en el manuscrito se escribe por el autor: «Al gran Bauer.»

      1. Cancionero de Upsala
      1. Enrique Granados (1867-1916)
      1. A la cubana, Op. 36
      2. Danzas españolas, Op. 37: Nº 6 Rondalla aragonesa
      3. Danzas españolas, Op. 37: Nº 11 Zambra
      4. Danzas españolas, Op. 37: Nº 9 Romántica
      5. Paisaje, Op. 35
      6. Goyescas o los majos enamorados (volumen II): El amor y la muerte (Balada)
      7. Goyescas o los majos enamorados (volumen II): Epílogo (Serenata del espectro)
      8. Rapsodia aragonesa
      9. Escenas románticas