(y III) Ciclos de Miércoles El piano de Enrique Granados

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Carmen Vilà, piano

TERCER CONCIERTO____________________________________________________
Siete danzas españolas
Dos bloques de Danzas españolas -cuatro en la primera, tres en la segunda parte- completan la colección de doce que forman el ciclo, sobre el que ya se adelantaron comentarios. Nos ceñimos ahora por ello a las que figuran en este programa.

La número 1 está dedicada, como quedó indicado, a la que había de ser esposa del autor. Se refiere Boladeres a un clima cortesano, de clásico «minuetto». Son indudables la brillantez y cierta atmósfera tonadillera. El «allegro» de arranque y final, puesto que la categórica llamada se repite, encuentra marcado contraste en el centro. Es de resaltar la poesía del fragmento, la fineza de la modulación y el casticismo de un tema que hubiese resultado muy apto para ser destinado a la voz humana.

La danza número 2 tiene por destinatario a Julián Martí. Emplea la fórmula ABA. Impone sus fueros el tono menor. El «andante» ha de convertirse en «lento assai». Sugería Gomá un «duettino» de flautas. En efecto, las emplea Lamote de Grignon cuando instrumenta la obra conocida con un título eficaz: Oriental. Es muy corto el primer tema y cabría resaltar el valor de glosa melódico armónica. Impera un tono doliente y quejumbroso, más de nostalgias que de dramas, y se acusa el exotismo. Es una de las danzas más justamente populares de la colección.

La tercera se inicia con un motivo en octavas vivo y enérgico, aspecto este último que se indica por el autor. Dedicada a Joaquín Vancells, la introducción surge ya sobre el motivo fundamental. Su audición al piano puede sugerir una versión para cobla de sinfónico primitivismo. El motivo fundamental tiene clara hermandad con el de la tonadilla El tra la lá y el punteado. La obra, sin alardes constructivos, nos capta por su espontaneidad. Se la designa como Fandango.

La propuesta del intérprete nos traslada en esta ocasión a la décima danza, con destinatario de alcurnia: Su Alteza Real la Infanta Doña Isabel de Borbón, siempre amiga y protectora de los músicos. Tiempo «allegretto». Sabor de guitarra en el acompañamiento. Indicación: «Cantábile e rubato». Todo se produce sin énfasis, con naturalidad, algo detenido el ritmo en el centro, para retomar al espíritu inicial. La coda se ofrece en cierto modo como un anticipo de Goyescas. Un acorde rotundo cierra este fragmento, muy utilizado en misiones coreográficas.

En la segunda parte del programa el tríptico seleccionado se abre con la danza quinta, no sólo indiscutible predilecta de la colección por lo que a popularidad se refiere, sino una de las obras favoritas de los públicos entre las de Granados y -cabría decir- en todo el repertorio español. La designación Andaluza se ha impuesto con muchas letras, no todas encomiables. Dedicada por el autor a Alfredo García Faria, la partitura indica: «andantino quasi allegretto». Dibujos guitarrísticos, frase amplia, larga, melancólica, de momentos plenos, para desvanecerse al fin. El período central se construye sobre el arranque del primer tema, en forma de variación apenas apuntada y clima de mayor serenidad. El final «morendo» conserva el carácter unitario de la danza, peligrosa tanto porque se caiga en la expresión monótona, cuanto -peor- porque triunfen la cursilería y el amaneramiento antinaturales.

La octava danza, en tempo señalado «assai moderato», se presenta con un suave balanceo no distante del espíritu de la barcarola, en preparación del tema base. En torno a su carácter las opiniones son tan dispares que mientras unos lo consideran oriental, otros apuntan conexiones galaicas y para muchos tiene sello típicamente catalán. Subrayemos la originalidad de su final, con triple nota precisa.

Conocida por Bolero, la danza número 12 nos traslada al Oriente: un mundo de odaliscas en el harem; de panderos que acompasan las evoluciones. Hecho infrecuente en la colección es el empleo de un tema popular, aunque no desarrollado, pero reconocible: el que Falla empleó en el período vivo de su Montañesa.

Cartas de amor: Valses íntimos

No hay dedicatoria alguna en la edición, pero nunca más cierta la conexión de la obra con una persona: Amparo Gal, novia entonces, pronto esposa y un día compañera del fin trágico de Granados. A ella van dirigidas las cartas. Los valses, más bien minivalses, miniaturas en línea de los Poéticos, se compusieron en 1887. Las Cartas de amor; traducidas en pentagramas, aparecen con doble catalogación como Opus 44, pero también hay concretas referencias como Opus 9. Dejémoslo, mejor, en el señalamiento de la época.

Son cuatro los valses: Cadencioso, el más personal; Suspirante, de condición melancólica; Dolente, de característica lentitud, y Appassionato, que responde a esta indicación pero sin olvidar el consejo del músico: «No desquiciar los tempos».

Preludio y seis piezas sobre cantos populares
Con las Danzas, ocupan las Seis piezas sobre cantos populares españoles primerísimo puesto entre las colecciones de las etapas creadoras iniciales, dentro del catálogo de Enrique Granados. Si por la primera impresión que de ellas recibimos destaca la variedad, la segunda resalta el atractivo y la tercera la completa lógica en las proporciones, los desarrollos y la simplicidad de los procedimientos. Se trata de seis páginas encabezadas por un brevísimo Preludio que completa el Septimino de fragmentos.

Unos típicos arpegios guitarrísticos crean la atmósfera del Preludio, en el que la copla se ofrece entrecortada, estilizada, como escrita en un feliz soplo.

La Añoranza conserva el sabor guitarrístico y el sentimiento delicado. Notas picadas y acordes leves preparan, por contraste, la más eficaz utilización del tema base.

En Ecos de la parranda se produce una identificación con temas empleados en María del Carmen. Campea un levantinismo no muy lejano del que calificó la obra lírica de Serrano. Los temas son bonitos, el dibujo feliz, delicado el aroma final. Rasgueos, plenitudes, momentáneos desmayos, juegan y sirven el contraste.

La Vascongada recoge ritmos y motivos norteños presentados por el autor entre arabescos. Se diría que están presentes instrumentos populares. Viveza y mesura, dinamismo y equilibrio no son aquí términos antitéticos.

La Marcha oriental liga los elementos del exotismo que su título anuncia con un sello clasicista.

El carácter de la Zambra es de una particularidad que conviene resaltar: no hay sensación de ritmo inflexible, sino el afán de que triunfe un tema de intensa expresión, para lo que el tempo es «andante».

De todo el conjunto, el fragmento más popular es el Zapateado, en el que Granados ha sabido hacer compatibles la expresión y el virtuosismo. Se trata de un zapateado muy «cantábile», de sabor espontáneo, en que el carácter se mantiene y la mezcla de ritmos binarios y ternarios causan efecto seductor. Merece resaltarse el encanto de la modulación que conduce al período central. Y, como siempre en Granados, la justa medida, el innato sentido de la elegancia. Con las Piezas, con las Danzas, se iniciaba la carrera que sólo una efemérides dramática pudo truncar ya en su plenitud.

Oriental (canción variada, intermedio y final)
Aún lejos de la madura personalidad, estas tres piezas, que dudosamente se adscriben al número de Opus 17, han de interpretarse de forma ininterrumpida. Con aliento español, dedicadas a Juan Marqués, la primera tiene la forma de canción bipartita; la segunda, señalada como «intermezzo», sirve de puente, de exótico nexo, y el «finale» se caracteriza por la vivacidad y brillantez.

Oriental, decíamos, no es un fruto que haya de situarse en la cima creadora de Granados, pero sí muestra un dominio que conduce al considerable logro. Su destinatario debió ser alumno de la Academia engalanada con el nombre del artista.

Goyescas (I cuaderno)
Ofrecidas ya las dos primeras obras que inician la colección de Goyescas, así como las del segundo cuaderno y El pelele, se completa el conjunto ahora con el Fandango del candil y las Quejas o La maja y el ruiseñor.

El fandango del candil está dedicado a Ricardo Viñes. El punto de partida lo encontramos en la Tonadilla de las currutacas modestas, para continuar esa vinculación que hace perceptibles en la obra buen número de frases tonadillescas. Triunfa la danza, se imponen la riqueza armónica y la variedad de voces, la brillantez pianística. El tema es ritmado; punteados y guitarreos se entrelazan; lo popular impera sin reservas. Con sólo una: aquella que dicta el buen gusto invariable, la elegancia de un músico empeñado, aun aquí, en la distinción peculiar.

Las Quejas o La maja y el ruiseñor; broche magistral del cuaderno, punto culminante de la música pianística de España, fue dedicada por Granados a su esposa.

Se dijo que este fragmento está libre de toda sugestión «folklórica». No hay tal. Sí nació en el pueblo el tema base, pero Granados supo hacerlo suyo, iluminarlo con su instinto, con su delicadeza e inspiración. Noche de luna en el jardín desde el que ella invoca la presencia del amado. Un ruiseñor le da réplica. La densidad del ambiente, la tensión pasional, se hacen más leves, dulces y poéticas. El motivo se desarrolla, altera, modifica, a lo largo del «andante melancólico». Los trinos del ruiseñor forman una «cadenza ad libitum». Más que nunca, la etiqueta «romanticismo español» tiene plena justificación.

Allegro de concierto
Sin duda, una de las obras más representativas, seleccionadas y populares del autor. De catalogación dudosa, ya que aparece tanto en Opus 15 como 46. Escrita, en cualquier caso, el año 1903 con finalidad muy concreta, que incluso imprime el carácter de la página. Con ella alcanza el premio en el concurso convocado por el Conservatorio de Madrid y se convierte en la obra impuesta para su interpretación por los alumnos que en 1904 terminan su carrera. El galardón se obtiene en oportunidad a la que concurren 24 músicos, entre ellos don Manuel de Falla.

El 30 de enero de 1904 don Tomás Bretón, director del Conservatorio por entonces, escribe el autor: «Muy distinguido amigo: Con esta fecha me comunica el jurado que nombré para entender en el concurso de un Allegro de concierto, que la pieza elegida por unanimidad pertenece a usted. Me apresuro a participárselo, enviándole mi más calurosa felicitación y felicitándome, al par, ante el excelente resultado de mi iniciativa.»

La obra ofrece brillantez, dificultad, atracción directísima, virtuosismo y color. Quizá, a excepción del «andante spianato» central, resalte más el poder que el encanto, porque no corresponde al intimismo y duende que tantas veces nos captan en Granados.
«Molto allegro spiritoso», primero: «Andante spianato», más tarde, sobre el motivo fundamental. Temas de amplio contorno melódico, octavas, acordes, arpegios muy de acuerdo con las posibilidades del destinatario, Joaquín Malats. Muy apto, asimismo, para cerrar con grandeza este ciclo rendido al piano de Enrique Granados.

      1. Enrique Granados (1867-1916)
      1. Danzas españolas, Op. 37: Nº 1 Galante
      2. Danzas españolas, Op. 37: Nº 2 Oriental
      3. Danzas españolas, Op. 37: Nº 3 Fandango
      4. Danzas españolas, Op. 37: Nº 10 Melancólica
      5. Cartas de amor, Op. 44
      6. Seis piezas sobre cantos populares españoles
      7. Danzas españolas, Op. 37: Nº 5 Andaluza, o Playera
      8. Danzas españolas, Op. 37: Nº 8 Sardana
      9. Danzas españolas Op. 37: Nº 12 Bolero
      10. Oriental (Canción variada, intermedio y final)
      11. Goyescas o los majos enamorados (volumen I): El fandango del candil
      12. Goyescas o los majos enamorados
      13. Allegro de concierto