(y IV) Ciclos de Miércoles Música para la viola

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Emilio Mateu, viola. Miguel Zanetti, piano

CUARTO CONCIERTO___________________________________________________

La viola española
La participación de los compositores españoles en la música para viola se completa, tras los dos ejemplos en el primer concierto de este ciclo, con un programa íntegro que abarca dos siglos. El panorama arranca con José Lidón, que alternó la composición de zarzuelas con la música de cámara. Nacido en Béjar, murió en Madrid después de haber ocupado diversos puestos, entre ellos el de organista de la catedral de Orense, como lo fue más tarde de la Capilla Real de Madrid. Se han conservado algunos de sus trabajos camerísticos, como sonatas para piano y para órgano y esta Sonata de viola con acompañamiento de violón en Re menor-mayor, es decir, con una referencia al antiguo nombre del contrabajo. La versión que escucharemos incluye la cadencia del intérprete, Emilio Mateu.
Más dedicado a la interpretación que a la composición, las referencias sobre Tomás Lestán son escasas y se desconoce incluso la fecha de su muerte. Intérprete de viola, formó parte de la Sociedad de Cuartetos que se presentó en el Real Conservatorio desde 1863 a 1894, conjunto del que era primer violinista Jesús de Monasterio, del que fue auxiliar en la cátedra de violín en 1884. Carlos Gómez Amat, en su Historia de la Música Española. Siglo XIX, comenta que era conocido por Plo, apellido de su padrastro. Esta Sonata forma parte del repertorio recuperado por Emilio Mateu.
Al revisar el Catálogo de obras de Conrado del Campo, realizado por Miguel Alonso y publicado por el Centro de Documentación de la Música Española Contemporánea de la Fundación Juan March, sorprende la mínima atención que prestó a la viola, al margen de las formas típicas de la música de cámara como tríos, cuartetos, etc. Y sorprende porque Conrado del Campo, además de intérprete de violín lo fue, y sobre todo, de viola. Formó parte como tal de la Orquesta del Teatro Real hasta su cierre en 1926, lo fue de la Sociedad de Conciertos, de la Capilla Real y de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Pues bien, pese a este historial de dedicación a la viola, sólo aparecen dos obras dedicadas especialmente al instrumento en el mencionado Catálogo: una Pieza para viola y piano, de 1906, y este antecedente, la Romanza en Fa mayor; su Op. 5, fechada en 1901. En un único movimiento, Andante (muy tranquilo), permanecía en el olvido que afecta a casi toda la obra de Conrado del Campo, hasta que fue presentada por Emilio Mateu en concierto en 1984. Es posible que fuera estrenada por el compositor, pero no hay referencias de ello y la fecha indicada, 1984, aparece como la de su presentación en un concierto público.
Y a ese grupo de composiciones para viola recuperadas por Emilio Mateu pertenece el Solo de viola en Re, fechado en 1908, de Manuel Sancho, del que no se cuenta con otros datos.
El violinista Anatole Mines es responsable indirecto de la única obra de Roberto Gerhard para viola, su Sonata para viola y piano, que se estrenó en Cambridge en 1950. Tenemos aquí la primera muestra de la viola contemporánea, con un distinto tratamiento que le sirve al compositor de puerta de entrada a otros acercamientos a los de cuerda, como la Chacona para violín solo, de 1959, o el Concierto para violín y orquesta, de 1960. Pero la viola sigue siendo un instrumento poco «popular» y Roberto Gerhard realiza en 1956 una revisión y ampliación de esta Sonata, pasando la viola al violonchelo. Conserva los mismos movimientos y en ocasiones se confunden al reseñar ambas como de 1950, fecha de la versión original para viola.
El mundo serial que abre la obra de Roberto Gerhard da paso a la concepción personal del mismo por Angel Oliver, aragonés, que tras D'improvviso, fechada en 1976, ha vuelto a la viola con el máximo protagonismo en su Concierto para este instrumento y orquesta estrenado en Barcelona a finales de 1988. En ambas obras muestra Angel Oliver un excelente conocimiento de las posibilidades de la viola dentro del lenguaje actual. Es D'improvviso como un apunte de recursos que desarrollaría en el Concierto.
La Sonata núm. 5 de Claudio Prieto, fechada en 1988, forma parte de una sucesión en la que la idea de la forma instrumental en sí misma está por encima del tipo de instrumento que sirve de medio expresivo en cada caso. Una sucesión que arranca en 1977 con su Sonata para violín y piano y que llega al número anterior, al 4, con otra para violín solo. Es decir, como en muchas de sus obras, Claudio Prieto se plantea la adecuación de unos materiales al medio expresivo, al timbre, como un componente más, que lo es, del propio material. Así, la estructura que califica de «sonata» responde más a un concepto primigenio del «sonare» que a las exigencias de la forma en la música tradicional. Esta libertad en la sonata se corresponde con su reciente tratamiento de la combinación de tres instrumentos no para cumplir las normas de la forma trío, sino para utilizar igualmente sus aspectos tímbricos.

      1. José Lidón (1746-1827)
      1. Sonata en Re (Cadencias de E. Mateu. Realización del bajo M. Zanetti)
      1. Tomás Lestán (1827-1908)
      1. Sonata en Si bemol
      1. Conrado del Campo (1878-1953)
      1. Romanza para viola y piano en Fa mayor
      1. Manuel Sancho (c. XIX)
      1. Solo en Re
      1. Roberto Gerhard (1896-1970)
      1. Sonata para viola y piano
      1. Angel Oliver (1937-2005)
      1. D'improvviso
      1. Claudio Prieto (1934)
      1. Sonata 5