(I) Ciclos de Miércoles El Madrid de Carlos III

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
L'academia D'harmonia . Jorge Caryevschi, flauta. Emilio Moreno, violín. Sergi Casademunt Fiol, violonchelo. Albert Romaní Turullols, clave

_________________________PRIMER CONCIERTO____________________________

William S. Newman, en su The Sonata in the Classic Era (1963 ), dedica un amplio estudio a Giuseppe Antonio Paganelli, dentro del capítulo la sonata para teclado en Italia, 1735 a 1780, en su apartado Venecia. Sin embargo Paganelli, nacido en Padua el 6 de marzo de 1710, y tal vez formado junto a Tartini, estuvo poco tiempo en la perla del Adriático, donde, como corresponde a la tradición de tan insigne ciudad, se presentó como autor de la ópera La caduta di Leone, imperator d'Oriente (1732). Muy pronto iniciaría este virtuoso dilettante di Padova sus viajes como cembalista de la compañía de ópera de Peruzzi en Ausgsburgo, iniciándose su fama en Alemania como gran virtuoso del teclado. Praga, Rheinsberg, Brunswick, Bayreuth y otras cortes germanas de la época, incluyendo la de Baden Durlach, conocieron la presencia de este maestro véneto antes de llegar a España. En su edición augsburguesa de las XXX Aire pro organo et cembalo, de 1756, Paganelli se presentó como Directeur de la Musique de Chambre de S. M. C. Roi d'Espagne en Madrid, es decir, durante el reinado de Fernando VI. Pero su puesto debió ser refrendado por Carlos III, pues el prestigio de Paganelli era enorme, y se piensa fue el quien, muerto Scarlatti y su posible sucesor Sebastián Albero, ocupó el cargo del napolitano en la corte madrileña hasta su muerte en 1763 o 1764.

Paganelli, que se había iniciado en el estilo barroco, adoptó pronto la estética del clasicismo más avanzado, siempre utilizando el rico melodismo de la ópera, en la que se había iniciado. Hoy escuchamos el primero de los Tríos Sonatas que publicó en París entre 1740 y 1742.

En la reciente edición de Tres sonatas para violín y bajo solo y una más para flauta travesera o violín (Sociedad Española de Musicología, Madrid, 1987), el musicólogo Lothar Siemens traza una biografía remozada de José Herrando con datos hasta ahora desconocidos. Allí se nos dice que José Herrando era oriundo de la ciudad de Valencia, en donde nació en 1720 o primeros meses de 1721. Su madre, Luciana Yago, era natural de la ciudad de San Felipe (Játiva), y su padre, llamado también José Herrando, había nacido asimismo en Valencia.

En 1730, sin embargo, la familia ya se había establecido en Madrid, al incorporarse el padre, que era compositor y director de teatro, a la compañía de Manuel de San Miguel. Herrando hijo debió tocar bien el violín desde niño y figuró con frecuencia entre los violinistas de la orquesta del Teatro del Buen Retiro. Más tarde llegó a ser primer violín del Real Monasterio de la Encarnación y, además, componía para el teatro y algunas casas aristocráticas de la corte, como los duques de Alba (para los que hizo 12 sonatas para violín y bajo que se perdieron en el incendio del Palacio de Liria) o el duque de Arcos, Francisco Ponce de León, al que dedicó su Arte y puntual explicación del modo de tocar el violín con perfección y facilidad (París, 1756). Jasinski considera que este primer tratado completo de violín en España revela técnicas avanzadas, incluyendo once posiciones sobre todas las cuerdas y amplio tratamiento de los arpegios.

Aunque sus enfoques son similares al de los tratados de Geminiani y de Leopoldo Mozart, Herrando es, según Jasinski, altamente original y no hay razón para pensar que conocía esos tratados.

Lothar Siemens piensa que Herrando pudo contactar con Francisco Geminiani en París, pues el hermano de éste, Miguel Cheminian, era violinista de la Capilla Real española en Madrid (desde 1723 a 1758).

En junio de 1760 ganó Herrando una plaza de violinista en la Capilla Real al fallecer Manalt, compitiendo con maestros como Rexachs, Palaudarias, Rodil y el famoso Brunetti, pero disfrutaría poco tiempo de esa privilegiada situación, pues falleció el 4 de febrero de 1763, a los cuarenta y dos años de edad. La sonata que escuchamos hoy aquí ha sido publicada por Lothar Siemens en la ya citada edición de la SEM, y procede del archivo musical dieciochesco del antiguo conde de Fernán Núñez, embajador de España en Lisboa.

Utiliza Herrando en el primer movimiento, cuya forma es monotemática bipartita -dice Siemens- el canto solístico del canario y luego el del ruiseñor como pasajes en los que se apoya para modular. El investigador canario indica la semejanza de algunos motivos con los del concierto de Vivaldi La primavera, fruto de aquella tendencia de imitación de los sonidos de la naturaleza tan propia del barroco, cuyo lenguaje, según Newman, está presente aún en la obra de Herrando.

Sigue siendo enredoso y complejo el tema de los hermanos Pla, célebres oboístas y compositores de origen catalán, pero ligados, por una parte, a Madrid, y por otra, a diversos centros europeos.

José Subirá, en su famoso artículo Necrologías musicales madrileñas (1611-1808) (Anuario musical XIII, 1958, págs. 201 a 224), nos dice que Juan Pla (padre) murió en 1755 en Madrid, dejando viuda, Isabel Ferrusola, y seis hijos, a saber; Juan, Antonia, Manuel, José, Gaspar y Francisco. Antonia murió en 1756 y Manuel, célebre compositor teatral e instrumental, en 1766.
En la necrología de Manuel, que era músico obue (sic) de la capilla de las Señoras Descalzas Reales y de las Reales Guardias Españolas, se dice que dejaba al morir (e1 13 de septiembre de 1766), madre y tres hermanos. Se sabe que Juan, o Juan Bautista, había muerto en Alemania cinco años antes, en 1761. Queda claro, pues, que los tres hermanos que dejaba Manuel al morir eran José, también ilustre oboísta y compositor, Gaspar y Francisco.

Tanto José como Juan Bautista hicieron carrera internacional como intérpretes y compositores. Ambos recorrieron Italia, Inglaterra y Francia dando conciertos como virtuosos de flauta y oboe hasta pasar finalmente, en 1753, a encuadrarse en la capilla del Gran Duque Carl Alexandre de Würtemberg en Stuttgart, justamente en los años en que fue allí Ober-Kapellmeister el célebre Nicolo Jommelli, capilla muy prestigiosa por el gran número de virtuosos que la integraban.

José Pla había actuado antes en los Concert Spirituels de París con mucho éxito. Al morir su hermano y comenzar a disminuir la capilla de Stuttgart, se trasladó a Amsterdam, donde aún vivía en 1776. Allí publicó Seis dúos para dos flautas y dejó manuscritos seis conciertos para oboe, tres solos para violín y veinte tríos para dos violines y bajo. En la Biblioteca de Karlsruhe hay tres tríos para dos flautas traveseras y bajo, u oboe, violín y violonchelo ad libitum, que no indican a cual de los dos hermanos pertenecen. Juan Bautista Pla, el mayor de los hermanos, pudo haber nacido en Balaguer (Lérida), la ciudad de su padre, o quizá ya en Torquemada (Palencia), lugar natal de su hermano Manuel. Del aprecio que recibió por parte de su patrón, el duque de Würtemberg, da idea el hecho de haber sido enterrado en la capilla de la corte de Stuttgart. Se dieron por él funerales solemnísimos. El arte de los Pla, sin dejar de ser cortesano, posee esos atisbos del subjetivismo burgués que se estaba contraponiendo al grand-goût barroco como expresión de una clase en alza, la cual dará origen al movimiento romántico en Alemania. Las sonatas de Juan Bautista Pla, ¿o tal vez de José?, tienen, sobre todo, ese tono de moderación, de buen gusto y carácter sensible, cuyo resultado será para toda Europa otro modo de entender la realidad.

Desde poco después de su llegada a Madrid, en 1768, Luigi Boccherini fue protegido por el infante don Luis Antonio de Borbón, hermano del rey Carlos III.

Uno de los retratos más divulgados de este ilustre compositor de música instrumental y de cámara, es aquel de Pompeo Batoni en el que podemos verle ejecutando una pieza de violonchelo. Actitud muy propia de quien fue un gran violonchelista desde la infancia. El padre de Boccherini, Leopoldo, le había enseñado violonchelo en Lucca, su ciudad natal, y el sacerdote Domenico Vannucci amplió aquellos estudios de tal forma que en los archivos de la Santa Croce de Lucca consta su participación como violonchelista en las fiestas del año 1756, es decir, cuando sólo contaba trece años de edad. Y aunque sea a título anecdótico, puede ser revelador de esa relación con el mundo del violonchelo saber que su segunda mujer, María del Pilar Joaquina Porreti, era hija de un violonchelista de Madrid, Domingo Porreti, de la Orquesta Real.

En Roma prosiguió Boccherini estudios con Giovanni Battista Constanzi, uno de los mejores violonchelistas de la época, autor de óperas y de música sacra. Es así como Boccherini, convertido en un virtuoso de este instrumento, inició su carrera por Italia, Austria, Francia y España. No estamos muy seguros si a causa de su carácter atrabiliario o por intrigas de su colega Gaetano Brunetti (aunque esto último parece ser falso), Boccherini no consigue un puesto estable en la Capilla Real y debe conformarse con ejercer, entre 1769 y 1785, como Compositore e virtuoso di camera de S.A.R. don Luigi, Infante d'Ispagnia.

A la muerte del infante don Luis de Borbón, le encontramos siempre en Madrid, dirigiendo la orquesta de los duques de Osuna, mientras se pone al servicio del rey Federico Guillermo de Prusia. Después de la muerte del rey prusiano, con la protección del embajador francés en Madrid, Luciano Bonaparte, y de algunos nobles, Boccherini recobró su fama como compositor y virtuoso en la corte española, pero pronto pasó a un segundo plano, falleciendo en medio de una triste pobreza.

El Trío Sonata en Sol menor, G. 148, es obra catalogada como de dudosa autoría de Boccherini y se sospecha pueda estar datada alrededor de 1780.

Entre Arenas de San Pedro, Boadilla del Monte, Cadalso de los Vidrios y Madrid, pasó Boccherini su tiempo, sus inquietudes y apuros económicos, como un español más. Además de copiosa descendencia, son muchas las obras del músico de Lucca que nos dan idea de su españolismo, desde su Ballet español, G. 526, pasando por la zarzuela Clementina (con texto de don Ramón de la Cruz) o la escena dramática Inés de Castro, G. 523, hasta sus Villancicos, G. 539, o la Música nocturna de Madrid, G. 324.

Creaciones de línea melódica fluida, de clara y elegante inspiración, la música de cámara de Boccherini, tan hermosa a veces, cabalga con un pie en el barroco tardío y otro en el primer romanticismo, cuya vibración sentimental aflora en muchas de sus páginas.

Un tanto borrosa aparece la figura de Juan Oliver y Astorga, otro de los músicos españoles de esta época que hizo carrera por el extranjero. Nacido en Yecla (Murcia), en 1733 ó 1734 según Guy Bourligueux, Juan Oliver (que otros, entre ellos Subirá, llaman Domingo Oliver y Astorga) debe ser el mismo que menciona Eitner como ejecutante de un concierto en Francfort del Meno el 18 de abril de 1765. Sabemos que poco después se presenta en Londres, donde publica Seis sonatas para violín y bajo Op. 1, Doce canciones italianas y Duetos para voz y cémbalo, con acompañamiento de guitarra Op. 2 y Seis sonatas para dos flautas alemanas o dos violines y bajo, Op. 3. Ambas colecciones de sonatas fueron dedicadas al cuarto conde de Abindgon, Willoughby Benie.

A su regreso a España, en 1776, fue nombrado violinista de la Capilla Real y siguió componiendo, entre otras cosas, cinco sonatas para viola y seis para violín que figuran en el archivo del Palacio Real. Su música instrumental está dentro del estilo galante de la época y requiere, sobre todo la de violín, cierto virtuosismo en el ejecutante. La sonata que escuchamos hoy aquí fue editada en Londres hacia 1769. Oliver falleció a consecuencia de una caída, en Madrid, el 12 de febrero de 1830, a los noventa y seis años cumplidos de edad.

No hace mucho, el pianista Antonio Baciero ha dado a conocer una interesante sonata para piano de Vicente Martín y Soler, músico cuya fama se debió exclusivamente a sus éxitos como autor de óperas.

De todas formas, no es Martín y Soler tan conocido entre nosotros como debiera, y Mozart ha sido el principal causante de ello, pues su genio eclipsó para la posteridad el gran talento de Martín.

Pero también Mozart ha favorecido el que se hable todavía del músico español en todas las historias, al haber introducido en el finale de su Don Giovanni, una melodía del final del primer acto de una obra de Martín y Soler titulada Una cosa rara, ossia belleza e onestá.

Como en Las meninas, el cuadro dentro del cuadro, la propia orquesta de Don Giovanni ofrece un concierto en su casa e interpreta tres melodías. La primera pertenece a Una cosa rara, la segunda a I due Litiganti de Sarti, la tercera es el Non piu andrai de Las bodas de Figaro del propio Mozart. Esto último destruye la creencia de que Mozart había intentado satirizar a sus colegas competidores. Las incluyó porque eran melodías muy famosas en la Viena del momento, lo cual no es de extrañar. Tengamos en cuenta que solamente de Una cosa rara se habían dado 59 representaciones desde su estreno en 1786 hasta 1794, eclipsando durante algún tiempo a la mismísima Nozze di Figaro, estrenada seis meses antes.

Formado en la catedral de su ciudad natal, Valencia, con Rafael Anglés, Martín y Soler fue organista en Alicante antes de trasladarse a Madrid, donde probó fortuna en el teatro. Del Madrid de Carlos III saltó al Nápoles de Fernando IV, triunfando en Italia con una serie de producciones operísticas.

Con ayuda de Nancy Storace, la célebre cantante amiga de Mozart, Martín se trasladó a Viena en 1781. Allí triunfó pronto con Il Burbero di buon coure (1786) y, sobre todo con Una cosa rara y L'arbore di Diana, todas ellas con textos del abate Da Ponte. En 1788 hallamos a Martini lo Spagnuolo -como le llamaban en Italia- en la corte de Catalina II de Rusia en San Petersburgo. Esta etapa rusa, llena de triunfos, se prolongará hasta su muerte, el 3 de marzo de 1806.

Hoy escuchamos una selección de Una cosa rara, su ópera más célebre, basada en La luna de la sierra, de Vélez de Guevara. Es una versión de Ehrenfried para cuarteto de cuerdas que se encuentra en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid.

No quiso desligarse de su tierra Martín pese a su vida aventurera y sus obras se conocieron en Los Caños del Peral a fines de la década de 1781-1790. En Una cosa rara disfrutamos de las dulcísimas melodías de Martín, al decir de Da Ponte, para quien estas melodías se sienten en el alma, pero pocos saben imitar.

Por otra parte, la figura de Vicente Martín y Soler merece un lugar en la pequeña historia de la música vienesa, ya que fue él quien puso de moda el vals, entendido al modo romántico, al introducirlo entre las páginas de Un cosa rara.

      1. Giuseppe Antonio Paganelli (1710-1763)
      1. Trío Sonata en Re mayor Op. 1 nº 1 para flauta, violín y bajo continuo
      1. José de Herrando (1720-1763)
      1. Sonata a solo de violín y bajo (El jardín de Aranjuez en tiempo de primavera, con diversos cantos de pájaros y otros animales)
      1. Joan Baptista Pla (1725-1761)
      1. Sonata en Re mayor (nº 4 de la edición de Welcker, Londres,ca. 1770) para flauta, violín y bajo continuo
      1. Luigi Boccherini (1743-1805)
      1. Trío Sonata en Sol menor nº 6, G. 148
      1. Juan Oliver (1733-1830)
      1. Sonata en Fa mayor Op. 3 nº 4, para flauta, violín y bajo
      1. Vicente Martín y Soler (1756-1806)
      1. Una cosa rara (Selección) (arreglo de F.H.Ehrenfried)