2/3 Ciclos de Miércoles El resurgir de la música inglesa

2/3

  1. Este acto tuvo lugar el
Christopher Langdown, piano

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SEGUNDO CONCIERTO
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Delicias del piano inglés

    Christopher Langdown, de cuya inestimable colaboración para la elaboración de las notas a este concierto quiero dejar constancia, nos propone un muy interesante recorrido por la música para piano escrita en Inglaterra en el primer tercio del siglo XX. Sus autores son algunos de los más significativos en la evolución de su conjunto en el periodo de renacimiento y consolidación que precede al surgimiento de la figura de Benjamin Britten y aunque en algunos casos la música para piano no pertenezca a lo esencial de su catálogo sí resulta un excelente ejemplo de sus actitudes y sus maneras. La producción pianística en la música inglesa del periodo citado se centra, más que en grandes obras, en pequeñas piezas o conjuntos de ellas que se acercan a idénticos intereses a los de la música orquestal o de cámara: recuperación de la tradición culta y popular, tono idílico, guiños a la modernidad, proveniente de Francia sobre todo, y esa misma actitud un tanto autocontemplativa que tiñe toda la creación musical de las Islas en la primera mitad de la centuria. Sólo hallaremos dos obras cuya ambición supere con claridad el esquema más bien cómodo a que nos referimos: la Sonata de Frank Bridge (1921-1924) y el Opus Clavicembalisticum de Kaikhosru Shapurji Sorabji (1929-1930). Y las dos no se interpretan casi nunca, la primera por manifiesta injusticia y la segunda -aquí sí que hay coartada perfecta- por su duración: tres horas y cuarenta y cinco minutos para 225 páginas de partitura.

El programa se abre con John Ireland, compositor nacido en en Bowdon, en Cheshire, el 13 de agosto de 1879, y fallecido en Rock Mill, Washington, Sussex, el 12 de junio de 1962. Sufrió los crueles métodos de Stanford cuando era estudiante en el Royal College of Music, aunque siempre le estuvo agradecido. Trabajó como organista en la iglesia de San Lucas en Chelsea y posteriormente sería profesor en el Royal College of Music, con discípulos como Arnell, Britten -a quien enseñaría composición tras Bridge-, Moeran y Searle. John Ireland fue una personalidad introvertida, insegura, siempre llena de dudas, poco confortablemente instalada en la realidad y, al mismo tiempo, altamente autoexigente. Hay quien dice que porque se quedó huérfano de padre y madre muy pronto y hay quien lo demuestra apelando a su gusto por el aislamiento que le proporcionaban las Islas del Canal, a las que viajaba siempre que podía. Llegó a retirarse casi por completo a Guernsey pero debió volver a Inglaterra ante la ocupación alemana de la isla en 1940. En su obra pianística son bien notorias las influencias de Debussy, Ravel y Gershwin.
Month's Mind (1933) toma su título de la costumbre recogida por Brand en su Observations on Popular Antiquities según la cual, en el siglo XV, era costumbre celebrar una misa en honor del difunto fallecido un mes antes en la cual se tenía en cuenta algún deseo especial de este para tal ceremonia. La obra lleva en sí, pues, una cierta dosis de enigma unida a lo que de descriptivo pudiera tener, que, francamente, no es nada. Tomémosla, pues, como una deliciosa viñeta con su punto de anhelo, por parte de su autor, de ser recordado. Columbine (1949, revisada en 1951) se refiere a Colombina, el personaje de la commedia dell'arte y pareciera una evocación de un mundo perdido en la que un vals -o fragmentos de él- va adueñándose progresivamente de la situación tras ofrecernos un episodio central basado en una armonía cromática. Sarnia (1940) es el nombre dado por los romanos a la actual Guernsey. La obra consta de tres partes. Le Catioroc toma su título del lugar desierto, presidido por un dolmen, donde Ireland solía acudir para contemplar los atardeceres marinos. Ireland encabeza la partitura con una cita de Pomponio Mela, el geógrafo romano del siglo I: "A lo largo del día, amenaza un pesado silencio y merodea una especie de terror oculto. Pero a la caída de la noche brilla la luz de las hogueras; los coros de los egipanes se oyen por todas partes: la estridencia de las flautas y los golpes de los címbalos resuenan por la vastedad de la costa". La pieza se abre con una melodía sobre una obsesiva nota baja, la segunda sección se refiere a las ceremonias de los egipanes y la tercera recupera el clima del inicio. In a May Morning aparece precedida de una cita de Victor Hugo, otro ilustre vecino de las Islas del Canal: "Era uno de esos días primaverales en los que mayo se ofrece entero. Era como un arrullo bajo todos los rumores, del campo y el villorrio, de las olas como de la atmósfera. Las primeras mariposas se posaban sobre las primeras rosas. La profunda melodía de los árboles era cantada por pájaros recién nacidos..." Nuevamente la música hace honor a su pretexto y estamos ante una evocación, calma y hasta melancólica por momentos, de las sensaciones de un paisaje, y una vida, idílicos. Song of the Spring Tides se abre con una cita de Algernon Charles Swinburne, poeta muy querido por Ireland: "Sobre el avance florido del año / paseando por el gris verdoso del mar de abril / ... sobre el arenal florecido de espuma / la brisa resplandeciendo..." El carácter de la pieza es decididamente luminoso, con un tema ondulante que se repite con más o menos énfasis, como un rondó feliz. Un segundo, más tranquilo pero más intenso, hará de suave contraste hasta que una transición nos conduzca de nuevo al inicial y a la coda.
    A Edward Elgar, nacido en Broadheath en 1857, y muerto en Worcester en 1934, le conocemos bien por sus Marchas de pompa y circunstancia, sus Variaciones Enigma, sus sinfonías, sus conciertos y alguno de sus oratorios, olvidando con demasiada frecuencia su crepuscular música de cámara. Sobre él actúa el tópico, en parte justificado, de ser el compositor que mejor ejemplifica el fasto imperial británico, y eso hace olvidar que, por encima de ello, era un creador bien consciente de su propio mundo interior. Su obra para piano está integrada por catorce piezas breves -algunas brevísimas- de la que sólo Salut d'Amour alcanzó los honores de un número de opus. Poco más, pues, de una hora de música.  El Allegro de Concierto (1901) es la más importante de todas, la más ambiciosa, y fue escrita a petición de la pianista Fanny Davies (1861-1934). Elgar no estaba muy seguro del resultado y revisó el manuscrito para hacer la pieza más concisa eliminando algunas repeticiones. Tras sugerirle a Anthony Bernard que convirtiera la obra en un movimiento para piano y orquesta, esta se perdió hasta ser redescubierta, en 1968, por John Ogdon. Uno no sabría decir de fijo si, en efecto, la partitura pide la orquesta, pero su inicio hace pensar en ella, al menos hasta que el piano parece fijar un tema principal como de ritmo de marcha al que sigue un segundo poderoso que precede a un episodio más tranquilo tras el que entramos en un mundo inequívocamente brahmsiano -una de las influencias del Elgar camerístico-, el de las Rapsodias y los Intermezzi, que constituye el pasaje más interesante de la obra y sobre el que se asienta su desarrollo posterior. Ahí sí que cabe pensar que esa sola sección hubiera bastado para hacer una composición más concentrada, más intensa, y que nos sobra un poco la retórica del principio, la misma que aparece en la conclusión, un tanto hinchada.

    Tampoco Frederick Delius escribió demasiado para piano y, curiosamente, parece más ambiciosa la escritura del acompañamiento pianístico de algunas de sus canciones que aquello que compusiera directamente para el instrumento. Los Tres preludios (1923) -cuatro minutos de música- reflejan sin duda una de las influencias más evidentes en su música: el impresionismo de Claude Debussy. Por eso llevan también impresa la inequívoca marca de la casa. El primero es un Scherzando de tema muy simple y ondulante en el que el piano se mueve en arabescos. El segundo, Quick (Rápido) quiere imponer una melodía inconclusa sobre el punteo de las notas más agudas del piano. El tercero -Con moto. With lively undulating movement- se define por sí solo, pues se trata, en efecto, de un motivo ondulante y vivo sobre un fondo como de barcarola, envolvente en su brevedad.

    Frank Bridge nació en Brighton el 26 de febrero de 1879 y murió en Eastbourne el 10 de enero de 1941. Fue alumno de Stanford en el Royal College of Music. Trabajó como violinista, como músico de cámara tocando la viola en el Cuarteto Joachim y después en el English String Quartet, dedicándose también a la dirección de orquesta. Fue el maestro más influyente de Benjamin Britten y su evolución es la de un creador cada vez más inmerso en su propio tiempo, que necesita crecer en imaginación y en medios formales, lo que le lleva a acercarse, en sus obras de madurez, a los postulados de la Segunda Escuela de Viena.
    Entre 1905 y 1929 Bridge escribiría mucha música para piano de la que destaca su formidable Sonata. Los tres Sketches -April, Rosemarie y Valse capricieuse- son de 1906 y muestran a un compositor que sigue unos esquemas todavía convencionales, en la línea ya vista en Elgar y con las características de cierta música de salón habitual en el continente. La Dramatic Fantasia es básicamente una sonata con un movimiento lento interpolado y su título remite a una forma -la fantasía- que utilizará en su ultima música de cámara y en una de sus obras mayores: Phantasm para piano y orquesta. Parece ser que, en principio, quiso llamar sonata a la pieza, incluso que podría haber sido un intento de primer movimiento y que el Etude Rhapsodique, de 1905, hubiera sido el Scherzo, pero comprobó que se trataba de un trabajo autosuficiente y lo mantuvo en lo que sería su forma definitiva. Una introducción marcada Adagio presenta el material básico. Seguirá un primer tema, Allegro moderato y, tras él, un más cálido Ben sostenuto. Un virtuosístico diseño en arpegios derivado del primer tema cierra la exposición a la que sigue un melodioso Lento ma non troppo. En el Allegro reaparece el segundo tema y la obra se cierra con una triunfante coda.

Samuel Coleridge-Taylor nació en Londres en 1875 y murió en Croydon en 1912. Estudió, como tantos de sus contemporáneos, con Stanford. Fue un buen director de orquesta -en Nueva York le llamaban "el Mahler negro" - y un duro luchador que hubo de defenderse contra la discriminación racial y los prejuicios de la época. Introdujo en su obra temas provenientes de la tradición musical de los negros americanos y no por nada su ídolo sería Antonin Dvorák. La Petite Suite de Concert, compuesta para orquesta en 1910, y trasladada al piano un año después, está escrita en cuatro movimientos. Se abre con  el pimpante Le Caprice de Nannette, un movimiento en el que se yuxtaponen materiales ligeros -toda la obra lo es-, casi se dirían balletísticos, y líricos. Demand et Réponse es una de las obras más populares de Coleridge-Taylor gracias a su memorable tema principal. Un Sonnet D'Amour es de textura más ligera, generando un clima intensamente melancólico en su sección central. La Tarantelle Frétillante de cierre es un fragmento vivaz en el que se alternan figuras en dosillos y tresillos y conduce la suite a una enfática conclusión.

  1. I
      1. John Ireland (1879-1962)
      1. Month's Mind
      2. Columbine
      3. Sarnia
      1. Edward Elgar (1857-1934)
      1. Concert Allegro, Op. 46
  2. II
      1. Frederick Delius (1862-1934)
      1. Three Preludes
      1. Frank Bridge (1879-1941)
      1. Three Sketches
      2. Dramatic Fantasia
      1. Samuel Coleridge-Taylor (1875-1912)
      1. Petite Suite de Concert, Op. 77