(I) Ciclos de Miércoles Mompou: música para piano

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Antoni Bessés, piano

__________________________PRIMER CONCIERTO___________________________

IMPRESIONES INTIMAS

    Las Impresiones íntimas nos dan ya, sin ningún género de dudas, el piano mompouiano, su manera personalísima, las mismas exigencias mecánicas, así las de una mano muy grande (la propia del compositor), las de su sonoridad peculiar - ambiente armónico, pedales-  y su rubato especialísimo..., diciéndonos que nuestro músico, desde el principio (pues ésta es su Op. 1), establecía una actitud estética en aras de hallar su música, con las ascendencias que queramos encontrarle, pero ya muy suya siempre. A lo largo de su total obra para piano, claro está que irán surgiendo modificaciones en su manera de escribir, pero siempre serán extremos leves que jamás llegarán a perturbar, sustancialmente, lo que quedó dicho en sus Impresiones íntimas. La serie se extiende entre los años 1911 a 1914; buscando algún contraste pequeño y para editar un volumen, agrupé estas piezas bajo un solo título, más bien esbozos de cosas, que el joven compositor de dieciocho años apuntara, cuando se despertó en mí la vocación musical...

1. Planys (Quejas)

    Cuatro son los fragmentos que se agrupan en el primer número. El primero, Lento cantabile expresivo, es un corto fragmento triste, de esencial valoración melódica y, a la vez, contrapuntística, derivada por entero de un único tema. Dins la sombra d'una preocupació que, con libertad, traducimos como Envuelto en la sombra de una preocupación, fue indicación significativa de una primera edición de la segunda de estas Quejas, con sentido obsesivo en la insistente iniciación del breve Andante que la contiene. El contraste del Gracioso y corto diseño, a la vez nostálgico, melancólico, de dulces contornos, también suerte de cantinela un tanto perfumada por lo popular catalán, se desprende de la tercera Queja. Un Agitato pondrá rúbrica a los cuatro Planys, con una agitación murmurant que quiere reflejar la angustia, el miedo a la espesura del bosque, murmullo que llegará al grito y se dulcificará en la calma, en una buscada alusión a una obra determinada de Grieg.

2. Ocell trist (Pájaro triste)

    El padre de Federico Mompou tenía un jilguero que, pese a haberle asegurado que sería un cantor infatigable, se pasó toda su existencia entonando tres notas tan sólo: Mi-Do-Re. Ellas fueron germen de inspiración para esta segunda de las Impressions íntimes, escrita en 1912. El fragmento entero es una derivación de tan sencillo punto de partida - lo onomatopéyico se concretará más cuando el giro lo comenta con mayor rapidez- , en una suerte de recuerdo con perfume impresionista en el pasaje central, de enorme delicadeza en la limpia melodía impregnada de tristeza, que se apoya sobre simples y apropiadas armonías plenamente mompouianas.

3. La barca

    La tercera es asimismo de 1912. Se trata de una barcarola de gran placidez, enteramente construida sobre la base inicial de sus primeras cuatro notas de una línea expresiva ondulante, que nos acerca la imagen de una barca pequeñita, en el mar, dicha con calma, sostenida por esas armonías bellamente enturbiadas por la manera personalísima del compositor. Este momento fue llevado a la guitarra por Regino Sáinz de la Maza.

4. Cuna (Berceuse)

    Breçol fue el título catalán dado para la cuarta de las Impresiones íntimes, sustituido más tarde por Cuna, a la que se añade como subtítulo el de Berceuse. Al aire plácido de La barca anterior se opone ahora el dulce balanceo de esta Cuna, traducido por el diseño de tres notas en la región grave, ideal base sobre la que canta con ternura una melodía, en una manera a lo Fauré, que se torna apasionada en momentos, hasta su delicada extinción. Data de 1914, y los matices exigidos en la partitura son muy abundantes.

5. Secreto

    El único secreto de este Secreto es que no tiene secreto. No es ninguno en concreto, sino algo simplemente muy íntimo, guardado en nuestro interior. Volvemos a 1912 como fecha de escritura. Como en Cuna, un diseño rítmico sostiene las posibles interrogaciones, reiteradas y hasta explicadas en el final de su total exposición, dentro de una amplia frase, excelentemente adecuada sobre la base, cuyo total se inscribía en una antigua edición dentro de un elocuente Misteriós... Esto, el obligado misterio de todo secreto, es lo que ha de ofrecernos la mejor traducción del fragmento, algo muy sutil y subjetivo, muy íntimo, secreto. Predomina un cierto perfume francés y la sensación de algo relatado con placidez.

6. Gitano

    Fechada en 1914, es un recuerdo de un gitano atropellado por nuestro automóvi1, quien con palabras bondadosas procuraba calmar a los protagonistas del accidente. Sobre un fondo sincopado se escucha un tema amable, bondadoso, que, breve en su formulación, se extenderá en trazo elegante, solamente un algo angustiado en su final y, luego, derivará hacia cauces un tanto apasionados, con inquietud (Neguitós, en catalán, pedía el autor), siempre suplicante y con gran ternura. No es posible traducir un sentimiento inspirador con mayor acierto, con una tal economía de medios, por un Gitano y señor, cierre magnífico de las Impresiones íntimas.


DIALOGUES

    Los dos Dialogues, escritos en 1923, siguen aquella manera francesa - de Erik Satie, podríamos concretar-  apuntada ya en anteriores obras. Todo, aire e indicaciones expresivas, se redacta en francés, y la aproximación a su verdad interpretativa se nos da con características palabras, así sans espoir, expliquez, questionez, hésitez, exaltez-vous, donnez des excuses, etc. pregunté a nuestro músico acerca de estos Diálogos...: ¿Sobre qué? ¿Entre quiénes?... Vaciló un poco, pero me respondió rotundamente: Pues..., entre uno mismo que se hace las preguntas y las respuestas. La partitura contiene signos de interrogación y de admiración... En mi apreciación personal, cuanto nos reclama Mompou en sus dos muy breves Dialogues viene a ser, además, una nueva manera de acercarnos más y más a su personalísimo rubato...

I.
Plaintif,a modo de triste relato, nos reclama la partitura en una introducción que contiene un germen motívico que, desarrollado convenientemente en justas dimensiones, nos da una frase predilecta de su autor. La improvisación podría caracterizar el Diálogo I. Y así hemos de conformarnos con la inconcreción pretendida y que tan bien explica lo inexplicable... El lirismo llegará a alcanzar tintes dramáticos, de pasión, cuando un rotundo plus decide así lo exige. Una magistral unidad compositiva se deja admirar dentro de su brevedad.

II.
    Hay mucho de relato en el Dialogue II, diálogo que jamás llegará a precisarse, pero que insiste en una temática de conversación irreal dentro del vuelo de la improvisación. El momento posee una evidente ternura; hay diversas indicaciones dialogantes y hasta brilla un cierto aparato virtuosista y apasionado, siempre, claro está, limitado por sus cortas dimensiones. Surgen hasta evidentes dificultades pianísticas, pero lo que más importa es la conseguida unidad en el desarrollo de ciertos aromas temáticos, más que de auténticos motivos. Todo el Diálogo II es admirable... ¿Por qué el olvido de estas páginas?


CANTS MÁGICS

    Los cinco fragmentos de que consta el Cuaderno de los Cants mágics resultan ser algo a modo de muy breves invocaciones, escritas dentro de un similar espíritu al que pocos años más tarde dictará sus Charmes. Son algo irreal, cantos de magia, cuyos títulos sólo pueden entresacarse de los mismos tempi que aquí no se refieren a una determinada velocidad del movimiento, sino a su carácter cambiante, apuntando directamente a unos estados anímicos de eminente apreciación subjetiva, capaz de toda sugerencia posible. Los Cantos mágicos serán la primera obra editada de Mompou. Mostrada a Adolfo Salazar por Robert Gerhard, mereció un encomiástico artículo en El Sol que, con el de Vuillermoz en París, comenzarían a conceder fama internacional a nuestro músico admirado. Están escritos entre 1917 y 1919, y la cubierta fue diseñada por José Mompou, hermano de Federico, muy sencillamente, pero figurando ya en ella la pequeña ermita que sería el precioso «ex libris» del compositor.

I. Energic
    El primero de los Cants mágics es abierto por acordes de porte grandioso: comenzados en un forte, llegarán hasta un recitat de poderosa dulzura, para enlazar con el lent constituido por un clima armonioso que nos deja escuchar un sentido tema, cerrándose el momento con el arpegiado de los acordes del comienzo.

II. Obscur
    Como un relato oscuro en la región grave del piano, se inicia el segundo número. Se alejará en el recuerdo progresivamente cuando el cIar, en el brillant que exige un doble moviment envuelto en esas sonoridades agudas, diríase que de campanas... En el centro escucharemos un tema, nostálgico, bien arropado armónicamente.

III. Profond-lent
    Como un cortejo fúnebre, nos aconseja el autor para el tercero. Tristeza, desolación, dada por el único tema y la insistencia en el mismo, obsesiva, pese a presentarse de distintas formas, así Profond-lent en su exposición, más tarde sota el pes de la son (bajo el peso del sueño), con una mica d'aire cuando se adorna con arabescos que nos ofrecen cierta atmósfera acuosa...

IV. Misteriós
    Con su acompañamiento percusivo de una sola nota, nos acerca el cuarto Canto mágico a una suerte de danza ritual, conducente a un pasaje, viu, sens ordre (vivo, sin orden), de cierto sesgo virtuoso, fantasmagórico, aliviado, por así decirlo, por un reclamado dolorós equilibrador. La sencilla iniciación llegará a determinar la que podría ser nuevo tema en un indicado tranquil trist.

V. Calma-Inquiet
    El quinto número viene a ser un nuevo ejemplo de esa personalísima búsqueda de resonancias, a guisa de armónicos de una irreal cuerda que Mompou crea en el piano. El vibrar de una línea melódica que surge en la región grave, sobre cuyas notas flotan unas armonías que buscan aquellas aludidas resonancias, se contrasta en la parte central del momento - ritmo temario por oposición al binario anterior- , cantando con inquietud, tristemente, con desolación, hasta los acordes finales, profond; perdentse...


CHARMES

    Dentro de un periodo compositivo de Federico Mompou que podríamos distinguir como netamente parisino - Cants mágics, Trois variations, Dialogues, etc.- , que gusta de las indicaciones, títulos y leyendas en francés, muy a lo Satie, yo destacaría la colección de Charmes. Se trata, indudablemente, de uno de los momentos más cuajados, más definidores de la fuerte personalidad mompouiana. Sus mismos títulos ya son anticipo de su ligazón poética no a unos textos determinados - que no los hay- , sino al clima espiritual que ellos nos sugieren, que nos envuelve... Por otra parte, también resulta ser una de las más preferidas páginas del autor, porque estimaba responder mejor a mi forma o manera de componer. Charmes, escritos entre 1920 y 1921, reúne seis sugerencias literarias que son algo puramente imaginativo, algo original de nuestro músico, siempre muy cerca y al día del interesante clima intelectual de su época. Aclaremos que nada tienen que ver con los poemas de igual título de Paul Valéry. El músico se inspiró en el significado de la palabra india Karma, de muy difícil traducción, algo que para él venia a ser una forma de destino o predestinación; cada indio tiene su karma, su destino...
    Cada uno de los seis números de que consta Charmes alude directamente a un fin mágico; la claridad de sus invocaciones no impide volver a ese mundo de la sugestión, en el cual será la sonoridad - una de las más esenciales características del piano de Mompou-  el medio más importante para captar su más auténtico mensaje.

I. ...pour endormir la souffrance
    Sobre un dibujo de insistente ritmo se destaca su carácter monotemático, y la flexibilidad traductora es aquí máxima. Me dijo el compositor: No soy exigente y se puede hacer de mil maneras. Ante el primero de sus Charmes no quería mostrarse autoritario en modo alguno, aconsejando, eso si, una delicadeza en el sonido, irreal en su broche, que es consustancial... para atenuar el sufrimiento.

II. ...pour pénétrer les âmes
    La sonoridad siempre ha sido mi constante preocupación: obtener la máxima vibración de la nota con un mínimo ataque de ella. ..Yo pretendo que sí... porque cuando suena más no es en su ataque, sino después...
Esta teoría, para la que se requiere no poca imaginación, es muy bella, y Mompou me la explicó largamente con ocasión del examen de su segundo Charme, monotemático nuevamente, cantado desde el piano... para penetrar en las almas.
III. ...pour inspirer l'amour
    ...para inspirar el amor es, traducido, el título del tercero de los encantadores Charmes mompouianos. Pequeños trazos rápidos, ascendentes, envuelven el motivo, entremezclando un aire vivo y muy ligero con el Lentamente temático, muy triste, melancólico, hermosísimo. El momento central, vivo y alegre, opone su alegría y luminosidad, dentro de una factura similar a la de Suburbis, por su perfume callejero, las alegres campanas, el bullicio...
  IV. ...pour les guérisons
    El número cuatro de Charmes fue llevado a la orquesta en la representación del ballet House of birds (La casa de los pájaros), aunque su ritmado y sordo haya de estimarse, simplemente, como un rasgo percusivo dentro de la magia del momento, en el que es preciso no olvidar lo que pueda sugerir de tambores lejanos..., sin destruir el carácter monotemático esencial. Aquellos ideados armónicos vuelven a acompañar aquí la melodía, cuyo discurso ha de ser limpio dentro de un ambiente sonoro que no exceda el mezzo-forte.

V. ...pour évoquer l'image du passé
    Vuelve Mompou por sus fueros renovadores de la grafía musical en el número cuatro de sus Charmes, actitud que fue causa de no pocos disgustos dada su confusa apreciación. Aquí ocurre al escribir esa glosa inferior arpegiada que envuelve el libre cantar, muy claro, contrastado por el momento central, cuyo muy ritmado alude de nuevo a una suerte de danza ritual, con el sonar de sus tambores..., ...para evocar la imagen del pasado.

VI. ...pour appeler la joie
    El final y sexto Charme, ...para obtener la alegría, es alegre en su aire y carácter, con una inicial llamada optimista, grata, lozana, como gorjeo de pájaros, de una introducción conducente al muy vivo que se deriva de sus dos primeras notas festivas. Por oposición a su rítmica ternaria, lo binario caracteriza una evidente rudeza, que se dulcifica al reiterarse el nuevo motivo. Dos pulsaciones cerrarán el momento y los Charmes de sugerente manera.


PRELUDIOS

    El mismoplazo de la publicación de los dos Cuadernos de Preludios (el primero con cuatro, el segundo con seis), años de 1930 y 1952, respectivamente, podrían muy bien brindarnos la diferenciación a denotar entre ellos. La fecha de escritura de los cuatro primeros se sitúa entre los años de 1927 y 1928, correspondiendo la de los restantes a los que median hasta llegar a 1950, aproximadamente; así es en 1930 cuando nacen los números V y VI. Son otras tantas piezas aisladas, como los de Chopin o Debussy - y la cita no es gratuita- , a guisa de impromptus o impresiones. La segunda serie de Seis Preludios, como los anteriores, tampoco son pórtico de nada, no anuncian nada, sino que se constituyen en cortas piezas aisladas, con carácter propio e independientes entre sí. Podría encontrarse, quizá, una mayor variedad en el segundo de estos Cuadernos, donde de nuevo el autor vuelve por sus queridos fueros de innovación gráfica, tratando de extraer del intérprete el mejor empleo de un rubato..., tan peligroso como para haber sido causa de auténticos disparates interpretativos. Con la excepción del VII, que reclama un cierto grado de esplendor en la técnica, los Preludios de Mompou se exponen sobre un piano muy claro, muy lírico, de poderosa ternura... Todavía podemos aludir a dos más que, inéditos, no comenté en mitrabajo mompouiano, a los que me referiré ahora con suma brevedad.

I.

    Significativamente, en el comienzo del Preludio I podemos leer: Dans le style romance, lo que nos acerca un querido carácter de relato, aquí muy sentido, triste y melancólico, alterado por leves inflexiones apasionadas, cerca de Chopin. Una ventana con luz, en la noche, me dijo el autor que hubiera podido intitularse este momento. Muy italiano, a la ventana llega una serenata en el estilo romance.

II.

    Una diversidad motívica se observa en el Preludio II, que en un principio estaba destinado a integrarse en una nueva colección de Suburbis, porque está inspirado en los recuerdos del compositor, cuando niño, de los gritos de vendedores ambulantes callejeros, y asimismo incluye una canción de corro, popular infantil, que podría aludir a las niñas de Merino... La sabia interrelación de la consiguiente riqueza temática es algo a añadir al interés del momento.

III.

    Podríamos decir que el entero Preludio III, es sabia consecuencia de su inicial formulación anacrúsica. El fragmento posee una serenidad melancólica de lirismo variado por inflexiones expresivas, que se agrandan en el período central de su estructura, con mayor agitación debido al reclamado un poco más de aire. Página personalísima, su querida inestabilidad, lo no rigorista, impera durante la recreación de algo verdaderamente inefable.

IV.

    El primer Cuaderno de Preludios finaliza con este número IV, que es especie de relato arcaico, un algo reverencioso, nacido de una lectura de El cantar de los cantares. El propio autor me contó que tenía la intención de escribir un gran poema y... quedó así; con sólo su esencia bíblica... La partitura apenas incluye indicaciones expresivas, sustituidas por concretos metrónomos...


V.

    Federico Mompou fecha su Quinto Preludio en 1930. Vive en París, y parece que con esta obra quiere recordar a su Cataluña tanto en el triste motivo expuesto al comienzo, como en el contraste ofrecido en el centro de la página, cuando su carácter se torna en popular-festivo. Fue escrito a solicitud de Joaquín Nin, dentro de una proyectada serie de encargos con destino a la Reina Elisabeth de Bélgica.

VI. (para la mano izquierda)

    Puede que hallemos un claro antecedente de una tal economía de medios en La cieguecita (de los famosos Suburbis), escrita en 1916... En este su Sexto Preludio, Federico Mompou se nos muestra como compositor que sabe muy bien cómo extraer consecuencias y explotar derivaciones de un buen germen temático. La página, hermosísima, es consecuencia por entero de sus cinco notas primeras, y el tema, de enorme fuerza expresiva, patético, melancólico, tristísimo en suma, por vez primera es extenso, de interválica un tanto extraña, forzada, actualísima, el todo inmerso en un sentido improvisatorio, nacido de una conversación...

VII. Palmier d'étoiles
    El compositor es meticuloso como jamás en la partitura de su Palmera de estrellas, subtítulo aclaratorio de su VII Preludio. Se trata de un reflejo musical de esa palmera final de fuegos artificiales que, especialmente en Levante, cierra esplendorosamente las fiestas populares, con su gran artificio de luminosos colores en el cielo de sus noches. Entre los V; VI y VII, media una distancia de más de cuatro lustros, pues se halla fechado en 1951. Es un modelo de concreción.

VIII.

    Volvamos ocho años atrás para fechar en 1943 este Octavo Preludio, cuando Mompou ya vive en Barcelona y parece no querer abandonar sus innovaciones en la grafía musical. Su primordial valoración hemos de encontrarla en su bien urdida trama contrapuntística, lo que nos da un Mompou distinto al de los anteriores Preludios, un Mompou siempre romántico que aquí parece mirar hacia un bien jugar de las voces o líneas horizontales clasicistas.

IX.

    El Noveno Preludio es asimismo de 1943. La gran ternura y conmovedora tristeza de sus períodos extremos se confronta con el central, agitado por un apasionamiento que será prontamente calmado en sus revueltas aguas, remansadas antes de la recapitulación final. Dentro de sus reducidas proporciones, es un hermosísimo recuerdo o directa alusión chopiniana, aunque el autor lo quisiera cercano a Scriabin.

X.

    A un año de distancia, en 1944, Federico Mompou escribe su último y Décimo Preludio. Con una muy sencilla formulación rítmica, el autor nos ofrece un único tema expuesto con brillantez, a lo que contribuye lo completo de sus armonías, para tornarse amable y tierno en sus notas finales. El total de la página - muy varia-  es uno, de amplio vuelo expresivo, denotándose el casi igual perfume chopiniano observado en el anterior Noveno, personalísimo mompouiano no obstante.

Dos Preludios (inéditos)

    En un Moderalo cantabile y con una duración de un minuto solamente, cabe la referencia, todavía dentro del capítulo de Preludios, al escrito en 1949 como regalo en la boda de Alicia de Larrocha, muy modificado en su plácido discurso bien estructurado, sobre el juego de dos voces. Posteriormente aún, en 1960, otro Preludio se extiende en un fluyente cantabile de gran expresividad - evidente su parentesco con el para la mano izquierda- , con sabor de sintonía en su parte central y coincidencia en una factura similar a la de alguno de los fragmentos de Música callada. Hasta fechas muy recientes no se habían editado.

      1. Federico Mompou (1893-1987)
      1. Impresiones íntimas
      2. Dialogues I-II
      3. Cants mágics (1917-1919)
      4. Charmes (1920-1921)
      5. Preludio I Dans le style romance
      6. Preludio II
      7. Preludio III Lentement et très expressif
      8. Preludio IV
      9. Preludio V Moderato-dolce cantabile
      10. Preludio VI Pour la main gauche
      11. Preludio VII Palmier d'étoiles
      12. Preludio VIII
      13. Preludio IX
      14. Preludio X
      15. Preludios XII y XIII (fuera de catálogo)