(II) Ciclos de Miércoles Mompou: música para piano

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Miquel Farré, piano

________________________SEGUNDO CONCIERTO___________________________
SCENES D'ENFANTS
    Las Escenas de niños del romántico Mompou poseen un carácter risueño, pero triste también a veces; son unos niños que juegan, que gritan alborozados, que cantan o bailan en un jardín, que inundan la calle con su algarabía. La obra, escrita entre 1915 y 1918, es la segunda del catálogo de nuestro compositor, y sus cinco fragmentos no poseen un determinado asunto o argumento; son unas impresiones suscitadas por la observación de los juegos infantiles, tomadas de recuerdos de la propia infancia, escritos con fuerte personalidad, hasta el punto de incluirse en la serie una de las páginas más famosas de Mompou: sus inefables Niñas en el jardín, broche bellísimo de la colección. El autor vuelve a desear la personal grafía, sin atenerse a la tradicional ortografía musical que, indudablemente, aprisiona no poco la expresión, aunque si nos asegure mejor sus líneas generales. Si se hace excepción de multitud de signos convencionales, incluye leyendas de índole poética, tales como Chantez un peu grosierement (Cantad un poco toscamente) o Chantez avec la fraicheur de l'herbe humide (Cantad con el frescor de la hierba húmeda), de tan subjetiva apreciación y, por ello, causa de bien retorcidas interpretaciones.

Cris dans la rue
    Posterior a los Jeux que les siguen, puesto que se fecha en 1918, en tanto los Juegos son de 1915, Cris dans la rue (Gritos en la calle) reflejan el alborozo gritador de unos niños en la calle, primero con estrépito, en seguida anhelantes, luego tarareando alegres una canción irreal al principio, popular después; cantan inocentemente, pero también como golfillos callejeros, grosierement, momento anticipador del elemento que habrá de reconocerse en la copla de las Chicas en el jardín, recuerdo de la canción conocida como La filla del marxant.

Jeux I
    En las ediciones de este segundo número de las Escenas de niños mompouianas, figura el titulo de Jeux sur la plage. Sin embargo fue el propio Mompou quien me afirmó que jamás ideó estos Juegos en una playa, sino que vio a los chicos que juegan bañándose en la escollera del puerto de Barcelona, entremezclándose sus gritos con el bullicio de la salida de los obreros de las fábricas. El indicado Cri inicial no es desesperado y sí alegre, casi como carcajada infantil.

Jeux II
    Siguen los juegos de los niños y sus gritos de alegría (el inicial), con su recuerdo final en triste, como sintiéndose ya lejanos... Aquí, en esto s Juegos, pese a la melancolía derivada del Cri, lo rítmico ha de ser primordial, difícil cuando el tema se desarrolla un tanto virtuosísticamente, confrontado por el rumor exigido por la indicación sourd, en contrastes sonoros de capital importancia.

Jeux III
    Un nuevo Cri se incluye en esta tercera parte de los Juegos: el que desea ser un reflejo del silbido del niño dado en el portal de su amigo al pasar a recogerlo. Las indicaciones del compositor son harto explícitas para obtener un nuevo griterío infantil que, como ya quedó aclarado, no ocurre forzosamente en la playa. El punto de partida del unificador grito aquí se nos da por un mordente.

Jeunes filles au jardin
    Es éste uno de los más bellos y famosos momentos de la música de Federico Mompou. Volvemos a 1918. Son unas chicas (más que niñas) melancólicas, que parecen bailar (más que jugar) sobre el césped de un jardín..., aun cuando Federico Mompou me hubiera asegurado que jamás las había visto, que solamente las imaginó, pero que en cambio sí vio el jardín, con un gran muro... Entre la dulzura del primer tema y la lenta exposición del directo recuerdo de La filla del marxant, magistralmente urdido el todo, queda conformado este modélico final de Scenes d'enfants.

CANCIONES y DANZAS
    Pregunté en cierta ocasión a Federico Mompou acerca de la razón que le llevó a escribir estas Canciones seguidas de Danzas, y me contestó lo siguiente: Sí, por contraste entre lirismo y ritmo, para evitar un cuaderno de canciones y otro de danzas y, también, coincidencia natural y lógica de una forma adoptada seguramente por muchos compositores; recuerdo, por ejemplo, las Rapsodias de Liszt, y entre los modernos a Bartók, o las Tonadas chilenas, de Allende. Durante muchos años fueron doce estas Canciones y Danzas -datando la I de 1921 y la XII de 1962-, pero en fechas todavía recientes llegarían la XIII, rompiendo con el único destino pianístico de las doce anteriores, pues está escrita para la guitarra, más tarde la XIV, de nuevo para el piano y, finalmente, la XV; original para órgano. A pesar del largo medio siglo de su extensión temporal, poseen una muy igual fisonomía. Su ideación fue y es una armonización de temas populares, pero nunca utilicé un solo tema de manera directa - llegó a afirmarme el autor- , concretando que tan sólo algunos compases de Niñas en el jardín y la III Canción, serían la excepción. Me molesta que me digan nacionalista, porque ello es de sentido equivocado, nos dijo en cierta ocasión. Con todo, el aroma regionalista, el de su amada Cataluña, no deja de perfumar casi siempre su entera obra y, bien en concreto, sus Canciones y Danzas, por otra parte, eminentemente mompouianas por su inigualable piano, por su factura compositiva personal.

I.
    Es, sin ningún género de dudas, la más famosa pieza para piano de todo Mompou; dentro de la tristeza de su melodía podemos admirar ya (tengamos en cuenta que su fecha es 1921) el deseo de obtener unos armónicos como los que se logran en la cuerda, mediante notas añadidas que quisieran resultar algo a modo de resonancias... La sentida Canción I - apoyada en la popular La filla del Carmesí-  se deja escuchar sobre una base peculiar afectada por un característico mordente. La Danza I -la popular se reconoce como Dansa de Castelltersol-  contrasta su alegría y luminosidad con insistentes repeticiones que no fatigan y sí aportan un sello de especial belleza reiterativa.

II.
    Pese a su brevedad, la Canción y Danza II la inicia el compositor en 1918 y la finaliza en 1924. Me dijo un día: ...lo habitual en mí es componer sin prisas... el paso del tiempo es siempre el mejor juez. La Canción es a un modo de relato nostálgico, inspirándose en la popular Senyora Isabel, que luego se reviste de una cierta brillantez, valentía, en un auténtico lied tan sencillo como emotivo. La Danza II es de índole cortesana, con tres reposos cadenciales, respirándose amabilidad; buenos modales, sencillez... Galop de cortesía es el nombre de la danza popular que la origina.

III.

    La canción de cuna más popular de Cataluña - berceuse de todas las madres catalanas-  es la aludida por Federico Mompou en el número III, romántico momento rubato de amplia cita de algo muy sentido. Es de 1926. Henchida de ternura popular, relato delicado, el lied y a la vez villancico, no por breve es menos hermoso. Su contraste es la Danza ritmada, que con su explícito título de Sardana-temps de marche, curiosamente contiene el casi único trino de la entera obra pianística de Mompou. El momento es ambicioso por su factura y desarrollo. La Canción III se enraíza con la célebre popular El noi de la mare.

IV.
    En 1928 se fecha la Canción y Danza IV; asimismo breve, y muy melancólica en una especie de relato triste, algo que puede ser ratificado en su ascendencia popular de El mariner, y sentido en la serena exposición de su línea melódica. Surge inmediata la Danza, suerte de rondó por sus varios ritornelli de carácter vivo, alegre y bien ritmado, alusión a Ell Ball del Ciri popular. Es curiosa la repetición de la Canción tras la Danza...

V.
    De la Canción y Danza IV ala V median catorce años, puesto que esta última está escrita en 1942. Un Lento litúrgico caracteriza severamente la muy corta página Canción V; solemne como un fúnebre cortejo impregnado de dolor, sentida hasta su desgarrado aliento. La Danza - como la Canción, originales por entero del compositor-  se indica senza rigore, y la palabra campanella es harto elocuente para su muy simple introducción; poco a poco va transformándose para resultar bullente, viva y hasta en momentos alegre y brillante; un apetecible contraste lo encontraremos en el central Semplice-cerimonioso.

VI.
    Asimismo son absolutamente originales - no populares, por lo tanto-  la Canción y Danza VI, fechadas también en 1942, como la anterior. Es otra de las páginas más famosas de todo el piano mompouiano. Lleva inherente una desolada tristeza y muy honda melancolía, y es de admirar la suma parquedad de elementos compositivos utilizados, ejemplo de eliminación de lo superfluo. Al cantabile expresivo de la Canción se une el fuerte contraste de la Danza en un decidido Ritmado, con luminoso brío contrastando los ritmos ternario y binario. Su admirable autor la deseaba triangulada dentro de un ambiente cubano-brasileño-argentino, sin saber cómo ocurrió esto...

PAISAJES

    Resulta incomprensible que los Paisajes de Federico Mompou no sean de lo más conocido de su entera obra para piano... Constituyen algo que podría resumir su personalísima manera de evitar lo superfluo en aras de una belleza sonora sutil, transparente y quintaesenciada de las cosas. Son, sí, un reflejo descriptivista de lo que sus mismos títulos nos anuncian, pero debido a un perfil más adivinado que preciso, más sugerido que realizado. Editados en dos volúmenes o Cahiers, aparecen los tres Paisajes -con fechas muy distantes-  afectados por un tempo calmo, algo que nos lleva a estimarlos como reposadas contemplaciones de esas pinturas que nos dan el cuadro, si breve en sus dimensiones, bien tintado o envuelto en unas coloraciones sutiles.

I. La fuente y la campana
    El primero de los tres Paisajes nace en 1942 y es punto inicial de una nueva etapa en la vida de nuestro músico. Trata de una escena vivida en un patio muy romántico del barrio gótico de Barcelona, con surtidores, y en cuyo centro hay una palmera muy grande...; desde este patio se escuchaban las campanadas de la catedral cercana... Una breve introducción generadora nos conduce a una desnuda, sentida melodía, como pórtico de La fuente y la campana, tristeza que se verá aumentada con el cierre de unas notas graves, profond, a guisa de severas campanas catedralicias. En su desarrollo se juega con notas, señaladas en mi partitura con la indicación de como gotas de agua.

II. El lago
    Cinco años más tarde, esto es, en 1947, Mompou escribe el segundo de sus Paisajes, El lago, que, digámoslo con palabras de él mismo: Se halla en el parque del Montjuich barcelonés, no muy grande y tranquilo; sobre su superficie todos podemos distinguir - y hasta escuchar-  el salto de una ranita...; los descendentes arabescos lo traducen así, seguido por el croar alborozado de todas las que se reúnen en aquel lugar. La primera de sus secciones es un auténtico lied, dentro de una atmósfera reflejo de la tranquila contemplación de las aguas de El lago, como un espejo, determinada por un elocuente Larghetto Placido. El discurrir tranquilo, traducido con una sonoridad cristalina, se interrumpirá con una quasi cadenza, traductora de aquel suave croar, y la alteración de la superficie acuosa mediante la cambiante intensidad; un Lento opone la severidad de un nuevo diseño, y el Forte agita El lago con mayor conmoción, para ir a calmarse con la repetición del pequeño tema. Un Lentement comprende la coda, delicado broche que cierra el fragmento en una imagen acuosa.

III. Carros de Galicia
    El tercero de los Paisajes de Mompou me honra con su dedicatoria, y no es solamente la gratitud ni el recuerdo a mi tierra (Galicia mereció la atención de nuestro compositor con la canción dedicada a Antonio Fernández-Cid y con la Suite compostelana, dedicada a Andrés Segovia) lo que me mueve a estimar esta obra como una de las más acertadas de todo el piano mompouiano, en particular por cuanto supone de magistral tratamiento del elemento popular en la composición contemporánea. A distancia de trece años de El lago, pues data de 1960, supone una actitud creativa de mayor inquietud en el procedimiento, más audaz en su elaboración armónica, mayormente compendio de experiencias compositivas de nuestro tiempo asimiladas, sedimentadas, en el trasfondo de un gran músico. Carros de Galicia son el resultado de una observación del sonar distinto de los ejes de los carros galaico-romanos, atentamente asimilado por Mompou en una inolvidable excursión a Castro Caldelas (Orense)... Todo es ambiente, aunque podamos delimitar temas concretos. Su iniciación acordal y sincopada permite escuchar un corto diseño muy lejano, surgiendo casi inmediato otro elemento motívico de acusado lirismo, seguido por otro molto dolce e cantabile, contraste de extremada delicadeza; todavía en la última sección formativa aparecerá un nuevo diseño de interválica actual.


CANCIONES Y DANZAS
VII.
    Inspirándose en dos melodías populares catalanas muy conocidas, Muntanyes regalades y L'hereu Riera, Mompou escribe en 1944 su Canción y Danza VII, tan preferidas de Francis Poulenc. La Canción resulta sencilla en su ámbito, apoyada por la armonización precisa, candorosa, de cambiante carácter en su transcurso. La Danza VII posee asimismo esa fuerte característica de la sencillez y candor populares; a señalar ese breve canon del final, de habilidad contrapuntística.

VIII.
    En 1946 Mompou escribirá la Canción y Danza VIII. La honda melancolía, profunda tristeza de una canción popular, El testament d'Amelia, con su trágica narración, sirvió a nuestro compositor para incluirla en un tríptico (con Ernesto Halffter y Joaquín Rodrigo) que en 1947 rendía homenaje a Ricardo Viñes, apareciendo entonces bajo el título de La canción que tanto amaba. Contrasta con el acento trágico de la Canción VIII su Danza sencilla, oponiéndole una gracia cortesana, elegante, su peculiar ritmo en la ascendencia popular de La filadora.

IX.
    Fechada en 1948, apoyándose en la canción popular Lo rossinyol (de espíritu navideño), la Canción IX relata, en un reclamado Cantabile expresivo, algo hondamente sentido, en verdad desolador. Sin larga pausa, casi unida, sigue la Danza de inicial rudeza, luego adelgazada hasta tornarse alternativamente graciosa y, aunque original de Mompou, se apoya en el baile popular denominado El barretinaire, modificando su inherente marcialidad en una evidente ternura.

X.
   «Sobre dos Cantigas del Rey Alfonso X (siglo XIII) - así figura en la partitura- , se inspira Federico Mompou para escribir en 1953 su Canción y Danza X, la primera de carácter polifónico: melodía severa, bien arropada por contrapuntos de escolástico corte; es indudable que la obligada referencia a la Cantiga 100 del Rey Sabio rebaje el sello mompouiano en algo, lo mismo que cabe admitir respecto a la Danza -aquí la Cantiga es la número 179- , con su contraste rítmico, elegante trazo cortesano, dibujado con ingenuidad.

XI.
    La Canción y Danza XI, escrita en 1961, nos ofrece la novedad de intercalar en la Canción una breve danza con ritmo de zapateado, que rompe la solemnidad procesional que apunta una impresión de lo popular-religioso de tantos pueblos de España... Sin apenas interrupción, seguirá la Danza, caracterizada por un Gracioso aire de festejo popular, con sus cortejos o desfiles acompañados de sencillas músicas.

XII.
    En 1962 escribe Mompou su Canción XII, añadiéndole su correspondiente Danza unos diez años más tarde. El lirismo mompouiano, que sabe cantar tristemente dos períodos iguales, impregna la primera de estas obras con líneas que sostienen una melodía sin perturbarla, canto derivado de la popular La dama d'Aragó, en tanto será La mala nova, de idéntica ascendencia, la que inspire la Danza, monotemática, cerrada con su nostalgia, con su más caro ropaje pese a sencilla.

CANCION DE CUNA

    Escribí esta página en 1951 para el bautizo de una hija de Janés, el poeta y editor catalán, a la que está dedicada por su padrino, me aseguró Federico Mompou. La breve berceuse forma parte del tercer volumen de Les Contemporains, una colección o serie de piezas fáciles para piano reunidas por Lucette Descaves y editada por Pierre Noel, en unión de otros trozos debidos a Shostakovitz, Poot, Khachaturian, Gagnebin, Kabalevski, Mompou - por este orden- , Genzmer, Tansman, Harsanyi, Martinu, Martín, Stubbs y Marescotti. La Canción de cuna es, consecuentemente, sencilla, con el candor de su ritmo inicial, delicada, contrastada avec tendresse en su sección central, revestida con cierta elegancia, arropada con elementales armonías de sabor arcaico.

      1. Federico Mompou (1893-1987)
      1. Scenes d'enfants
      2. Canción y danza I
      3. Canción y danza II
      4. Canción y danza III
      5. Canción y danza IV
      6. Canción y danza V
      7. Canción y danza VI
      8. Paisajes
      9. Canción y danza VII
      10. Canción y danza VIII
      11. Canción y danza IX
      12. Canción y danza X
      13. Canción y danza XI
      14. Canción y danza XII
      15. Canción de cuna