(I) Ciclos de Miércoles Piano nacionalista español

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Eulàlia Solé, piano

__________________________PRIMER CONCIERTO___________________________

ENRIQUE GRANADOS
Goyescas o Los majos enamorados
La obra más famosa de Enrique Granados, cuyos primeros esbozos están fechados en 1909, se estrenó el 11 de marzo de 1911 por lo que a sus cuatro primeros números, constitutivos de la primera parte, se refiere, en el Palau de la Música Catalana de Barcelona. Los dos números restantes, que configuran la segunda parte, vieron la luz en el mismo lugar en 1913. Al parecer, las primeras ideas acerca de la obra se le habían ocurrido a Granados en 1898. Fue a partir de algunos apuntes tomados en aquella ocasión desde donde comenzó a trabajar el músico. Su idea, el germen de la composición, escribe el propio autor, era España, en el sentido abstracto e ideación de determinados elementos del carácter y la vida de mi país. Coincidiendo con ello, tenía muy en cuenta los tipos y las escenas tratados por Goya. Me enamoré de la psicología de Goya; de su paleta. De él y de la duquesa de Alba, de su maja señora, de sus modelos, de sus pendencias, amores y requiebros. ..Quizá influyera en la elección de Granados su afición a la pintura. No hay que olvidar que era un buen dibujante y que utilizaba con soltura los pinceles. Para ilustrar musicalmente las pinturas goyescas hizo uso, por supuesto, de su sensibilidad artística en general y del conocimiento que tenía del mundo dieciochesco reflejado por el pintor de Fuendetodos y, en especial, de su habilidad para la utilización estilizada de la tonadilla (hay que recordar la importante serie de tonadillas para canto y piano escritas por él), tan propia de la época retratada. Musicalmente, partiendo de una completa técnica pianística heredada del romanticismo, encontramos en las piezas constitutivas de Goyescas todo el sabor del Madrid dieciochesco y todos los ecos que lo popular reflejaba en las sonatas de Domenico Scarlatti, cuyo mundo ligero, refinado y castizo al tiempo, lleno de estilizado barroquismo, encontramos en buena medida sugerido en la composición del músico ilerdense.

Para Antonio Iglesias, autor de dos minuciosos volúmenes que analizan la obra pianística de Granados, los cuadros de Goyescas dejan amplia libertad a la fantasía, poseen una indiscutible e innata elegancia y dibujan unos tipos o insisten en una rítmica muy acusada. Las ideas afluyen a la manera de las grandes improvisaciones. En toda la obra pueden detectarse la presencia de leitmotiv o motivos conductores que la vertebran, lo que otorga al conjunto una indiscutible homogeneidad. Opinión diferente mantiene el estudioso inglés James Gibb, para quien la longitud discursiva de todos los números, con excepción de La maja y el ruiseñor, hace imposible que la colección mantenga una unidad convincente. De lo que no cabe duda es de que Goyescas contiene una escritura pianística de primer rango, de exquisito refinamiento y de espléndida factura. En ella se dan cita los ya comentados rasgos románticos chopinianos-schumanianos de Granados con su gracia para el manejo de los elementos autóctonos, la tonadilla en primer lugar. El perfume poético, la atmósfera de alquitarado lirismo que emanan de la obra, seducen y atraen porque, además, en ella su autor hace gala de una extraordinaria libertad formal, de una imaginación y de un antiescolasticismo admirables. Detengámonos brevemente en cada uno de los números constitutivos de las dos partes de Goyescas.
Los requiebros
Se juega con dos motivos básicos provenientes de una tonadilla de Blas de Laserna, La tirana del Trípili. A partir de las ideas fundamentales se edifican unas variaciones. El allegretto inicial; que se abre con una pequeña introducción al material temático propiamente dicho, ha de tocarse con garbo y donaire, indicación que es una de las muchas que a lo largo de la partitura consignó el autor, siempre minucioso y detallista. La primera frase, en la que abundan los tresillos -como en toda la obra- es apasionada y tiene una reproducción cada vez más delicada.

Es muy importante aquí la utilización del rubato. La segunda parte de la tonadilla, poco più animato, aparece en la mano izquierda y será repetida cada vez más adornada y más fuerte. Las dos secciones de la tonadilla son tratadas de maneras diversas. Sucede un aire de soliloquio, de evocación danzable. Cascadas y más cascadas de notas, en escritura altamente virtuosística, se suceden a la vez que el tiempo varía, se acelera o se frena, a indicación del autor, de forma continua. El material temático es repetido con extraordinaria inventiva. Con molta gallardía e ben marcato, reza la partitura, que acaba, en efecto, gallarda y brillantemente. Este primer número de Goyescas está dedicado al pianista Emil Sauer.
Coloquio en la reja
Se trata de un dúo de amor, un Andantino allegretto, con sentimento amoroso, en 3/4. La atmósfera es bien distinta. El dibujo es suave y delicado en un principio y más contrastado a medida que va desarrollándose el tema inicial, con posterioridad. La segunda sección, que abre paso a la copla, posee una atmósfera evocativa. Hay retenciones, empleo del rubato, fugaces apasionamientos, cambios de ritmo (2/8- 6/8). Se trata de una pieza tan delicada como apasionada, llena de contrastes y de presagios. Con dolore e appassionato, subraya Granados en el recitativo final.
El fandango del candil
Escena cantada y bailada lentamente y con ritmo, figura al comienzo de este Allegretto gallardo en 314, dedicado a Ricardo Viñes. Enorme variación sobre el tresillo, define Antonio Iglesias a esta página, que no se halla adscrita a ninguna forma concreta. El fandango abre directamente el fragmento en el que, según todos los indicios, se hace referencia a El baile del candil, una escena del Madrid del XVIII descrita por Mesonero Romanos y donde se recoge una derivación de la tonadilla Las currutacas modestas, del propio Granados. De todas formas, la melodía queda penetrada por el insistente ritmo, que hace que este número no posea las calidades netamente expresivas de Coloquio en la reja y del siguiente, Quejas o La maja y el ruiseñor. El dedicatario es el pianista francés Edouard Risler.
Quejas o La maja y el ruiseñor
Es un Andante melancólico en 3/4 dedicado por Granados a su mujer Amparo. Sin duda la página más conocida de la obra. Una especie de diálogo entre la maja y el pájaro (aunque, naturalmente, hablen lenguajes diferentes). El autor se inspiró, y lo recoge Antonio Iglesias, en la canción popular Una tarde que me hallaba en mi jardín divertida. Nos encontramos con un soliloquio, con un mundo de confidencias, emocionado, con permanentes recomendaciones expresivas tales como con molta fantasía, molto diminuendo legatissimo, a tempo apassionato, con molto espressione en un sentimento doloroso. Atmósfera cálida, sensual, nocturna. Hay continuos adornos sobre el tema principal, sobre la melodía de la maja, que ha de exponerse con un claro dominio del rubato. Al final surge el canto del ruiseñor, un trino repetido en escalas. Arpegios. La música se desvanece pasando de vivace a lento.
El amor y la muerte
La segunda parte de Goyescas de este ciclo, Los majos enamorados, comienza con esta balada dedicada a Harold Bauer. Esta página, que comienza animato e dramatico, es verdaderamente trágica, como anuncian, con molto espressione e con dolore, los primeros compases tras los truculentos acordes iniciales. Escuchamos aquí las notas evocativas del dúo de amor de Coloquio en la reja y otros temas conectados con las piezas anteriores. Este número 5 es utilizado por Granados para dar cima a su versión lírica de Goyescas, la ópera que estrenará en Nueva York. El propio autor va destacando a lo largo de la escritura de esta página, la más larga del ciclo, los momentos en que aparecen los temas evocativos: el Coloquio, Requiebros, Fandango. Tras un molto espressivo e comme una felicitá nel dolore, se sucede un recitativo dramático en donde tiene lugar la muerte del majo. El lento final recoge los toques a muerto durante seis compases antes del melancólico canto final en "pp".
Epílogo
Es la Serenata del espectro, un Allegretto misterioso marcado 3/8 que Granados dedicó a Alfred Cortot, el gran pianista francés. Nos encontramos también con una página rememorativa, tal y como lo era la balada El amor y la muerte, aunque aquí hay mayor ironía y brevedad. Los temas fundamentales de la obra no dejan de estar aludidos en el desarrollo de este Epílogo. Notas aisladas, como de puntillas, inician esta especie de divagación de la que es protagonista un espectro, quizá el de Fernando, personaje de la ópera, que nos ofrece una serenata. Es graciosa la manera en que Granados indica, luego de las lúgubres campanas finales y del corto pasaje vivace de escalas ascendentes, el espectro desaparece pellizcando las cuerdas de su guitarra.
El pelele
Granados utilizó esta pieza, que habitualmente se une, aunque no pertenezca a ella, a Goyescas, como número inicial de la ópera de este título. Es una página brillante y de especial dificultad pianística, como pudiera serlo Los requiebros. Se estrenó el 5 de marzo de 1915 en el Palau de la Música de Barcelona con el autor, naturalmente, al piano. La obra está dedicada a Enrique Montoriol Tarrés, pianista catalán, y lleva el subtítulo de Goyesca. Tras un comienzo señalado brillante en 3/4, comienza un Andantino quasi allegretto, de ritmo muy marcado con grazia, a partir del que se desarrolla un deslumbrante juego instrumental que nace del desarrollo y enriquecimiento progresivo de una célula muy simple de cuatro notas, las dos primeras separadas por un silencio: semicorchea-semicorchea-semicorchea-corchea. Es el ambiente de la tonadilla el que nos rodea. La pieza es lúdica y por momentos grácil y elegante, pero de ella nunca se evade el factor rítmico que la vertebra y le da vida. Es curioso resaltar que en este caso Granados casi no consignó recomendaciones expresivas.

      1. Enrique Granados (1867-1916)
      1. Goyescas o los majos enamorados (volumen I)
      2. Goyescas o los majos enamorados (volumen II)
      3. El Pelele. Escena goyesca