(II) Ciclos de Miércoles Piano nacionalista español

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Ricardo Requejo, piano

_________________________SEGUNDO CONCIERTO__________________________

ISAAC ALBÉNIZ
CANTOS DE ESPAÑA
Albéniz compuso en torno a las doscientas obras. Este pequeño ciclo, que vio la luz hacia 1899, lleva el número 232 de opus. Aparece constituido por cinco piezas, dos de las cuales, Preludio y Seguidillas, fueron extraídas por el músico de su Suite Española Op. 47, cuyos ocho números nacieron muy probablemente hacia 1886. El valor musical de estos Chants d'Espagne es desigual, no todas sus páginas poseen el mismo nivel, pero existen ya rasgos evidentes -cosa lógica por otra parte- indicativos de la madurez posterior alcanzada sobre todo en la Suite Iberia.
Preludio
Proviene, en efecto, de la mencionada Suite Española, dentro de la que figuraba con el nombre de Asturias y el subtítulo de Leyenda. No se sabe a cuento de qué esta página lleva tal caracterización geográfica, ya que el espíritu que la envuelve y el aroma que de ella se desprende son netamente andaluces. Se trata de un Allegro ma non troppo caracterizado por la utilización de un persistente ritmo (marcato il canto) en semicorcheas, repetido percutivamente. Escuchamos la misma nota en la mano derecha y un acompañamiento con diseño descendente en la izquierda. La sección central nos ofrece una melodía, una auténtica copla, brevemente desarrollada y combinada de inmediato con un aire danzable. La guitarra, instrumento que es evocado en la pieza, ha sido la protagonista fundamental, tras la correspondiente transcripción, de la celebridad que ha alcanzado este Preludio.
Oriental
La armonía es sencilla, de simple acompañamiento a un tema de corte andaluz. En esquema, y aunque la pieza no es nada especial, encontramos determinadas figuras y planteamientos que habrán de desarrollarse en Iberia.
Bajo la palmera
Esta Danza española, dedicada a Emilio Vilalta, y que, no se sabe bien por qué, se denomina también Cuba, tiene un cierto aire de habanera, es cadenciosa, de claro atractivo melódico. Como en la anterior, la elaboración musical es corta.
Córdoba
Es probablemente el título más interesante. Comienza con notas lentas en los bajos, en una introducción que tiene un cierto carácter litúrgico. Enseguida emerge un tema, sólo esbozado en un principio. Un tema en el que estalla, como sugiere Laplane, la llamada de la sensualidad terrestre con un latido impaciente. Y, muy literariamente, atormentado con una insistencia insidiosa apoyando un motivo envolvente y turbio. Albéniz realiza un interesante trabajo variado sobre el diseño rítmico de la danza.
Seguidilla
Es Castilla, número 7 de la Suite Española, un allegro molto en 3/4, página colorista y pintoresca, rítmicamente muy viva, llena de garbo. La copla es pinturera. La repetición, realizada en otro tono, otorga variedad a la pieza.
IBERIA
Es, no cabe duda, a pesar de algunos muy interesantes logros anteriores dentro del mismo mundo del piano y alguna escapada por el de la ópera con cierto éxito (Pepita Jiménez), la obra maestra de Isaac Albéniz, que fue compuesta entre los años 1906 y 1909 en la residencia que el músico poseía en Niza y cuando ya el cansancio y el agotamiento de una vida muy agitada empezaban a hacer mella en él. En esta obra depositó toda su sapiencia, toda la experiencia que desde niño, como instrumentista precoz, había ido adquiriendo, todas las intuiciones, en algunos casos maravillosas, que fueron conformando su personalidad artística. La Suite está dedicada a la pianista francesa Blanche Selva, que la va estrenando a medida que el compositor le facilita los cuatro cuadernos de que consta la obra. El primero se ofrece por primera vez el 9 de mayo de 1906 en la sala Pleyel de París. El segundo se da a conocer el 11 de septiembre de 1907 en San Juan de Luz. El tercero aparece en público el 2 de enero de 1908 en la residencia de la princesa de Polignac, quien años más tarde encargaría a Falla El retablo de maese Pedro. Por último, el cuarto cuaderno ve la luz el 9 de febrero de 1909 en la Société National de París. Albéniz no llegaría a interpretar, en Bruselas, más que dos números, Almería y Triana, pertenecientes al segundo cuaderno. Moriría muy poco después, el 18 de mayo de 1909, en Cambó-les-Bains cuando solamente contaba cuarenta y nueve años.

Ya se ha hablado más arriba de alguna de las peculiaridades del pianismo de Albéniz, que toman su máxima claridad y concreción en esta Suite, dotada de la potencia, de un poder descriptivo y de una expresividad y luminosidad extraordinarios. La obra posee una enorme complejidad técnica, está caracterizada por un virtuosismo de primer orden, nada nuevo, por otra parte, en el compositor, quien ya con anterioridad, como por ejemplo en La vega, había establecido cotas muy altas al respecto. Cada cuaderno aparece compuesto de tres piezas, que hacen generalmente alusión a una localidad o lugar, a excepción de la primera del primer cuaderno, Evocación, y de la segunda del tercero, El polo. El ambiente, la descripción sanguínea y llena de luz, son los propios de Andalucía, cuya guitarra tradicional y sus cantos y cantes populares aparecen evocados una y otra vez.
PRIMER CUADERNO
Evocación
Sopeña ve en esta primera página la mayor sencillez y al tiempo la mayor hermosura de toda la Suite. El barroquismo exuberante y la apoteosis colorista se convierten en música pura. Una frase dolce inaugura este Allegretto espressivo. Es un comienzo discreto, desnudo de armonía, evocativo. El primer tema propiamente dicho, más concreto, aparece en la mano izquierda. Se mantiene el clima evocativo. Más tarde esta atmósfera plácida se va agitando poco a poco y aparece un ritmo danzable sólo apuntado en un principio (que Collet identificó con un fandanguillo vasco). Vuelve el tema cantable, que tiene un evidente carácter de copla -elemento que siempre está presente en estas composiciones de Albéniz- y que inaugura, en la zona alta del piano, con cuatro "p", una nueva tonalidad. Albéniz llega a exigir hasta cinco "p" en el Largo, absolutamente atenuado, de cerca del final. Página sólo en apariencia sencilla, pero de difícil equilibrio. Poética por encima de todo.
El puerto
Es probablemente el puerto de Cádiz y no el puerto de Santa María, como afirma James Gibb, que ve en esta obra y en la: anterior la directa influencia de Debussy, concretamente aquí de su obra La puerta del vino. Se inaugura, en 6/8 (siempre ritmo ternario), con un Allegro comodo protagonizado por un ritmo de zapateado. Hay aspereza y cierta brusquedad en la escritura, alejada de la línea evocativa de la pieza anterior. Se establecen continuos contrastes entre el ritmo propiamente dicho, omnipresente, y la melodía, que es la apropiada a aquél. Es la mano derecha quien la conduce. El tejido armónico va complicándose y enriqueciéndose paulatinamente y se establecen exultantes variaciones de la primera frase. Unos acordes tenues, en "pppp", dan cima a la página, en la que por último acaban predominando los factores evocativos.
Corpus Christi en Sevilla
Es probablemente la pieza más netamente romántica de todas y la más directamente descriptiva. Su dificultad pianística es, en todo caso, muy grande. Tras los tresillos de fusas, que abren el Allegretto grazioso inicial y que representan el característico ritmo de tambores procesionales, se nos anuncia la presencia de la comitiva. Enseguida hace su aparición el tema de la Tarara, tan popular y tan conocido, que será la base de todo el desarrollo y elaboración posteriores. Se ha de combinar en contrapunto con un nuevo diseño, una nueva frase repetida abajo y arriba: una copla sentida que se hace cada vez más lírica. Vuelve la Tarara y el autor realiza un nuevo trabajo variado sobre ella. Hay espectaculares pasajes contrapuntísticos, sones procesionales, alegría popular y súbito silencio. De nuevo la copla, en especie de acción de gracias. El final es delicadísimo (4 y 5 "p").
SEGUNDO CUADERNO
Rondeña
El 6/8 y el 3/4 alternan desde el principio en este Allegretto, que refleja en sí el característico ritmo de las peteneras. Albéniz trabaja sobre él. Y, como cabía esperar, aparece la copla, un motivo muy andaluz lleno de nostalgia y marcado poco meno mosso, que pasa de la voz media a la alta. Hay un excelente trabajo contrapuntístico en torno a él hasta que aparece de nuevo el ritmo danzable del comienzo. Después de una nueva elaboración sobre el primer motivo melódico y una súbita retención del tempo se expone una repetición, en pianissimo, del diseño descendente de seis notas que ha edificado rítmicamente la pieza. Hay todavía una postrera aparición del tema jondo, dentro de lo que puede considerarse una recapitulación del material utilizado.
Almería
La alegría desbordante de Rondeña se transforma aquí en transparencia sonora, que en este Allegretto moderato no deja de revestir una cierta languidez, establecida ya desde el comienzo dolce en 6/8. Escuchamos un aire parecido al del famoso tema El vito. Se realiza una elaboración contrapuntística a partir de él seguida, tras unos acordes repetidos, de una serie de variaciones. Surge una nueva idea, más lírica y poética (expressif et bien chanté), con abundantes indicaciones de rubato. Esta copla aparece elaborada en un pasaje delicado de refinada escritura. El impacto rítmico del principio se nos trae en una nueva elaboración. Con más delicadeza, si cabe, surge otra vez la copla, más estilizada y alquitarada. Los elementos rítmicos iniciales van depurándose cada vez más y nos conducen al Andante y Adagio finales, con la indicación de «pppp». Pieza magnífica que juega, como es norma en Albéniz, con los factores esenciales del alma musical andaluza: el ritmo y la melodía, la danza y la copla, y lo hace dentro de un amplio espectro que va de lo melancólico a lo apasionado.
Triana
Allegretto con anima, 3/4. Color, brillantez rítmica, vigor, ligereza. Escuchamos las características seguidillas sevillanas. Una nueva idea, de carácter melódico, se nos expone con ritmo de habanera. Se trata de un motivo muy cantable, muy inspirado también, sobre el que se elabora un interesante contrapunto y se alcanza un espléndido clímax. El desarrollo temático, en varias tesituras y tonalidades, con efectos verdaderamente sorprendentes, es extremadamente habilidoso, espectacular, y revela la mano maestra del compositor, que decide acabar esta pieza, a diferencia de las anteriores, en fortissimo, a tempo con anima.

      1. Isaac Albéniz (1860-1909)
      1. Suite Iberia, Primer Cuaderno
      2. Suite Iberia, Segundo Cuaderno
      3. Cantos de España Op. 232