(y III) Ciclos de Miércoles Piano nacionalista español

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Guillermo González, piano

__________________________TERCER CONCIERTO___________________________

MANUEL DE FALLA
La selección de obras pianísticas de Falla que se ha realizado para este ciclo nos ilustra perfectamente, dentro de la corta producción del maestro gaditano en este campo, acerca de la evolución seguida por su estilo desde el temprano Allegro de concierto hasta la esencializada Fantasía baetica, donde todo lo que no sea sustancia está de más. Estamos en realidad, con exclusión de la primera composición, ante el Falla más auténtico.

Allegro de concierto
La historia de esta composición, que no se ha editado hasta el pasado año, nace en el Conservatorio de Madrid, centro donde Falla, venido de su Cádiz natal y tras recibir lecciones de José Tragó, realizó rápidamente, en dos años en lugar de siete, la carrera de piano. Fue en 1903 cuando el Conservatorio convocó un concurso para elegir una pieza obligatoria en sus exámenes. Falla presentó este Allegro en unión de otros veintitrés músicos, entre ellos Luis Leandro Mariani, Cleto Zabala y Enrique Granados, que fue quien se llevó el premio de 500 pesetas con su obra homónima. Falla recibió, junto a otros cuatro, una mención honorífica. El propio compositor estrenó la obra en Madrid en mayo de 1905 cuando participó en una competición pianística patrocinada por la casa constructora Ortiz y Cussó. Falla, que al tiempo participa en un concurso de óperas en un solo acto, al que presenta La vida breve, y a pesar de sus limitaciones técnicas, causa sensación por su manera de hacer música y gana el premio -un piano de gran cola- discernido por un jurado que preside Tomás Bretón. Y eso que entre los concursantes se encontraba nada menos que Frank Marshall, discípulo predilecto de Enrique Granados y él también después notable pianista y pedagogo. Y vence también en el concurso lírico.

La obra, que tenía una finalidad pedagógica, se plantea, desde su Allegro con brío inicial, como una pieza de bravura llena de escalas vertiginosas, de contrastes dinámicos, de saltos de octava. Una página extraordinariamente brillante en la que ya el músico revela hechuras importantes y notable soltura en la redacción.

Cuatro piezas españolas
Tras el estreno de esta obra, que tuvo lugar en la Société Nationale de Musique de París el 27 de marzo de 1909 a cargo de Ricardo Viñes, se comenzaron a abrir las puertas para Falla, hasta entonces compositor un tanto oscuro -a pesar de su premio con La vida breve- y que intentaba hacerse un sitio desde la capital francesa. Las piezas gustaron también mucho en Madrid, donde se estrenaron el 30 de noviembre de 1912. Falla, que había empezado a componerlas en 1906, las remató en París en 1908. Tras escucharlas por consejo de Debussy, Dukas y Ravel, el editor Durand se ofreció para publicarlas. Para Salazar, estas cuatro composiciones agrupadas responden a una evocación, como sus propios títulos indican, que presenta los rasgos más típicos de nuestro repertorio popular en una fórmula quintaesenciada y sumaria. Estamos ya lejos del afán descriptivista, del fácil pintoresquismo, incluso de la inteligente recreación, llena de barroquismos, de un Granados o de un Albéniz, a quien la partitura está dedicada. James Gibb destaca en estas cuatro páginas por encima de todo la economía de medios y, pese a ello, la complejidad de la textura.

Aragonesa
Comienza, de manera briosa, con un Allegro (3/8) en el que aparece el diseño rítmico de la jota, que vertebrará, aunque no de manera demasiado obsesiva, toda la composición. El primer tema, lleno de vigor, se presenta contrastado por otro más tranquilo. Falla realiza un excelente trabajo con ambos, tanto desde el punto de vista rítmico y armónico como modulatorio, aunque estemos lejos, en esta primera obra madura de tanteo, de las composiciones de sus últimos años. Hay un continuo uso de tresillos y de pasajes arpegiados.
Cubana
Es un Moderato que juega con la alternancia del 3/4 y el 6/8 y que discurre por suaves y constantes modulaciones, loque le otorga una extraña languidez y un ritmo cadencioso. Aparece nimbada por una atmósfera poética que, con sus melodías cruzadas, hace una cierta referencia al país que le da título. El final, con sus indicaciones dinámicas y agógicas, con la música perdiéndose poco a poco, nos deja un agradable sabor de boca.
Montañesa
También de carácter lírico, Andantino tranquilo, lleva el subtítulo de Paisaje y combina asimismo, aunque de manera bien diferente, el 3/4 y el 6/8. Desde el comienzo, en donde el compositor apunta quasi campani, se nos describe un ambiente idílico. Es un mundo que alguien ha calificado de debussiano, en el que se dan cita también las tensiones promovidas por la repetición de notas y por una cierta agitación. En la parte central Jaime Pahissa cree ver las notas sencillas de una canción asturiana. Al final, y en la tónica, la música se desvanece en un pianissimo.
Andaluza
Tenemos de nuevo la imagen, aunque en buena parte estilizada, de la Andalucía eterna, evocada ya en el vivo inicial, muy ritmado y con sentimiento salvaje, apunta el compositor, en compás de 3/4. Se sugieren ecos guitarrísticos, llenos de desgarre y violencia, melismas muy propios del cante jondo. La tensión se hace muy presente en un pasaje Agitato, que se resuelve en un espléndido clímax, enlazado casi sin solución de continuidad con un poco più lento, en tonalidad mayor, destacado por Pahissa. La obra acaba como empieza, en menor, de manera misteriosa y también en pianissimo.
Homenajes

Falla escribe cuatro piezas destinadas a la memoria de otros tantos músicos: Homenaje a Debussy, para guitarra (1920), Homenaje a Dukas, para piano (1935), Fanfarria sobre el nombre de Arbós, para orquesta (1933-1934) y Pedrelliana, para orquesta (1920-1938). Las cuatro obras, en su transcripción orquestal por loque se refiere a las dos primeras, se estrenaron en forma de suite, denominada precisamente Homenajes, el 18 de noviembre de 1939. Aquí escuchamos justamente las dos composiciones dedicadas a los dos músicos franceses, amigos del español, queridos y admirados por él.
Homenaje a Debussy
Como se ha dicho, es una página creada para la guitarra aunque posteriormente, y ésta es la versión que se escucha en la Fundación Juan March, el propio autor la transcribió para piano. La obra fue escrita por Falla a petición de Henri Prunières, director de la Revue Musicale, que le rogó escribiera algún artículo dedicado a Debussy, fallecido el 26 de marzo de 1918, a quien la publicación iba a dedicar un número especial. Falla, no muy amigo de este tipo de trabajos, prefería, como recuerda Pahissa, expresar su admiración y su afecto a Debussy con una obra musical. Al final escribió las dos cosas. Se le ocurrió, por loque respecta a la segunda, destinarla a la guitarra, ya que así daba cumplimiento a una solicitud del guitarrista catalán Miguel Llobet. Y pensando en La soirée dans Grenade, de Debussy, confeccionó una partitura que se incluyó en la Revue Musicale en diciembre de 1920. Se estrenó en París el 24 de enero de 1921 por Marie-Louise Casadessus, al arpa-laúd. El estreno definitivo para guitarra se hizo el 2 de diciembre de 1922, también en París, por el guitarrista catalán Emilio Pujol. Esta Habanera fúnebre -en palabras de Ricardo Fernández Iznaola- alcanza toda su austera y dramática belleza en la guitarra, aunque la versión pianística pueda ser perfectamente adecuada. Es un auténtico homenaje al amigo muerto, que supera el factor circunstancia. No sucede lomismo con otras composiciones del definitivo Tombeau de Debussy, en el que participaban también Dukas, Ravel, Roussel, Satie, Bartók, Malipiero y Stravinsky. Un aire de marcha fúnebre impera en este mesto e calmo, en el que no faltan los giros andaluces. En la repetición hay mayor fuerza e intensidad en los acordes. Un aire nostálgico loinvade todo.
Homenaje a Dukas
Esta nueva página fúnebre, aparecida asimismo en la Revue Musicale de París, en el número de mayo-junio de 1936, Le Tombeau de Dukas, posee toda la anchura, solemnidad y gravedad propias del caso. Aquí es bastante más clara todavía la apariencia de marcha fúnebre que en el Homenaje a Debussy. No hay un tema propiamente dicho, la línea es algo errática, pero la concentración es impresionante. Es una página ensimismada, escrita desde el corazón.
Fantasía baetica
La composición de esta obra está íntimamente ligada al pianista Arturo Rubinstein, que, para darle unos dineros a Stravinsky, que se encontraba en apuros, encargó, de paso que al compositor ruso, una obra a Falla. Stravinsky creó Piano Ragmusic y Falla, la Fantasía. Rubinstein, que por entonces, 1919, iniciaba su deslumbrante carrera, estrenó la obra en Nueva York al año siguiente, pero pronto se olvidó de ella. Fue publicada por Chester, de Londres, en 1922.

La partitura, de la que Falla ha eliminado cualquier asomo de elemento melódico, es una pieza difícil -de oír y de tocar-, áspera, dura, martilleante, pero dotada de un atractivo telúrico, ancestral, de una fuerza y de una tensión inigualables. Una composición para el gran piano. Obra abstracta que, sin embargo, no deja de tener ecos de la tierra del compositor. Posee una escritura de inusitada pureza, propia de un creador que ya ha alumbrado El sombrero de tres picos o El amor brujo y que en breve producirá El retablo y el Concerto. Falla aplica en la Fantasía, magistralmente, la técnica de la repetición. La melodía se identifica con el ritmo y con los gigantescos acordes, recios y disonantes. Joaquín Rodrigo la calificó como una suma de guitarras que Falla quiere inventarse. Es la esencialización de lo jondo. Para Andrade la estructura es, no obstante, más bien rígida: A-B-A. Se trata en realidad de un poema bético en esencia que ha querido tener en el piano una fisonomía peculiar, diferenciada y plena. Puede decirse que el comienzo del definitivo proceso de intelectualización de la música de Falla.

La obra es larga -en torno a los doce minutos-. Hay en ella una continua fluctuación de tempi: Allegro moderato, Giocoso (molto ritmico), Flessibile (Scherzando), Assai piu mosso... Incluye un Intermezzo (Andantino). Arpegios guitarrísticos, escalas, trinos, se suceden incontinentemente, en una continua orgía, que nunca, curiosamente, resulta exuberante. La textura es demasiado prieta y ceñida para ello. Hay una tenaz persistencia, llena de enormes riquezas rítmicas, del tema que inaugura la obra.

      1. Manuel de Falla (1876-1946)
      1. Allegro de Concierto
      2. Cuatro Piezas españolas
      3. Pour le tombeau de Debussy (versión para piano)
      4. Pour le tombeau de Paul Dukas
      5. Fantasia Baetica