(III) Ciclos de Miércoles Flauta española del siglo XX

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Jorge Caryevschi, flauta. Haakon Austbö, piano

_________________________TERCER CONCIERTO____________________________

CARMELO BERNAOLA
Per due

    Sin que se pueda hablar de un predominio evidente, si es cierto que en la obra de Carmelo Bernaola hay un relativo protagonismo del clarinete, reflejo lógico de su conocimiento del mismo en sus años de intérprete. Fuera de este dato, sus preocupaciones instrumentales se ajustan a la variedad que corresponde a un compositor que, como él, presenta un muy amplio catálogo. Tiene, eso sí, una vertiente camerística que se apoya con frecuencia en los conjuntos de viento y cuenta con la flauta, en esos grupos, con obras como Música para quinteto de viento, Superficie n.º 3, Polifonías, A mi aire y el Koankintette, entre otras. Con un mayor protagonismo de la flauta son dos sus títulos. En 1957 concluye el Dúo, en combinación con la trompa, y, en 1971, este Per due, para flauta y piano, dedicado a Rafael López del Cid, que lo estrenó en Bilbao en 1974.

    En la biografía de Bernaola de Antonio Iglesias aparecen los comentarios del compositor sobre esta obra que jalonan las observaciones del biógrafo: Estructurada en tres secciones, la primera reparte su discurrir musical entre los dos instrumentos; son pequeñas células que van pasando de uno al otro, sin solución de continuidad. La segunda sección concede a la flauta un protagonismo (en una primera parte), en tanto el piano dialoga con ella y la sostiene; estos cometidos serán cambiados en la segunda de estas partes constituyentes de la sección central de Per due. El juego es parecido a la primera en la tercera de las secciones, si bien los elementos están más intensificados y un sentido cadencial se evidencia en su discurso. Por lo que se refiere al título, Bernaola señala que tiende a recordar que no se trata de una música escrita para flauta con acompañamiento de piano.

XAVIER MONTSALVATGE
Serenata a Lydia de Cadaqués

    En un comentario de 1963, que recoge Enrique Franco en su biografía de Xavier Montsalvatge, el compositor gerundense dice de su evolución: Hago lo posible por evolucionar, y aunque puedan decir lo contrario, estoy seguro de que no retrocedo, ya que si alguna vez miro hacia atrás, lo hago a conciencia. La frase no es una respuesta a una provocación, sino la explicación de un eclecticismo que le sitúa con toda libertad frente a cada obra, como si estuviera al margen del pasado -del suyo- y del futuro.

    Así, encontramos la presencia del nacionalismo catalán, del antillanismo, del neoclasicismo, en idas y vueltas, incluso, en algunos casos. y en todo su recorrido hasta la fecha, desde el éxito de las Canciones negras hasta el Concierto del Albayzin, por citar dos títulos extremos en el tiempo, la flauta sólo ha sido protagonista en una de susobras, la Serenata a Lydia de Cadaqués, en una identificación de instrumento y personaje.

    La Serenata nace por encargo del Festival de Cadaqués de 1972, en el que se estrena la primera versión para flauta y piano, incluida en este programa. Un año después se da a conocer en el Festival Internacional de Barcelona la versión para flauta y orquesta de cuerda, antes de que llegara la última para flauta y guitarra.

    Una glosa de Eugenio D'Ors, que cita Enrique Franco en el libro mencionado, sitúa el personaje: La más bella historia del mundo, a la par que la más extraña, es la de Lydia de Cadaqués. Fantasía y realidad entretejen aquí sus hilos en trama indiscernible. La flauta, en una especie de preludio expositorio, nos describe la figura de la pescadora mientras el piano se ocupa de darnos las claves del ambiente.

EDUARDO PEREZ MASEDA
Dúo de invierno

    De nuevo una obra de Eduardo Pérez Maseda, al que ya nos hemos referido en el comentario a Seis miniaturas, incluidas en el segundo programa de este Ciclo. Como consecuencia de una petición de Jorge Caryevschi nace este Dúo de invierno que estrena en este concierto y del que su autor nos envía el siguiente comentario:

    El Dúo de invierno es el resultado de un relativamente largo período de trabajo, mucho más del que cabría esperar de una combinación reducida como es la flauta y piano. Comenzando a petición del flautista Jorge Caryevschi, a quien está dedicado, a finales de octubre del pasado año de 1986, y finalizado en los últimos días de enero, su gestación ha estado acompañada tanto por el frío como por determinados factores, en alguna medida conflictivos, que, sin duda, han dejado su huella en la obra.

    Su consecuencia es una fusión de elementos expresivos, propios de determinados estados de ánimo, con la inclusión de los mismos en una estructura de totalidad; una conexión orgánica y formal a partir de los diversos componentes constructivos de la partitura, que se articula en varias secciones, a las que quizá convenga mejor la denominación de alternancias. Se puede decir que existe en la obra una unidad de tensión constante, que es liberada o interrumpida necesariamente por medio de secuencias claramente reconocibles, que juegan un papel diverso, tanto de desarrollo y variación del material empleado, como de auténticas transiciones entre períodos cadenciales y la propia pulsión del discurso anterior.

TOMAS MARCO
Arias de aire

    Desde que en 1968 estrena Octavario, para flauta sola (o con percusión), el amplio catálogo de Tomás Marco presenta una utilización reiterada de la flauta. Pero no es tanto una dedicación especial al instrumento, como el que forme parte de una preocupación por los tratamientos solísticos en general. Con la flauta cuenta para obras diseñadas para pequeños conjuntos y es fácil seguir una trayectoria de acercamiento al instrumento en sus diversas etapas o intereses expresivos. El tratamiento brillante en Octavario enlaza con el de Zóbel, para flauta sola, de 1984. Y, entre una y otra, su presencia en conjuntos pequeños para Rosa Rosae, Albor, Nuba y, sobre todo, el Trío concertante n.º 2, en los que se sirve de ángulos distintos en el aprovechamiento de las posibilidades del instrumento.

    Llega ahora el estreno de Arias de aire, para flauta y piano como primera aportación a esta combinación sonora. De este Arias nos dice Tomás Marco: Desde hace mucho tiempo tenía la intención de escribir una obra para flauta y piano que había prometido a Jorge Caryevschi. Sin embargo, el proyecto se había ido dilatando y, aunque he compuesto dos obras para flauta sola, no acababa de abordar la de flauta y piano. La ocasión se produjo en las últimas semanas de 1986, en las que la obra quedó lista en un tiempo relativamente corto. De hecho se terminó el 27 de diciembre.

    Se trata de una obra de cierta envergadura sobre un material unitario que está trabajado de tres maneras diferentes, por lo que en el conjunto, que se toca sin interrupción, pueden distinguirse tres secciones. En las dos primeras se tratan ciertos problemas del manejo de la columna de aire en cuanto a afinaciones, ataques y colores, mientras la tercera es un tiempo rápido en la que todos esos elementos aparecen pulverizados con un aspecto virtuoso que no tiene valor en sí mismo, sino como resultado de la escritura. La obra pretende una proximidad sensorial hacia una escucha sonora bastante sutil, enmarcada en una formalística estricta pero propia a partir de su también propio material.

CRISTOBAL HALFFTER
Debla

    Son dos las circunstancias que concurren en Debla de Cristóbal Halffter al situarla en el conjunto de su obra. De un lado la que permite su inclusión en un Ciclo como éste, su orientación instrumental hacia la flauta sola. De otro, su posición en un conjunto de títulos que se relacionan con elementos de la música española. Un fenómeno presente en la música de Cristóbal Halffter que, a grandes rasgos, podría clasificarse de momento en tres etapas, y que se instala en la más reciente. La continuista podría ser la primera, que se vio seguida, en el conjunto evolutivo de la música española a partir del Grupo Nueva Música, para llegar a la presente, calificable de madurez.

    La flauta asoma a su catálogo en 1959 con las Tres piezas para flauta sola y es de nuevo protagonista en un título del segundo período, Fibonacciana, como solista frente a la orquesta. Para entonces habían transcurrido diez años desde la anterior. y algo más de diez nos conducen a Debla compuesta en 1980 para el Festival del año siguiente de Montepulciano en Italia.

    La necesidad de un contacto con las raíces musicales españolas, a veces una simple insinuación, una sugerencia, otras, una relación más profunda, se inicia con las Elegías a la muerte de tres poeta españoles, de 1975, casi como una exigencia de la fuente de inspiración {Antonio Machado, Miguel Hernández y Federico García Lorca). Desde un ángulo bien distinto, está presente en el Officium defunctorum, fechado tres años después; al que siguen las Jarchas de dolor de ausencia, de 1979, para pasar por Debla y confirmarse en una de sus obras más brillantes, Tiento de primer tono y batalla imperial, estrenada en Basilea en 1986 y en Madrid hace sólo dos meses. Debla -diosa, en calé- recrea desde su interpretación personal el cante sin guitarra a través de un tratamiento virtuosístico de la flauta, con pasajes de extraordinaria dificultad.

AMANDO BLANQUER
Sonatina Jovenivola

    En el comentario a Epifonías, la primera obra de Amando Blanquer incluida en este Ciclo, ya nos hemos ocupado de situar su relación creadora con los instrumentos de viento. Ahora pasamos a otra muy anterior, la Sonatina Jovenivola, que se aparta por su planteamiento y por sus intenciones tanto de Epifonías como de otro de sus títulos más recientes, Breves reencuentros, para dos flautas.

    De la Sonatina Jovenivola nos dice Amando Blanquer que fue un regalo de Reyes de 1974 para el entonces joven aspirante a flautista profesional Rafael Casasempere Jordá, que hoy ejerce como flautín. Esta intención primera le aconsejó servirse de un lenguaje claro, con una estructura forma1 de gran sencillez en el planteamiento monotemático característico de la sonatina. Está dividida en las tres partes clásicas, a las que Amando Blanquer puso títulos descriptivos: L 'ocell irisat, Petita égloga y Roda la sinia. Tres movimientos que van desde el más sereno de arranque, con una especie de homenaje a los pájaros de Messiaen, con el que estudió el compositor, al aire escénico del segundo, para concluir con el tono festivo, de noria, de Roda la sinia.

      1. Carmelo A. Bernaola (1929-2002)
      1. Per Due...
      1. Xavier Montsalvatge (1912-2002)
      1. Serenata a Lydia de Cadaqués (versión para flauta y piano)
      1. Eduardo Pérez Maseda (1953)
      1. Dúo de invierno
      1. Tomás Marco (1942)
      1. Arias de aire
      1. Cristóbal Halffter (1930)
      1. Debla
      1. Amando Blanquer (1935-2005)
      1. Sonatina Jovenivola