(y III) Ciclos de Miércoles Música para violín solo (1987)

(y III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Gonçal Comellas, violín


_________________________TERCER CONCIERTO____________________________

Las composiciones de este tercer concierto difieren notablemente de las de los dos anteriores. Ante todo, porque la técnica de tocar el violín -manera de usar el arco...-, y aun algunos aspectos de la construcción del instrumento, variaron de modo considerable en los dos últimos siglos. Pero sobre todo porque la música de hoy es totalmente diferente de la de los tiempos pasados, no ya solamente de la de Biber, Telemann o Bach, sino incluso de la de Paganini.
El mismo concepto de intérprete es, en cierto modo, diverso del de entonces, si exceptuamos, quizá, a Paganini: el violinista de hoy, es decir, el concertista de violín, está dedicado, por lo general, exclusivamente a su carrera de concierto, entendida -al menos en los casos más significativos- en el sentido más universalista: aun prescindiendo de los cuatro o cinco más famosos internacionalmente, el violinista de hoy -como el pianista o el cantante- es, en el sentido más literal, ciudadano del mundo. y los medios modernos de transporte permiten una movilidad desconocida en los tiempos pasados. y esta movilidad es obligada en cualquier concertista de una cierta altura.
Esto tiene un influjo muy grande en el modo de concebir el concertista, y en concreto el concertista de violín, su propio arte: en el pasado el concertista tenía que permanecer temporadas enteras en una misma ciudad, actuando allí durante semanas y meses, lo que le obligaba a unos planteamientos particulares en el modo de concebir su arte, su repertorio, su modo de tocar y aún la música misma que iba tocar. Hoy, en cambio, apenas si un intérprete da más de un concierto o actuación en un mismo lugar, lo que le permite, entre otras ventajas, tener preparado uno o dos programas o, a lo sumo, unos pocos, y repetirlos a lo largo de una gira, organizada, por lo común, a través de un agente de conciertos que actúa como gerente, se encarga de la organización, propaganda, etc.
Aún tiene una segunda consecuencia importante esta nueva concepción del concertista: mientras en los tiempos pasados cada intérprete brillaba con luz propia y la posible comparación que de él pudiera hacer el público con otros artistas que le hubiesen precedido siempre se limitaba a uno o, a lo sumo, dos, hoy la posibilidad de que el público oiga, en una misma temporada de conciertos, varios intérpretes del mismo instrumento y, sobre todo, el hecho de poder disponer de perfectas grabaciones discográficas de los más grandes virtuosos de un instrumento, hace que el instrumentista que se presenta ante el público tenga que hacer frente a unas responsabilidades que antes no existían. Arthur Rubinstein llegó a decir que él sentía pavor por el elevadísimo grado de perfección técnica y estilística con que muchos de los jóvenes concertistas comenzaban su carrera.
Todo ello condiciona al intérprete modemo y, de consiguiente, a la música que hoy se compone para violín solo, como se podrá ver en este tercer concierto de este ciclo.
La primera parte de este concierto exige una advertencia previa muy importante: todo lo hasta ahora oído en este ciclo, incluido la sonata de Bartok que oiremos a continuación, tenía, en cierto sentido, una clara unidad de concepción, pertenecía a una misma tendencia compositiva (en el caso de la sonata de Bartok esto no es del todo así, pero en lo fundamental es válido lo dicho ). En los dos autores siguientes se parte de unos planteamientos compositivos, y, por tanto, también del uso del instrumento, del todo nuevos.
En el caso de las chaconas de Robeno Gerhard (Valls, Tarragona, 1896-Cambridge, Inglaterra, 1970), hay que decir que él, en esta obra, pretendió específicamente ante todo experimentar con el sonido y su color, y, al mismo tiempo, con el ritmo musical.
Una nueva diferencia, que también tiene influjo en esta obra, distingue a Gerhard de los compositores anteriores: Gerhard no era un violinista profesional, por lo que el instrumento tenía para él un significado diverso del que tenía para los demás compositores que aparecieron en este ciclo. Las dificultades que presenta esta obra para el intérprete son considerables y también, en cierto modo, para que el oyente pueda comprenderla en toda su profundidad, puesto que, en más de un sentido, se trata de una obra experimental. Fue compuesta en 1959, en plena madurez artística del maestro español afincado en Inglaterra.
Rodolfo Halffter (1900) es el mayor de los varios músicos españoles que llevan ese apellido. Si bien autodidacta, sus notables cualidades y una admirable constancia en el trabajo le permitieron convertirse en un compositor de sólida técnica y de magníficos y variados recursos.
En su trayectoria artística se acercó, en un plan experimental que recuerda al de Gerhard, a los más varios métodos compositivos, incluido el dodecafonismo, por lo que su obra adolece un poco de falta de consistencia.
En este sentido el Capricho para violín solo suena como lo que parece que su autor quería que fuera: simplemente un fragmento hermoso, a pesar de las técnicas modernistas que en él emplea, las cuales son, precisamente, origen de no pocas de las dificultades que la obra presenta para el intérprete, pero sin pretender hacer una obra de un significado que fuera más allá de eso.
La Sonata para violín solo de Bela Bartok (1881-1945) es una de las últimas obras del gran maestro húngaro. La compuso entre 1943 y 1944. Nació como resultado de un encuentro con el gran violinista Yehudi Menuhin en 1943. Este le pidió una sonata para interpretarla en sus conciertos. Y si bien parece que él pretendía que fuese una obra con acompañamiento de piano, Bartok escribió la composición que cierra el programa de hoy. La estrenó el mismo Menuhin en Nueva York el 26 de noviembre de 1944.
Bartok hizo gala, en esta composición, de su enorme versatilidad: él, que había compuesto obras en los más varios estilos, incluidos algunos de vanguardia, aquí volvió los ojos a lo antiguo, sin duda como homenaje a los grandes compositores del pasado que habían escrito las obras maestras para violín solo.
Esta obra, que casi cierra el ciclo compositivo de Bartok, es importante por cuanto en ella el gran compositor, llegando a una completa madurez artística y humana, parece querer purificar su arte de tendencias quizá un poco exageradas de otros períodos anteriores de su vida. Incluso el gusto por introducir en sus composiciones cultas elementos del folklore popular, desaparecen en esta obra, para dar paso a una serenidad un poco melancólica, propia de quien, como él, estaba sufriendo en grado tan intenso los zarpazos de la enfermedad.
Eso no le impide para que vuelva en esta obra a su predilección del gusto por el virtuosismo, de que tantas pruebas había dado en otros períodos de su vida. Esta sonata, en efecto, ofrece al intérprete dificultades muy considerables, sobre todo, paradójicamente, en el tercer tiempo (Melodía), que obliga al intérprete a dar tintes del todo diversos a los varios planos en que está articulada la composición.

      1. Roberto Gerhard (1896-1970)
      1. Chaconne
      1. Rodolfo Halffter (1900-1987)
      1. Capricho Op. 40
      1. Béla Bartók (1881-1945)
      1. Sonata para violín solo, Sz. 117