(y IV) Ciclos de Miércoles Música del siglo XX para dos pianos

(y IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Javier Alfonso y Mª Teresa de los Ángeles, piano


_________________________NOTAS AL PROGRAMA__________________________

Calés Otero -Javier Alfonso: Cinco cantos de Sefarad

En agosto de 1985 murió Francisco Calés Otero, una de las figuras de la generación de los cincuenta o, según mi ordenación, de 1931. Había nacido en 1925, hijo de músico, el profesor Calés Pina, del que aprendió el rigor en la escritura y la exigencia en la forma. Abogado, maestro por vocación, llegó a desempeñar con todo acierto la dirección del Real Conservatorio, misión en la que puso empeño y competencia.
Dentro de una fidelidad a la herencia clásico-romántica, con especial inflexión hacia los maestros españoles - Bretón, Chapí- , no era Calés, sin embargo, hombre ajeno a cuanto se hacía y se pensaba en el mundo de la creación musical. Así, su estilo estuvo decidido libremente y después de no pocas reflexiones.
Sumó premios - Eduardo Aunós, 1949; Conservatorio, 1951; Contado del Campo, 1954-  entre los que hoy debemos señalar el Javier Alfonso, instituido por el pianista y compositor español y concedido a Calés por su Scherzo-Fantasía, para piano, en 1956. Para el mismo instrumento creó el músico madrileño una sonata, un divertimento, evocaciones y Cinco Cantos de Sefarad, basado en temas del cancionero judeo-español: Amén, Nana, Seu Searim, Canción y Albada. Ahora, Javier Alfonso ha transcrito el original de Calés para dos pianos desde un conocimiento de la música y la personalidad del autor y un dominio teórico y práctico de la técnica instrumental.

Joaquín Rodrigo: Cinco piezas infantiles

En el Concurso Nacional de Música del año 1925, cuyo premio obtiene la Sinfonietta, de Ernesto Halffter, el jurado prestó especial atención a otra partitura: Cinco piezas infantiles, de Joaquín Rodrigo. Había compuesto el músico valenciano, el año anterior, su primera obra orquestal, Juglares. De 1923 son una Suite para piano, la Berceuse de Otoño, La Enamorada Junto al pequeño surtidor y Un Ave María.
Adolfo Salazar, que formaba parte del aludido jurado, escribe en El Sol: Joaquín Rodrigo firmaba una partitura curiosa: Cinco piezas infantiles. Curiosa por una porción de detalles que no sabría definir fuera del lenguaje técnico y que añadían una cosa rara a los términos sabrosos en que esta obra estaba concebida: Espíritu lleno de juventud y de frescura, una ingenuidad de procedimientos a la vez original y denotadora de influencias del mejor gusto, una claridad y alegría de almas llenas de atractivo.
Las Cinco piezas se estrenan en Valencia el año 1927, y dos, años después las hace escuchar en París la Orquesta de Walter Straram. La crítica suscribe juicios de máximo elogio y Brussel, en Le Fígaro; Paul Leflem, en Comedia, y Vuillermoz, en Excelsior, anuncian la arribada de un nuevo talento que, por otra parte, había aparecido en toda su originalidad y sazonado lenguaje en el Preludio al gallo mañanero.
El mismo Rodrigo es autor de la versión para dos pianos a través de la cual desaparece cualquier idea de transcripción. No es una orquesta apresada en el dúo pianístico, sino una verdadera invención para un instrumento que Rodrigo dominó siempre y sobre el cual disfrutó en la búsqueda de sus características y ácidas disonancias, entre cuyos choques y colisiones, como escribiera Enrique Gomá, no palidece nunca el imperio de la línea melódica.
Si Roberto Schumann, opinada Vuillermoz, nos hace penetrar en el mundo de los niños, Joaquín Rodrigo nos obliga a jugar con ellos, a participar en esa alegre sucesión de marchas que es Chicos que pasan, desfile de pequeños mozalbetes a los que quisiéramos seguir con un tambor y un pito.
Javier Alfonso: Suite sobre temas incas; Variaciones sobre un tema castellano; Imbricaciones y Distonías
(Homenaje a Debussy).

En la figura de Javier Alfonso (Madrid, 1905) tiene la generación de 1927 un ejemplo cumplido de intérprete-compositor en el que ambos términos adquieren igual importancia. Formado con Pérez Casas y Conrado del Campo en la composición, y con Tragó, José y Amparo Iturbi y Alfred Cortot en el piano, en uno y otros aspectos Javier Alfonso aparece como artista exigente y conocedor preparado.
Si la tarea pedagógica, como catedrático del Real Conservatorio, y la concertística, como viajero infatigable por todo el mundo, crearon en todos una imagen de Alfonso preferentemente virtuosista, la verdad es que, con regular cadencia, el ejercicio de la composición no ha conocido largas pausas. El Concierto-fantasía, en 1939; las Variaciones sobre un tema castellano, en 1940; el Cuarteto de cuerda, en 1947 (ya en su juventud escribió Alfonso unos Bocetos cuartetísticos, de 1931; Preludio y Toccata, en 1950; Suite para guitarra y orquesta, 1953; Suite en homenaje a lsaac Albéniz, (1959); Concierto para arpa y orquesta, (1960); Metamorfosis sobre un tema de Ravel e Imbricaciones y Distonías en homenaje a Debussy, en 1974-1976; Introducción y secuencias alternas, (1980) y Fantasía cíclica para dos pianos y orquesta (1985), suponen una significativa aportación a la que ha de sumarse buen número de páginas vocales y pianísticas, alguna de las cuales (Bolero, Guajira) han logrado gran difusión.
En la estética de Javier Alfonso - fundamentalmente libre de compromisos e ismos-  aparecen, vistos con óptica personal, matices y fundamentos de tres generaciones de compositores españoles: El nacionalismo trascendido de la del 27, el eclecticismo de la del 16 y ciertas connotaciones modernistas propias de la del 50. Todo ello dentro de una tónica cosmopolita y de un artesanado que es, a la vez, vocación y cuidado del detalle, nobleza de formas y voluntad de comunicación.
Sobre las Variaciones, basadas en un canto de arada castellano y escritas durante la residencia del compositor y pianista en Nueva York, nos dice Javier Alfonso: Fueron elaboradas por sugerencia de Amparo y José Iturbi, que habían sido mis maestros en París el año 1927. Una feliz coincidencia me deparó el hecho de encontrar un apartamento contiguo al de los Iturbi en River Side Drivi, lo que estrechó nuestras relaciones. Siempre recordaré aquellos momentos entrañables en los que trabajábamos juntos o cuando, para el propio recreo, descifrábamos a cuatro manos las sinfonías de Brahms, Schumann y Tschaikowsky. Como los hermanos Iturbi habían cultivado con asiduidad el dúo pianístico, me propusieron que escribiera la obra en esta modalidad: adoptando el género, tan dialéctico para mí de la Variación. La obra, por supuesto, está dedicada a José y Amparo Iturbi.
La Suite sobre temas incas o quechúas, pues el origen de los temas que yo recogí procedía de la raza primitiva de los quechúas, cuya lengua aún prevalece entre los indígenas y que, al igual que otras razas fueron absorbidas por el poderío incaico, es, principalmente, invención personal de Javier Alfonso inspirada en los modos y características de esa música tradicional.

La singularidad de esos temas - escribe Alfonso-  radica en su formación básica sobre la escala pentatónica, con la curiosa circunstancia de que también sobre esa modalidad se asienta gran parte de la música de Extremo Oriente (China, Corea, Japón, Indonesia, etc.). Tres movimientos forman la Suite: Plegaria, Invocación (para ceremonias de tipo religioso) y Danza, con persistente y característico ritmo.
El homenaje a Debussy, titulado 1mbricaciones y Distonías, quiere ofrecer una continuidad de intenciones - evolucionadas en los procedimientos-  de los hallazgos geniales de Claudio Debussy que abrieron nuevos cauces al devenir evolutivo del arte de los sonidos y, en una faceta particular, de la técnica del teclado.
En la presente obra
- continúa el autor-  acudo al empleo de diversos procedimientos armónicos y pianísticos conducentes a la mejor adecuación a las intenciones del compositor. La bitonalidad, así como la atonalidad: son con frecuencia empleadas, pero todo ello sin desdeñar la naturaleza intrínseca de los acordes tonales, sino, al contrario, aprovechando el valor sonoro de cada uno de ellos, bien sea de naturaleza expresiva, de atracción o de tensión que cada uno ostenta per se, presentándolos bien a modo de superposición o imbricación, bien en resoluciones libres con clara conexión con lo que en la armonía clásica se ha llamado resoluciones excepcionales.
Como suele suceder en estos Homenajes musicales, en el curso de la obra aparecen dos momentáneas y claras alusiones a motivos de Debussy. Los momentos de tensiones están logrados tanto por el valor armónico de los episodios, cuanto por los medios pianísticos puestos en juego, alguna de cuyas fórmulas solamente son posibles en la conjunción de dos teclados y en un perfecto conocimiento de las posibilidades sonoras de esta interesante faceta del arte pianístico.

      1. Francisco Calés (1925-1985)
      1. Cinco cantos de Sefarad (arreglo de J. Alfonso)
      1. Javier Alfonso (1904-1988)
      1. Suite sobre temas incas *
      1. Joaquín Rodrigo (1901-1999)
      1. Cinco piezas infantiles (versión para 2 pianos)
      1. Javier Alfonso
      1. Variaciones sobre un tema castellano
      2. Imbricaciones y Distonías (Homenaje a Debussy)
  1. * Estreno absoluto