(I) La canción en el País Vasco y Navarra Ciclos de Miércoles Canción española del siglo XX

(I) La canción en el País Vasco y Navarra

  1. Este acto tuvo lugar el
Manuel Cid, tenor. Rafael Gómez Senosiain, piano

PRIMER CONCIERTO

La canción en el País Vasco y Navarra
Vida sin música no parece completa. El estudio del alma vasca hecho sin atender a una de sus más hermosas manifestaciones, tampoco seria completo.

        P. Donostia
  

Resulta inevitable, antes de referirnos en concreto a los autores que figuran en el programa de hoy, recordar la enorme riqueza melódica del País Vasco. Su paisaje eternamente verde, el silencio de los prados en la montaña, el incesante batir de las olas en sus escarpadas costas, la nieve, la niebla, la tempestad en las cumbres; la violencia, la hosca terquedad del mar, o su calma plácida e irisada, son manantiales de una canción que el hombre vasco ha manifestado desde la más remota antigüedad.

Hemos dicho que la riqueza del acervo musical vasco es enorme. Recordemos algunos hitos: Euskaldun anciña ancinaco (1826), colección de danzas y melodías de Juan Ignacio de Iztueta {1767-1845); el tomo de melodías de Sallaberry (1870); las publicaciones del francés Charles Bordes a fines de siglo; el volumen de melodías religiosas del abate Hiriart {1906), las colecciones de don Resurrección María de Azkue {1864-1951): Cancionero popular vasco, Euskaleriaren Yakintza, Aezkera edo Petiribero-Inguruetako Mintzaeran, Melodías roncalesas; el Cancionero vasco (Euskal Eres Sorta) del Padre Donostía, las más modernas aportaciones de personalidades como el P. Jorge de Riezu (Flor de canciones populares vascas y Nafa1Toa-Ko Euskal-Kantu Zaharrak) y otros autores, han elevado a varios millares el número de melodías populares de Euskalerria.

El País Vasco tuvo su bardo errante en el romántico José María Iparraguirte {1820-1881), autor de bellos y evocadores zortzikos que él mismo se acompañaba a la guitarra. Su arte está, en cierto modo, ligado al de los bertsolaris, poetas-cantores populares cuyas coplas corrían de boca en boca o se recogían en hojas volantes o bertsopaperak.
  

Recordemos las palabras de Caro Baroja: No se concibe un verso vasco sin música, por elemental que este sea, a no ser que se trate de una obra sabia. Y de obras sabias, en lo poético y lo musical, va nuestro programa de hoy, aunque muchas de ellas tengan raíz popular.

La fama de José María Usandizaga ha quedado ligada a sus producciones líricas: Mendi-Mendtyan {1910), Las Golondrinas (1914) y La llama {1915). En realidad, más a la segunda de ellas, auténtica obra maestra, que a las otras dos, también espléndidos exponentes de su enorme talento dramático y, en el caso de Mendi-Mendiyan (En plena montaña), del modo fresco y espontáneo con que supo tratar el canto popular vasco. Su producción no escénica es corta, entre otras razones por su prematura muerte, pero el compositor donostiarra nos ha dejado unas cuantas obras para orquesta, piezas para piano, para órgano, obras corales, de cámara y para canto y piano, algunas de las cuales figuran en este programa. Entre las tres melodías, armonizadas para voz y piano, que oiremos hoy, está Los tres reyes de Oriente, fechada el 14 de diciembre de 1911, y la muy conocida canción de Iparraguirre Zugana, Manuela, nuanian pentsatu (Cuando en ti pensé, Manuela). En todas ellas hallamos las notas distintivas del maestro donostiarra: lirismo dulce y evocador, nostalgia viva y punzante generadora de tensión dramática y, al mismo tiempo, respeto a las fuentes nutricias de la tradición musical vasca.

Además de muy notables obras corales de carácter religioso y profano, piezas orquestales (algunas tan notables como el poema sinfónico Noche de gala o el Concierto para violín y orquesta) y de teclado, el organista y compositor guipuzcoano Tomás Garbizu Salaverria (Lezo, 1901) es autor de Danzas vascas y Aurresku para piano, y de piezas para voz y piano cuya inspiración proviene del folklore eúscaro, como lo están sus grandes poemas sinfónico-corales Basojaun (1964) y Babilon beltza (1965). Autor muy premiado en concursos de composición de todo tipo, Garbizu es músico de fuerte personalidad y una sólida formación, adquirida, como Usandizaga, con el profesor Beltrán Pagola (1878-1950), de quien otro de sus alumnos, Pablo Sorozábal, afirma que era un hombre que sabía muchísimo. De las dos canciones vascas de Garbizu que figuran en el programa, una de ellas es la armonización del famosísimo zortziko de Ipartaguirre Ume eder bat ikusi nuen Donostiako Kalean (Una vez vi una hermosa criatura por las calles de San Sebastián).
  
Perteneció Jesús García Leoz a una familia numerosa y muy musical de Olite (Navarra). Compuso desde muy pronto y con gran facilidad. Llegó a ser, en Madrid, el discípulo predilecto del gran Turina, a cuya música tanto se parece a veces la de Leoz.
  
Murió el compositor navarro en plena madurez creadora (cuando ya había estrenado Argenta su bella Sinfonía y se preparaba el estreno de la versión orquestal de la Sonatina), pero aun con esa muerte inesperada, dejó una obra de bastante entidad en el campo teatral, en el de ballet, la música de cámara y la cinematográfica (es autor, entre otras, de las partituras para Ronda española, Balarrasa, Surcos y Bienvenido Mister Marshall). De todas formas, lo más vivo en el repertorio actual de toda la obra del compositor navarro son sus canciones, en especial el Tríptico sobre García Lorca. Alberti, Gerardo Diego, Juan Ramón Jiménez, Rosalía de Castro, Antonio Machado son otros tantos poetas seleccionados por Leoz para sus canciones.

Hoy oímos dos de las Cinco canciones sobre poemas de Paredes, la muy garbosa Mañana, como es de fiesta y la delicada La niña sola.

El prestigio que llegó a adquirir como director orquestal Jesús Arámbarri Gárate ha ocultado al aficionado medio su faceta compositiva, no muy extensa como suele ocurrir con los directores, pero de gran calidad. Recordemos que el compositor bilbaino, alumno de Guridi, entre otros, en Bilbao, y de Paul Dukás en París, es autor de un Cuarteto, de Cuatro lmpromptus para orquesta, de la Ofrenda a Falla, la zarzuela Viento Sur, el ballet Aiko-Matik y el espléndido poema sinfónico coral, sobre texto de A. Machado, Castilla, no hace mucho repuesto en Madrid. Es autor Arámbarri de Ocho canciones vascas para soprano y orquesta, dedicados a su esposa, la cantante Josefina Roda, y que se popularizaron a través de una grabación discográfica.

Discípulo también del profesor Beltrán Pagola, el donostiarra Francisco Escudero Garóa de Goizueta es una de las personalidades más distinguidas del mundo musical vasco. Alumno de Dukás en París, sinfonista notable, hay en la producción de Escudero una ambición formal poco común, así como un deseo de incorporar lo esencial vasco a sus grandes composiciones sinfónicas, corales y líricas. Recordemos su oratorio Illeta, con versos del finísimo poeta Xavier Lizardi, sus poemas sinfónicos Arantzazu y Evocación de Iciar, y la ópera Zigor (1963), con libro de Manuel de Lecuona, estrenada en Bilbao en 1967 y en Madrid en 1968 (Teatro de la Zarzuela, bajo la dirección de Enrique García Asensio). Autor de dos conciertos (piano, 1947; violín, 1971), una Sinfonía en si bemol, una Sinfonía sacra (1972), una Misa, obras de cámara, para órgano, el ballet Sueño de un bailarín (1944), también ha compuesto canciones.

Muy bien conocido en los medios musicales madrileños como pianista y profesor de repertorio estilístico vocal de la Escuela Superior de Canto, Félix Lavilla Munárriz nació en Pamplona y cursó estudios con lraola en San Sebastián y con Cubiles en Madrid. Extraordinario pianista, ha destacado como acompañante de célebres instrumentistas y especialmente de cantantes. Lavilla, músico de grandes conocimientos, ha practicado también la composición vocal, muchas veces con carácter vasco. Sus canciones populares, muy difundidas un tiempo por Teresa Berganza, son buen ejemplo de la maestría del músico navarro.

Muchas cosas habría que decir del padre José Gonzalo Zulaica y Arregui, el querido Padre Donostía ( era nacido en San Sebastián), a quien muchos recuerdan todavía en el colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo, de los capuchinos franciscanos, en Lekarotz, cerca de Elizondo, en el valle navarro del Baztán.

Hombre de una gran formación, completada en Barcelona y en París, comenzó a componer desde niño. Su biógrafo, el padre Jorge de Riezu ha publicado en doce volúmenes la obra musical del padre Donostía y está a punto de aparecer el tomo V de su obra literaria, pues el músico donostiarra fue un polígrafo cuya principal actividad, además de la de compositor, fue la de folklorista.

Las canciones de muy diferente procedencia que se incluyen en el programa de hoy -catalanas (1913), francesas (1933), sefardíes (1938-41), vascas (1911)- por él armonizadas con aquel fino instinto musical que tanto aprecian los vascos en sus canciones corales, son definitorias de esa universal curiosidad del ilustre autor de los Preludios vascos para piano.
Como en el caso del Padre Donostía, también se conmemora este año el primer centenario del nacimiento de Jesús Guridi Bidaola, victoriano de padre vizcaíno y madre navarra.
Guridi, formado en Bilbao y Madrid completa sus estudios en la Schola Cantorum de París y después en Bruselas y Colonia. Su fama como gran compositor vasco se cimentaría sobre dos obras líricas de gran belleza y envergadura: Mirentxu (1910) y Amaya (1920).
Soberbio músico teatral, no por ello abandonó la composición en todos los géneros, habiendo en su catálogo obras de magnífica factura en el campo sinfónico (Diez melodías vascas. Sinfonía Pirenaica, Homenajea Walt Disney) en el de cámara, en el coral, de piano, de canto y piano, de órgano, para el cine, etc.

Las cuatro canciones que figuran en el recital de hoy pertenecen a la colección de Seis canciones castellanas (son las cuatro últimas; faltan Allá arriba en aquélla montaña y ¡Sereno, sereno!). Fueron estrenadas en el Ateneo de Madrid el 4 de enero de 1943 por la soprano Lola Rodríguez Aragón (1915-1984) con el pianista Alfredo Romero. Su éxito fue inmediato, apreciándose mucho en los medios oficiales que Guridi abandonara por un momento su estro vasco y se inspirase en el folklore de Castilla. Como gran armonista que siempre fue, el compositor alavés logró en estas canciones -en especial, la celebérrima No quiero tus avellanas- una auténtica recreación de las fuentes populares, nodrizas con tanta frecuencia de la canción española.

      1. José María Usandizaga (1887-1915)
      1. Tres melodías vascas
      1. Tomás Garbizu (1901-1989)
      1. Dos canciones vascas
      1. Jesús García Leoz (1904-1953)
      1. Dos canciones sobre textos de J. Paredes
      1. Jesús Arámbarri (1902-1960)
      1. Río (E. Montes)
      1. Francisco Escudero (1913-2002)
      1. Eiqui (A. Gª Ferreiro)
      1. Félix Lavilla (1928)
      1. Cuatro canciones vascas
      1. José Antonio Donostia (1886-1956)
      1. Mitja-nit (A. Mestres)
      2. Albada (A. Mestres)
      3. Madame, que les belles journées (P. Donostia)
      4. Levantéis vos (arreglo de popular)
      5. Descanso de mi vida (arreglo de popular)
      6. Pájaro de hermosura (arreglo de popular)
      7. Entendiendo mancebico (arreglo de popular)
      8. Ikhazkin mendian (arreglo de la misma obra de Charles Bordes)
      1. Jesús Guridi (1886-1961)
      1. Seis canciones castellanas: Llámale con el pañuelo (Popular)
      2. Seis canciones castellanas: No quiero tus avellanas (Popular)
      3. Seis canciones castellanas: Mañanita de San Juan
      4. Jota castellana (versión para soprano y piano)