(I) Ciclos de Miércoles El violonchelo español en el siglo XX

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Rafael Ramos, violonchelo. Pedro Espinosa, piano

PRIMER CONCIERTO

NOTAS AL PROGRAMA

Joaquín Turína:
Polimnía/Jueves Santo a medianoche

Joaquín Turina (1882-1949) está representado en este ciclo por dos piezas que no forman unidad, sino que están extraídas de otras obras mayores. Esto no supone atentado ni despiece alguno, pues es algo que constantemente solía hacer el propio compositor en sus conciertos. Téngase presente que, además de sus obras estrictamente pianísticas, Turina era muy amigo de adaptaciones y transcripciones de obras o fragmentos de obras que podían adaptarse al piano, solo o con otro instrumento. También es frecuente encontrar en su producción fragmentos de obras que pueden tocarse aisladamente o agrupando varios de ellos. según la conveniencia del concierto. Diríase, si se me permite la elucubración, que hay un cierto sentido modular en estos criterios, muy de la época.
Polimnia es originalmente el cuarto número de Las Musas de Andalucía, obra extensa para cuarteto de cuerda, piano y soprano. Escrita hacia 1942. es un mosaico de nueve piezas, cada una de ellas con el titulo de una de las musas griegas (Clío,Euterpe, Talia, etc.) Salta a la vista la pintoresca fusión del mundo heleno y el andaluz desde el propio titulo de la obra, lo que motiva unas simpáticas notas previas del propio Turina (Parece extraño, a primera vista, eltraslado de las musas griegas a tierra española. No es, sin embargo, el primer viaje que han hecho...). Que su autor concebía este mosaico como compuesto por obras perfectamente separables lo demuestran datos como el que cada una requiera una combinación instrumental diferente, sin que ninguna demande la intervención simultánea de los seis intérpretes; el que cada una de las piezas esté dedicada a una persona diferente (la que hoy oímos lo está a José María Franco), y el que sólo dos años después de escritas se interpretasen todas juntas por primera vez.
Más popular es acaso la otra pieza de Turina que hoy oiremos: Jueves Santo a medianoche, que no es sino la tercera de las piezas que forman su popular Suite Pintoresca, dedicada a Sevilla, y escrita originalmente para piano solo. La versión para cello y piano es muy posterior, y está hecha por el propio Turina para el gran violoncellista catalán Gaspar Cassadó, a quien está también dedicada, La obra data de 1909, es decir, de más de treinta años antes que Polimnia,
Rodolfo Halffter:
Sonata para violoncello
y piano
Después de Turina escuchamos a Rodolfo Halffter: la sucesión es bien significativa, Rodolfo Halffter, como su hermano Ernesto, entra de lleno en la llamada Generación del 27 o Generación de la República. Estos músicos, al igual que el propio Turina y que tantísimos otros, tienen perfectamente asumido el magisterio y el ejemplo de Manuel de Falla, y entendían que ese era el único camino que la música española debería seguir para encontrar su carta de identidad universal. Pero en los compositores del 27, aun siendo esto evidente, existe al mismo tiempo un deseo de puesta al día de lo que en Europa se estaba haciendo por aquellos años. y aquella puesta al día se llamaba sobre todo Strawinsky, Ravel, losseis, incluso en algún caso, Schoenberg, como comentaremos al hablar de Roberto Gerhard.
Este era, pues, el dilema de aquella generación: combinar eso que ha dado en llamarse casticismo -y que, por cierto, no ha de entenderse necesariamente como andalucismo- con un lenguaje nuevo y progresista. Los resultados fueron muy diversos, y acaso están todavía por analizar en profundidad, pero la amalgama de todos esos elementos, junto a la disparidad de condicionantes sociales que impuso la guerra civil a cada uno de los miembros del grupo, hizo que las producciones musicales de cada uno de ellos siguieran caminos bien diferentes.
Rodolfo Halffter (Madrid, 1900) es autodidacta de formación. A finales de la década de los veinte, se integra en el llamado Grupo de Madrid o -Grupo de los ocho- junto a Bacarise, Remacha, su hermano Ernesto y otros. Gómez de la Serna les dedica encendidos elogios; Adolfo Salazar les respalda con su pluma. Pero como casi siempre ocurre, el grupo se disgrega pronto, y en 1939, Rodolfo se exilia en México, donde reside habitualmente. Desde entonces, el camino recorrido ha sido variado y próximo a muy diversas estéticas, sin excluir la aleatoreidad, tan lejana, en principio, a aquellos postulados postfallanos.
La Sonata para violoncelloy piano data de 1960, y lleva el 26 como número de opus. Cuando Halffter la compone ha escrito ya alguna de sus obras más populares: Marinero en Tierra, Don Lindo de Almería, Sonatas de El Escorial, Homenaje a Antonio Machado y un largo etcétera. Obras todas ellas, se observa, de clara referencia al mundo español ya su cultura. No es el caso de esta Sonata, Op. 26, escrita dentro de los cánones más característicos de la música abstracta. Estamos ante una sonata relativamente convencional de forma, pero muy atractiva de lenguaje; así como en años inmediatamente posteriores, Halffter se interesará por formas más complejas, incluso por las formas abiertas, la simple enumeración de los tiempos de esta sonata -Allegro, Siciliana,Rondó- nos anuncia un reposo en esta búsqueda y la adopción de un esquema sencillo para un lenguaje claro y nada rebuscado, en la tradición de la mejor literatura violoncellística. Obsérvese también el papel mucho más que de acompañante que se le otorga al piano, concibiendo la obra como tal dúo, y no como simple melodía acompañada.
La Sonata Op. 26 está dedicada al violoncellista Adolfo Odnoposoff, quien la estrenó en Washington el 26 de abril de 1961, dentro del II Festival Interamericano de Música.
Enrique Granados:
Madrigal

Para abrir la segunda parte de este primer concierto, denso de contenido, oímos una pequeña pero deliciosa obra de Enrique Granados, escrita en los años del cambio de siglo con destino al repertorio del por entonces joven violoncellista Pablo Casals.
Las piezas breves de este tipo son, a nuestro juicio, de lo mejor de la producción de Granados, muy similarmente a lo que ocurre con las pequeñas piezas de un Grieg, un Schuman o un Schubert: música fresquísima y espontánea, sin demasiadas preocupaciones constructivas ni formales. Música, podríamos decir, de un solo trazo y, en este caso, con un cierto perfume arcaico. La pieza transcurre prácticamente en un solo tiempo, dejando al violoncello cantar y respirar, dentro de un aire general andantino.
Puede decirse que este Madrigal es la única obra de Granados para violoncello y piano, pues otra pieza que a veces se encuentra en esta combinación de instrumentos -Trova-es una transcripción del segundo número de su suite, Elisenda,para orquesta.
Madrigal está dedicada a Pablo Casals.
P. Donostia: Invocación
La figura de José Antonio Donostia (1886-1956) es poco conocida entre el público aficionado medio, y no porque no posea un cierto porcentaje de obras perfectamente válidas y de buena factura. Sin duda alguna, un cierto espíritu localista, y su alejamiento en sus últimos años de la realidad compositiva internacional - permaneciendo impermeable a las nuevas corrientes europeas posteriores a los años veinte-le hacen presentarse como un compositor conservador o provinciano; pero no es menos cierto que ese es también el caso de buen número de compositores españoles de la época, mucho más populares e interpretados que él. No se olvide tampoco -aunque acaso no sea más que una anécdota- que el padre Donostia escribió en 1938 una obra para grupo de Ondas Martenot, tituladas La Búsqueda del Santo Grial.Por lo demás, tampoco se le pueden negar sus excelentes trabajos de investigación, folklore, etc.
Invocación demuestra, como buena parte de su obra, una correctísima y elegante factura, vecina, acaso del propio Falla y de buena parte de los compositores franceses de su tiempo. No se olvide que Donostia estudió y trabajó en el París de la Schola Cantorum, junto a los grandes nombres de la música europea de la época.

d
Ramón Barce: Métrica I
Una característica muy acusada en casi toda la obra de Barce es la construcción por el autor de sus propios esquemas formales, y de sus propios sistemas metódicos de obtención de ritmos y alturas, que le sirven de procedimiento compositivo para sus propias obras. Dicho de otra forma: Barce ha ideado una serie de sistemas compositivos, con los que su técnica le resulta casi, casi, automática, y que en sus propias manos se adecuan perfectamente al resultado final que pretende conseguir. El caso de sistema más perfeccionado y metódico es el que él mismo denomina sistema de nivelesy que emplea con asiduidad en casi toda su obra posterior a 1965.
Métrica I es la primera de una serie de tres piezas (tituladas, evidentemente, Métricas I, II y III) en las que Barce concede mayor importancia al aspecto estrictamente rítmico que a aspectos melódicos o formales. El sistema en esta ocasión es extremadamente sencillo: una serie o verso de diez corcheas sobre un tempo de negra a 60, con intercalación de silencios y acentos, que va variando su aspecto auditivo simplemente por dislocación progresiva de estos silencios y estos acentos. El resultado sonoro es el de una pulsación rítmica constante materializada, sobre todo, en los graves del piano y sólo ocasionalmente en su región aguda o en el violoncello. Los acontecimiento que se superponen a la presentación de estas variaciones del mismo esquema rítmico son muy variados y breves, pero de importancia muy secundaria: pequeñas células rítmico- melódicas, generalmente dentro de la pulsación que impone el ostinato rítmico, y sólo ocasionalmente dotadas de alguna novedad tímbrica: presión del arco, pizicatti en las propias cuerdas del piano, etc.
La siguiente obra de este tríptico, Métrica II (1970) plantea el mismo problema compositivo aplicado a estos dos instrumentos más una trompeta. Métrica III (1973) está escrito para dos guitarras.
La obra que hoy escuchamos fue compuesta en 1969 y estrenada al año siguiente en Lisboa. La primera audición española vino en 1979, de la mano de Pedro Corostola y Luis Rego.
Agustín González Acilu: Hegeliana
Compositor navarro afincado en Madrid, Agustín González Acilu (Alsasua, 1929) figura desde hace muchos años en los más decididos movimientos españoles de vanguardia, entendiendo este término en su más propia acepción: Acilu es hombre especialmente interesado en la investigación, en las nuevas propuestas, acaso más que en los resultados estrictos (lo que no impide, claro, que los resultados suelan ser perfectamente válidos)  Es un compositor en el que cada obra es casi siempre una nueva investigación, realizada siempre con el mayor rigor posible. Especial interés tienen sus propuestas en el terreno de la fonética musical y en la adopción de una grafía que le es muy característica y que se adecua perfectamente a lo que él pretende conseguir. Por ello, no es menos cierto, que sus obras, para ser interpretadas con rigor, resultan complejas de montaje, tal es la cantidad de precisiones y sugerencias que pueden surgir a partir de esta referida grafía característica y que supone, dicho sea de paso, un punto medio entre escritura convencional y una cierta abierta o de libre interpretación. Su música está precontrolada, pues, pero suele dejar un cierto margen de aportación propia al intérprete.
Hegeliana, que hoy escuchamos, está escrita hace doce años, y fue motivada por el bicentenario del nacimiento del filósofo alemán al que alude el título. Sin embargo, la presente audición constituye su estreno absoluto. Es una obra relativamente extensa y pródiga en mil detalles de ataques, articulaciones, fases y desfases entre ambos instrumentos. Una vez más hay que resaltar el tratamiento de esta combinación instrumental como tal dúo, pues en ningún momento el violoncello actúa como simple solista acompañado. El ajuste es especialmente complejo, por jugarse constantemente con enfrentamientos y coincidencias entre ambos, y por estar entablado este diálogo/discusión sobre un tempo casi nunca uniforme y sólo en contados momentos con pulsación perceptible.

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Gaspar Cassadó: Requiebros
Ya hemos señalado en la introducción a estas notas la importancia que el nombre de Gaspar Cassadó  (1897-1966) tiene en la historia del violoncello español. Nacido en Barcelona, hijo de Joaquín Cassadó -también compositor y organista en Mataró y Barcelona-, estudio primero con su padre y después con el propio Pablo Casals. Vivió muy de cerca, como tantos compositores españoles, la época del gran París de la primera guerra. Casals intuyó en él a un violoncellista espléndido, y le ayudó a asesoró durante toda una etapa, aunque se ha especulado bastante sobre las relaciones mutuas en años posteriores, una vez consagrado Cassadó como gran concertista.
Pero, además de su labor como intérprete, Cassadó es autor de buen número de obras para diversas formaciones instrumentales. De ellas, evidentemente, lo que el tiempo va filtrando es principalmente su producción para violoncello: su Sonata, su Conciertopara violoncello y orquesta y sus Requiebros,que hoy escucharnos.
Poco hay que comentar sobre esta obra, breve de dimensiones y delicada de ejecución. Estarnos ante una página típicamente española, aunque no sin cierto aire afrancesado. Tampoco hay en su creador muchas más pretensiones que la de dejar en movimiento al violoncello, sobre pasajes muy claramente pensados para el lucimiento instrumental. Ello sin perjuicio de que la obra resulte muy grata al oído, y presente una correcta escritura, más o menos académica.
Cassadó fue hombre importante en ciertos ambientes europeos. Sus viajes, conciertos y cursos por todo el mundo (especialmente, Italia, Alemania y Latinoamérica) le pusieron en contacto con muchos de los grandes personajes de la época. Murió en Madrid en la nochebuena de 1996.

      1. Joaquín Turina (1882-1949)
      1. Las musas de Andalucía Op. 93: IV Polimnia
      2. Sevilla Op. 2: El Jueves Santo a medianoche
      1. Rodolfo Halffter (1900-1987)
      1. Sonata para violonchelo y piano, Op. 26
      1. Enrique Granados (1867-1916)
      1. Madrigal
      1. José Antonio Donostia (1886-1956)
      1. Invocación
      1. Ramón Barce (1928-2008)
      1. Métrica I
      1. Agustín González Acilu (1929)
      1. Hegeliana *
      1. Gaspar Cassadó (1897-1966)
      1. Requiebros
  1. * Estreno absoluto