(y II) Ciclos de Miércoles El violonchelo español en el siglo XX

(y II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Rafael Ramos, violonchelo. Pedro Espinosa, piano

SEGUNDO CONCIERTO
NOTAS AL PROGRAMA

Carles Guinovart: Intento
Abrirán el concierto de hoy dos obras de dos compositores de la misma generación, pero de estéticas bien diferentes. La primera de ellas es de Carles Guinovart (Barcelona, 1941), hombre de sólida formación académica y actualmente profesor del Conservatorio de Barcelona. Puede catalogársele dentro de ese terreno -por desgracia no muy abundante-de músicos de escuela, profesores incluso de Conservatorio, que son capaces  de compaginar la enseñanza de la Armonía tradicional y el Contrapunto severo con una importante labor de composición, dentro de la mejor actualidad de lenguaje. Dicho de otra manera: es maravilloso ver a un profesor de un Conservatorio español incorporado al quehacer creador de la cultura de su tiempo; algo que, paradógicamente, constituye una notable excepción.
Han pasado ya doce años desde que Guinovart escribiera Intento, una obra compuesta por encargo del Instituto Alemán, en cuya sede de Barcelona fue estrenado por Lluis Claret y la pianista Rosa María Cabestany. El título de la pieza no tiene más sentido que el de búsqueda o propuesta. como corresponde a una pieza muy sencilla de medios y puramente camerística y que no quiere sino proponer un juego entre dos instrumentos. Incluso, nos reconoce el autor, hay un equívoco del título con la consideración de Tiento, que también podría aplicársele a esta sencilla pieza.
Guinovart nos comentaba recientemente que, puesto que el Intento le parecía válido, quizá en breve plazo, remodele o retoque la pieza, potenciando sus aspectos que parecen más vigentes. De hecho, ya en 1972 (es decir, muy poco después de Intento), Guinovart había escrito otra pieza para este mismo instrumental, más un percusionista, con el título de Mishra.
Tomás Marco: Maya
No es necesario hacer presentación alguna del compositor Tomás Marco, por tratarse sin duda de uno de los autores más conocidos y difundidos entre la vida musical española. Su amplio catálogo, que presenta obra para las más variadas formaciones instrumentales, ha facilitado, junto a sus notabilísimos méritos intrínsecos, la difusión de una de las figuras más personales de la reciente música española.
Para situar Maya, la obra que hoy oiremos, en el contexto del catálogo de su autor, creo necesario hacer una precisión: aunque a veces se tenga la tentación de asimilar a Marco junto a algunos miembros de la Generación del 51 - y verle emparejado, en consecuencia, con un Luis de Pablo o un Cristóbal Halffter - no hay que olvidar que se trata de un compositor notablemente más joven que éstos. Lo que ocurre es que su proceso de creación, asimilación y maduración fue realmente precoz y acelerado, como lo demuestra el que sus primeras obras estrenadas - y que aún contienen una cierta vigencia (Trivium, Schwann, Jabberwocky, Anna Blume, etc.), están escritas cuando Marco rondaba los veinticinco años. Pues bien, es perfectamente lógico que ese proceso de maduración que desembocará en las espléndidas obras posteriores a 1975, aproximadamente, lo sea a través de ciertas obras que pudieran llamarse de experimentación o de prueba sobre ciertos recursos y mecanismos compositivos, en los que éstos priman sobre objetivos estrictamente expresivos. En ese capítulo de su producción se puede inscribir Maya, para violoncello y piano, escrita en 1969.
Lo antedicho no debe entenderse, en absoluto, como demérito o desinterés de la obra que hoy oiremos: ¿qué es acaso la tarea de un creador sino la búsqueda de caminos de madurez y asimilación? Con Maya, sin duda que Marco no pretende una obra cerrada y definitiva, como no lo pretenderá con Miriada, Fetiche, Kukulkún,o la tantas veces interpretada Arcadia; se trata de aproximaciones a un lenguaje, de sugerencias a sí mismo sobre posibles nuevos intentos más perfeccionados, de estudios - esto es muy importante- sobre la psicología de la percepción musical. Todo ello con una técnica - la del Marco de aquella época -, personalísima y elemental, incluso rudimentaria si se quiere, pero que en sus manos funciona casi siempre a las mil maravillas que hoy, más depurada por el paso del tiempo, ha dado frutos espléndidos, y aún los promete mayores.
Poco más cabe decir, pues, de Maya: música sencilla, sin más intencionalidad que proponer un modo de lenguaje que en 1968 era novedoso y que hoy debemos contemplar con esa perspectiva histórica. Si dicen los pintores plásticos que siempre se está pintando el mismo cuadro, el Tomás Marco de aquellos años estaba comenzando a pintar el suyo y trazaba en obra como Maya los primeros y previos bocetos.

d Antón García Abril:
Dos piezas para violoncello y
piano
El caso del turolense Antón García Abril es muy singular dentro de la actual música española. Pese a formar parte inicialmente del grupo Nueva Música (finales de los años 50), pronto su desengaño con la llamada estética de vanguardia fue más que evidente. y sin abandonar una cierta modernidad de lenguaje, se apuntó -o se le ha querido apuntar- a estéticas más moderadas que las que sus compañeros generacionales reivindicaban en los años sesenta y setenta, replegando velas -no se entienda esto peyorativamente- hacia posiciones de un cierto neomelodismo,de raíz más o menos tonal-fiodal, en el que se mueve desde hace ya varios años.
Su actividad compositiva está desdoblada habitualmente en una triple faceta: la de creación como tal, la de música teatral y cinematográfica, y la enseñanza de la Composición en el Conservatorio de Madrid. No hay que olvidar que su reciente discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando estuvo dedicado a la defensa del concepto tradicional -más o menos matizado- de la melodía,lo que supone una importante valentía estética, se esté o no de acuerdo con sus tesis.
El título Dos Piezas de la obra que hoy escuchamos es sólo provisional, pues García Abril piensa ampliarlas a tres, bajo el título de Tríptico. La primera de las piezas es para cello solo, al que se le suma el piano en la segunda. Lo dicho en el párrafo anterior está muy presente en la música que oímos: máxima claridad de escritura, ausencia de recursos no convencionales, austeridad de medios, y dejar cantar a los instrumentos: he ahí reflejado ese interés por el melodismo al que nos referíamos, música clara y sin ninguna afectación.
La audición de hoy constituye el estreno de estas Dos Piezas.
Amando Blanquer: Elegía
Amando Blanquer. alcoyano de nacimiento. no puede ser clasificado como autor conservador - al menos, no globalmente -, pero tampoco como autor adscrito de la última moda del lenguaje. El mismo se define partidario acérrimo de eso que suele llamarse sentimiento o inspiración, más o menos neo-romántica (aunque a uno le llamenpor ello anticuado),pero logra expresarse en términos y lenguaje muy de nuestro tiempo. Su plurifacetismo compositivo le permite escribir simultáneamente música para las bandas de las fiestas valencianas, y obras de creación de una estética plenamente actual.
Elegía, que hoy escuchamos, es una obra antigua (1959), escrita cuando el compositor contaba sólo veinticuatro años y acababa de terminar la carrera de Composición. Pero Blanquer -nos lo decía hace unas semanas- conserva aún un gran cariño por esta pieza. escrita (un poco ingenuamente) con el ánimo de enriquecer la literatura violoncellística de nuestro siglo, que no es particularmente abundante en España.
El título no hace referencia a ningún personaje ni hecho en especial, sino que anuncia. Simplemente, el carácter íntimo y sereno de la pieza. que transcurre siempre en un tempo lento y reflexivo. Está dedicada al violoncellista alcoyano -hoy en la Orquesta Municipal de Valencia- Santiago Cantó, quien la estrenó, también en Alcoy, con la pianista Pilar Mompó.
Recientemente, Blanquer ha estrenado en Madrid (con Marcial Cervera y Perfecto García Chornet como intérpretes), una segunda obra para esta formación instrumental, titulada Sonata (1980)
Roberto Gerhard:
Sonata para violoncello y
piano
Hace unos meses, un concierto monográfico del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, dedicado íntegramente a la figura de Roberto Gerhard, lanzaba un auténtico grito a la opinión musical española: la urgencia de recuperar la figura y la obra de este gran compositor catalán, que España se permitió el lujo de regalar a Inglaterra, que vivió y murió ante la mayor indiferencia de la vida musical española, y no se olvide que son legión los musicólogos especializados que, opinan que Gerhard es uno de los tres o cuatro hombres más importantes de los dos últimos siglos de música española.
En el comentario a la obra de Rodolfo Halffter nos referíamos al llamado Grupo de Madrid, que se formó en esta capital paralelamente a la literaria Generación del 27 (aunque con el tiempo, también los músicos terminaron conociéndose con esta etiqueta)  Pues bien, simultáneamente a este grupo madrileño, en Cataluña se forman colectivos de ideología más o menos similar (con un matiz más regionalista, claro está), en los que se alinean hombres como Eduardo Toldrá, Eduardo Lamote de Grignon, Manuel Blancafort, etc. Entre ellos está el propio Gerhard. Pero él asumirá una diferencia importantísima con respecto a sus colegas generacionales de Madrid o Barcelona: su adscripción a las corrientes germanas, por encima de las francesas, como era la habitual. Gerhard conoció muy íntimamente y recibió importantes enseñanzas de Arnold Schoenberg, al que incluso trajo a residir durante una temporada a su propia casa de Barcelona. (Prueba del encanto que debieron tener aquellas jornadas catalanas de Schoenberg es que su hija, nacida poco después, llevó el nombre de Nuria Schoenberg).
De la amalgama de su entusiasmo por la última obra de Falla, de su visceral catalanismo (fue asesor de la Generalidad durante un tiempo), de su espíritu de modernidad, de su entusiasmo por el procedimiento serial y de su espléndido oficio técnico es una producción impecable y originalísima que, con excepción de su propio país natal, ha encontrado importantísimo eco internacional. No se olvide que no existe un solo libro en castellano (¡ni en catalán!) sobre Roberto Gerhard; en España no se ha estrenado, que nosotros sepamos, ninguna de sus sinfonías, entre otras varias obras; y que toda su discografía existente en España se reduce a un solo disco, muy difícil, por cierto, de conseguir.
Por todo ello, la alegría que debe suponemos la audición de esta Sonata para violoncello y piano,que no es sino una versión de su original para viola y piano, de 1960. Es una obra algo anterior a lo más conocido (?) de su producción de cámara, también anterior a sus cuatro sinfonías y más o menos contemporánea de su Concierto para pianoy orquesta. Su corte y lenguaje es relativamente convencional - respetando básicamente la forma de sonata clásica- pero ya con la elegancia y pureza características de sus obras posteriores, obsérvese la combinación de lenguaje armónico y contrapuntístico ciertamente elaborados, con una expresividad y espontaneidad del mejor lirismo intimista.
La Sonata para viola (original, como se dijo, de esta versión para cello, y que presenta, por cierto, inapreciables variantes con aquélla) está escrita en Cambridge, como casi la obra de Gerhard posterior a 1940, y está dedicada a Lord y Lady Chaplin.
Gerhard se nacionalizó ciudadano inglés en 1960. Murió en el propio Cambridge el 5 de enero de 1970, pasando su muerte casi inadvertida para la vida intelectual española.
Pablo Casals: El Cant dels Ocells
Para terminar el ciclo oiremos una breve pieza, popularísima, que ha venido a convertirse en estandarte del pensamiento y la estética de Pablo Casals: ElCanto de losPájaros, con la que el maestro catalán cerraba frecuentemente sus programas. El Cant dels Ocells es ya mucho más que una obra musical más o menos bella: es el símbolo de un cierto catalanismo musical, el tributo gustoso de la música de concierto a la tradición musical folklórica y, de alguna manera, un símbolo por la paz y la libertad, tan frecuentemente unidos a las manifestaciones de Casals. Su inclusión en este concierto, aunque tópica, tiene su plena justificación de cara a un panorama del piano y el cello en nuestro siglo.
El Canto de losPájaros es originalmente una canción popular catalana, armonizada y adaptada a cello y piano por el propio Casals, aunque gusto es reconocer que tales trabajos se limitan estrictamente al mínimo: simples acordes tenidos en el piano, reforzando una armonización sin la más mínima pretensión de novedad. Pero es lo mismo: la carga emotiva e intelectual de esta pieza hacen que baste un sencillo La m con una mínima inflexión a Do, y un sutil juego modal en los grados VI y VII de la escala, para transmitir un mensaje infalible de paz y triste serenidad, dentro de laque convencionalmente cabe esperar de las posibilidades expresivas del violoncello. Más que ante una pieza estrictamente musical estamos ante un himno -sin pirotecnias, pero himno- a la capacidad de comunidad con la música, a través de un lenguaje eficaz e infalible para una gran mayoría de oyentes.

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Miguel Ángel Coria: Capriccio
Miguel Ángel Coria (Madrid 1937) nos envía la siguiente nota referente a la obra que se estrena:
«La música de este Capriccio, escrito para Ramos y Espinosa, sólo a sí misma se refiere, como todas las músicas. Así que libro a la crítica su explicación, que ya verán ustedes cómo a esa vieja y juiciosa dama se le ocurre algo y así hasta yo, que además soy uno de sus justiciables, podrá saber a que atenerse. Pero sí diré que durante unos minutos, que deseo breves al oyente, he desarrollado, según las rigurosas reglas del antojo, un tema propio, con el doble propósito de unir a dos contrarios tan aparentemente inconciliables como el vio1onchelo y el piano y de que ustedes lo pasen bien»

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      1. Carles Guinovart (1941)
      1. Intento
      1. Tomás Marco (1942)
      1. Maya
      1. Antón García Abril (1933)
      1. Dos piezas para violoncello y piano *
      1. Miguel Ángel Coria (1937-2016)
      1. Capriccio *
      1. Amando Blanquer (1935-2005)
      1. Elegía
      1. Roberto Gerhard (1896-1970)
      1. Sonata para violonchelo y piano
      1. Pau Casals (1876-1973)
      1. Canto de los pájaros
  1. * Estreno absoluto