(y V) Ciclos de Miércoles Boccherini, música de cámara

(y V)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Cassadó . Víctor Martín y Domingo Tomás Bayona, violín. Emilio Mateu, viola. Pedro Corostola, violonchelo
Emilio Navidad, viola. Marco Scano, violonchelo

QUINTO CONCIERTO___________________________________________________
Sextetos
Si se deja aparte una hipotética serenata que Boccherini habría compuesto para celebrar la boda de Don Luis con Doña María Teresa, podemos afirmar que las primeras obras que ven la luz en Arenas son los Sextetos Op. 23. Se trata de los únicos sextetos para cuerda que compondría, sin contar una obra de dudosa autenticidad.

El sexteto es la más amplia formación camerística de cuerda sola. Aquí la expresión dulce y sugestiva, contenida primero y más tarde apasionada, ya presente en los tríos compuestos en Viena por un Boccherini adolescente, recibe una corporeidad y una densidad que la hace perceptible en todo momento. Boccherini parece querer hablar en voz baja, insinuarse dulcemente al oyente, pasando por el medio más consistente de seis instrumentos en los que predominan los colores oscuros.

Exceptuando el primero, los Sextetos Op. 23 constan todos de cuatro movimientos, comenzando tres de ellos por un tiempo lento.

Quizá el más interesante sea el nº 5. Es fascinante como todas las obras compuestas por Boccherini para un auditorio de almas ultrasensibles. El primer movimiento está inmerso en la penumbra desde el tema principal enunciado por la viola, tal como pide el propio Boccherini a juzgar por las tres indicaciones que hay al principio: «grave», «sotto voce», «con sordina». Este tema es una idílica «berceuse» que, al final de la exposición, es seguida, como contrasujeto, por una frase implorante de los violines. Tras la aparición del violonchelo, una cadencia del violín precede a la reaparición del tema principal, que desaparece en el silencio. Sigue un animoso «Allegro brioso assai», si bien la indicación de «dolce» que figura en la parte del primer violín no hace aconsejable un absoluto cambio de carácter con respecto al tiempo anterior. Un segundo tema expuesto en forma contrapuntística se mezcla con el principal, mientras el trémolo de los violonchelos crea como una mancha brumosa de fondo. El minuetto prolonga las sombras en vez de constituir casi una mera pieza decorativa como suele suceder en el clasicismo. De la gravedad de este tiempo y de su discurrir lineal y cromático pasamos a la luminosidad del trío, en el que volvemos al modo mayor que habíamos abandonado en el minuetto. La música adquiere una simplicidad y a la vez una profunda verdad dentro de un clima semejante al de los últimos cuartetos de Beethoven. El Allegro final alterna al principio las entradas del violín con las del «tutti» como si de un concerto grosso se tratara, y como suele ser habitual en Boccherini, pasajes cadenciados y momentos fluidos. Fragmentada la línea, el tema principal reaparece, proporcionando a la obra un final muy efectista.

La marcha de Arenas de un intérprete de viola o quizá la poca afición de Don Luis hacia un grupo camerístico tan numeroso son algunas de las hipotéticas razones que impulsaron a Boccherini a regresar definitivamente a los más corrientes géneros del quinteto y el cuarteto.

      1. Luigi Boccherini (1743-1805)
      1. Sexteto en Fa menor, Op. 23 nº 4 (Op. 24, nº 6), G. 457
      2. Sexteto en Fa mayor, Op. 23, nº 6 (Op. 24, nº 3), G. 459
      3. Sexteto en Re mayor, Op. 23, nº 5 (Op. 24, nº 4), G. 458