(III) Ciclos de Miércoles Música española del siglo XVIII

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Hispánico Numen . Polina Kotliarskaya y Francisco Javier Comesaña, violín. Juan Krakenberger, viola. José Mª Redondo Marquez, violonchelo

__________________________________________________________________________

NOTAS AL PROGRAMA
TERCER CONCIERTO
___________________________________________________________________________

No han sido muy estudiados los orígenes del cultivo de la música de cámara en España. Pero no debemos olvidar que, a partir de la mitad del siglo XVIII, época del florecimiento del movimiento ilustrado, la música empieza a ser cultivada al margen de la corte, la iglesia o el teatro. Nos consta la existencia de reuniones musicales burguesas en muchas ciudades, de Cádiz a Gijón, pasando por Pamplona, Sevilla, Vitoria, Zaragoza, Bilbao, Barcelona y por supuesto Madrid. Boccherini escribe la mayor parte de su música de cámara para los filarmónicos madrileños, aunque la escasez de imprentas musicales le obligue a publicarlas fuera de España. Y en este sentido, bueno es recordar aquí a la familia Font (el padre, Francisco, y los tres hijos, Antonio, Pablo y Juan) entusiastas cultivadores del cuarteto entre nosotros, como músicos de cámara del infante Don Luis de Borbón.

En este estado de cosas no debe extrañamos que algunos compositores españoles ensayaran sus fuerzas en el género camerístico por excelencia de esta época: el cuarteto de cuerdas. Salvo el caso especial de Ordóñez, autor que se mueve en el ámbito vienés, hoy tenemos dos ejemplos característicos.
Carlos Ordóñez
El año 1711, con el nombre de Carlos VI, era coronado en Francfurt como Emperador de Alemania (al haber muerto su hermano José I sin dejar sucesión masculina), el segundo hijo del Emperador Leopoldo I. Un año después, en Bratislava, Carlos asumía el título de rey de los húngaros. Carlos VI no era otro que el Archiduque de Austria, luchador infatigable por tierras españolas en la llamada Guerra de Sucesión (provocada por la muerte, sin descendencia, del último monarca de la Casa de Austria, Carlos II) contra su oponente Felipe de Anjou. Derrotado el Archiduque en aquella época, y perdidas sus aspiraciones al trono de España, conservó, entre otros títulos, el ducado de Nápoles y la corona del Sacro Imperio Romano-Germánico. A la corte vienesa de Carlos VI, como después a la de su hija María Teresa, se incorporarían muchos españoles vencidos, procedentes, en general, de las zonas mediterráneas, y la rigurosa etiqueta hispana iba a primar allí hasta el reinado reformista de José II.

Entre las familias españolas que se trasladaron a Viena, siguiendo los pasos del derrotado Archiduque de Austria, se encuentra la del compositor Carlos Ordóñez, nacido ya en la capital austríaca el 12 de abril de 1734, así que en muy próxima fecha conmemoramos el 250 aniversario de su venida al mundo. En las últimas temporadas, la Orquesta de Cámara Española ha estrenado en el Teatro Real sinfonías de Carlos Ordóñez, hasta entonces desconocido, a pesar de poseer méritos más que suficientes como para figurar con regularidad en el repertorio de nuestros conciertos. Por su parte la "Nova Schola Pratensis", ha grabado tres de sus sinfonías, en "si bemol", "do mayor" y "re mayor".

De hecho, Ordóñez está encuadrado hoy por la musicología como uno de los "Kleinmeister" vieneses, ineludibles en el recorrido hacia la estabilidad formal y fijación definitiva de los principales géneros musicales forjados en la etapa clásica. Sus obras instrumentales, muy numerosas, han sido, en ocasiones, atribuidas a Haydn, lo cual supone un dato aproximativo sobre su excelente calidad.

Carlos Ordóñez era un gran violinista que a los veinte años de edad ya había compuesto y estrenado algunas obras. En el total de su producción, en la que encontramos dos óperas, unas setenta sinfonías y gran cantidad de piezas de cámara, figuran veintisiete cuartetos de cuerda. Una de las pocas ediciones de Ordóñez es la que llevó a cabo Guera, de Lyon, el año 1778, de 1os Seis cuartetos de cuerda Op.1, el tercero de los cuales oiremos hoy. Según A. Peter Brown, sorprenden los ritmos de superficie, impulsores de la obra hacia adelante, y esa unidad cíclica que posiblemente captara la atención de Beethoven durante sus primeros años vieneses.

A los citados cuartetos siguió otra serie, igual en número, cuyo primer ejemplo escucharemos hoy. En el Cuarteto número 7 podemos apreciar las concomitancias entre la obra de Ordóñez y la de los grandes maestros de la época, Haydn, Mozart e incluso Beethoven (Kirkendale llama la atención sobre el empleo del término "scherzo" y otras indicaciones expresivas para los movimientos fugados de Ordóñez.). Sin duda el compositor hispano-austriaco compartió con otros maestros de su tiempo -Turna, Birck, Holzbauer, Gassmann, Cristoph, Sonnleithner- el interés por los movimientos fugados, desnudos de artificio, así como por la estructura cíclica relacionada con la "sonata da chiesa". Con Wagenseil participa Ordóñez de cierta tendencia a activar el material temático por medio de trinos y con Albrechtberger, el maestro de Beethoven, en la preferencia por largos y lentos movimientos introductorios.

Carlos Ordóñez falleció, en Viena, el 6 de septiembre del año 1786. Hasta la muerte del Emperador José II (1790), sus obras formaban parte de las audiciones privadas de la corte, contándose entre las favoritas del Emperador para ocasiones solemnes.

Carlos Francisco Almeyda

El Cuarteto nº 1 de Carlos Francisco Almeyda nos ofrece un motivo de disquisición sobre este olvidado maestro castellano, de apellido portugués, cuya producción musical supone una de las pocas aportaciones españolas a la forma clásica del cuarteto de cuerdas durante el siglo XVIII. No debe confundirse a este Carlos Francisco Almeyda con el portugués Juan Almeida (1760-1825), maestro de capilla de la catedral de Braga, de quien Marcellán ha catalogado 16 cuartetos de cuerda en el Palacio Real de Madrid, ni con el también portugués Francisco Antonio d'Almeida, célebre autor de la ópera "La Spinalba", grabada hace unos años.

Aparte la música de cámara para instrumentos de arco escrita en España por dos italianos establecidos en Madrid, Boccherini y Brunetti, diversos autores españoles practicaron el género, algunos combinándolo con la guitarra como Fernando Ferandiere; otros en estado puro, como Manuel Canales.

Carlos Francisco Almeyda era burgalés. Excelente violinista, estuvo en la capilla real y debió tener una amistad íntima con Boccherini. Hace años un extenso artículo de Solar Quintes en el "Anuario Musical" del Instituto Español de Musicología, daba noticia de una obra de este compositor, hoy en paradero desconocido.

Mientras Boccherini estaba al servicio de la condesa-duquesa de Benavente (1786-87) de tan acreditada afición al arte musical (Boccherini representó en su casa la comedia musical "La Clementina"), una nota sin fecha ni firma, en el archivo de la poderosa familia, indica que el día 8 de cierto mes se representó con motivo de alguna festividad un "Credo", de Almeyda, con toda probabilidad perteneciente a alguna misa del compositor de Burgos.

Almeyda escribió, que sepamos, dos colecciones de cuartetos, la segunda de las cuales fue publicada por Pleyel en París el año 1798. Consta de seis cuartetos de cuerda, Op.2, y para obtener el honor de figurar en el catálogo editorial de Pleyel hubo de mediar Luigi Boccherini desde Madrid. En carta del 4 de enero de ese año, asegura el compositor y editor vienés, instalado en París, que las obras del señor Almeyda que le ha enviado, no se caracterizan por su originalidad o españolismo. "Su estilo es una mezcla de Haydn, Pleyel y Boccherini".

¡Buena mezcla!, diríamos hoy, pero el exigente Pleyel debió recriminar a Boccherini el gasto inútil que era para su editorial publicar la obra de un "pasticheur".

Hoy gracias a aquel acto amistoso del italiano madrileñizado, podemos disfrutar de aquellos cuartetos del humilde y desconocido, al par que valioso, compositor español.

Hay constancia también de que antes de la última guerra, en la biblioteca de Dresde (Alemania), se hallaba manuscrita una "Sinfonía para dos violas, violetta, dos oboes, dos trompas de caza y bajo contínuo, de Carlos Almeyda ".

Manuel Canales

Antes de que Juan Crisóstomo Arriaga escribiese sus magníficos cuartetos, a comienzos del siglo XIX, otros autores españoles habían cultivado la música de cámara con mayor o menor acierto. Además de los ya citados, conviene recordar, para dar una idea de esa variedad, los hermosos quintetos del Padre Soler, las sonatas de Felipe de los Ríos, Oliver y Astorga, Herrando, Manalt, Bernardo de Castro y Azcárrega, los cuartetos de Teixidor y Ferrandiere, piezas de Lidón y Bolado, los quintetos de cuerda del extremeño Esteban Araciel, aparte las composiciones de cámara escritas por extranjeros avecinados en España, como Jaime Facco, Montali, Brunetti, Boccherini y otros.

Entre todos ellos, a Manuel Canales cabe la gloria de haber sido el primer español que publicó una colección de cuartetos de cuerda, género, como es sabido, de próspera vida desde el siglo XVIII hasta nuestros días, pues los cuatro instrumentos -dos violines, viola y violonchelo- son más que suficientes para poner a prueba la sabiduría, el talento y la imaginación de un compositor.

Manuel Braulio Canales (1747-1786) fue músico de la catedral de Toledo, siendo allí maestro de capilla Juan Rosell, que ostentó aquel cargo entre 1763 y 1780. Canales estuvo al servicio de la catedral toledana entre 1774 y 1786. Saldoni asegura que, entre esas fechas, Canales publicó varias obras de su composición y es lo cierto que el año de su ingreso en la capilla toledana, el editor londinense William Napier publicó, en atención a sus méritos, una colección de cuartetos Op. 1, a la que seguirán otras colecciones de cuartetos de cuerda en grupos de seis.

Con toda probabilidad, Canales se formó en Toledo con el compositor catalán Jaime Casellas, eminente maestro educado en los rigurosos principios contrapuntísticos de la vieja escuela, pero en cuyas composiciones predomina ya la armonía vertical. Casellas había sido maestro de capilla de la catedral de Toledo entre 1733 y 1762, y fue sucedido por Juan Rossell. Pero todavía tuvo ocasión Canales de conocer parcialmente la etapa en que el magisterio catedralicio de Toledo estuvo en manos del presbítero Francisco Juncá y Carol, nacido en Sabadell en 1742 y discípulo, en Montserrat, de Benet Juliá. Es decir, en Juncá se dieron ya plenamente las características del nuevo estilo homofónico e italianizante impuesto en el monasterio montserratino por el padre Martí y sus discípulos. La doctrina, de signo tradicional, de Casellas, y los nuevos aires aportados por Juncá, tuvieron que influir en la producción sólidamente clasicista de Manuel Canales, a quien podemos considerar, en su obra de cámara, como un Haydn español.

El cuarteto de cuerda que cierra el programa de hoy, es el último de los publicados por el maestro español, aparecidos en Inglaterra con ésta portada:
Six Quartettos for two violins, tenor and bass, by Emanuel Canales, composer to the King of Spain, Op. III. Pr. 10.6 London. Printed for Will. Napier núm. 474 Strand".

  Canales observa las formas clásicas. Todos sus cuartetos tienen cuatro movimientos, a saber: un, "Allegro moderato" inicial, en el que desarrolla la forma sonata, al cual sigue un "lento", a veces de muy notable belleza. Luego viene un "minueto", con su correspondiente "trio", y finalmente un tiempo rápido en forma similar al rondó.

Pero si formalmente Canales sigue el modelo de cuarteto clásico practicado por sus colegas latinos de Italia y Francia, su técnica compositiva le acerca más a las novedades que están surgiendo en Viena merced a Haydn, Mozart y sus contemporáneos. Canales agrega a efectos sonoros provinientes de secuencias armónicas, un uso más individualizado de las cuatro voces, valiéndose de un contrapunto sencillo, fácilmente asimilable. A ello hay que añadir una línea melódica siempre fluida, basada, como otros autores españoles de la época, en motivos y diseños breves, los cuales determinan el ritmo de los respectivos movimientos. Sus finales suelen ofrecer unas posibilidades virtuosísticas que denotan la calidad de Canales como intérprete.

Lo más sorprendente en él es la búsqueda de efectos sonoros, la preocupación por la armonía desdeñando a veces la línea melódica al modo italiano. Sin hacer uso del folklore, como tantos otros músicos españoles de su tiempo, Canales se muestra enormemente hispano en esa mezcla picaresca y de suave melancolía que hacen tan atractivos sus cuartetos.

Andrés Ruiz Tarazona


      1. Carlos Ordoñez (1734-1786)
      1. Cuarteto nº 7, Op. 2 nº 1
      1. Carlos Francisco Almeyda (1750)
      1. Cuarteto Op. 2 nº 1
      1. Carlos Ordoñez
      1. Cuarteto nº 3, Op. 1 nº 3
      1. Manuel Canales (1747-1786)
      1. Cuarteto en Do mayor, Op. 3 nº 6