(y V) Ciclos de Miércoles Música española del siglo XVIII

(y V)

  1. Este acto tuvo lugar el
Mariano Alfonso, dirección
Coral Santo Tomás de Aquino . Miguel Dólera, órgano. Mª Teresa Bordoy y Ana De Guanarteme, soprano

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NOTAS AL PROGRAMA
QUINTO CONCIERTO
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Como ya señalaba Mitjana, el siglo XVIII español se nos presenta, en música, caracterizado por la tensión entre dos inclinaciones opuestas. De un aparte, la preponderancia del artificio retórico y técnico, y la habilidad en las combinaciones contrapuntísticas. De otra, la suavidad de las voces concertadas, y la sutil relación entre las consonancias y las disonancias. Si ampliamos las categorías enunciadas por el musicólogo malagueño, nos encontraremos con un mundo complejo y amplio de tensiones y relaciones contrapuestas: estilo organístico y estilo clavecinístico; música en latín y música en romance; teóricos revolucionarios y reaccionarios. En suma, prima prattica y seconda prattica.

Pero si este siglo significa el apogeo de la música barroca y de la tensión ya veces contradicción inherentes a ella, contempla asimismo el surgimiento de un nuevo estilo, síntesis y equilibrio entre los contrarios. En el estado actual de las investigaciones musicológicas, resulta apresurado pretender sacar conclusiones definitivas sobre este siglo, aunque paulatinamente se van llenando las amplias lagunas y deshaciendo los viejos prejuicios. Así, actualmente se tiende a considerar el siglo XVIII como una época particularmente fecunda en la historia de la música española, aunque sin la ruptura tan acentuada con respecto al siglo anterior que presentan los estilos musicales de otros países europeos por la misma época. Con todo, no debemos olvidar que es en este siglo cuando Domenico Scarlatti vive y produce en España. Actualmente se trabaja en el estudio de las distintas influencias e interacciones que este músico ejerció en sus colegas españoles. Si tomamos en cuenta esto, junto con las influencias de otros músicos extranjeros y con las tensiones internas que padecía el estilo barroco, los elementos son tan numerosos y complejos que sería imposible pretender enunciarlos en esta síntesis.

El programa elegido, a primera vista corresponde a la que podríamos llamar prima prattica,en cuanto que se trata de obras litúrgicas en latín. Pero no hay que detenerse en las apariencias: en realidad, ambas prácticas ya se encuentran bastante diluidas y actúan recíprocamente.

Diego Muelas, o de las Muelas, nace en Cuenca en 1698, y fallece en Madrid hacia 1743. Fue niño de coro en la catedral de Sigüenza, maestro de capilla en Astorga y el 26 de enero de 1719 sucede a Antonio Yanguas en el magisterio de capilla de la catedral de Santiago de Compostela. Cuatro años más tarde se traslada a Madrid para ocupar el mismo cargo en el Convento de la Encarnación, y aquí permanece hasta su muerte.

La presencia de villancicos suyos en lugares tan remotos como Guatemala y Morelia, y el hecho que se cantaran en Santiago sus motetes para la Cuaresma y la Semana Santa hasta bien entrado el siglo XIX, demuestra la reputación de que gozaba nuestro autor.

Los Motetes de Muelas presentes en este concierto se cantaban, respectivamente, el primero, segundo y cuarto domingo de Adviento, domingo de Sexagésima, domingo de Quincuagésima, miércoles de Ceniza, domingo primero, segundo y tercero de Cuaresma y domingo primero de Pasión.

Fieles al estilo antiguo, encontramos en estos motetes, sin embargo, una cierta propensión al estilo moderno, sobre todo en lo que se refiere a la conducción de las voces y a la verticalidad de algunos pasajes (por ejemplo, la parte central del Cum audisset Joannes,y el Adjuva nos).Asimismo, es patente cierto madrigalismo, como en el sencillo y conmovedor Vox clamantis.Tomando en cuenta estas características, llegamos a la misma conclusión de Tafall: Muelas es un autor de transición entre la antigua polifonía y el moderno estilo armónico.

De Joao Pedro Almeida Motta, llamado "el portugués", desconocemos la fecha de nacimiento, aunque sabemos que murió en 1720. Se conservan obras suyas en Mondoñedo, Tuy y Santiago: dos misas, Nona para la Ascensión, Vísperas, Completas, siete Salmos, un Miserere, dos Magnificat, Benedictus y dos motetes.
El himno Ave Regina Coelorum,de sencilla estructura, alterna períodos homofónicos con otros de carácter imitativo. Es de notar también la alternancia constante de pianos y fortes,detalle muy característico del estilo barroco.

Antonio Soler es uno de los nombres claves en la historia de la música española. Nacido en 1729, muere en El Escorial en 1783. El espacio es breve para reseñar sus actividades musicales. Baste decir que fue gran ejecutante de tecla y gran compositor de música de tecla, coral, de cámara, teatral y además notable y avanzado teórico. Esta última faceta la demuestra en la Llave de la modulación y antigüedades de la música (1766), y en un manuscrito recientemente publicado por Samuel Rubio: Theórica y práctica del temple para los órganos y claves.A través de este documento contemplamos un Soler especulativo, pero que nunca pierde de vista la práctica musical.

La estructura del motete Confitebor tibi Domine es totalmente clásica: secciones imitativas, en contraste con períodos homofónicos en los pasajes donde se ha querido enfatizar el texto (retribue servo tuo; vivifica me) Pero También encontramos rasgos originales, siendo el más importante de estos la conducción melódica. Por otra parte, hay algunos pasajes dotados de un discreto cromatismo, y algún salto de cuarta aumentada, del tercer grado a la sensible, muy característico de la música española de esta época.

Melchor López Jiménez nació en Hueva (Guadalajara) el 19 de enero de 1759 y murió en Santiago el 19 de agosto de 1822. Estudió en el Colegio de la Capilla Real de Madrid. El 23 de marzo de 1784 es admitido como maestro de capilla en la catedral de Santiago, sucediendo a Buono Chiodi y permaneciendo allí hasta su fallecimiento.

En los archivos de Mondoñedo, Tuy y Santiago se conserva una gran cantidad de sus obras: misas, motetes, salmos, villancicos: unas 600 obras, cuyas partes están copiadas, en su mayoría, de su propia mano. López Jiménez se encuentra totalmente inscrito en la órbita del estilo clásico, y representa el esplendor de la Capilla musical de la Catedral de Santiago.

El motete Dicebat Jesus turbis,para el domingo de Pasión, escrito en 1784, se caracteriza sobre todo por su equilibrio clásico: ningún elemento predomina, y todos se encuentran representados por igual: juego imitativo y escritura vertical; juego dinámico discreto; estructura clásica de la melodía.
Gracias a los estudios de Ernesto Zaragoza Pascual, sabemos que Fr. José Antonio Martμ nació en Tortosa en 1719 y murió en Montserrat el 3 de enero de 1763; que ejercía el cargo de organista en la Soledad Real de Madrid antes de tomar el hábito benedictino en Montserrat el 10 de octubre de 1749, y que el 9 de agosto de 1753 fue nombrado maestro de la Escolanía y de la Capilla de Montserrat. Es uno de los grandes representantes de la escuela montserratina, fecundo compositor, excelente intérprete, pedagogo -entre sus discípulos se cuenta el P. Anselmo Viola- y además buen humanista. Conservamos bastantes obras suyas en el archivo de Montserrat y en la Biblioteca Nacional: Lamentaciones, responsorios, cantatas, Salves, Magnificat, misas, un Stabat Mater, sonatas para tecla, villancicos, una allemanda para tres instrumentos.

En el Magnificat para dos sopranos solistas, coro y órgano con que se cierra este programa, es bien patente la influencia italiana, característica de toda la obra de Martμ según Zaragoza Pascual.

Es característica la angulosidad de la melodía, basada en sucesiones de acordes, así como la fuerza y la tensión en el pulso rítmico. Y muy de observar también el madrigalismo constante, hasta en la disposición de las partes según los versículos: Et exultavit,de tiempo allegro y vigoroso juego rítmico; quia respexit humilitatem,andantino a una sola voz acompañada; quia fecit mihi magna,exuberante allegro. Ya no se considera aquí el Magnificat como una alternancia de polifonía y canto llano, sino que cada versículo se trata según las características latentes en el texto.

No suelen ser frecuentes los conciertos de música coral española del siglo XVIII. Por ello, resultan loables los esfuerzos de la Fundación Juan March y de la Coral Santo Tomás de Aquino, dirigida por Mariano Alfonso. La Musicología no encuentra su exacto cumplimiento sino en la ejecución viva de la música que investiga, y por lo tanto, musicólogos e intérpretes deben ir de la mano en la tarea de revelar al público la belleza de estas obras desconocidas. Confiamos en que poco a poco estas músicas tan olvidadas dejen de dormir en los archivos y se muestren a la faz pública, haciendo así justicia a sus autores y deleitando a los oyentes.

Dionisio Preciado

      1. Diego Muelas (1698-1743)
      1. Motetes: Erunt signa in sole
      2. Motetes: Cum audisset Joannes
      3. Motetes: Vox clamantis
      4. Motetes: Interrogabant autem
      5. Motetes: Dixerunt autem
      6. Motetes: Adjuva nos, Deus
      7. Motetes: Inter vestibulum et altare
      8. Motetes: Ductus est Jesus
      9. Motetes: Hic est Filius
      10. Motetes: Erat Jesus
      11. Motetes: Dicebat Jesus turbis
      1. João Pedro de Almeida Mota (1744-1817)
      1. Ave, Regina coelorum (Compuesta en 1920 por Ramón Díaz Rubín, según Xoan M. Carreira)
      1. Antonio Soler (1729-1783)
      1. Confitebor tibi, Domine
      1. Melchor López Jiménez (1759-1822)
      1. Dicebat Jesus turbis
      1. José Antonio Martí (1719-1763)
      1. Magnificat