(III) Ciclos de Miércoles Shostakovich, música de cámara

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Rafael Khismatulin, violín. Julia Málkova, viola. Natalia Maslennikova y Sebastián Mariné, piano


Sonata para viola y piano, op. 147

Composición: Entre junio y el 5 de julio de 1975, Repino
Dedicatoria: "A Feodor Serafimovich Druzhinin".
Movimientos: Tres
Duración aproximada: Treinta minutos.
I. Moderato.4/4. Oscilación Sol-Re. Aria, en forma de Sonata.  

II. Allegretto. En torno a Mi bemol menor. Scherzo con Trío.
III. Adagio ("A la memoria de Beethoven" [?] ). En torno a Do. 3/2. Lied con citas diversas.
Estreno: 1 de octubre de 1975. Leningrado (Sala Glinka). Feodor Druzhinin, viola; Mihail Mountian, piano.

   Shostakovich consagró las últimas semanas de su vida a la música, como había hecho toda su existencia, y más en concreto  una obra que quiso dedicar a uno de "sus" artistas. Esas últimas semanas las volcó, extenuadamente, en la redacción de una Sonata para viola, concebida para el solista del Cuarteto Beethoven desde los años sesenta Fyodor Druzhinin, sucesor en el puesto de Vadim Borissovsky, al que el compositor había dedicado su Cuarteto núm. 13 en la primavera de 1970. El último de los tres tiempos, se señala a menudo, incluía una dedicatoria "extra", "A la memoria de Beethoven".

    El 25 de junio Shostakovich llamó por teléfono a Druzhinin, para informarle que estaba trabajando en una obra a él dedicada, y que quería consultarle ciertos problemas técnicos. La partitura, a pesar del estado de salud del músico, se redactó en un tiempo mínimo, y es que, extrema contradicción, en sus últimos días el compositor se hallaba en absoluto control de sus poderes creativos. En sólo 10 días elaboró los dos primeros movimientos, que subtituló como "Narración" y "Scherzo". En este movimiento incluyó una cita de su inconclusa ópera del año 42 Los jugadores. El 4 de julio su estado empeoró dramáticamente, y hubo de avisar a Druzhinin de un inevitable retraso en el trabajo: éste creyó, con toda coherencia, que la obra no se terminaría. Pero Shostakovich, desatendiendo a su familia, decidió a última hora no ser internado y permanecer en casa hasta que pudiera acabar la obra, que completó efectivamente, con todo el tercer movimiento, en las 48 horas siguientes: el 5 de julio, por la noche, dio la Sonata por concluida. Al día siguiente, 6 de julio, sufrió una crisis, y hubo de ser hospitalizado de urgencia: los médicos diagnosticaron una metástasis irreversible. Durante el mes de julio se le mantuvo internado, tratando de paliar su sufrimiento. Volvió a su casa el 1 de agosto y dedicó los siguientes tres días a corregir las pruebas de imprenta de la Sonata para viola. El día 6, tras una nueva crisis, hubo de volver al hospital, del que ya no saldría hasta su muerte.

    Con su secuencia de tres movimientos, la última Sonata de Shostakovich establece nexos con la obra previa en el género, la Sonata violinística del 68. Como en dicha obra, el tiempo central es también un Allegretto. Tampoco hallan aquí cauce elementos "para-seriales", aunque sí emplea el autor líneas o temas de 10, o menos notas. La sencillez de las texturas, con prístina claridad de las voces, es ahora total, como en el Cuarteto precedente, el nº 15 de la serie, Op. 144.

    Al inicio de la pieza, el instrumento dedicatario entona, en 'pizzicato', a solo, un tema ascendente, en 5ªs, que pivota sobre la alternancia Sol - Re. Tras este pasaje, el piano presenta un tema de 12 notas. El movimiento se elabora a partir de la sucesión de estos dos elementos, generando un episodio central, más dinámico. Hasta este momento, los dos instrumentos han "monologado" sin atisbo de diálogo: sólo en el compás 213 las dos voces se dan la mano en un episodio en ff. Los "temas" en cuestión regresan, a media voz, con una especial aparición -"espectral", dice Ottaway-del segmento de 12 notas en la viola. La sección final es un tranquilo diálogo, ahora sí, absolutamente coloquial, entre los dos solistas, con una "semi-cadencia" para el instrumento de cuerda que se erige en recapitulación del movimiento. Un extenso diminuendo , tras la reaparición de los 'pizzicati' del inicio, nos lleva al pasaje final, cerrado con un  Do grave de la viola que se desvanece.

    El Allegretto central carece de la ironía y la ferocidad de otros tiempos similares en la obra de Shostakovich: posee un cierto aire de danza y un tono popular, con un Trío de corte misterioso. El movimiento final, en torno a Do, plantea un conglomerado de citas que, pese a ello, nada tiene de pastiche o "collage", ya que las ideas dan la sensación de surgir unas de otras. Beethoven hace acto de presencia con su Sonata "Les Adieux", pero enseguida es el propio Shostakovich quien se "auto-cita", con referencias su Suite para 2 pianos de 1922 -dedicada a la memoria de su padre-, la ópera La nariz o el Cuarteto nº 13, entreveradas con un recuerdo del Concierto para violín de Alban Berg. Todos este "jardín de senderos que se bifurcan" culmina en una cadencia para la viola, basada en el tema en 4ªs que ha abierto el movimiento, antes de que un episodio de recapitulación conduzca a una clausura, apacible, serena, como la de los movimientos previos, en donde la acotación de los compases postreros es tan emotiva como turbadora: "morendo".

    Dmitri Dmitrievich Shostakovich falleció en Moscú, el 9 de agosto de 1975. Seis días después fue enterrado en la capital soviética, en el cementerio de Novodievichy. Nadie lo previó así, pero fue sepultado a dos tumbas de distancia de su amada Nina Varzar. En la lápida de ella se lee: "Nina Vassilievna Shostakovicha. 29 de mayo de 1909 / 4 de diciembre de 1954".

   Krzystof Meyer ha relatado la impresión que le causó, al regresar a Polonia tras el entierro de Shostakovich, el 14 de agosto, encontrar en su buzón una carta que el compositor le había escrito a finales de julio, desde el hospital, con este texto :

   "Querido Krzystof: gracias por acordarse de mí, gracias por su carta (...). He vuelto al hospital por mis complicaciones cardiopulmonares. Tengo enormes dificultades para escribir con mi mano derecha. Le ruego que me disculpe esta letra tan mala (...) Saludos cordiales de D. Shostakovich.
    PD: Aunque me ha resultado muy difícil, he escrito una Sonata para viola y piano."

    El compositor no pudo oír esta última obra, que su dedicatario estrenó en Leningrado el 1 de octubre de ese año 75. A finales de ese mismo año, el Cuarteto Beethoven se disolvió. Cinco años después, en 1980, y en torno al viola Druzhinin -que había oído decir a Shostakovich que el Beethoven debía durar "cincuenta, cien años"-, se constituyó un nuevo Cuarteto Beethoven.

Sonata para violín y piano, Op. 134

Composición: Octubre de 1968, Moscú.
  Dedicatoria: "A David Feodorovich Oistrakh"
  Movimientos: Tres
Duración aproximada: Treinta y dos minutos.
I. Andante. 4/4. Sin determinación tonal, pero con oscilación en torno a Sol. Sonata monotemática, sobre una serie de doce notas, con una variación central: A-B-A.
II. Allegretto. 4/4 - 5/4. En torno a Mi bemol menor. Scherzo sin Trío.
III. Largo. 4/4. Sin determinación tonal, pero con oscilación en torno a Sol.  Passacaglia con 16 variaciones.
Estreno: 3 de mayo de 1969. Moscú (Conservatorio). David Oistrakh, violín; Sviatoslav Richter, piano.

   La salud de Shostakovich empeoró durante los meses siguientes a la terminación del Cuarteto nº 12, Op. 133, pero ello no le impidió redactar, entre 1968 y 1969, dos de sus obras capitales, de cámara una y sinfónica la otra, si bien la configuración sonora de la segunda, y su mismo lenguaje, acercan la pieza al mundo íntimo y privado de la camerística: estas páginas son la Sonata para violín y piano, Op. 134 y la Sinfonía nº 14, elaborada a partir de textos de García Lorca, Apollinaire, Kuchelbecker y Rilke. No es exageración predicar de esta última obra que es la cima del sinfonismo de su autor, además de una de las grandes creaciones musicales de la centuria. Shostakovich, desde 1966, ha ido archivando su dualidad credora, hasta el punto de que en los últimos años no hay más que un único compositor, cuyas partituras reflejan las vivencias de quien ha sido (y todavía es, en gran medida) testigo privilegiado de su tiempo, del que da fe con una visión cargada de estremecido humanismo, en la que ya no hace falta "acotar" el pentagrama con apuntes histórico-políticos, basta con dejar hablar a un intelecto especialmente lúcido y honesto. Solomon Volkov lo ha expresado, en fechas recientes, con muy lúcidas palabras: "La gente responde hoy con presteza a los mensajes espirituales que encierra la música de Shostakovich, y no meramente a lo que dijo acerca de la opresión Stalinista. Hoy no se sabe casi nada de la opresión Stalinista, pero lo que el público escucha en su música es la honda simpatía hacia el derecho del individuo a expresarse, y esto es un mensaje universal."

    Un delicioso error de calendario, por parte de Shostakovich, provocó la redacción casi consecutiva de dos obras maestras. En mayo de 1967, el compositor se dirigió a su viejo amigo -se habían conocido en Turquía (!), en los años 30-, el gran violinista David Oistrakh, en estos términos:

   "Querido 'Dodik', acabo de terminar un nuevo Concierto para violín, y al escribirlo pensé en usted. (...) Me sentiría muy feliz si aceptara tocar esta obra, tanto que no encontraría palabras para expresarlo. Es esta una obra que querría dedicarle con motivo de su sexagésimo cumpleaños".

   Oistrakh, recibida la partitura, tuvo que hacer un auténtico acopio de valor para explicar al compositor que en ese año 1967 él no cumplía 60 años, ¡sino 59! Naturalmente, eso no fue óbice para que estrenara el Segundo Concierto para violín en Moscú, con Kirill Kondrashin dirigiendo, el 26 de octubre de dicho año 67. Pero la exquisita educación de Shostakovich, de la que tantos ejemplos brinda Krizstof Meyer en su libro biográfico acerca del artista, suscitó un nuevo, asombroso, regalo para el cumpleaños número 60 de Oistrakh, "el verdadero cumpleaños", como el violinista acostumbraba a decir al hablar de esta página. Así nació la Sonata Op. 134, concebida como regalo de cumpleaños a David Oistrakh, que de esta forma resultó dedicatario de tres grandes obras de Shostakovich, la Sonata en cuestión y los dos Conciertos violinísticos: la partitura tiene una íntima relación, como obra puente, con los Cuartetos nºs 12 y 13, ya que en ella Shostakovich vuelve a utilizar elementos seriales como "ingredientes" de la escritura -presentes, como hemos visto, en el Opus 133, y también patentes en el futuro Opus 138-, y en la misma construcción de la pieza, de tres tiempos (Lento-Rápido-Lento), que recrea la estructura en arco tan propia de sus últimas obras.

    Hugh Ottaway, el desaparecido musicólogo británico, maravilloso comentarista de la obra de Shostakovich, escribió acerca de esta pieza :

     "La austera belleza de la Sonata para violín es inseparable del empleo por Shostakovich de material de 12 notas, de manera extensa, sobre todo en el primer movimiento de la obra. Sin embargo, aquí no hay una técnica serial en el sentido Schönbergiano: las ideas de 12 notas son melódicas, incluso temáticas, y todo ello dentro de un contexto que se puede considerar música tonal."

    La composición se abre con el enunciado de dicha serie "melódica" -sigamos la terminología de Ottaway-, en el piano, en sentido ascendente, que es inmediatamente invertido, presentado en curso descendente. Estas doble aserción de la línea o serie se repite dos veces, con una serie paralela -da la tentación de llamarla "espejo"- en el violín. Al expandirse el material, los dos instrumentos permutan sus elementos temáticos.

    En medio de una textura de enorme claridad -típica ya de todo el Shostakovich final-, la doble idea  inicial se va volviendo rítmica, creando un nuevo elementos, contrastado, ya ajeno a las doce notas de apertura. Esta idea regresa -al revés que en el arranque, ahora en secuencia violín / piano-, y es el instrumento de cuerda quien, en una figuración tenue, en semicorcheas, de extraño estatismo, nos encamina hacia el final del movimiento, en donde Shostakovich reexpone abreviadamente las dos ideas "seriales" y la "silueta" rítmica, confiriendo a esta la conclusión del segmento.

    El Allegretto, mucho más "tonal" en su aspecto que los movimientos extremos, es uno de los característicos 'moto perpetuo' del Shostakovich incisivo, irónico y siempre brillante. La ausencia de un Trío central, propiamente dicho, confiere a este movimiento un especial impulso. Ottaway ha señalado con gran acierto la vecindad temática del pasaje con el que podríamos llamar "impulso temático base" de la Sinfonía nº 12, una curiosa referencia a una obra del músico no siempre apreciada y que muchos hemos infravalorado (el firmante se debe incluir en la lista de "pecadores"). También es obvio que, en el fondo, el elemento temático no es sino "expansión" de lo que antes llamamos "silueta rítmica" del primer movimiento.

    El Finale nos presenta un enésimo (o no tal, el sexto de la obra de cámara) Passacaglia, que se abre con una nueva construcción temática de 12 notas, que en este caso no tiene una función estructural, sino que es estricto pórtico al tema del Passacaglia en cuestión, expuesto a lo largo de 11 compases por el violín a solo, en 'pizzicato', en el que es uno de los más desnudos y penetrantes momentos de la obra del músico. Se trata de un tema cromático, pero no es una serie, ya que no hay una "organización" de la "línea" como tal (varias notas se repiten, etc.). El piano recoge la melodía en su registro grave, y a continuación comienza una singular, perfectamente heterodoxa -tanto en las reglas de Schönberg como en la escolástica barroca- cadena de "variaciones", que Ottaway, en otro de sus tinos terminológicos, denomina "rotaciones". Realmente, Shostakovich no "varía" el tema, simplemente lo hace evolucionar 16 veces a través de las posibilidades que la sonoridad de los dos instrumentos le confiere: el registro medio del piano, las dobles cuerdas del violín, el arco, el máximo 'legato' admisible en el teclado, etc. En la séptima "rotación", el tema es "armonizado" con rara belleza, y en la novena, frente al piano, el violín presenta un contracanto -este sí- de 12 notas. Tras respectivos clímax -"rotaciones" 14 y 15- en piano y violín, reaparece la introducción del movimiento, y tras ella el material del primer movimiento, con sus tres elementos: con esta doble cita de conjunto, la pieza concluye, quedamente. El 8 de enero del 69, David Oistrakh, con Moshe Weinberg al piano, interpretó la pieza en privado, en un encuentro de la Unión de Compositores Soviéticos, previo al estreno oficial del 3 de mayo, entonces con Sviatoslav Richter al piano.

      1. Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
      1. Sonata para viola y piano, Op. 147
      2. Sonata para violín y piano, Op. 134