(III) Ciclos de Miércoles I Ciclo de música española del siglo XX

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
Cuarteto Sonor . Jaume Francesc y Mercedes Senat, violín. Aureli Vila, viola. Luis Sedó Jornet, violonchelo
Ángel Soler Renales, piano. Juli Panyella, clarinete

NOTAS AL PROGRAMA

Por Carlos Gómez Amat

Los tres compositores reunidos en el programa de hoy son, en muchos aspectos, ejemplo vivo de los caminos que ha seguido la música española en la primera mitad del siglo XX. Remacha nace en 1898, Rodríguez Albert en 1902 y Homs en 1906. No hay entre ellos la suficiente diferencia de años para considerarles de generaciones distintas. Y, sin embargo, su figura y el significado de su obra difieren, tanto por su mismo ser como por las circunstancias.
Remacha es una de las personalidades más acusadas e interesantes dentro de la que se llamó, primero, «generación de la Dictadura», luego «generación de la República» y, ahora, «generación del 27», porque corresponde, no sólo en el tiempo, sino en ciertas líneas estéticas y hasta éticas, con la generación literaria que se reúne bajo el signo de ese año.
La generación musical del 27 no es un grupo artificial. Estos músicos trabajaron más o menos unidos, pero con intenciones semejantes y fines convergentes en los últimos años de la Monarquía y en los que duró la República. Es una generación de significado político, que militaba en el bando de los perdedores. Uno de ellos, Gustavo Durán -conocido por «el Porcelana» en su mundo particular- militó, con alta graduación, en el ejército republicano. Los efectos de la derrota alcanzaron a todos estos hombres que, exiliados o no, fueron borrados del mapa cultural español durante un buen número de años. Ese efecto alcanzó también a algunos de los artistas de mayor edad, pero otros pasaron con habilidad la cuerda floja entre el rojo y el azul.
No se debe olvidar que esa generación, o mejor, ese puñado de músicos, fue conocido también como «Grupo de Madrid». Esto quiere decir que aquella gente, reunida en parte bajo el signo espiritual de Falla, actuó y se desarrolló en la capital, independientemente de la procedencia geográfica de cada uno. Desde Madrid ejercieron su acción y de Madrid salieron en la pequeña diáspora de los vencidos. El exilio produjo en algunos curiosos efectos estilísticos. En cuanto a Remacha, luego veremos cuál fue su camino.
Si nos atuviéramos solamente a las fechas, nuestros tres compositores estarían agrupados. Pero el alicantino Rodríguez Albert, músico de nacimiento y de vocación total, pese a sus estudios de otro tipo, permaneció en tierras de Levante y luego estuvo un tiempo en París, con lo que su formación había por fuerza de ser distinta a la de sus colegas madrileños o madrileñizados. Homs, por su parte, fue y es catalán en ejercicio, y su espíritu siempre ha estado lejos de influencias «centralistas». Ingeniero de profesión, Homs está quizá marcado por el aspecto matemático de la música y, desde luego, por el influjo de la moderna Escuela de Viena, conocida y querida a través de su maestro, Gerhard. Las primeras composiciones notables de Homs tienen ya la fecha de 1936. La Guerra Civil no puede golpearle como a sus contemporáneos.
La música de cámara española escrita en nuestro siglo, merecería un profundo estudio. Es curioso que, en un país donde la gran forma sinfónica ha tenido tan poco favor, se haya desarrollado en cambio lo camerístico, esencia del clasicismo y el romanticismo, sobre todo en su línea más pura, la del cuarteto. Raro es el compositor español del siglo XX, sea cual sea su filiación, su tendencia o su carácter, que no haya rendido tributo al cuarteto. La economía de medios ha dado lugar así al más rico repertorio, desgraciadamente poco frecuentado. En la música de cámara han templado su oficio nuestros creadores, en un esfuerzo de pureza que viene dado, quizá, por la severa concreción del principio sonoro. En el piano, en la orquesta, la imaginación puede romper más fácilmente las reglas. En el cuarteto han ejercitado su escritura desde los zarzuelistas -Bretón y Chapí- hasta los músicos de nuestros días.


RAFAEL RODRIGUEZ ALBERT

Quinteto en La menor para arco y clarinete
Rodríguez Albert nace en Alicante. Vive la música desde niño ya la música consagra su actividad. Estudia Derecho y Filosofía y Letras en Valencia, y en el Conservatorio de esa ciudad obtiene Primer Premio de Piano en 1922. Fuera del mundo académico son varios maestros los que influyen en su formación, pero se debe considerar decisiva su relación, en París, con Poulenc, Honegger, Milhaud y, sobre todo, con Ravel, que le aconseja. Su labor musical no se ha limitado a la creación; también es importante como conferenciante, pianista y crítico. Invidente, ha ocupado desde 1934 la Cátedra de Estética e Historia de la Música en el Colegio Nacional de Ciegos, de Madrid
Sus obras han obtenido premios desde 1925. Por dos veces fue galardonado con el Premio Nacional de Música.
Su estilo se distingue por una continua intención de creación formal dentro de un lenguaje que, a través de los años, no ha dejado de aprovechar los avances del arte sonoro. Un nacionalismo no realmente folklórico, que podría emparentarse mejor con el último impresionismo que con el postromanticismo, señala su producción, que abarca todos los géneros, desde el sinfónico al teatro musical, pasando por el piano, la canción, la música de cámara -especialmente interesante- y las obras corales. Entre sus últimas composiciones cito «Sonata del mar y del campo» estrenada por la Orquesta Nacional, el homenaje a Falla «La Antequeruela» y el «Ciclo cadencial en torno a Falla» .
El «Quinteto en La menor» con clarinete obtuvo el Premio Samuel Ros 1956. Se trata de una obra cuidadosamente elaborada, que tiene su fundamento en ciertos intervalos. Un planteamiento enérgico da paso al libre juego del clarinete. El desarrollo sigue un camino que no es nunca caprichoso, sino meditado. La tonalidad es inestable, pero en la forma, no rigurosa, persiste en algún modo lo tradicional. El segundo movimiento es un andante con variaciones, fundado en un tema de raíz cíclica. Ornamental, decorativo es el «scherzo». En el cuarto movimiento .hay una informal recapitulación de la obra.


JOAQUIN HOMS

Cuarteto de cuerda núm. 8

Nace Homs en Barcelona y allí termina sus estudios de violoncello en 1922. Siete años después da fin a su carrera de ingeniero industrial, mientras practica el piano y la composición de forma autodidacta. Entre 1930 y 1936 amplía sus conocimientos con Roberto Gerhard, discípulo de Pedrell y de Schonberg, lo que le lleva al conocimiento de las técnicas seriales ya la formación evolutiva de su propio estilo. La mayor parte de sus composiciones no se fundan en lo tonal. Desde 1954, casi todas sus obras se basan en series de doce notas, que primero se desarrollarán según la técnica dodecafónica y, luego, con una mayor libertad, se orientan hacia nuevos campos de expresión. Homs insiste en que su manera de hacer se subordina siempre a sus necesidades expresivas, y en que el carácter de sus obras no es nunca meramente especulativo.
El nombre de Homs ha representado a España ante el mundo, en cuanto se refirió a técnicas avanzadas, durante unos tiempos en que otros compositores se complacían en el retorno. En su producción predomina el pequeño conjunto, y el hecho de haber compuesto ocho cuartetos no deja de ser significativo. Sobre el cuarteto que hoy se estrena, dice el autor: «'El Cuarteto de cuerda núm, 8' fue compuesto durante el verano de 1974. Como la mayoría de mis obras de cámara posteriores a 1967, consta de un solo movimiento integrado por una serie de secciones de distinto carácter y textura que contrastan o se relacionan entre sí y cuya sucesión en el tiempo va moldeando e infundiendo sentido al conjunto de la composición. Dichas secciones, en número de 17, pueden agruparse en tres amplias partes. En la primera (133 compases), se exponen todos los elementos musicales que van desarrollándose en las siguientes. En la segunda, reaparecen los principales en formas variadas y más claras (108 compases), seguidos de una anticipación del período conclusivo de la obra (26 compases). La última parte (69 compases) constituye una breve recapitulación variada de la primera y finaliza en una conclusión más amplia que la prefigurada al final de la segunda. Las secciones iniciales de cada una de las tres partes me fueron sugeridas por la contemplación del mar desde la playa. Las relaciones interválicas que se manifiestan en toda la partitura surgen siempre más o menos directamente de la rotación continua de una serie básica de 12 notas.»


FERNANDO REMACHA

Cuarteto con piano

El caso de Fernando Remacha es muy especial. Navarro de Tudela, su formación, sólida, se hizo en Madrid, con José del Hierro en el violín y Conrado del Campo en la composición. En Italia, trabajó con Malipiero. Perteneció a la Orquesta Sinfónica y su actividad musical se diversificó hasta llegar a campos como el del cine sonoro en sus principios. Su vocación de músico fue a contracorriente de los negocios familiares. Nunca ha sido prolífico, pero la conmoción de la guerra le alejó casi absolutamente de la creación. Su nombre vuelve a aparecer premiado en Málaga, en 1959, y en la Semana de Música Religiosa de Cuenca de 1964, con una obra importantísima: "Jesucristo en la Cruz». En los años de silencio, Remacha dedicó su tiempo al negocio ya citado, una ferretería.
En 1957 se hace cargo del Conservatorio «Pablo Sarasate», de Pamplona, al que convierte en un gran centro de enseñanza. Sus obras pueden y deben contarse entre lo más relevante del panorama musical español. Remacha ha realizado a través de ellas una música cada vez más honda y especial, casi de sentido ascético. Aunque en muchos aspectos es un compositor nacionalista, ese nacionalismo ha huido siempre de los enfoques pintorescos para adentrarse en un lenguaje de gran pureza. Páginas maestras son, por ejemplo, «Rapsodia de Estella» y el «Concierto para guitarra».
Tengo personal experiencia de la modestia de Remacha. Hace algún tiempo le pedí una lista de sus obras y una nota biográfica. Pues bien, sus composiciones más importantes, según él, no llenaban un folio, incluyendo la formación instrumental de cada una. La biografía se reducía a cuatro líneas y media.
El «Cuarteto con piano» es precisamente la primera obra que su autor considera importante. Obtuvo el Premio Nacional de Música en 1933, y es el fruto de la imaginación y la técnica de un artista que, en una madurez temprana, pero no precipitada, ha encontrado su estilo. Música de fino trabajo, al día en su tiempo, muestra la preocupación por lo europeo y lo que Salazar llamó «una personalidad de nervioso sesgo».

      1. Rafael Rodríguez Albert (1902-1979)
      1. Quinteto en La menor
      1. Joaquín Homs (1906-2003)
      1. Cuarteto de cuerda nº 8
      1. Fernando Remacha (1898-1984)
      1. Cuarteto para violín, viola, violonchelo y piano