(III) Ciclos de Miércoles Ciclo de guitarra (1978)

(III)

  1. Este acto tuvo lugar el
José Lázaro Villena, guitarra

FERNANDO SOR
La importancia actual de la llamada guitarra clásica tiene un antecedente esencial en Fernando Sor, del que este año se cumple el segundo centenario de su nacimiento. Nacido en Barcelona el 13 de febrero de 1778, su verdadero apellido es Sors, pero en sus primeros años en París suprime la «s» final para que pareciera más español. De sus «Estudios» para guitarra ha dicho Andrés Segovia que sirven tanto para el desarrollo de la técnica de los alumnos como para preservar esa misma técnica en los maestros.
Se forma en el Monasterio de Montserrat como niño de coro, recibiendo enseñanzas de armonía, composición, guitarra, violín y violoncello. A los diecisiete años regresa a Barcelona y compone su primera ópera, «Il Telemaco nell'isola de Calipso», que estrena en Italia y posteriormente en Barcelona. Se traslada a Madrid y recibe la protección de la Duquesa de Alba y del Duque de Medinaceli, al que sirve también durante algún tiempo como administrador. Alcanza el grado de capitán en la guerra de la Independencia, pero acaba por hacerse afrancesado, marchando a París con José Bonaparte.
Recorre como compositor y concertista algunas ciudades europeas. Londres y Moscú, fuera de París, son las principales y las de más largas estancias. En Londres, el 24 de marzo de 1817, estrena con la Real Orquesta Filarmónica su «Sinfonía concertante para guitarra y orquesta de cuerda»; en Moscú, el ballet «Hércules y Onfalia», en 1826, cuya obertura enviaría después, con una dedicatoria especial, a Fernando VII. Entre una y otra obras, óperas, ballets, música de cámara y gran número de piezas para guitarra.
A partir de 1828 fija su residencia en París, en donde vivirá hasta su muerte, el 10 de julio de 1839. Once años en los que sigue trabajando como compositor y, sobre todo, como profesor de guitarra y canto, sin abandonar sus modos de vida entre anárquicos y hedonistas. Pero es en esos años, concretamente en 1830, cuando publica sus obras más trascendentales. Se trata de su «Método para guitarra», de su «Tratado de armonía» y de sus «Veinte estudios para guitarra», de los que en 1945 se publicó una edición comentada por Andrés Segovia. Junto a estos «Estudios», que siguen ocupando un primer lugar en la disciplina del instrumento, aporta un gran número de piezas diversas que figuran en los repertorios de todos los guitarristas de hoy.

Los Seis divertimentos, Op. 1, son una excelente anticipación, en obra de juventud, de su especial talento para la guitarra, mientras que su contenido musical entra, como en gran parte de su obra, bajo la influencia de Haydn. Se ha señalado también la sombra de Pleyel en su música, en la medida de su deseo de llevar la guitarra a los niveles de difusión con que ya contaba el «pianoforte»

Las Variaciones sobre «O cara armonia», de «La Flauta Encantada», de Mozart, Op. 9, corresponden a un grupo de ellas para las que se sirvió tanto de temas de Mozart como de Paisiello. En este caso, tras el tema que le sirve de punto de partida, desarrolla seis variaciones en las que contrasta textura y «tempo».

La Sonata núm. 2, Op. 25, es parte de las tres que, bajo esta calificación, compuso para el instrumento, Opus 15, 22 y 25. Las dos últimas se han separado y se conocen como «Gran Sonatas». La Opus 22 está dividida en cuatro tiempos, mientras que la 25 se agrupa en tres con la inclusión en el primero del «andante largo» y del «allegro non troppo».

En estas obras concretas desarrolla las posibilidades del instrumento que, paso a paso, recorre en sus «Veinte Estudios». La «Sinfonía concertante», los «Duetos» en los que expone dos líneas melódicas en interdependencia, y las pequeñas piezas como valses, mazurkas, galops, etc., suponen otro apartado de sus creaciones que conservan su vigencia más allá de su valor práctico como elementos de enseñanza.

Carlos José Costas

      1. Fernando Sor (1778-1839)
      1. Six divertimentos, Op. 1
      2. Introducción y variaciones Op. 9 sobre el tema "O cara armonia", de La flauta mágica de Mozart
      3. Sonata, Op. 25