(I) Ciclos de Miércoles Piano romántico español

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Antonio Ruiz-Pipó, piano

A LA NOCHE
Romance (Fragmentos)

¡Salve, oh tú, noche serena,
Que el mundo velas augusta,
Y los pesares de un triste
Con tu oscuridad endulzas!

El arroyuelo a lo lejos
Mas acallado murmura,
Y entre las ramas el aura
Eco armonioso susurra.

Se cubre el monte de sombras
Que las praderas anublan,
Y las estrellas apenas
Con trémula luz alumbran. [...]

Al aprisco sus ovejas
Lleva el pastor con presura,
Y el labrador impaciente
Los pesados bueyes punza.

En sus hogares le esperan
Su esposa y prole robusta,
Parca cena preparada
Sin sobresalto ni angustia. [...]

¡Oh, qué silencio!, ¡Oh, qué grata
Oscuridad y tristura!
¡Cómo el alma al contemplaros
En sí recogida gusta! [...]

Deslízase manso el río,
Y su luz trémula ondula
Y en sus aguas retratada,
Que, terso espejo, relumbra,

d
Al blando batir del remo
Dulces cantares se escuchan,
Del pescador y su barco
Al plácido rayo cruza.

El ruiseñor a su esposa
Con vario cántico arrulla,
Y en la calma de los bosques
Dice él solo sus ternuras. [...]

Silencio, plácida calma
A algún murmullo se juntan
Tal vez, haciendo más grata
La faz de la noche oscura.

¡Oh!, salve, amiga del triste,
Con blando bálsamo endulza
Los pesares de mi pecho,
Que en ti su consuelo buscan.

José de Espronceda

d

Lloro porque ya no volveré a oír aquella voz que daba siempre gusto, lección y consuelo; la palabra del artista, del sabio y del santo; lloro por los que han perdido al que enjugaba sus lágrimas; lloro por la patria insensata e infeliz que ha visto desaparecer al más grande de sus hijos sin un estremecimiento doloroso, como esos enfermos tan graves que se pueden mutilar sin que lo sientan.

Concepción Arenal
(A la muerte de Masarnau)

Apolinar Brull y Ayerra
Antonio Ruiz-Pipó nos propone la lectura de varios capítulos fundamentales del piano romántico español. El primero de ellos lo protagoniza el compositor navarro Apolinar Brull y Ayerra, nacido en San Martín de Unx.

Brull estudió con Gorriti, figura destacadísima de nuestra música romántica por su buen gusto y sobriedad, cuando el compositor ejercía, muy joven, como organista en Tafalla. Después completó su formación en el Conservatorio de Madrid, probablemente con José Miró, gran pianista gaditano que había sido discípulo de Thalberg y amigo de Chopin, Hummel, Bertini y Herz.

En los años 1868 y 1869 ganó los concursos de piano y composición, respectivamente.

Como su hermano Melecio, de quien él fue maestro, Apolinar Brull se dedicó a la enseñanza y a la composición, escribiendo sin interrupción dentro de los más variados géneros. Se conservan composiciones suyas para piano, órgano, orquesta y coros (es autor de la sinfonía coral Los segadores),pero sólo alcanzó prestigio dentro del campo lírico, escribiendo numerosas zarzuelas, algunas de mucho éxito, como El cabo Baqueta,en colaboración con Nieto, La buena sombra y algunas óperas como Guldnara y Magdalena (inédita). Guldnara,con texto de José Extremera, se estrenó con "justos y entusiastas aplausos", según Peña y Goñi, en el Teatro Apolo, el 4 de mayo de 1884.

A pesar de sus éxitos teatrales sinfónicos (su Polaca de concierto se dio varias veces en las sociedades sinfónicas de fin de siglo) y corales (popularizó la canción Mar adentro), lo más valioso de la obra de Brull está en el piano, al que aportó su delicada sensibilidad. Podemos apreciarlo en la clara y amable línea de salón de sus mazurcas, polonesas, caprichos y romanzas sin palabras, como la bella Triste recuerdo que inaugura este ciclo. Aunque Ruiz-Pipó ha interpretado y grabado algunas piezas de Brull, las mazurcas Esperanza y Pesarosa se oyen aquí por vez primera en nuestro siglo.

Santiago de Masarnau
El cambiante reinado de Fernando VII, con su alternancia de períodos absolutistas y etapas revolucionarias, originó un nuevo tipo de español que, por desgracia, ha seguido teniendo vigencia hasta nuestros días: el exiliado. Santiago de Masarnau se inscribe desde niño en esa clase de españoles que el profesor Vicente Lloréns ha estudiado maravillosamente en su libro Liberales y románticos (México, 1954).

Masarnau nació en Madrid el 9 de diciembre de 1805. Desde muy niño fue considerado un verdadero prodigio musical, como le ocurrió a su hermano Vicente en la física. A los ocho años estrenaba una misa a cuatro voces, con acompañamiento de órgano, en la iglesia madrileña de San Justo. Su padre había sido servidor leal del rey Fernando VII y, muy pronto, el niño recibió distinciones reales. Fueron sus maestros José Roure y Llamas, organista de la catedral de Granada, Boxeras y Nonó y Angel Inzenga.

El año 1823 su padre, que debía ser un espíritu liberal, sufrió las iras del otra vez poder absoluto de Fernando VII, por lo que hubo de emigrar a Inglaterra con toda su familia. En Londres se relacionó con otros músicos refugiados españoles, como el aragonés Mariano Rodríguez de Ledesma, miembro honorario de la "Royal Academy of Music" desde 1825 y con el valenciano José Melchor Gomis, que pronto se daría a conocer ante el público filarmónico londinense con su cuarteto vocal, con acompañamiento de orquesta, L'Inverno.Al parecer, Gomis colaboró por esta época con Masarnau en algún intento operístico que no llegó a estrenarse. Los dos artistas mantendrían una larga amistad y correspondencia.

Primero en Londres y luego en París, Masarnau entró en contacto con lo más selecto del público musical de su tiempo. Amigo de Rossini, Bellini, Meyerbeer, Beriot, Moscheles, Henselt, Cramer, Alkan, y, sobre todo, de Chopin, el compositor español pronto se puso al día de las corrientes más avanzadas del momento. Es también legendaria su amistad con el astrónomo y físico Aragó y con el físico y químico Faraday.

Hombre de vastísima cultura, era buscado y querido por los artistas más notables, hasta el punto de haber llegado hasta nosotros la célebre anécdota según la cual Chopin le había pedido el tema del famoso Vals en la menor Op 34. Esperanza y Sola, en los artículos necrológicos de Masarnau (La Ilustración Española y Americana,15 y 22 de enero de 1881) ha dado mil detalles de la bondad, ingenio y patriotismo del compositor madrileño. Un día, en la tertulia de Luis Felipe Igualdad, el barón Taylor puso sobre la mesa una colección de romances de ciego y aleluyas comprados en la madrileña calle de Toledo y, ante la burla general, exclamó: "Voilá l'art et les lettres en Espagne".A los pocos días Masarnau, que había recorrido París en busca de versos callejeros impresos, los expuso a la célebre tertulia con un letrero que indicaba: "Muestra de las artes de Francia".

También es conocida la anécdota que da cuenta de las ilustres visitas que, durante la convalecencia de una enfermedad, recibía Masarnau en su modesto piso del boulevard de Montmartre, nº 10. Rossini y el cantante Adolphe Nourrit iban allí desde la finca del banquero Aguado, donde se alojaban, para ensayar con él fragmentos de Guillermo Tell que el "cisne de Pésaro" iba pergeñando allí mismo, sobre la marcha, con su acostumbrada facundia. Y lo curioso es que, al mismo tiempo, Boieldieu, en el piso de arriba, escribía su famosa Dame Blanche.

Durante un viaje a Madrid, en 1829, Masarnau produjo gran impresión a la burguesía de la capital. Luego viajó con asiduidad y cuando en 1845 se instaló definitivamente en la Villa y Corte publicó, bajo el título Tesoro del pianista,una colección de piezas destinada al colegio que dirigía su hermano mayor Vicente, así como un Nuevo método de Solfeo,que hicieron época. También armonizó y publicó, con traducciones de su amigo Pedro de Madrazo, hermano del pintor, unos salmos alemanes bajo el título de Cánticos de la Alemania Católica.Tuvo Masarnau muchos discípulos en Madrid y su Tesoro del pianista contribuyó al conocimiento de los clásicos. También merecen resaltarse sus aportaciones a los conciertos del Liceo Artístico y Literario, por cuya sección de música pasaron Pedro Albéniz, Carnicer, Reart y Basilio Basili, y a la fundación del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid (1835).

Durante estos años colaboró como crítico musical en la gran revista literaria El Artista,que dirigían el poeta guipuzcoano Eugenio de Ochoa y el pintor Federico de Madrazo, periódico batallador en pro de la nueva estética, por el que pasaron las figuras más destacadas del naciente romanticismo español. Su biógrafo Pedro de Madrazo escribió en El Artista que las obras de Masarnau se caracterizaban por su tendencia "lúgubre, elegante, apasionada".

El año 1849, Masarnau fundó en Madrid una filial de la asociación religiosa francesa San Vicente de Paul, a la que dedicó una febril actividad, convirtiéndose en un verdadero asceta cuyo único afán era practicar las obras de misericordia. La figura de este anciano, bienhechor de la humanidad desvalida, se hizo popular en los barrios madrileños más indigentes y abandonados. En los últimos tiempos, en lo que él llamaba su "delicioso escondite de El Escorial", había escrito: "Los trabajos que Dios nos envía son el verdadero combustible de la llama del amor divino ".

Santiago de Masarnau falleció en el hospedaje madrileño de Chamberí de los padres de San Vicente de Paul el 14 de diciembre de 1880, siendo enterrado en la sacramental de San Justo. En sus funerales se cantaron un Dies irae y un Requiescat de su gran amigo Jesús de Monasterio, otra de las grandes figuras internacionales de la España romántica. Y Concepción Arenal escribía en La Ilustración palabras conmovedoras.

Masarnau escribió muchas composiciones religiosas para voces blancas, hoy olvidadas, y acababa de poner fin a una Misa de pastorela cuando le sorprendió la muerte.

Pero la base de su producción son las obras para piano, tan numerosas y admirables como desconocidas. Varias sonatas, baladas, nocturnos, uno de los cuales, denominado Spleen,era, según Esperanza y Sola, pieza predilecta de Mendelssohn.

Hoy escuchamos música de Masarnau en primera audición, música impregnada por la melancolía que perfuma tantas piezas del período romántico y que es buen ejemplo del estilo ecléctico de este compositor. La Fantasía está dedicada a su amigo Johann Baptist Cramer (1771-1858), gran virtuoso del piano muy admirado por Beethoven.

Marcial del Adalid
La segunda parte del programa se centra en la obra pianística de Marcial del Adalid (1826-1881) de quien se conmemora este año el primer centenario de su muerte, y que es el compositor más personal de cuantos escuchamos hoy. En la Galicia decimonónica, la de Curros Enríquez y Rosalía, la de Aurelio Aguirre y Antolín Faraldo, ningún compositor, hasta Andrés Gaos (1874-1954), puede ofrecer una obra musical de comparable importancia, aunque la de Juan Montes ( 1840-1899) tenga más raíz galaica.

Es indudable que la producción pianística de Adalid figura entre lo más representativo y presentable del romanticismo español y, desde luego, es capital en la historia musical gallega, donde únicamente el vigués Manuel Martín, discípulo de Pedro Albéniz y que, entre 1840 y 1857 alcanzó cierto renombre como pianista y compositor (publicó mucho en Madrid y Lisboa), puede ponerse junto a él, en principio, a título de curiosidad.

Rodrigo de Santiago y Antonio Iglesias, este último autor de las revisiones de la Improvisación y Elegía que hoy nos ofrece Ruiz-Pipó, se ocuparon hace unos años de Adalid.,El primero, con una primera Síntesis biográfica,y el segundo con la edición de cuatro obras del compositor (las dos citadas, un Vals brillante y un Andantino con variaciones).Todo ello estuvo a cargo de la Academia Gallega, depositaria del legado adalidiano. Ruiz-Pipó, en un cuaderno publicado por UME bajo el título de "Románticos españoles", incluyó su revisión de otras piezas de Adalid: el nocturno Gratitud,Op 47, la balada La noche Op 29, y dos Romanzas sin palabras.También merecen citarse los trabajos monográficos sobre la obra para voz y piano del compositor gallego (nº 64 de la revista "Grial", 1979) y sobre su ópera Inese e Bianca (nº 493 de "Ritmo", 1979), de los que es autora Margarita Soto Viso, un extenso artículo de Ramiro Cartelle ( nº 480 de "Ritmo") y diversos escritos de Xoan Manoel Carreira, como el titulado "Un músico europeo en Lóngora", con el que inicia su libro 150 Anos de Música Galega.Es decir, se ha prestado, en los últimos años, atención a este notable maestro gallego.

Marcial del Adalid y Gurrea nació en La Coruña el 24 de agosto de 1826 en el seno de una acomodada familia.

Era entonces La Coruña la villa reducida y tradicional que describirá años después la condesa de Pardo Bazán, pero en la que existía una incipiente burguesía de comerciantes e industriales, a la vez que un pequeño sector aristocrático, preocupados por sostener un cierto rango ciudadano que permitiese a sus habitantes el mantenimiento de un espíritu abierto a los nuevos vientos de la cultura.

En aquella "Marineda" lejana, tosca y refinada a un tiempo, Adalid se fue haciendo un pianista con posibilidades. Muy dotado para la música, Enrique Franco ha puesto de relieve la espontaneidad de su sentimiento romántico, recordando una de sus primeras composiciones, la Sonata Op. 4, escrita cuando el compositor no había salido todavía de su país natal. Su primer viaje a París se produce el año 1844. Allí intenta infructuosamente contactar con Chopin para recibir sus clases. Va entonces a Londres, donde comienza a ampliar sus estudios con el célebre virtuoso Ignaz Moscheles. Eso hizo afirmar a un crítico de su tiempo que la música de Adalid participaba del carácter que le imprimían las nieblas londinenses y el sol brillante de España, lo cual carece de sentido si consideramos el origen checo de Moscheles y el gallego de Adalid.

En 1846 vuelve a instalarse en París, donde seguimos ignorando si llegó a recibir alguna clase de Chopin, si bien parece seguro que recibió consejos de Liszt.

En cualquier caso, la obra pianística del compositor gallego aparece influida por la de Chopin y es uno de los excepcionales ejemplos españoles de esa influencia, la mayor parte de las veces referida a factores de superficie y no armónicos, y mucho menos a los desarrollos formales. Quiere esto decir que Adalid hace, en general, música de salón, casi toda para piano, pero con una autenticidad de inspiración, un sentido poético y delicado, y tal serie de recursos, que la elevan sobre la media del género.

Desde París, Adalid viene a Madrid, donde seda a conocer en los medios oficiales, intelectuales y artísticos. Pero al morir su padre, en 1855, y heredar alguna fortuna, Adalid vuelve a viajar a Francia, editando algunas de sus creaciones e intentando estrenar su ópera Inese e Bianca,en la que, al parecer, hay claros síntomas del directo galleguismo que presidirá muchas de sus canciones. En Madrid, donde vive a partir de 1860, consigue Adalid estrenar en la Sociedad de Cuartetos la Sonatina en sol,para piano a cuatro manos.

Pocos años más tarde se retira a su pazo campesino de Lóngora, cerca de la pequeña localidad de Santa Cruz, próxima a La Coruña. Quien desee visitarlo debe tomar el camino hacia Sada y coger un desvío a la derecha en la carretera. A unos 500 metros se entra en un paraje de huertas, con fondo boscoso. Resalta la silueta de una iglesia barroca, con el típico crucero y el cementerio al costado. Poco antes de llegar a la solitaria iglesia, se ven las verjas de acceso a la que fuera casa solariega del artista. El interior de la casa ha sido modernizado, pero aún conserva exteriormente el noble aspecto de tantos pazos gallegos, mitad fortaleza, mitad casa de labor campesina. Allí ha trabajado sus últimos años Adalid, componiendo o simplemente retocando sus baladas, sus tristes elegías, nocturnos, impromptus, valses brillantes, romanzas sin palabras, canciones y hasta unas variaciones calificadas por él ingenuamente de a la antigua usanza,si bien, justo esdecirlo, en España era casi cierto. En el apartado pazo de Lóngora realizó también Adalid una importante labor como folklorista, recogiendo temas populares con destino al Cancionero de Inzenga. Como resultado nacieron sus tres cuadernos de Cantos viejos y nuevos de Galicia y los Cantos populares gallegos,editados por Canuto Berea.

Las canciones gallegas de Adalid suponen una aportación musical de peso al Rexurdimento de Galicia, movimiento a la búsqueda de una identidad política y cultural que polarizó la figura de Manuel Murguía. ¡Lástima que el gran polígrafo no incluyese a Adalid entre los precursores!

Algunas de las canciones gallegas llevan texto de su esposa, Fanny Garrido, que firmaba con el seudónimo Eulalia de Lians.

Como el bardo Pondal en Ponteceso, Adalid, ajeno a la raquítica vida musical española, pasó retirado los últimos años de su vida en Lóngora, rodeado de sus recuerdos y de sus muchos libros.

Allí entre camelias, mimosas, eucaliptus y el verde praderío gallego, falleció, víctima de un tumor abdominal, el 16 de octubre del año 1881.

La balada La noche Op. 29, está inspirada en el romance de Espronceda que lleva ese título. El nocturno Gratitud Op. 47, muy chopiniano, está en tiempo moderato e cantabile. La Improvisación,en sol bemol mayor, lleva la dedicatoria "Homenaje a la memoria de F. Chopin" y, según Ramiro Cartelle, la parte central -scherzoso-pudiera perfectísimamente pasar por ser uno de los Estudios de notas dobles para la mano derecha, sextas aquí, de Chopin.

La Elegía que cierra el programa, tan característica del decidido romanticismo de Adalid, está dedicada a su amigo José María Guelbenzu (1819-1886), notable pianista y compositor navarro que animó, junto a Monasterio, la Sociedad de Cuartetos madrileña, en la que, como hemos referido, Adalid y su música eran muy apreciados.

      1. Apolinar Brull (1845-1905)
      1. Triste recuerdo: romanza sin palabras
      2. Esperanza (mazurca)
      3. Pesarosa (mazurca)
      1. Santiago de Masarnau (1805-1882)
      1. Segunda Balada (María)
      1. Marcial del Adalid (1826-1881)
      1. Balada (La noche)
      2. Nocturno (Gratitud)
      3. Improvisación (Rev. de Antonio Iglesias)
      4. Elegía (Rev. de Antonio Iglesias)