(II) Ciclos de Miércoles Piano romántico español

(II)

  1. Este acto tuvo lugar el
Joan Moll Marqués, piano

EL PI DE FORMENTOR

¡Mon cor estima un arbre! Més vell que l'olivera
més poderós que el roure, mes verd que el taronger,
conserva de ses fulles l'eterna primavera
i lluita amb les ventades que atupen la ribera,
com un gegant guerrer.


d No guaita per ses fulles la flor enamorada;
no va la fontanella ses ombres a besar;
mes Déu ungí d'aroma sa testa consagrada
i li doná per trone l'esquerpa serralada,
        per font l'immensa mar.


d Quan lluny, damunt les ones, renaix la llum divina,
no canta per ses branques l'aucell que encativam;
el crit sublim escolta de l'aguila marina,
o del voltor qui passa sent l'ala gegantina
        remoure son fullam.

        Del llim d'aquesta terra sa vida no sustenta;
revincla per les roques sa poderosa rel,
  té pluges i rosades i vents i llum ardenta,
  i, com un vell profeta, rep vida i s'alimenta
de les amors del cel.

        ¡Arbre sublim! Del geni n'és ell la viva imatge:
domina les muntanyes i aguaita l'infinit;
per ell la terra és dura mes besa son ramatge
el cel qui l'enamora, i té el llamp i l'oratge
per glória i per delit.

        ¡Oh! si: que quan a lloure bramulen les ventades
i sembla entre l'escuma que tombi el seu penyal,
llavors ell riu i canta més fort que les onades,
i vencedor espolsa damunt les nuvolades
sa cabellera real.

d
Arbre, mon cor t'enveja. Sobre la terra impura,
com a penyora santa duré jo el teu record.
Lluitar constant i vèncer, reinar sobre l'altura
i alimentar-se i viure de cel i de llum pura...
        ¡oh vida! ¡oh noble sort!
  
        ¡Amunt, ánima forta! Traspassa la boirada
i arrela dins l'altura com l'arbre dels penyals.
Veurás caure a tes plantes la mar del món irada,
i tes cançons tranquilles n'iran per la ventada
com l'au dels temporals.
        

Miquel Costa i Llobera

Mi otro profesor, Capllonch, era muy distinto. Todavía joven, unos treinta años, era un típico latino, alegre, con risueños ojos azules, un suave bigote rubio y una divertida disposición hacia la música. Cuando él tocaba los clásicos, no fruncía el entrecejo, con el fin de mostrar la profundidad del sentimiento, cosa tan frecuente entre los germanos para disfrutar del favor de los críticos. La música era puro goce para él y sabía compartirla conmigo. Tocábamos encantados una sinfonía de Schumann arreglada para cuatro manos, y uno o dos cuartetos de Beethoven. Después nos tomábamos algunos bombones de buen chocolate, que siempre tenía a mano, y para un final feliz, Capllonch tocaba algunas melodías populares españolas ...¡Yo le adoraba!

Artur Rubinstein

d

Joan Moll va a ofrecer un concierto monográfico dedicado a música culta producida en su tierra natal, la isla de Mallorca.

El hermoso Archipiélago Balear, asiento de milenarias civilizaciones, emergiendo del Mediterráneo, cuna de la nuestra, es tierra de vieja y bien sedimentada cultura. Gimnesias y Pithiusas son tierra de sólida tradición musical, patente en su rico y variado folklore. Los espléndidos ejemplares de órganos que en ellas se conservan son buena prueba de la existencia de una antigua escuela de teclado, que estuvo al día de cuanto se creaba en la Península Ibérica y en otros lugares de Europa, especialmente en Italia.

Guillem Massot y Beltrán
El padre del Romanticismo mallorquín es precisamente un pianista nacido en Palma, Pere Tintorer (1814-1891), autor de más de un centenar de composiciones, la mayor parte para piano, aunque se hiciese célebre por un Te Deum dedicado a Napoleón III. Tintorer, que fue discípulo de Liszt, formó a su vez a excelentes pianistas desde su clase del Conservatorio del Liceo de Barcelona. Pero más importante que Tintorer respecto al medio mallorquín fue Guillem Massot y Beltrán, nacido el 3 de enero de 1842 en la Ciutat de Mallorca (Palma) y fallecido también allí el 7 de abril del año 1900. Massot representa la plena asimilación del romanticismo en Mallorca, cuyo iniciador puede ser nada menos que Federico Chopin, pues todos sabemos que allí pasó el genial compositor polaco el invierno de los años 1838-39.

Guillem Massot estudió en Inca con el maestro Perandreu Ferragut, siguió con Antoni Vanrell en Palma, y con el organista de la catedral Miguel Tortell.

En 1858 fue nombrado organista de San Nicolás, trabajando intensamente y de forma autodidáctica sobre los grandes clásicos. Massot sentía pasión por la música, pero no pensaba en ella como medio de ganarse la vida. Por ello se trasladó a Murcia, donde cursó la carrera de Magisterio, dedicándose a la enseñanza primaria y a la musical.

Al regresar a Mallorca, una enfermedad le obligó a encerrarse en la casa paterna de Inca, pero a los cuatro años obtuvo la plaza de profesor de canto y piano del Colegio de la Crianza, estableciéndose definitivamente en Palma.

Entre sus discípulos figuran el gran pianista y compositor Miguel Capllonch, el compositor y musicólogo Antoni Noguera (1860-1904) y sus hijos Joseph, notable pianista, compositor y folklorista, y Melchor, sacerdote y buen organista.

Massot alcanzó un alto prestigio como profesor de piano y organista, habiendo dejado un método de Ejercicios progresivos, para piano, Repasos a algunas obras didácticas del maestro Eslava y Uso de nuevos acordes.Como compositor le debemos mucha música religiosa, destacando una Misa para coro y orquesta, un Stabat Mater, Gradual y los famosos Laudes, también sinfónico-corales, que se cantaron tantos años en la iglesia de Santa Eulalia.

Su obra para piano es reflejo de un temperamento apasionado e imaginativo, plenamente identificado con los ideales estéticos de su tiempo.

Guillem Massot cultivó las formas típicas del pianismo de su tiempo: romanzas, nocturnos, valses, scherzi, baladas, bagatelas, caprichos, Hoy escuchamos una Romanza sin palabras muy dentro del modelo mendelssohniano, que tanta fortuna hizo en España. Es una pieza de pura y romántica inspiración.

Pedro Miguel Marqués
De todos los autores del romanticismo mallorquín el único que ha obtenido cierta popularidad, gracias a su zarzuela El anillo de hierro (1878) con texto de Marcos Zapata, grabada en disco, y cuyo preludio del acto segundo reproduce con ligeras variantes la melodía "Che faró senza Euridice" del Orfeo y Euridice de Gluck, es Pedro Miguel Marqués, nacido en Palma de Mallorca el 20 de mayo de 1843 y fallecido en la misma ciudad el 25 de febrero de 1918. Marqués hizo sus primeros estudios musicales con los profesores Noguera y Montis, y luego con el director italiano O. Foce. Destacó pronto como violinista, trasladándose a París en 1859, donde amplió estudios con Armingaud y Alard. Dos años después ingresó en el Conservatorio parisiense, donde tuvo como profesores a Massart (violín) y Bacin (armonía).

De esta época data su amistad con el gran Héctor Berlioz, quien no sólo introdujo en él la inquietud por la composición sinfónica, sino que le dio clases de instrumentación.

A los 24 años de edad se instaló en Madrid, en cuyo Conservatorio siguió perfeccionando la armonía con Galiana, el violín con Monasterio y la composición con Emilio Arrieta. Marqués fue violinista de la Sociedad de Conciertos, donde se dieron a conocer con éxito sus primeras obras sinfónicas. Más tarde fue nombrado inspector de las escuelas especiales de música de Madrid y profesor de canto de los colegios de la Inclusa. En el plano didáctico, este hombre modesto, simpático, ha dejado un Pequeño método de violín y La lira de la infancia. En el de la música teatral, contribuyó con algunos éxitos al desarrollo de la zarzuela grande, cuyo modelo había fijado Barbieri en su Jugar con fuego. Además de la ya citada, merecen mencionarse Justos por pecadores (1872), El maestro de Ocaña, Los hijos de la costa, La cruz de fuego, El regalo de boda, El reloj de Lucerna (1884), uno de sus mayores triunfos, El motín de Aranjuez, El diamante rosa, La hoja de parra, Plato del día, muy popular, como El monaguillo, que trascendió las fronteras, Amores nacionales, Los redentores, El guateque, El aquelarre, Magdalena, El zortzico, El dios chico, El centinela, El abate San Martín, Fraternidad, Los tortolitos, El santuario del valle, Verso y prosa, Florinda, Camoens, etc.

Sin embargo, la verdadera importancia de Miguel Marqués, máxime si tenemos en cuenta la escasa aportación al sinfonismo de nuestros compositores románticos, radica en su dedicación constante a este género. En mayo de 1869 Monasterio estrenó la Sinfonía nº 1 en si bemol, cuyo andante se repitió en varias ocasiones en las veladas de la Sociedad de Conciertos. Insistió Marqués con una Segunda Sinfonía en mi bemol (3 de abril 1870). Continuó componiendo oberturas, como la titulada La selva negra (1873 ), polonesas de conciertos, poemas sinfónicos como La cova del drac, marchas, alcanzando un prestigio mítico como compositor sinfónico al modo moderno, hasta el punto de estrenar una Gran marcha nupcial en 1878, con motivo de las bodas reales entre Alfonso XII y María de las Mercedes.
Dos años antes había estrenado su Sinfonía nº 3 en si menor, que fue recibida con indescriptible entusiasmo por el público de la Sociedad de Conciertos. La citada Sociedad decidió editar la partitura, cosa que se realizó, grabándose en la calcografía de Lodre para el editor Antonio Romero y Andía. No se han escuchado en nuestros tiempos las sinfonías de Marqués, tan melódicas y operísticas, pero tan interesantes para comprender un momento clave en el incipiente sinfonismo español. Todavía aportó el músico mallorquín otras dos sinfonías Nº 4 en mi mayor (1878) y Nº 5 en do menor (1880) antes de retirarse a su tierra natal, donde todavía obtuvo un último reconocimiento al estrenar su Himno a honor de Ramón Llull (Palma, 1916). Para comprender el efecto causado por las obras sinfónicas de Miguel Marqués, algunas de las cuales pasaron a los Conciertos Pasdeloup de París, basta leer, con el consiguiente regocijo, los siguientes párrafos de Peña y Goñi, crítico famoso y valioso de la época, citados por Subirá en sus "Temas Musicales Madrileños": "La sinfonía de Marqués representa una nueva fase de nuestro arte patrio, una innovación atrevida... Ha valido al distinguido maestro el lugar único e indisputable que ocupará mañana en la historia musical de su patria... La sinfonía clásica, la sinfonía de Beethoven, es para el público madrileño, en su inmensa mayoría, matrona añeja y malhumorada, cuyos tiempos pasaron, y que solo algunos curiosos visitan de higos a brevas en el museo arqueológico del arte. Marqués la ha adornado y la ha transformado. Ha lavado su cara con leche de Iris y velutina; ha llenado sus frentes de ricitos a la "dernière", resguardados de la lluvia bajo la techumbre de un sombrero cabriolet; la ha vestido con falda de raso y sobrefalda ceñida, según el último figurín; ha aprisionado sus pies en zapatitos enrejados, jaula transparente y tenue, por la que asoma fina media de color, provocativa. Y la matrona severa y arrugada, convertida en graciosa polla coquetona, se ha dirigido al público, preguntándole con la mayor desenvoltura: "¿Me amas?" Y el público, hecho un sietemesino, ha contestado: "¡Te adoro!   ".

Marqués escribió también algunas mazurcas y valses para piano. La pieza que figura en este recital, Primera lágrima,tiene un origen sinfónico y responde bien, por su lacrimoso sentimentalismo, al título. Fue transcrita para piano por el compositor argentino Julián Aguirre (1868-1924), personalidad importante de la primera generación nacionalista de su país. Aguirre estudió con Arrieta en el Conservatorio de Madrid, y de esta época data su admiración por Miguel Marqués.

Andreu Torrens
Poco puede decirse del músico mallorquín Andreu Torrens (1845-1927), sino que participó como maestro y compositor en la implantación paulatina de la corriente intimista que propiciaba el segundo romanticismo y cuya figura característica pudo ser el compositor noruego Edvard Grieg. Pero el romanticismo de Torrens es más ingenuo y sencillo. Torrens cultiva, ante todo, las formas breves. Hombre solitario, entregado a una esforzada labor docente, no por ello dejó de componer, con encanto, numerosas piezas para piano y para órgano. Una prueba de la proyección de Torrens la tenemos en el Nocturno que figura en el programa, editado por Ildefonso Alier, de Madrid.
Antoni Noguera
Contrastan con las piezas anteriores, por su carácter popular y la excelente escritura pianística, las Tres danzas sobre aires populares de la isla de Mallorca, de Antoni Noguera, destacado folklorista, compositor y crítico musical, nacido en Palma el año 1860 y fallecido en la misma ciudad en 1904. Noguera, aparte de su formación musical con Massot, cursó estudios de ingeniero de caminos, abandonándolos definitivamente por la música.

Como su amigo Pedrell fue un enamorado del canto popular y su aplicación al canto coral, por lo que en sus últimos años, se convirtió en el alma de la Capella de Manacor, sociedad coral que había fundado en 1897 con A. J . Pont.

Con la Capella de Manacor realizó una enorme labor en dos frentes: en el de la gran polifonía clásica española del siglo XVI, y en el género popular, especialmente mallorquín, en el que tanto había investigado. En el primer aspecto, bastaría recordar su edición del polifonista mallorquín del siglo XIX Fray Juan Aulí (1797-1869). En el segundo su Memoria sobre los cantos, bailes y tocatas de la Isla de Mallorca (1893), con la que fue premiado en el II Concurso de la Ilustración Musical Hispano-Americana de Barcelona. Buen escritor y conferenciante, Noguera ha dejado otras muestras de sus inquietudes como folklorista y coralista en La canción popular y las nuevas nacionalidades musicales (1895 ), Música religiosa (1899) y otras reseñas críticas y trabajos teóricos publicados por la prensa balear.

Como compositor, Noguera cultivó la canción coral de signo folklórico, Himne de la Capella, La Balanguera, Sesta, Lo fill de I'anima, Hivernenca,armonizaciones de canciones populares mallorquinas, etcétera, pero también ha dejado, como excelente maestro del piano, obras pianísticas. Entre ellas encontramos varias sonatinas y miniaturas, junto a las Tres danzas sobre aires populares de la isla de Mallorca (Barcelona, 1901) que escuchamos esta tarde aquí.

Antoni Torrandell
Conmemoramos este año el primer centenario de Antoni Torrandell, nacido en Inca el 17 de agosto de 1881 y fallecido en esta localidad mallorquina el 15 de enero de 1963. Es uno de los músicos internacionales que han dado las Baleares. Comenzó sus estudios musicales con su padre, Juan Torrandell, organista de la iglesia parroquial de Inca. Los siguió en Palma con José Balaguer, fundador de la Orquesta Sinfónica de Mallorca, y con Bartolomé Torres. Entre 1898 y 1903 estudió piano en el Conservatorio de Madrid con Tragó y armonía con Fontanilla. Los premios conseguidos le procuran los primeros recitales como pianista. En 1905 acude a París, perfeccionando piano con el ilustre Ricardo Viñes y composición con un discípulo de César Franck y sucesor de él en la tribuna organística de Santa Clotilde: Charles Tournemire, a quien le unió una gran amistad.

En la capital francesa residió muchos años, dando numerosos conciertos, en los que difundió ampliamente sus composiciones. Con idas y venidas París-Mallorca (una de ellas a su pueblo, para casarse, en 1906, con su paisana María Beltrán) Torrandell se mantuvo ligado a la vida musical francesa. Un hijo suyo, Bernardo, contrajo matrimonio con la pianista marsellesa Colette Truyol, quien ha contribuido a divulgar la obra pianística de su suegro.

Torrandell ha dejado una amplia producción sinfónica, de cámara y coral con orquesta. Entre esta última destaca su Requiem Op. 44 y la Misa Pro-Pace, para coro y dos órganos, estrenada en 1932 en la catedral de Orleans. Entre las sinfónicas, destacamos su hermoso Concierto en si menor Op. 64, para piano y orquesta, muy recientemente interpretado por Joan Moll, para conmemorar el centenario, la Rapsodia rumana Op. 25, también para piano y orquesta, y una Sinfonía Op. 28 para violín y orquesta. La formación, entre romántica e impresionista, de Torrandell, se refleja en sus obras para piano, la mayor parte editadas en Francia.

Joan Moll ha dado a conocer en España algunas de ellas, como la Berceuse Op. 15, el Estudio Op. 18, El gallo y la gallina del Call Op. 32, etcétera.
La primera pieza que escuchamos hoy, el Allegro de concierto Op. 12, seguramente concurrió al concurso que, en 1904, organizó Tomás Bretón, director entonces del Conservatorio de Madrid, para premiar una obra de esas características, premio que obtuvo Enrique Granados y al que también se presentó Manuel de Falla.

Es obra difícil y virtuosista, al igual que la brillante escena pastoril Son Batle, alusiva a una finca mallorquina, en la que podemos oír el tema popular de la "ximbomba".

Torrandell renunció a partir de la muerte de su madre, en 1933, a cualquier actividad que le obligase a dejar su querida Mallorca. Recluido en su casa de campo en Es Resquell, al pie del Puig de Santa Magdalena de Inca, dedicará todos sus esfuerzos a la composición, escribiendo algunas de sus más sólidas y ambiciosas producciones, entre ellas el Concierto para piano.

Miquel Capllonch
La historia de la música española no deja de darnos agradables sorpresas y, a veces, producirnos cierta irritación por el injusto olvido que ha pesado sobre algunos de sus compositores más relevantes.

Este es el caso del mallorquín Miquel Capllonch, cuya obra pianística podría representar la continuidad de la escuela romántica en Mallorca.

Miguel Capllonch Rotger nació en Pollensa, la patria del gran poeta romántico Miquel Costa i Llobera ("la inspiración más alta que la musa catalana debe a Horacio",según Menéndez Pelayo). Vio la luz siete años después que el poeta, el 13 de enero del año 1861. Tras estudiar en Palma con el citado Guillem Massot, el pianista Rey Colaço tuvo ocasión de escucharle, y animó a sus padres para que lo enviasen a Madrid, donde amplió sus conocimientos con Tragó, Teobaldo Power, Hernando y Chapí, entre otros maestros. Este último, elogió sus primeras composiciones pianísticas, un vals y una mazurca. Hombre abierto, elegante, mundano, frecuenta los ambientes de Madrid, donde comienza a ser conocido como concertista de piano. En Mallorca triunfa al presentarse ante sus paisanos el año 1884. Ese mismo año recibe una beca de la Diputación Provincial de Baleares para trasladarse a Alemania, ingresando por oposición en la Hochschule de Berlín. Allí conoce a Arbós, que estudiaba con el célebre violinista Joachim, y da clases de piano con Karl Heinrich Barth y con Ernest Fr. K. Rudorff. Herzogenberg, a la sazón catedrático de composición de la Real Academia de Música berlinesa, le abrirá nuevos caminos en los estudios de composición y armonía. Su carácter vivaz y alegre le vuelve a procurar buenas amistades en la capital germana, donde hace amistad con el compositor ruso Antón Rubinstein, con Godowsky, Sarasate, y con Clara Wieck, la viuda de Schumann. Ella es quien le aconseja la publicación de su bellísimo Nocturno en la bemol mayor.

No olvidaba por ello su tierra mallorquina, las luminosas campiñas de Pollensa, sus escondidas playas rodeadas de pinos y rocas, y a ella volvía casi todos los años a departir con los suyos.

Pronto tuvo en Berlín una serie de discípulos de piano y armonía, entre los que se cuentan las princesas de Prusia y de Sajonia, además del gran Artur Rubinstein, quien ha escrito en sus memorias (Les jours de ma jeuneusse) hermosas palabras sobre nuestro músico.

Como pianista, fue Capllonch admirado en muchas salas de conciertos de Europa. El año 1888 tocó en Palma de Mallorca incluyendo alguna de sus obras pianísticas, la mayor parte de las cuales son fruto de sus años juveniles. A comienzos de siglo había producido Capllonch las más famosas obras de su catálogo para piano, la Sonatina, la Humorística, Meditación, Diálogo, Träumerei, Marcha Fúnebre, Barcarola y, sobre todo su obra maestra Tema y variaciones Op. 18, el más alto exponente de su perfecta asimilación del estilo de los más grandes maestros del romanticismo germano.

Esta captación de espíritu de la mejor música alemana de su tiempo, se pondrá de manifiesto en los numerosos lieder que escribió sobre textos de Carmen Sylva (pseudónimo de Elisabeth von Wied, 1843-1916), que llegó a ser reina de Rumania como esposa de Carol I, Paul Verlaine o su ilustre paisano Miquel Costa i Llobera.

El 5 de agosto de 1906 contrae matrimonio con la joven belga, domiciliada en Berlín, Gabrielle Miteau. El matrimonio tendrá cuatro hijos, uno de los cuales, Francisco, será pianista que divulgará por todas partes la obra de su padre. A Gabrielle dedicará sus dos Piezas Op. 17, de admirable factura.

La amistad que le unió al obispo Pedro Juan Campins y al compositor Juan María Thomás fue el origen de la mayor parte de las obras polifónicas de Capllonch, iniciadas con un Tota pulchra a cuatro voces (1904) y finalizada con el importante Responso, que estrenó en Capella Clásica de Mallorca, el 27 de noviembre de 1934, en el Teatro Principal de Palma, en el concierto homenaje que se rindió al obispo con motivo de su muerte. Dos organistas, su discípulo mosén Ballester y Rafael Vich, contribuyeron a incrementar la dedicación de Capllonch a la música religiosa. Muchas de estas composiciones nacieron en su finca de Bócquer, donde gustaba departir con sus amigos el historiador Mateo Rotger, el poeta Miquel Costa y otros artistas y literatos de su tierra.

Instrumentaciones de piezas procedentes del folklore, unas pocas obras para órgano, piezas polifónicas profanas, algunas de cámara, como la Serenata para violín y piano, completan la producción de Capllonch. Tuvo un éxito enorme, por su riqueza melódica y la calidad de su escritura, un Cuarteto de cuerdas estrenado en Berlín, del que se conocen varias ediciones (Bote & Boelk, Raabe & Plotov, Berlín; Feuchtinger, Stuttgart; Boileau, Barcelona).

El año 1912, Capllonch se instaló definitivamente en España. Vivió en Madrid tres años y cinco en Barcelona, hasta 1920, en que pasa a residir en Palma de Mallorca. Desde allí visita con frecuencia su pueblo natal, donde seguirá componiendo piezas para piano que; dentro del más elegante clasicismo, pregonan el espíritu romántico de su autor.

Pollensa le debe muchas cosas, materiales y espirituales. Gracias a él, contará el Puerto de Pollensa con amplios terrenos para levantar iglesia, casa parroquial, jardines, plaza (donde hoy se alza su monumento) y escuelas públicas. Allí, como el pino de Formentor, com un vell profeta, rep vida i s'alimenta de les amors del cel, allí, rodeado del amor de los suyos, morirá donde había nacido, el 21 de diciembre de 1935, a los 74 años de edad. Las obras que escucharemos de Capllonch son:

Nocturno en La Bemol Mayor. Este nocturno, en la mejor línea del género cultivado por Chopin con el máximo acierto, es obra juvenil de Capllonch, pero demuestra la calidad de su inspiración romántica, tan serena como apasionada. Es sabido que fue Clara Schumann quien animó a Capllonch a publicar esta preciosa pieza. La edición de George Plotov en Berlín se agotó rápidamente. Está dedicada a la señora von Noville, probablemente una de sus alumnas berlinesas.

Dos piezas, Op. 17. Llevan los títulos alemanes de Sehnsucht y Zwiegesprach en la edición de Albert Stahl, Berlín. Dedicadas a su mujer, Gabriela Miteau, es la primera una evocación nostálgica de su lejana Mallorca desde el corazón enamorado del músico. El Diálogo parece que nació tras haber visto la actuación de la célebre bailarina americana Isadora Duncan. Con fino humorismo, Capllonch describe la animada charla que, en un callejón, sostienen dos comadres.

Noche estival. Es la última obra de Capllonch. Un sereno nocturno en el que el compositor expresa toda la placidez de los campos pollensines, cuya hermosura gustaba de contemplar desde la terraza de su casa de Bócquer. En Noche estival se escucha el canto vivo del sebel-li (alcaravan).

Tema y variaciones,Op. 18. Es tal vez, esta extensa obra de Capllonch, la obra cumbre del piano romántico español y, sin duda, la más importante dentro de la producción pianística del músico de Pollensa. En ella hallamos los recursos técnicos, la inspiración y la solidez constructiva de los mejores músicos del romanticismo europeo: Chopin, Liszt, Schumann y Brahms. El biógrafo de Capllonch, Ramón Rebassa Ensenyat, asegura que, con ella, se apuntó éxitos memorables el compositor y pianista mallorquín Antoni Torrandell (1881-1963).

El Tema y variaciones fue editado en Stuttgart por Luckhardt's Musik-Verlag y está dedicado al compositor y pianista portugués Alejandro Rey Colaço, uno de sus primeros protectores.

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      1. Guillem Massot y Beltrán (1842-1900)
      1. Romanza sin palabras
      1. Pedro Miguel Marqués (1843-1918)
      1. Primera lágrima
      1. Andreu Torrens (1845-1927)
      1. Nocturno
      1. Antoni Noguera (1860-1904)
      1. Tres danzas sobre Aires populares de la Isla de Mallorca
      1. Antonio Torrandell (1881-1963)
      1. Allegro de Concierto, Op. 12
      2. Son Batle, Op. 46
      1. Miquel Capllonch (1861-1935)
      1. Nocturno en La bemol mayor
      2. Dos piezas Op. 17
      3. Noche estival
      4. Tema y variaciones, Op. 8