(y V) Ciclos de Miércoles Piano romántico español

(y V)

  1. Este acto tuvo lugar el
Gloria Emparan, piano

SONETO
(A la memoria de Eduardo Ocón)

Dios conociendo el infinito anhelo
del alma en la materia aprisionada,
al hacer tantas cosas de la nada,
creó el Arte, del hombre fiel consuelo.

El Arte es, por lo tanto, un don del cielo
que enlazado a la fe pura, acendrada,
endulza nuestra vida atribulada,
mitiga nuestra pena y nuestro duelo.

Sublime inspiración sintió en su frente
el gran maestro Ocón, para la gloria,
alcanzando la cúspide eminente.

Del Arte musical honró la historia.
Por eso de su nombre, eternamente
el pueblo guardará grata memoria.


      Hilario Bueno, 1917.


Remolino en el camino
siete bandoleros bajan
de los alcores del Viso
con sus hembras a las ancas.

Catites, rojos pañuelos,
patillas de boca de hacha.
Ellas navaja en la liga;
ellos la faca en la faja;
ellas la Arabia en los ojos;
ellos el alma a la espalda.

Por los alcores del Viso
siete bandoleros bajan.


      Fernando Villalón ("Romances del 800")
Entre tan ilustre falange también sobresalía el malagueño Eduardo Ocón, músico sabio y erudito, verdadera alma de artista, (...) maestro consumado, cuyo estilo es sobrio, valiente y atrevido, manteniéndose siempre dentro de la más clásica corrección, porque Ocón admitía todos los progresos del arte moderno sin asustarse de las mayores audacias, pero todo lo fundía y mezclaba al fuego de una educación musical nada común. Es de lamentar que, excepción hecha de alguna que otra obra como el famoso Bolero y la popularísima Rapsodia andaluza, el Director que fue del Conservatorio de Málaga compusiera tan poca música profana, en la que hubiera demostrado su gran talento y su no menos grande sabiduría.

Rafael Mitjana (1901)


Eduardo Ocón Rivas
El romanticismo musical español, todavía tan mal conocido, tiene en el compositor andaluz Eduardo Ocón Rivas (1833-1901), una personalidad artística que estará presente entre nosotros cuando la vida musical española regularice sus planteamientos y tenga el desarrollo y la difusión que su historia y sus protagonistas merecen. De todos modos, hay que advertir que Ocón no es de los autores más olvidados de su época. Málaga, la ciudad por la que tanto hizo en el plano musical, le recordó siempre, dedicándole una calle, una plazoleta con su monumento en el parque, y ejecutando de vez en cuando alguna de sus obras. Málaga conmemoró el primer centenario de su nacimiento y dio su nombre al patronato que rige la Orquesta Sinfónica. Con motivo del centenario de la fundación del Conservatorio, obra de Eduardo Ocón, se han celebrado diversos actos en su homenaje, entre los cuales se hizo la presentación de un disco de Gloria Emparán que contiene la totalidad de la obra pianística del maestro malagueño.

    La grabación es el resultado de la labor investigadora desarrollada incesantemente por la Cátedra de Música Rafael Mitjana, de la Universidad de Málaga, de la que es titular el profesor Antonio Martín Moreno. Junto al disco, pronto aparecerá la edición de las obras pianísticas que en él se recogen editadas en su día y hoy completamente agotadas. Hace algunos meses, y también fruto de la investigación citada, la Orquesta Nacional de España, bajo la dirección de Jesús López Cobos, estrenó en el Teatro Cervantes malagueño, con motivo del primer centenario del Conservatorio Superior de Música de Málaga, un andante en la menor cuyo manuscrito se encuentra en la citada institución docente, revisado por Antonio Martín Moreno. Dicho andante pertenece a una Sinfonía, incompleta, de Eduardo Ocón.

    Eduardo Ocón Rivas nació en el pequeño pueblo campesino de Benamocarra, a cinco kilómetros de Vélez-Málaga, el 12 de enero del año 1833. El académico de Bellas Artes de San Telmo, compositor y profesor del Conservatorio de Málaga, Manuel del Campo, en unos apuntes biográficos de Ocón, nos dice que era hijo legítimo del matrimonio formado por Francisco Ocón López y María de los Dolores Rivas Román, y entre sus ascendientes había escritores, dignidades de la catedral malagueña e incluso obispos. El compositor tuvo seis hermanos, entre los cuales Emilio fue célebre pintor y creó en Málaga una importante escuela paisajística, destacando él como autor de muy bellas marinas. En la familia ha habido pintores y músicos destaca- dos hasta nuestros días, uno de los cuales es el musicólogo, pianista y compositor Antonio Ruiz-Pipó.

    Siendo muy niño, fue Eduardo Ocón a Málaga y empezó a estudiar solfeo, contrapunto y fuga con Mariano Reig, maestro de capilla de la catedral, a la vez que estudiaba piano y órgano con Murguía, entonces organista de la Catedral y sobrino del célebre organista y compositor Joaquín Tadeo Murguía (1789-1836).

    A los 18 años obtuvo, mediante oposición, la plaza de segundo organista, meritorio puesto si tenemos en cuenta su condición de seglar.

    Debió ser Ocón un excelente improvisador al órgano, instrumento que apreciaba hasta el punto de solicitar, en los últimos años de su vida, autorización del Cabildo para vivir en una de las torres de la catedral para estar cerca de los bellísimos órganos que Julián de la Orden, organero de la catedral de Cuenca, había construido entre 1778 y 1782, cuyas cajas son obra maestra del arquitecto aragonés José Martín de Aldehuela.

    El año 1867 se trasladó Ocón a París para ampliar estudios. En el Conservatorio de la capital francesa fue oyente en la clase de François Bénoist, con quien perfeccionó órgano, mientras lo hacía en contrapunto y fuga con Ambroise Thomas. Pocos meses después ganaba, por oposición, una plaza como profesor de canto en una de las escuelas municipales de París, relacionándose con los compositores Felicien César David, el anciano Auber y, sobre todo, con Charles Gounod, a quien admiraba por sus obras religiosas. El autor de Fausto fue quien recomendó el estreno, en San Eustaquio, de una Misa del joven español, la cual obtuvo bastante éxito. Viajó a Bruselas para conocer al famoso compositor, musicólogo y pedagogo, François Joseph Fetis, y compuso por esta época melodías españolas, italianas y francesas.

    El año 1870 volvió a Málaga y, en casa de la familia Utrera, conoció a la joven alemana Ida Borchardt, que sería pronto su esposa. Del matrimonio nacieron tres hijos, Eduardo, que heredó el amor a la música de su padre, Ida y Cecilio.

    Un año antes se había fundado en Málaga la Sociedad Filarmónica, por impulso del notable operista malagueño Antonio José Cappa. Al trasladarse éste a Madrid, Ocón asumió la dirección de la sociedad, iniciando a la vez una importante labor pedagógica que culminaría, merced a su tesón, en la creación, el 15 de enero de 1880, del Conservatorio malagueño. Luis López Muñoz, discípulo predilecto de Ocón y director del citado Conservatorio, el año que se conmemoraba el primer centenario de Ocón (erróneamente en 1934) refirió entonces que "en aquellos años tuvo el Conservatorio profesores de gran valía: Albéniz, que en las varias temporadas que pasó en Málaga daba armonía y piano; Castro, excelente violonchelista y Teobaldo Power, gran maestro concertista"... También figuraba como profesor de solfeo su discípulo José Cabas Galván, que sucedería a Ocón en la dirección de la Filarmónica a la muerte de éste, de la misma manera que Pedro Adames, entonces profesor de flauta, oboe, clarinete y fagot, sería sucesor de Ocón en la dirección del Conservatorio.

    Como hemos apuntado, Ocón recuperó en los últimos años su cargo de organista de la catedral, influyendo en la restauración de los ya viejos órganos catedralicios, si bien la muerte no le permitió disfrutar de ellos.

    Falleció el músico malagueño el 28 de febrero del año 1901 a causa de una afección pulmonar cuando contaba 67 años de edad. Su talento y su obra habían sido reconocidos oficialmente con numerosas condecoraciones y su entierro constituyó una imponente manifestación de duelo a la que concurrieron todos los estamentos sociales malagueños.

    La producción del compositor andaluz es bastante extensa y se centró fundamentalmente en la música religiosa, para la que estaba especialmente preparado, habiendo dejado en este campo siete misas, tres de ellas a gran orquesta. También encontramos responsorios, motetes, himnos, salves, plegarias, coplas, letanías, avemarías (una de ellas, para voz, violoncello y piano, estrenada en París), el famoso Miserere a cuatro voces, solistas, coro y orquesta, modelo de honda religiosidad, cantatas (una de las cuales se estrenó en el Teatro Real de Madrid en 1881, con motivo del segundo centenario de la muerte de Calderón de la Barca), salmos, etcétera.

    Entre sus numerosas canciones destaca un lied titulado El pescador, sobre Espronceda.

    Gran fama le dio una recopilación de piezas vocales con el título Cantos españoles, colección de aires nacionales y populares, formada e ilustrada con notas explicativas y biográficas. Fue traducida al alemán y publicada por Breitkopf y Hartel, de Leipzig. Recientemente, la soprano Angeles Chamorro y el pianista Emilio López de Saa han grabado algunas de estas castizas composiciones, entre las cuales figuran obras de Manuel García, Fernando Sor, Francisco de Borja Tapia, José León y otros autores de comienzos del siglo XIX.

Las obras
Son fruto exquisito de la delicada sensibilidad de Ocón quien, en algunos giros se muestra claro seguidor de Chopin, sin renunciar a su personalidad andaluza, aspecto que nos permite considerarle precursor del pianismo de Albéniz.
Estudio en si bemol menor "Rheinfahrt".
Este estudio fantástico subtitulado en alemán Viaje por el Rhin, está en la línea de los de Chopin. Concebido para el quinto dedo de la mano derecha y para la independencia de ambas manos, es de gran dificultad técnica a la vez que de inspirado y suelto lirismo. Fue publicado en Madrid por Zozaya y está dedicado a su esposa.
Estudio-Capricho para la mano izquierda, Op. 10. Es curiosa la coincidencia con el homónimo de Scriabin (Op. 8 número 10), en la misma tonalidad, del que Szigeti hizo un arreglo para violín y piano. Al parecer, fue escrito para una alumna que tuvo un accidente que afectó su mano derecha.
En la playa. Barcarola. Fue compuesta especialmente para la revista "La Música Ilustrada" y repartida con el número 18, del 10 de septiembre de 1899. A diferencia de la de Chopin, cuya influencia es evidente, está escrita no en 12/8 sino en 6/8, compás propio de la barcarola. Presenta al intérprete unas particulares dificultades rítmicas.
Amor inmortal. Capricho. Está dedicado "a mi amigo don Guillermo Karsten" y fue editado por el propio compositor, vendiéndose en Málaga en el almacén de música de Valentín de Haas. Es, quizá, la obra más de salón escrita por el compositor malagueño, pero desprende igualmente el encanto fin de siglo de una época ya desaparecida.
Gran Vals brillante. Dedicado a Enrique Crooke, debe ser una de las primeras obras del maestro malagueño publicadas en España.
Recuerdos de Andalucía. Bolero de concierto, Op.8. Es una de las obras que gozaron de mayor fama en vida del compositor y en las primeras décadas de nuestro siglo. La influencia de Chopin y de su Bolero, Op. 19 son evidentes. Es, muy probablemente, obra del período francés del compositor.
Rapsodia andaluza, Op. 9. Es una de las muestras inequívocas del nacionalismo oconiano, de gran elegancia y fluidez de escritura. El recuerdo del primer Albéniz, del Falla de la Serenata andaluza, e incluso de Turina, nos lo traerá esta pieza, brillante a veces como una rapsodia de Liszt.

Cipriano Martínez Rücker
Entre dos grupos de obras de Eduardo Ocón ha intercalado Gloria Emparán tres mazurcas de otra figura destacada dentro de la cultura musical andaluza: el compositor Cipriano Martínez Rücker. Al igual que su paisano Ocón, Rücker vivirá de cerca una etapa difícil en la historia política y social de Andalucía, pero él permanecerá al servicio de su pueblo, luchando infatigablemente hasta el fin de sus días.

    Cipriano Martínez Rücker nació en Córdoba en 1861, recibiendo una formación bastante amplia en centros de Francia, Italia, Alemania y Portugal.

    Uno de sus maestros fue José Franchini, discípulo de Mercadante. Hombre de gran capacidad de trabajo, Rücker comenzó a componer desde muy joven diversos géneros, lo que le procuró una gran popularidad en su tierra natal.

    Rücker realizó una gran labor pedagógica en Córdoba, de cuyo Conservatorio fue director y catedrático de armonía.

    A él se debe una parte notable del impulso musical experimentado en Córdoba y Granada, elevando la cultura musical y descubriendo nuevos talentos con admirable perspicacia. El prestigio alcanzado por el compositor cordobés se pone de manifiesto en los numerosos honores académicos que recibió (correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, miembro de número en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, plaza de honor en el Real Instituto Musical de Florencia), poseyendo además, títulos honoríficos en los Conservatorios y Academias de Lisboa, Ferrara, Pau, Sevilla, Valencia, etcétera.

    Fue Martínez Rücker un buen articulista sobre temas musicales, editando también algunos libros, entre los que sobresalen La herencia de Wagner y A través del arte.

    En cuanto a su producción musical, es bastante extensa, comenzando por la opereta en tres actos El peluquero de Palacio y la zarzuela en un acto Quítese usted la ropa, estrenada en el Príncipe Alfonso, de Madrid.

    Rücker ha escrito mucho para banda, entre otras cosas dos Oberturas Op. 14 y Op. 29, Himno a la Patria, premiado en el Certamen de la Real Sociedad de Córdoba, Polka cromática, dos Marchas fúnebres Op: 21 y Op. 35.

    Para orquesta es autor de un Capricho oriental estrenado por Bretón en la Sociedad de Conciertos de Madrid.

    Entre sus obras corales figuran Noches de Córdoba para coro a tres voces, con acompañamiento de orquesta o piano (obra premiada en la Exposición de Valencia con medalla de oro), un O salutaris, un Christus factus para coro y orquesta, Peghiera de la Domenica, coro a tres voces, etcétera.
     También ha cultivado Rücker la música de cámara para cuarteto de cuerda y el lied, con textos españoles, franceses e italianos.
Su aportación al género pianístico puro entra de lleno en la música de salón, con elementos más o menos pintoresquistas, como puede deducirse de los títulos Serenata española Op. 37, Serenata andaluza Op. 41, Capricho andaluz, Melodías orientales, Seguidilla cordobesa, Danza árabe...

    Cipriano Martínez Rücker falleció en Córdoba el año 1924. Su ciudad, en reconocimiento a su labor, erigió un monumento en su memoria.

      1. Eduardo Ocón (1833-1901)
      1. Rheinfahrt. Estudio Fantástico
      2. Estudio-Capricho, Op. 10 en Re bemol mayor, para la mano izquierda
      3. En la playa, Barcarola en La mayor
      1. Cipriano Martínez Rücker (1861-1924)
      1. Mazurka en Mi menor
      2. Mazurka nº 2 en Si menor, Op. 32
      3. Mazurka nº 3 en Mi menor, Op. 33
      1. Eduardo Ocón
      1. Amor inmortal, Capricho en Re bemol mayor
      2. Gran Vals brillante, en Mi bemol mayor
      3. Recuerdos de Andalucía, Bolero de Concierto Op. 8 en Mi bemol menor
      4. Rapsodia Andaluza, en La menor, Op. 9