(I) Ciclos de Miércoles Fantasías para piano

(I)

  1. Este acto tuvo lugar el
Miguel Ituarte, piano


Cuatro "exemplos" extraídos del Arte de Tañer Fantasia de Fray Tomás de Santa Maria, en transcripción y revisión de Antonio Baciero, son los primeros pasos de este extenso recorrido a través de lo que ha sido la historia de la Fantasía a lo largo de nada menos que cinco siglos. Inicio bien elegido, ya por la situación histórica de ese libro, ya por su rigor metodológico, ya por el sutil encanto que emana de estos "exemplos". Fray Tomás de Santa Maria, nacido en Madrid, hacia el 1500, y muerto en Ribadavia en 1570, publicó el tan mentado Arte de Tañer Fantasía en 1565, aunque el libro estaba ya listo para imprimir algunos años antes. Hay, en la España del siglo XVI, una importante cosecha de obras teóricas ilustrada con títulos como el Trattado de glosas de Ortiz, el Libro de cifra nueva de Henestrosa o De musica libri septem de Salinas, entre otras de parecido valor. Los cuatro "exemplos", seleccionados de entre las Diez Fantasías de Fray Tomás transcritas por Baciero, muestran una escritura contrapuntística en estilo "recercato", o sea, imitativo, donde aparecen a veces motivos secundarios tratados de igual manera; en resumen, una música en la que la evidente simplicidad -no en vano se trata de "exemplos"- queda sobradamente compensada por su elegancia.
Algo semejante cabe decir de la Fantasía sobre un tema de canción, de autor anónimo del siglo XVI, conservada en el manuscrito 242 de la Biblioteca de la Universidad de Coimbra, transcrita igualmente por Antonio Baciero (existe otra transcripción obra del musicólogo portugués Santiago Kastner, como Baciero en su edición se cuida de señalar). La obra, más extensa que cualquiera de los "exemplos" de Santa María, se divide con claridad en dos partes, basada cada una de ellas en motivos diferenciados y la escritura, a cuatro voces, se desarrolla mediante imitaciones de ambos motivos.
El Fitzwilliam Virginal Book es una importantísima colección de casi trescientas obras de autores ingleses en su inmensa mayoría, compuestas aproximadamente entre 1562 y 1612. En ese valioso manuscrito (la copia fue realizada entre 1609 y 1619 por Francis Tregian) que se guarda en el Fitzwilliam Museum de Cambridge, figuran páginas firmadas por John Bull, Orlando Gibbons, Giles Farnaby, William Byrd, Thomas Tallis y otros varios, entre los cuales también hay algunos autores anónimos. De esa fuente procede la Fantasía de John Munday, nº 3 de la colección. Es una obra relativamente extensa e ingenuamente descriptiva, en la que se alternan con aire improvisado episodios de "buen tiempo" con otros de "relámpagos" y "truenos", para finalizar apaciblemente con un "claro día". La escritura, como de rigor, se basa, en la imitación de motivos que, esta vez, aparecen claramente contrastados entre sí -no podría ser otro modo ya que no es lo mismo un "claro día", que uno tormentoso- incluyendo supuestamente "tempi" diferentes, aunque éstos no se hallen indicados porque no era usual en la época, pero que se infieren del carácter apacible o tormentoso de cada episodio.

Con la Fantasía Cromática y Fuga de Johann Sebastian Bach nos enfrentamos de golpe con otro universo musical. La gigantesca capacidad creadora del compositor es, aparte de su personal e intransferible genialidad, la culminación de todo un proceso que, de una parte, proclama la universalidad del lenguaje tonal heredero del ya superado lenguaje modal, y, de la otra, aglutina las peculiaridades de las escuelas más influyentes en el inmediato pasado y en su mismo presente, es decir, de las escuelas francesa e italiana. La Fantasía Cromática es felizmente obra bien conocida. Representa un soberano modelo de lo que caracteriza a la "fantasía" en el Barroco tardío: improvisación, virtuosidad, libertad modulatoria, contrastes, expresividad llevada al limite y, en fin, imaginación portentosa. Por lo demás, la "fantasía" cumple aquí una de las funciones que desde sus inicios se le han asignado: la de constituir el pórtico, el preámbulo de una forma más rigurosa, en este y en otros muchos casos, la Fuga.

La familia Bach constituye en el universo de la música una galaxia que gira en torno a la inabarcable estrella que es Johann Sebastian. Entre la veintena de hijos que engendró algunos fueron excelentes e incluso grandes compositores, que tuvieron en su contra, digámoslo así, la mala suerte de nacer y crecer bajo la inmensa y aplastante sombra del más grande genio (¿habría que matizar diciendo "uno de los más grandes"?) de la historia de la música. Wilhelm Friedemann el mayor de los hijos de Johann Sebastian, fue un compositor, instrumentista (órgano, clavicordio, clavecín) e improvisador sumamente apreciado en su tiempo, y hoy bastante olvidado de manera injusta. Tuvo, también, como sus hermanos Carl Philip Emanuel (probablemente el más capacitado de todos) o Johann Christian, la desgracia de vivir una época de transición, la que conduce del Barroco tardío al Clasicismo, una etapa importantísima, indispensable, pero fatalmente oscurecida por los logros de Johann Sebastian Bach, de una parte, y los de Haydn y Mozart por la otra. La producción de Wilhelm Friedemann no es demasiado extensa, sobre todo teniendo en cuenta la fecundidad habitual de los compositores de su momento (fecundidad que, apuntado quede de paso, poco tiene que ver con la capacidad real del creador, aunque no sea este el lugar de entrar en mayores precisiones), pero sí muy valiosa a la hora de explicar la transformación de los gustos que se opera en esos años centrales del siglo XVIII. La Fantasía que aquí se va a escuchar, nº 23 del Catálogo de Martin Falck (1913), está claramente dividida en dos partes, la primera de las cuales es muy representativa del empfindsamer Stil, el estilo expresivo o sentimental, que se traduce en una gran libertad rítmica -reflejada por lo pronto en la ausencia de líneas divisorias de compás- con constantes cambios de tiempo que responden a otros tantos cambios de "humor", de sentimiento. La segunda parte es un brillante "Prestissimo" de factura más convencional pero de forma muy libre.

El grueso de la producción pianística de Haydn lo constituyen las cincuenta y dos Sonatas que han llegado a nuestras manos. De algunas otras solo existe constancia en un catálogo temático establecido por el autor. Fuera de eso, solo algunos fragmentos aislados, casi todos ellos en forma de variaciones, entre los cuales el bellísimo Andante con variaciones en fa menor. De la Fantasía en do mayor, el autor escribe a su editor, Artaria, las siguientes líneas: "En un momento del más excelente buen humor, he escrito un Capriccio para fortepiano, cuyo encanto, originalidad y especial construcción pueden obtener el aplauso tanto de 'conoisseurs' como de 'amateurs'". Este Capriccio, que había sido precedido, bastantes años antes, de otro Capriccio en sol mayor, fue finalmente publicado bajo el título de Fantasía. El buen humor es evidente, como lo es también la originalidad de la forma, consistente en una especie de "rondó" con dos temas principales -no se le podría considerar como un verdadero "rondó-sonata" tal como los que por los mismos años escribía Mozart- con ingeniosos desarrollos intercalados, modulaciones inesperadas y una invención siempre chispeante, que le lleva a escribir hacia el final de la obra una corta serie de "glissandi" en octavas, relativamente fáciles de hacer en los ligeros pianos de la época, pero bastante más comprometidos en nuestros grandes colas actuales, que presentan una resistencia de la tecla mucho mayor.

En la raíz de la creación de la Fantasía Op. 17 de Schumann está el proyecto de erigir un monumento a Beethoven en Bonn. La intención de Schumann era donar los beneficios obtenidos por la publicación y venta de la obra para incrementar los fondos destinados a la realización de dicho proyecto. De ahí el primitivo título de la obra: "Obolen auf Beethovens Monument", I "Ruinen" II "Trophäen" III "Palmen"; con anterioridad también pensó titularla "Gran Sonata para piano, para el Monumento a Beethoven, de Florestan y Eusebius" I "Ruine", II "Siegesbogen" (Arco de triunfo) y III "Sternbild" (Constelación). Frustrado el proyecto del monumento a Beethoven, la obra, iniciada en 1836, siguió su curso y apareció publicada en 1838 como Fantasía, con dedicatoria a Liszt. (En correspondencia, éste dedicaría a Schumann, años después, su Sonata en si menor.) De la idea germinal persisten trazas bajo la forma de una cita perteneciente al "lied" de Beethoven An die ferne Geliebte (A la amada lejana), un breve fragmento melódico al que se alude en el primer movimiento formando parte del segundo tema y que aparece citado textualmente en los compases finales. La Fantasía Op. 17 es una de las más grandes creaciones de Schumann; de su primer movimiento él mismo decía que era "la cosa más intensa", que había escrito, y, en efecto, es un movimiento tumultuoso, profundamente apasionado y desbordante de imaginación; el segundo es un enérgico movimiento de marcha en el que tal vez quepa adivinar un recuerdo del segundo movimiento de la Sonata Op. 101 de Beethoven; el tercero, un movimiento lento, es, sencillamente, de una belleza inefable. La decisión de titularla Fantasía en lugar de Sonata se debe seguramente a la libertad formal y a la disposición misma de sus tres movimientos, para nada sujetos al modelo clásico de la forma sonata. De cualquier manera, la coherencia y el esplendor del conjunto son indudables y hacen de esta Fantasía tal vez el mayor de los logros de Schumann en el terreno de las grandes formas.

Ya aludí en la introducción a cómo el auge del virtuosismo pianístico había hecho surgir en el siglo XIX un género, más bien subgénero nuevo de fantasía basado en obras bien conocidas del gran público. Liszt, como es bien sabido, fue muy amigo de ellas y con títulos bien diversos. Réminiscences de Norma (Bellini) es obra de 1841, publicada en París (Latte) y en Maguncia (Schott) en 1844, y en ella nos ofrece bien aderezados para lucimiento del intérprete los principales temas de la ópera que Bellini había estrenado en la Scala milanesa en 1831.

Karol Zsymanowsky es, a no dudarlo, la figura clave de la música polaca durante toda la primera mitad del siglo XX. Aún siendo un compositor de importancia reconocida, cuya obra ha tenido una considerable difusión en la Europa Central y del Este, para nuestro público es, hoy por hoy, un (casi) perfecto desconocido. Arthur Rubinstein, que era gran amigo suyo, fue el dedicatario de algunas de sus obras pianísticas, que estrenó, y a lo largo de su vida siguió siendo un fiel servidor de la música de su compatriota. A principios del pasado siglo Szymanowsky formó, junto con Fitelberg, Rózycki y Szeluta, un grupo que tomó la denominación de "La joven Polonia musical", con el fin de revitalizar la música polaca y difundirla, para lo que contaban con una editorial radicada en Berlín, bajo el patronazgo del príncipe Wladyslaw Lubomirsky. La Fantasía Op. 14 que se incluye en este programa es producto de su etapa primera, poco o nada representativa de su estilo de madurez, el que florece con las Sonatas 2ª y 3ª o, sobre todo, con las "Metopas" y "Máscaras", las Mazurkas y la hermosa Sinfonía concertante para piano y orquesta. El título de Fantasía está aquí bien justificado por el carácter libre e improvisatorio de sus tres movimientos enlazados sin pausa, cuya estructuración, igualmente libre, está, sin embargo, unificada con relajada firmeza por la reaparición de los principales temas. Brillante, enfática, por momentos un tanto grandilocuente, es, de todos modos, una obra digna de ser escuchada aunque no represente al mejor Szymanowsky.

La página con la que finaliza este primer programa del ciclo se debe a la pluma de un valioso compositor español actual: Jesús Rueda. Puesto que ha tenido la gentileza de enviar un comentario acerca de su obra, creo que es preferible cederle la palabra a él, ya que nadie mejor que el propio compositor puede aclararnos cuales han sido sus propósitos, cuales sus objetivos, a la hora de escribir Estacionario (Fantasía para piano y electrónica). Dice Jesús Rueda: "Esta obra escrita entre el año 1988-1989, para piano y electrónica se organiza en torno a un juego matemático o fantasía fractal. El plan inicial es complejo: parte de la división de un minuto en secciones áureas hasta su mínima duración. Cada división va asociada a rítmicas propias y a alturas precisas hasta conformar un objeto sonoro autosimétrico, lo que podríamos denominar un fractal.
La parte electrónica está elaborada sólo con sonidos de piano, pero transformados en múltiples direcciones y con las mismas leyes formales que la parte de piano. En algunas zonas toma prioridad la parte electrónica y el pianista "improvisa" a modo de fantasía con materiales expuestos previamente. En otros es el solista quien sujeta el discurso en forma de cadenza.
El discurso está férreamente organizado y se articula del modo en que me enfrentaba con la forma y el lenguaje en los (años) 80. Mi lenguaje ha evolucionado en otras direcciones tanto en continente como en contenido, tal vez no son muchos 14 años pero sí lo son en el camino de un compositor y desde esta distancia mi música actual es morosa de aquella, reconozco lo que debo hoy al control y a los límites de la experimentación que en aquellos años desarrollé.
Hoy escuchamos por vez primera Estacionario. Mucho es lo que le debo a Miguel Ituarte, él ha rescatado y puesto a punto la obra. Por supuesto, a él está dedicada".

Multimedia

      1. Fray Tomás de Santa María (1510-1570)
      1. Cuatro "Exemplos" de "El arte de tañer fantasía" (arreglo y rev. de A. Baciero)
      1. Fantasía sobre un tema de canción (del manuscrito 242 de la Biblioteca de la Univ. de Coimbra) (arreglo de A. Baciero)
      1. John Munday (1555-1630)
      1. Fantasía: "Buen tiempo"... "relámpagos"... "truenos"... (nº 3 del Fitzwilliam Virginal Book)
      1. Johann Sebastian Bach (1685-1750)
      1. Fantasía cromática y fuga en Re menor BWV 903
      1. Wilhelm Friedemann Bach (1710-1784)
      1. Fantasía, FK 23
      1. Franz Joseph Haydn (1732-1809)
      1. Fantasía en Do mayor, Hob. XVII/4
      1. Robert Schumann (1810-1856)
      1. Fantasía en Do mayor Op. 17 (selección)
      1. Franz Liszt (1811-1886)
      1. Reminiscencias de "Norma" de Bellini, LW A77
      1. Karol Szymanowski (1882-1937)
      1. Fantasía en Do mayor, Op. 14 (selección)
      1. Jesús Rueda (1961)
      1. Estacionario (para piano y cinta)