(IV) Ciclos de Miércoles Fantasías para piano

(IV)

  1. Este acto tuvo lugar el
Guillermo González, piano


En el extenso catálogo schubertiano, más concretamente en la parcela pianística, existen varias obras que llevan el título de "fantasía", empezando por dos muy tempranas, una en do menor para piano solo de 1810 y otra para piano a cuatro manos del 1811. También para piano a cuatro manos son otras dos Fantasías, una en sol menor y otra en do menor subtitulada Grande Sonate, la una de 1811 y la otra de 1813, que no fueron publicadas hasta muchos años después de la muerte del autor. Más tarde, hacia 1818, escribió otra Fantasía en do mayor, conocida como Fantasía de Graz, ignorada durante muchos años, hasta que fue descubierta en Graz una copia de esta obra realizada por Joseph Hüttenbrenner (el manuscrito autógrafo desapareció). Saltándonos la cronología, habría que señalar la bellísima Fantasía en fa menor para piano a cuatro manos de 1829 y la no menos hermosa Fantasía en sol mayor Op. 78 para piano de 1826, a la que el propio Schubert consideraba como su cuarta Gran Sonata, aunque el editor Haslinger la publicó en 1827 titulándola, no se sabe por qué razón, Fantasía. Con posterioridad, algunos editores la han titulado Sonata-Fantasía y otros, con mayor justificación, simplemente Sonata. Antes de estas dos obras, en 1822, se sitúa la que, con toda justicia es la más famosa de todas ellas: la gran Fantasía en do mayor Op. 15, llamada Fantasía "El caminante" aunque en el círculo de Schubert no se la conoció nunca por ese título, que encuentra su justificación en el hecho de que en su segundo movimiento se cita, de manera no exactamente textual, la canción "Der Wanderer" que, por lo demás, sirve de germen para todo el material temático de la obra. Schubert escribió la Fantasía en do mayor D. 760 a petición de un rico aficionado de nombre Emmanuel von Liebenberg de Zsittin, judío vienés ennoblecido que era, al parecer, buen pianista, discípulo de Hummel, y que necesitaba -ese fue su deseo expreso- una obra difícil, brillante, que le permitiera exhibir en su círculo sus talentos como intérprete. El encargo fue sobradamente cumplimentado, porque la Fantasía en do mayor es una de las grandes obras más difíciles de Schubert, aún más, la única que posee un carácter deliberadamente virtuosístico, lo que, por supuesto, no la convierte nunca en una vana exhibición de habilidad, bien al contrario, es una obra de grande y cálida belleza.

En sus años de virtuoso itinerante, Liszt escribió una larga serie de bocetos, de piezas más bien breves, que reflejaban sus "impresiones" de viajero, atento a todo aquello que pudiera despertar en su ánimo las emociones más diversas. Resultado de estas vivencias fue el "Album d'un voyageur", publicado en Paris entre 1836 y 1840, en tres volúmenes con los títulos I.- " Impressions et poésies", II.- " Fleurs mélodiques des Alpes", y III.- "Paraphrases". Dos años más tarde aparecieron impresos en Viena y Berlín, reunidos en un único volumen. Bastante tiempo después, en 1855 y 1858, Liszt publicó bajo el titulo definitivo de Années de pélerinage dos volúmenes en los que recogía, en versión corregida, algunas de las páginas del "Album de un viajero" y añadía otras varias. El primero de estos Años de peregrinaje estaba consagrado a Suiza y el segundo a Italia. Aún añadió un tercer volumen a esta colección con obras compuestas entre 1866-67, que no vio la luz hasta 1883. Al segundo de estos Años de peregrinaje pertenece Aprés une lecture du Dante, fantasie quasi sonata, según reza el título original. Se trata de una vasta composición de forma muy libre, en la que Liszt da rienda suelta a su inspiración, plasmando en imágenes sonoras las ideas que le sugiere la lectura de "La Divina Comedia". Es obra muy difícil, de clara vocación virtuosística, pero rica en ideas de gran calidad.

"Aragón" es una de las bonitas páginas de la Primera Suite Española de Albéniz (hay una segunda que consta solo de dos piezas) aunque, por razones no siempre fáciles de comprender, no haya alcanzado nunca la popularidad de "Sevilla", "Castilla", "Asturias", "Granada" o "Cádiz"; tal vez porque sea más difícil que casi todas las mencionadas. El subtitulo de "fantasía" no tiene mayor razón de ser que el de "capricho" para "Cuba" o el de "leyenda" para "Asturias"; en realidad, la forma de "Aragón" es bastante clara, bastante simétrica, con su animado ritmo de danza enmarcando dos "coplas" que ilustran bien su cercanía a la popular "jota". Es buena idea rescatar "Aragón" del relativo -y desde luego injusto- olvido al que se la tiene relegada.

Con la Fantasía Bética de Falla nos hallamos frente a uno de los máximos logros del pianismo español del siglo XX, una obra solo comparable en extensión, dificultad, importancia y belleza a las "Iberias" de Albéniz. Escrita en 1919, por encargo directo de Arthur Rubintein, y estrenada por el gran pianista polaco en Nueva York el 20 de Enero de 1920 (Antonio Iglesias "dixit"), la Fantasía Bética sufrió durante muchos años una marginación absolutamente injustificada, aunque tal vez explicable por su duración, su dificultad y su exterior "arisco", que no daba facilidades de entendimiento ni al intérprete ni al oyente. Yo recuerdo que, durante muchos años, solo mi maestro José Cubiles hacía una interpretación memorable de la Fantasía Bética. Después de él, por fortuna, hemos sido muchos los pianistas españoles y no solo sus discípulos, por supuesto, los que la hemos incorporado a nuestro repertorio de manera permanente, con éxito tal que hoy día no hay pianista español joven de cierto relieve que no la toque. Ojalá pudiera decirse otro tanto de los pianistas no españoles, pero parece ser que, hasta el momento, esta obra no ha alcanzado más allá de nuestras fronteras el reconocimiento que sin duda, creo, merece.
Fantasía es, desde luego, morfológicamente hablando, porque no se ajusta enteramente a ningún esquema formal preexistente, aunque pueda ser deudora evidentemente, de muchos modelos previos (el "adanismo" en música no existe), pero su arquitectura está muy trabajada, muy bien trabada. Sería verdaderamente interesante que un folklorista avezado realizara un rastreo en profundidad acerca de las raíces populares de los temas de la Fantasía bética -yo no conozco ninguno- más allá de la tan traída y llevada (y cierta, desde luego) relación con la guitarra flamenca. Recuerdo los dos excelentes artículos que el desaparecido Manuel García Matos publicó, allá por los años 50, en la revista "Música" del Real Conservatorio de Madrid, centrados en las claras fuentes populares de muchos temas utilizados por D. Manuel en diversas obras. Lástima que el llorado profesor y amigo no llegase a realizar un trabajo parecido en torno a la Fantasía Bética.

      1. Franz Schubert (1797-1828)
      1. Fantasía en Do mayor, Op. 15, "El caminante"
      1. Franz Liszt (1811-1886)
      1. Después de una lectura de Dante, Fantasia quasi sonata, S. 161/7 (de Años de peregrinaje, 2º año: Italia, nº 7)
      1. Isaac Albéniz (1860-1909)
      1. Suite española nº 1, Op. 47: Nº 6 Aragón
      1. Manuel de Falla (1876-1946)
      1. Fantasia Baetica