(y V) Ciclos de Miércoles Fantasías para piano

(y V)

  1. Este acto tuvo lugar el
Manuel Escalante, piano


Salvo en la última obra del programa, dejo en las restantes la palabra a los respectivos compositores para que comenten sus obras.

Fantasía nº 1 para piano
Su título completo es Fantasía nº 1 para piano sobre temas cántabros. Creo que mi obra continúa la línea iniciada por Bartok de ir al espíritu -no a la forma- del folklore popular al igual que lo hizo Kodaly y tantos otros. Suscribo al respecto lo que en su tiempo dijo Verdi: "Seamos antiguos para llegar a ser actuales".
En 1988 me decidí a iniciar un trabajo sinfónico centrado en los dos temas tradicionales que particularmente herían mi sensibilidad: el baile de picayos al Santo, y el romance del conde de Lara. Y cuando se me hizo el encargo para el Festival Internacional de Santander por medio de su Director, pensé realizar una reducción de dicha obra sinfónica para ser interpretada por el piano solo. Está dedicada a mi hijo Francisco Nobel.
    La composición consta de tres fragmentos unidos por la misma idea:
Paisaje.- Inicia la obra una descripción un poco impresionista, del paisaje verde y lluvioso de mi tierra, algo que me afecta espiritualmente; ahí entronca con el tema de los picayos.
Canción.- Tema original inspirado en el espíritu popular, muy sentido.
Danza.- Aquí está presente el pueblo en circunstancia festiva, con ritmo inspirado en el romance del conde de Lara.
    En general, el empleo de las disonancias como elemento de colorido, la constante alternancia entre diatonismo y cromatismo, son elementos que trato con sumo cuidado para no dañar la propia naturaleza y frescura de los temas populares. A su vez, no desdeño un intento de universalización en el mensaje musical.

Nobel Sámano

La mirada abierta, fantasía para piano
Discusiones a menudo pueriles y de resultados poco menos que estériles en torno a la estética artística, cierran los ojos a la propia sustancia del arte, que no es sino una interpretación de la realidad bajo el tamiz de la imaginación de los creadores. No sé si los empeños de los hombres en poner reglas a esa imaginación tendrán alguna justificación profunda, pero sí sé que éstas restan libertad a la hora de fomentar la mayor diversidad artística posible, a la postre, sin duda, la mejor fuente que nutre el patrimonio cultural de un pueblo.
La mirada abierta, como su propia nominación sugiere, quiere abogar, bajo la forma de una fantasía, de la que hago aquí también un uso alegórico, por un espíritu receptivo a cuanto nos pueda sugerir la música, en mi opinión la más comunicativa de todas las artes.
Estructurada en tres partes que discurren sin interrupción, proyecta en la primera y tercera una naturaleza de carácter virtuosístico, con un amplio sentido de la dinámica y del volumen sonoro, mientras que en la segunda, por el contrario, prevalecen el carácter meditativo, el sosiego y la austeridad sonora. La mirada abierta fue escrita por encargo del pianista Manuel Escalante, a quien está dedicada.

Claudio Prieto

Madrid, enero 2003

El arcángel de las tinieblas, fantasía maya

El arcángel de las tinieblas fue poco a poco gestándose entre la dualidad de la cultura europea (representada por un acorde musical cuyo contenido es el tritono-acorde típico de dominante en las épocas clásico-románticas), y la cultura maya (representada especialmente por ritmos).
La gran familia maya o mayaquiché es una de las familias étnicas más homogéneas de la América central. Instituciones científicas europeas y americanas de tan alto relieve como el British Museum de Londres han trabajado en la cultura maya descubriendo cómo los mayas representaban los números, y han permitido descifrar las fechas escritas en numerosas inscripciones y su sistema cronológico, como también su historia escrita en caracteres jeroglíficos. Entre sus usos, costumbres y diversiones sobresale el canto y el baile. De estos tenían muchos y muy variados como "el bolonché", el de "las candelas" o el de las "banderas". En las representaciones teatrales se cubrían el rostro con máscaras que figuraban cabezas de animales.
No ha sido fácil para el autor unir en una obra musical dos culturas tan distintas y distantes. Mas bien ha sido un reto, o quizás una aventura. La obra esta estructurada en cuatro partes unidas, mas una coda para terminar. Su título, tomado de una bella poesía de Vicente Aleixandre (Sombra del paraíso) muestra la dualidad del bien y el mal: "La poesía no es una cuestión de palabras" dijo Aleixandre. También podríamos decir que la música no es solamente una cuestión de sonidos.
La obra está dedicada al magnífico pianista (maya) Manuel Escalante y terminada en Madrid durante el verano de 2001.

Gabriel Fernández Álvez

Fremore
Fremore, para piano solo, tuvo su gestación en el verano de 2000, durante mi corta estancia en un monasterio de la región italiana de Parma.
Fue ese especial entorno, en el que la percepción del devenir temporal pareciera haber adquirido una especial dimensión, el que sugirió los planteamientos sonoros que definen a esta obra, cuya idea constructiva reside en la constante transformación y evolución de un tema de colorido arcaizante, hasta su total disolución, todo ello bajo una inquietud de búsqueda en el tratamiento sonoro.
La composición presenta en sus comienzos todos los elementos y gestos que formarán parte de su propio transcurso, donde, tras una aparición de sonidos difusos, irá surgiendo una antigua cantinela, que hilará con su presencia el discurso de la obra, conviviendo siempre con texturas y resonancias que impregnan al conjunto de una perspectiva actualizada.
La posterior expansión en tensión de estos elementos, que sufrirán constantes metamorfosis, se dirigirá hacia una nueva región, creando espacios de múltiples ecos, ruidos, golpes sordos y sonoridades veladas, dando paso a un tratamiento conceptual de las posibilidades tímbricas del instrumento.
Una abrupta digresión recuperará el carácter inicial de la obra para finalmente desvanecerse de forma gradual en busca del silencio.
"Fremore" fue terminada en mayo de 2001 y está dedicada al pianista Manuel Escalante

Juan M. Ruiz

Madrid, a 21 de diciembre de 2001

Luz de Aura
Se entiende por aura a la energía que envuelve nuestro ser, es como la luz espiritual que se despide de nuestra personalidad y que transmite nuestras vibraciones fuera de nosotros mismos.
Con la obra Luz de Aura intento traducir a sensaciones sonoras todo ese mundo mágico de nuestra personalidad que hace tangencia al misterio como la última verdad indescifrable.
La composición comienza con tres acordes que abren su sonoridad desde una primera en la parte central a otras dos que se expanden hacia el agudo y hacia la parte más grave del piano. Con ellas abro las puertas de nuestro templo interior donde guardamos la flor blanca de la belleza y la sensación de lo inexplicable ante el universo que nos rodea. El latido inexorable del tiempo hace su aparición en una nota persistente que conduce de nuevo a los tres acordes del comienzo ahora en pianisimo. Un elemento conductor nos lleva con la sensación de una pregunta a la segunda sección, esta se desarrolla sobre una temática de contenidos cortos que a su vez se entrelazan a modo de preguntas y respuestas dentro de una atmósfera inquietante y de gran tensión. De nuevo, el elemento conductor nos lleva ahora a una sección de carácter rítmico con reminiscencias góticas en su ordenación sonora. Esta nueva temática se manifiesta sobre notas con percusiones insistentes que van tomando fuerza y espacialidad a lo largo de la sección. Esta primera parte de la obra la podemos considerar como una exposición temática donde se van sucediendo una serie de elementos que a su vez se van a definir como la estructura de la obra.
En la segunda parte de la obra los elementos que aparecen en el periodo de exposiciónvan a ser protagonistas del desarrollo posterior siguiendo un principio de combinatoria. Al igual que en la mayoría de misobras, este procedimiento muy cercano al de la variación matemática, va a conjugar las ideas como objetos sonoros, que aparecerán fantaseados con variantes y entrelazados de forma que su resultado aparezca siempre distinto y contrastado. Para ello, en todo momento el procedimiento de combinatoria intentará llevar una intención sorpresiva que a su vez será como el motor tensional de la obra.
Luz de Aura finaliza con una última combinatoria de los acordes y del ritmo insistente y tenue del comienzo; quizás con ello quise transmitir, de una manera inconsciente, el latido del tiempo acariciando la sensación de la belleza como el último significado del universo.

Juan José Falcón Sanabria

Las Palmas de Gran Canaria, 30-9-97


Fantasía en si menor Op. 28
En su producción temprana, Scriabin, a quien ya me he referido en algún programa anterior, es un compositor de estirpe claramente post-romántica, al igual que su compañero Rachmaninoff, coetáneo suyo aunque le sobrevivió largamente. Excelentes pianistas ambos y compositores que destacaron desde muy pronto, siguieron más tarde caminos claramente divergentes en su labor de creación, porque Scriabin fue mucho más lejos que su amigo en la indagación de un desarrollo posible de la armonía y de la tonalidad hasta tocar sus límites, en tanto que Rachmaninoff permaneció más firmemente anclado en las tranquilizadoras aguas de la tonalidad tradicional, aunque esto no supone en modo alguno que no se produjese en su vocabulario armónico una evolución y un enriquecimiento evidentes; no hay más que comparar los Estudios-Cuadros Op. 39 con los Preludios Op. 23, por ejemplo. La posteridad les ha premiado, por el momento, de muy diferente manera: Rachmaninoff es un gran favorito de los públicos actuales en tanto que Scriabin, sin caer en el olvido, es mucho menos apreciado. El lenguaje de ambos -y en adelante me referiré exclusivamente a Scriabin- parte, en lo estético, en el lenguaje armónico y en los planteamientos pianísticos, de Chopin y de Liszt, aunque en sus obras quepa advertir desde pronto acentos muy personales. El punto de inflexión en la evolución de su lenguaje armónico se sitúa a principios de siglo, entre la Fantasía Op. 28 que en este programa se incluye y que data de 1900, y la cuarta Sonata Op. 30 que es de 1903; en medio se insertan dos obras orquestales: la segunda Sinfonía Op. 29 y la importante tercera Sinfonía Op. 43 "El poema divino", comenzada en 1902 y finalizada en 1904. A partir de esas obras Scriabin se implica de manera creciente en una investigación armónica -es una manera de hablar: no reduzcamos esta hermosa aventura a términos puramente técnicos- que le llevará a los límites de la tonalidad, pero eso no es, en modo alguno, una búsqueda de la originalidad a toda costa, sino la persecución obstinada de nuevos medios de expresión más intensos, más íntimamente ligados a la propias necesidades de exteriorización de sus emociones, de sus sentimientos, a la más radical identidad de su ser. No sabría decir si la posteridad ha sido hasta ahora relativamente mezquina con Scriabin, si el aprecio de su obra no es, en la actualidad, enteramente justo; solo el futuro podrá tal vez cambiar esa apreciación. Por lo pronto, la Fantasía Op. 28 debe ser considerada una obra importante, por la extensión, por la belleza cierta que en ella se encarna y por el hecho, ciertamente coyuntural de que se encuentra situada en el momento mismo en que su autor comienza a despegarse de las influencias que, hasta ese momento, le habían sido más próximas.

      1. Nobel Sámano (1933)
      1. Fantasía nº 1 para piano (sobre temas cántabros)
      1. Claudio Prieto (1934)
      1. La mirada abierta, fantasía para piano *
      1. Gabriel Fernández Álvez (1943-2008)
      1. El arcángel de las tinieblas, fantasía maya *
      1. Juan Manuel Ruiz (1968)
      1. Fantasía "Fremore" *
      1. Juan José Falcón (1936)
      1. Luz de Aura (Fantasía mística)
      1. Aleksandr Skriabin (1872-1915)
      1. Fantasía en Si menor, Op. 28
  1. * Estreno absoluto