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El Padre Feijoo

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Jon Juaristi

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  1. Jon JuaristiJon Juaristi

    Ensayista, poeta, escritor y traductor. Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Alcalá de Henares, ha sido catedrático de Filología Española en la Universidad del País Vasco, profesor investigador en El Colegio de México (CELL) y titular de la Cátedra King Juan Carlos I en New York University y de la Cátedra de Pensamiento Contemporáneo de la Fundación Cañada Blanch en la Universidad de Valencia. Dirigió la Biblioteca Nacional y el Instituto Cervantes.

    Entre sus ensayos destacan El linaje de Aitor. La invención de la tradición vasca (1987), Vestigios de Babel. Para una arqueología de los nacionalismos españoles (1992), El Chimbo Expiatorio. La invención de la tradición bilbaína,1875-1939 (1994), Sacra Némesis. Nuevas historias de nacionalistas vascos (1998), El bosque originario. Genealogías míticas de los pueblos de Europa (2000), El reino del ocaso. España como sueño ancestral (2004) y Espaciosa y triste. Ensayos sobre España (2013), por el que fue galardonado con el Premio Euskadi de Literatura en la modalidad de ensayo en castellano. En 1998 recibió el Premio Nacional de Ensayo por El bucle melancólico. Historias de nacionalistas vascos (1997), que también fue designado con el Premio Espasa de Ensayo 1997.

El benedictino Benito Jerónimo Feijoo Montenegro (Casdemiro, Orense, 1676-Oviedo, 1764) fue sin duda la figura más destacada de la cultura española en la primera mitad del siglo XVIII. Su obra, estilísticamente distanciada de la prosa del último período barroco, no se adscribe plenamente a la Ilustración. Pertenece más bien a esa época que Paul Hazard ha llamado de "crisis de la conciencia europea" (1680-1715), caracterizada por la contradicción y el enfrentamiento de nuevas ideas en campos muy diversos, desde la cosmología y las ciencias de la naturaleza (que acusan la amplia recepción de las teorías de Galileo y Newton) hasta la filosofía (bajo la influencia de Bacon y de la polémica postcartesiana), las ciencias exactas o la crítica bíblica (Richard Simon).

Las discusiones sobre estos nuevos planteamientos ponen en cuestión certezas y visiones del mundo heredadas de la Edad Media y el Renacimiento que habían arraigado firmemente en la doxa. No estaba limitada ésta a los estamentos inferiores (la noción de vulgo a la que recurre Feijoo en el primer discurso de su Teatro Crítico Universal es claramente interestamental) ni tampoco se refiere en exclusiva a los indoctos. El proyecto de Feijoo no fue tanto la articulación sistemática de un nuevo saber universal basado en la experiencia y la razón como la erradicación de errores admitidos por la opinión mayoritaria. De ahí el carácter misceláneo de su obra, que la emparenta con otras del estilo de la Pseudodoxia Epidemica, del médico inglés Thomas Browne (1646, con numerosas ediciones posteriores) e incluso con la Curiosa Filosofía del jesuita Nieremberg (1630). No hay en el Teatro Crítico Universal ni en las Cartas Eruditas un designio enciclopédico, sino una acumulación aleatoria de refutaciones de errores diversos. Para Feijoo, la verdad es única y el error múltiple y proliferante, aunque la coincidencia de muchos en una opinión no garantiza la verdad de la misma.

La empresa de Feijoo se asocia al reformismo de los primeros borbones españoles y, singularmente, a la política de racionalización administrativa, militar y financiera del marqués de Patiño y sus colaboradores. En la segunda mitad del siglo, arreciaron los ataques contra el benedictino y sus seguidores por parte de los nuevos sectores ilustrados. La oposición constante que había encontrado en Gregorio Mayans y Siscar, contrarrestada por el apoyo que recibió de intelectuales y científicos próximos a la corte (como el médico y anatomista Martín Martínez), cedió su lugar en el reinado de Fernando VI a una crítica más encarnizada y ubicua, hasta el punto de que Feijoo solicitó y obtuvo del monarca la prohibición del cuestionamiento público de su obra.

Feijoo no aparece hoy como representante de una "ilustración insuficiente", sino como una figura de transición correspondiente a una época marcada por la voluntad de innovar en todos los campos del saber. No sólo combatió los errores contenidos en las opiniones heredadas. Creó un lenguaje adecuado a la divulgación científica y a la crítica pública y puso los fundamentos del ensayo moderno en la cultura española.