Lectores, censores y críticos. La vida pública de la Celestina en los siglos XVI y XVII Ciclos de conferencias CLANDESTINOS Y PROHIBIDOS EN LA EUROPA MODERNA (SIGLOS XVI-XVII)

Lectores, censores y críticos. La vida pública de la Celestina en los siglos XVI y XVII

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Emilio Blanco

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  1. Emilio BlancoEmilio Blanco

    Es catedrático de Literatura Española de la Universidad Rey Juan Carlos. Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, antes fue profesor titular de Literatura Española en la Universidad de A Coruña.

    Sus líneas principales de investigación son la prosa didáctica y la literatura política del Siglo de Oro (Antonio de Guevara, Baltasar Gracián, Erasmo, libros de aforismos, artes de bien morir, manuales de confesores...), así como las relaciones entre la literatura y el periodismo en la modernidad, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. Ha publicado traducciones y ediciones críticas, anotadas y con extensas introducciones, de diversos autores de los siglos XVI al XIX (Jorge de Montemayor, Lope de Vega, Maquiavelo, Galdós...) y un centenar de artículos y capítulos de libros que cubren diversos aspectos de la literatura española, desde la Edad Media hasta la actualidad.

    Ha publicado tres volúmenes de las Obras completas de Antonio de Guevara (1993-2004). Más recientemente es responsable de la edición del Laberinto político manual de Alonso Remón (2018) y una traducción de Los banquetes de Erasmo (2018, con F. Romo). Próximamente presentará su edición de Menosprecio de corte y alabanza de aldea de Antonio de Guevara (2019).

Podría decirse que La Celestina es el primer best-seller de la literatura española. Apenas publicado, el Renacimiento ve cómo se multiplican las reediciones y las traducciones (incluso al latín ya en el siglo XVII), y cómo el libro se convierte en fondo inexcusable para cualquiera de los libreros de la época, que no cesan de ofrecerlo en su catálogo. Su éxito fue mucho más allá, y hoy podemos documentar múltiples poseedores durante el Renacimiento, en la Península Ibérica, en Europa, e incluso en América, destino al que viajó con no poca frecuencia, pese a la prohibición que pesaba sobre la exportación al Nuevo Continente de obras de ficción.

Y si sabemos de poseedores, no sabemos menos de sus lectores: tanto desde la propia literatura como desde textos técnicos de distinto calado, una parte considerable de los autores de la Edad Dorada hablaron de La Celestina. No deja de ser curioso que el primer lector crítico de la obra sea el propio Rojas, que "encuentra" el "primer auto" y decide acabarlo, no sin antes formarse una serie de juicios sobre aquel texto y su autor. Sin haber llegado todavía a publicarse, los impresores introdujeron resúmenes al comienzo de cada uno de los autos, ejerciendo así la labor de intérpretes. Ya en la calle, el libro alcanza una popularidad inusitada: unos y otros exponen su opinión, desde simples declaraciones que expresan sencillamente el gusto por la obra, hasta juicios técnicos de distinto calado sobre su autoría, el valor estilístico, el lenguaje, el género o la intención de la historia de la alcahueta y los amantes.

No es extraño que fuese así: la obra y su circunstancia pedían aclaraciones. Su calidad avalaba que se hablase de ella, desde los humanistas (preocupados en principio por cuestiones técnicas) hasta los moralistas (más interesados en su valor ejemplar o antimodélico); pero son los autores de todo tipo de literatura (con Cervantes, Lope de Vega y Gracián a la cabeza) quienes se detienen más en la obra de Rojas, fascinados por la calidad del texto y la potencia del trío protagonista.