Sedentarios Aula Abierta ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN: PERSPECTIVAS EVOLUCIONISTAS

Sedentarios

  1. Este acto tuvo lugar el
Robert Sala

Multimedia

  1. Robert Sala

    Profesor Titular de Prehistoria en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Doctor en Historia, es además director del master en Arqueología del Cuaternario en la citada universidad. Su línea de investigación está centrada en la evolución del comportamiento y formas de vida de los primeros habitantes de Europa, especialmente analiza los sistemas técnicos que desarrollaron. Ha participado como investigador en diferentes proyectos de su especialidad y actualmente es investigador del Proyecto Atapuerca.

Hace trece mil años se inició en algunas poblaciones humanas de Asia occidental una transformación que las condujo hacia una etapa social, económica y cultural muy compleja. Planteado así el llamado Neolítico debe ser estudiado como fase del desarrollo de las sociedades humanas en los tres planos citados: cultura, sociedad y economía. ¿Qué podemos decir desde la perspectiva que aquí se aborda? ¿Cómo explica la Teoría de la Evolución y los modelos concretos de evolución humana este fenómeno? Aunque en cualquier obra de referencia se abordará desde una visión exclusivamente histórica, nosotros vamos a plantear otra: lucha por la supervivencia y búsqueda de soluciones  crecientemente complejas.

A lo largo de la última fase del Paleolítico las poblaciones humanas perfeccionaron su capacidad de adquisición de alimento y su implantación en el territorio con una mayor eficiencia en el uso de los recursos. Es muy probable que tales mejoras fueran acompañadas de un incremento demográfico. Con esta perspectiva, el cambio climático que se inició hace trece mil años y que supuso una nueva distribución de recursos, con escasez en algunas regiones y ampliación o cambio en otras, obligó a una nueva evolución en la forma de adquirir los alimentos y produjo una cierta crisis demográfica.

En ese momento, según los restos arqueológicos, en oriente próximo se inició el cultivo de distintas plantas, como el trigo, al mismo tiempo que se dio por primera vez una caza intensiva de depredación de rebaños enteros de gacelas. Y a pesar de que eran aún cazadores, la agricultura les transformó en sedentarios. En el extremo oriente, hace unos once mil años se inició el cultivo del arroz, primero en ambientes de secano, antes de que fuera transformado, hace unos ocho mil, en el cultivo de zonas húmedas que es hoy en día. En los valles altos del Tigris y el Éufrates, en el oriente de Anatolia y norte de Irak, ciertas poblaciones aplicaron por primera vez la ganadería de la cabra. En Siberia y Japón, poblaciones separadas en el espacio inventaron los instrumentos domésticos de cerámica, un invento revolucionario que se dio en sociedades aún nómadas y cazadoras-recolectoras. Mientras todas estas transformaciones se daban en Asia, en Europa el cambio climático produjo un escenario completamente distinto: se abrieron espacios terrestres y marinos nuevos e inmensos en el norte del continente que permitió a los grupos humanos sustituir la caza de grandes herbívoros por la pesca  y recolección de marisco.

Del escenario global de cambio que se dibuja y de todas estas transformaciones son realmente revolucionarias las que se producen aquí y allá por todo el territorio asiático. Al conjunto de todas ellas lo llamamos Neolítico y sin embargo tardaron mucho en cristalizar todas juntas en un mismo punto, hicieron falta varios milenios para que el próximo oriente las uniera todas y creara los primeros estados centralizados en territorios más o menos bastos: en torno a una ciudad o a una región más amplia.

De todo ello concluimos que los grupos humanos se adaptaron a un nuevo escenario con transformaciones revolucionarias individuales. Una crisis ecológica les impulsó a buscar soluciones que les permitieron, una vez instaladas las sociedades complejas, crecer demográficamente de nuevo y extenderse ocupando regiones que no habían generado formas económicas nuevas, como Europa.