1789: La Revolución Francesa y sus repercusiones Ciclos de conferencias TERMINADO EN NUEVE… CINCO FECHAS ESTELARES DE LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

1789: La Revolución Francesa y sus repercusiones

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Jean-René Aymes

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  1. Jean-René AymesJean-René Aymes

    Catedrático de español, sucesivamente, en los institutos de Estudios Hispánicos de Caen, Tours y Paris III-Nueva Sorbona. Ex codirector, en París, del grupo de investigación CREC (Centre de Recherche sur l'Espagne Contemporaine) - Área de docencia: la Civilización española (Literatura, Historia y Cultura) de los siglos XVIII y XIX - Especializado en el estudio de las relaciones franco-españolas en dicho periodo: conflictos armados (Guerra contra la Convención y Guerra de la Independencia), influencias culturales recíprocas, imagen del "otro", literatura de los relatos de viaje... - Autor de diez libros, publicados en su mayoría en España, coeditor de otros cinco, y autor de más de 50 artículos publicados en España principalmente y en Francia.

La Revolución francesa se presenta, a partir de la primavera de 1789, como un  cúmulo de acontecimientos inauditos y transcendentales que suelen considerarse como el inicio del mundo moderno. Tienen en el acto repercusiones profundas y distintas en toda Europa.Esos ecos se prolongan hasta hoy. Han cobrado una especial intensidad cuando se celebró el segugundo centenario, en 1989, dando lugar, en Francia y también en España, a coloquios internacionales y a la publicación de importantes estudios. Con todo, no se ha llegado a un consenso historiográfico porque, desde la época de los sucesos hasta la actualidad, la Revolución sirve contradictoriamente de modelo admirable o de polo de repulsión.

Ha de imponerse la obligación metodológica de no enfocar el decenio 1789-1799 como una larga secuencia lineal y homogénea, sino como una serie de secuencias de varia naturaleza y de significaciones dispares. Vistos desde el extranjero, los grandes sucesos de 1789 son la toma de la fortaleza de la Bastilla, la reunión de los Estados Generales convertidos sucesivamente en Asamblea Nacional y en Asamblea Constituyente, la « Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano », la aparición de nuevas grandes figuras como Mirabeau, Marat y Siéyès, el incipiente protagonismo de las mujeres y de los jóvenes y la emergencia de la « opinión pública » gracias a la multiplicación de las gacetas y a la actividad de los « clubs ».

En contra de lo que pasó en varios territorios europeos en los que se produjeron movimientos de emancipación nacional, inspirados por la sublevación parisina, en España la reacción de las autoridades, suscitada más por el miedo o el rechazo que por la admiración y la esperanza, fue esencialmente contrarrevolucionaria, a excepción de unos pocos individuos que, como José Marchena, celebraron la esperanzadora revolución. Ésta vendrá a ser objeto de controversias entre liberales y absolutistas durante la Guerra de la Independencia, en torno a las reformas constitucionales adoptadas en Cádiz y al manejo de conceptos ya dotados de un nuevo contenido, como « nación », « libertad » e « igualdad », pretendidamente importados de Francia.