Giacomo Leopardi: preludios a un Romanticismo esencial Aula Abierta ROMANTICISMO

Giacomo Leopardi: preludios a un Romanticismo esencial

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Antonio Colinas

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  1. Antonio ColinasAntonio Colinas

    Nacido en La Bañeza (León) en 1946, ha dedicado su vida a las letras: es poeta, narrador, ensayista y traductor, especialmente de autores italianos. También ha sido importante su labor como crítico literario en prensa a lo largo de 40 años. Siempre ha huido de etiquetas, pero los críticos han insistido en incluirle en el grupo de los Novísimos. Entre sus libros de poemas destacan: Sepulcro en Tarquinia, Noche más allá de la noche, Libro de la mansedumbre o Desiertos de la luz. En 2001 publicó su Obra poética completa, que incluye hasta el momento 16 libros. Esta misma edición apareció para América. Su poemario más reciente se ha publicado este año: Canciones para una música silente.

    Obtuvo en 1978 una beca de creación literaria de la Fundación Juan March para componer su libro de poemas Astrolabio; beca que fue decisiva para reafirmarse como escritor de vocación y de profesión. Es autor de varias novelas, de recopilaciones de cuentos y de ensayos de poética, así como de libros de viaje y biográficos sobre las figuras de Vicente Aleixandre, Giacomo Leopardi y Rafael Alberti. Sobre éste escribiría Rafael Alberti en Ibiza. Seis semanas del verano de 1936.

    Ha traducido a numerosos autores clásicos y contemporáneos. Su traducción de la Poesía Completa del Premio Nobel Salvatore Quasimodo recibió en Italia el Premio Nacional de Traducción. Ha obtenido además el Premio Nacional de la Crítica (1975), el Premio Nacional de Literatura (1982) y, también en Italia, el Premio Internacional Carlo Betocchi, por su labor como estudioso de la cultura italiana.

    (Última actualización: 20/11/2014)

Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837) es el más genuino representante del Romanticismo italiano y uno de los más sobresalientes del europeo. Su obra se nutre de la vigorosa influencia de los clásicos, pero a la vez brota con ella la modernidad literaria en su país, produciendo un cambio de estética, sobre todo con los poemas de sus Canti (Cantos), pero a la vez con su revulsivo pensar. Precozmente comienza a aprender en los autores grecolatinos –sus amados antichi–, pero pronto otras lecturas de la rica biblioteca paterna, sus dotes de políglota y su encerrada y compleja vida en el Palacio familiar, produjeron en él una amalgama de la que brotaría un nuevo tiempo literario y precisamente en unos momentos en los que la historia de su país se ve sacudida por influencias foráneas, como la de la Revolución Francesa (decisiva también en los primeros años de otro poeta como Hölderlin) y sobre todo por la ocupación napoleónica de Italia.
Más allá, pues, de los valores y resultados de su ingente obra en varios géneros (poesía, teatro, narrativa, ensayo, diario, epistolario), la rica personalidad de Leopardi, sus tardíos viajes y amistades con los liberales de su tiempo, expresan unas grandes ansias de libertad que llenaron su corta vida a la vez con geniales hallazgos y con los frustrantes y negadores caminos de su filosofar, con un nihilismo que estallaría en sus ensayos, diálogos y pensamientos y, vivencialmente, durante sus últimos días en Nápoles.
Una personalidad literaria como la de Giacomo Leopardi, sólo puede equipararse, dentro del panorama de las Letras italianas, a los grandes maestros que le influyeron (Dante, Petrarca), así como a otros poetas europeos, coetáneos suyos (Novalis, Hölderlin, Keats, Shelley), que le acompañaron en la ingente tarea de traer con palabras nuevas un nuevo tiempo a la literatura, una nueva luz al conocimiento y, con sus versos, un más claro y emocionado sentir.